dimanche 25 février 2007

Camilo MARK/ El rebelde campo literario



Página abierta
El rebelde campo literario
Por Camilo Mark

La antología de nómez está llamada a convertirse en un libro de referencia, a pesar del talante catedrático y altivo del compilador.

Las colecciones de poemas son siempre muy bienvenidas, especialmente cuando se incluye a buenas e incluso excelentes poesías, cuando se plantean como un mapa histórico y estético de un período o generación, cuanto encontramos títulos valiosos, raros, inencontrables y por último si nos van a servir de guía, indicándonos el camino para comprender la evolución del género literario en el que Chile ha sobresalido más que ningún otro país hispanoamericano. Es lo que sucede con Antología crítica de la poesía chilena. Tomo IV, de Naín Nómez, que cubre los años 1950 a 1973. La clave de los parámetros que seguiría Nómez se encuentra en la palabra "crítica", la cual explica varias veces, como su contribución propia, casi única, en el extenso, abstruso prólogo de la obra (citando, cómo no, a Pierre Bourdieu varias veces), pues, bajo su severa mirada y a su juicio, todas las crestomatías de esta índole, en los últimos 20 o 30 años, son "recuentos de poemas con una mínima información sobre los autores y una escasa reflexión sobre las razones de su selección", ya que "desconocen la necesidad de mostrar el campo literario con todas sus líneas estéticas, afines y contradictorias".
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Nómez quiere ser purista, riguroso, enfático y debemos aceptar que no cae en ninguna de las faltas aludidas. Todos los poetas y poetisas que ha escogido se encuentran representados por una generosa muestra de sus estrofas, la cual viene precedida por una dilatada y, en ocasiones, muy completa biografía. Antología crítica... se divide en dos partes: "Los fundadores de los cincuenta" y "Coda final" (1964-1973); la primera sección abarca más del 80 por ciento del volumen; ello podría ser motivo de reproches, aun cuando resulta natural: la producción lírica de ese período ha resistido el paso del tiempo, se ha decantado y contiene a nombres canónicos (palabra que el antologador detesta) de la literatura nacional: Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Violeta Parra (increíblemente, Nómez deja fuera el admirable "Maldigo del alto cielo") y Enrique Lihn."Las tendencias láricas: orígenes y desarrollo"; "Temporalidad y existencia: la memoria fragmentada"; "Las tendencias neosurrealistas: realidad y trascendencia" y "Las otras tendencias de los cincuenta" son las demás subdivisiones del capítulo inicial e incorporan al espectro de artistas comprendido en las espaciosas páginas dedicadas a estos temas. Efraín Barquero, Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Delia Domínguez se hallan muy bien reproducidos como bardos de los lares, con notables o poco conocidas piezas. En cambio, la siguiente etapa se detiene sólo en tres casos: Armando Uribe, el oceánico e irregular Alfonso Alcalde y Guillermo Trejo. Entre los llamados "neosurrealistas" sobresalen la rebelde y cuestionadora Stella Díaz Varín, alabada en su juventud por voces tan disímiles como las de Alone y Lihn, comparada con Bukowski y considerada la "última poetisa maldita de su tiempo", así como el singular y prolífico Ludwig Zeller.
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El último grupo de este apartado es una vasta subdivisión que alcanza 230 páginas, con abundantes entregas de 28 poetas, cuyas técnicas van desde los moldes métricos clásicos al verso libre, de las formas populares a la escritura hermética o los cantos religiosos, de la experimentación excesiva a la austeridad inclemente, del barroquismo al tono minimalista. Aquí destacan Carmen Ábalos, Mario Ferrero, José Miguel Vicuña, Eliana Navarro, Matías Rafide, Ennio Moltedo, Rosa Cruchaga y José Miguel Ibáñez Langlois.
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A los años sesenta Nómez consagra mucho menos longitud, pero su visión es bastante amplia y desprendida, pues integra a 17 creadores cuya producción es vigente y como es imposible enumerarlos a todos, mencionaremos a los más conocidos o sorprendentes: Hernán Valdés, Óscar Hahn, Omar Lara, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Gonzalo Millán y los infaltables Claudio Bertoni y Cecilia Vicuña.
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Antología crítica... será, con seguridad, un ejemplar de referencia para los estudiosos y quizá también para los legos, a pesar del talante catedrático y altivo del compilador; por lo demás, tales rasgos se olvidan frente a la calidad de los artistas elegidos y a los frecuentes hallazgos del compendio.


Poesía - «Antología crítica de la poesía chilena - Tomo IV» Naín Nómez. LOM Ediciones, 2006, 655 páginas, $19.000.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 25/02/200
Ilustración : Siegfried Woldhek http://www.woldhek.nl/

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