mardi 6 février 2007

Graciela MELGAREJO/El doloroso ejercicio de la memoria



El doloroso ejercicio de la memoria
Por Graciela MELGAREJO

En el Centro Cultural Recoleta se presenta la muestra Literaturas del exilio sobre la diáspora republicana después de la caída de Barcelona, en 1939. Creada para conmemorar los setenta años del comienzo de la Guerra Civil Española (1936-1939)

"El exilio no tiene final y un exiliado lo es para siempre", definió bien el escritor catalán Xavier Benguerel, que vivió 15 años en Santiago de Chile. Aunque él había decidido volver a España. A Chile había llegado muchos días y meses después de haber salido de Barcelona, en enero de 1939, cuando huía de las tropas franquistas junto a decenas de miles de compatriotas, republicanos como él; muchos días y meses después de haber pasado por los campos para refugiados españoles del sur de Francia; después incluso de haber luchado para obtener un lugar en el barco que lo llevaría a América, y después, por fin, de la larga travesía por el Atlántico.
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Benguerel volvió a España en 1954, para describir en su novela Els vençuts (1969) lo que había sucedido en la diáspora española, después de la caída de Barcelona, en ese fatídico enero de 1939. Hubo muchos más españoles que padecieron como él las atrocidades que traen consigo todas las guerras cuando se está del lado de los vencidos. Para contar algo de esa historia y para que todos puedan reflexionar se creó la muestra multidisciplinaria Literaturas del exilio , actualmente en exhibición en el Centro Cultural Recoleta de la ciudad de Buenos Aires.
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Literaturas del exilio -que ocupa seis salas del Recoleta e incluyó también teatro y música, en una amplia programación- no es una muestra más. Se ideó y presentó, entre octubre de 2005 y enero de 2006, en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), y es fruto de la colaboración entre la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (Seacex) y el Institut Ramón Llull. Al cumplirse setenta años del comienzo de la Guerra Civil Española (1936-1939), este proyecto quiso, y quiere, llamar la atención sobre la influencia de la diáspora republicana en América latina, punto principal de acogida para muchos de los refugiados españoles, pero a partir de la experiencia humana de un grupo muy particular: los intelectuales catalanes que marcharon al exilio. Tomando como referencia novelas, poemas, dibujos, agendas y libros de memorias, se ha construido un "relato de relatos", como dicen sus curadores, el crítico literario del diario catalán La Vanguardia Julià Guillamón, el artista plástico Francesc Abad y el cineasta Joaquín Jordà, lamentablemente fallecido el año pasado.
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Este relato de relatos desarrolla una intensa experiencia colectiva: la caída de Barcelona (desde una gigantografía, el 27 de enero de 1939 el diario El Correo Catalán anuncia en su tapa: "Con entusiasmo desbordante, el pueblo auténtico salió a recibir a los soldados del Ejército Español y a los valerosos muchachos de la Falange Española Tradicionalista"), la vida en los campos de concentración y en los refugios del sur de Francia, el viaje a ultramar, la relación de la diáspora catalana con el mundo mexicano, argentino y chileno, las historias que explican metafóricamente el sentir del exiliado, la decisión de regresar o quedarse para siempre.
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Después de su exhibición en el Centro Cultural Recoleta (hasta el 11 del actual), Literaturas continuará su recorrido por Chile y México, para seguir convocando a la memoria.
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Siempre la exclusión
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La idea de tomar a un grupo de intelectuales catalanes que huyen del fascismo y de la muerte, y tratar de seguir sus pasos a lo largo de su existencia es brillante. Describir el exilio de unos pocos, si bien se trata de un grupo humano con características especiales, sirve para expandir el concepto exilio -con sus correlaciones: éxodo , diáspora , destierro - y ampliarlo hasta el punto de que todos comprendan qué se siente. Porque de eso se trata fundamentalmente: de la exclusión , muy pocas veces voluntaria, la mayoría de las veces impuesta. "Exilio de la propia identidad o exilio de un origen o un credo o una lengua", como lo definen los curadores, al que conducen las guerras civiles, las dictaduras, los golpes de Estado, los totalitarismos, las crisis económicas. Temas todos bien conocidos por la sociedad argentina.
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El ámbito despojado del Centro Recoleta y el frío incesante del aire acondicionado de las salas 4, 5, 6, 7, 8 y 9 producen un efecto no buscado, pero que ayuda a concentrarse en lo que se está experimentando en esta singular muestra. A este itinerario lleno de horror, y también de luz, se accede atravesando un túnel en sombras, reproducción de un refugio antiaéreo (Barcelona fue la primera ciudad del mundo donde la población civil fue bombardeada por la aviación militar). Dentro del túnel voces superpuestas repiten, en catalán y en español, una y otra vez las mismas frases: "Nadie pensaba que el frente iba a caer tan rápidamente; tenemos que marcharnos a primera hora. Sale un auto del Departamento de Cultura que se llevaría a los intelectuales. A última hora será dificilísimo salir de Barcelona. Miles y miles de personas querrán abandonar la ciudad".
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La salida del túnel es dolorosa: una reproducción fotográfica, que abarca gran parte de la pared, muestra al poeta Antonio Machado en su lecho de muerte, el cuerpo envuelto en la bandera republicana. Hay una fecha, 23 de febrero de 1939, en el hotel Quintana, Cotlliure. Sobre la pared del costado, un sinfín repite el primero de los cuatro documentales filmados por Joaquín Jordà, El paso de la frontera - Coll de la Maurella , donde distintos entrevistados cuentan cómo fueron esos primeros días, con las fronteras cerradas, gente hambrienta que arrastraba fardos y maletas, y los muertos: "Había muchos muertos, se morían aquí", dice una señora que era entonces una niña, pero que no ha olvidado lo que vivió. En la pared de enfrente, en un monitor, una serie de 30 fotografías inéditas de la retirada republicana y del paso de la frontera. Son muchos desconocidos que miran a la cámara mientras acercan con tristeza un plato para que les sirvan la comida, escasa, o tratan de soportar el frío arrebujándose en la ropa, también escasa, que lograron llevar consigo.
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Más adelante, en sendas vitrinas, dos objetos resumen perfectamente el clima de fraternidad que existía entre estos intelectuales refugiados. Una servilleta de café, firmada por Mercè Rodoreda, Agustì Bartra, Jordi Murià, Enric Clusellas, Amàlia y Mercè Casals, y una corbata. La corbata perteneció al joven poeta Pere Vives que, en el momento de separarse de su amigo Agustì Bartra para marchar al campo de concentración de Mauthausen, donde murió de una inyección de gasolina en el corazón, le regaló su corbata, que Bartra conservó toda la vida. Por contraste, hay un tercer objeto, un resto de la alambrada de púas del campo de concentración de Ribesaltes, en el sur de Francia, construido para albergar a los refugiados españoles, pero que luego se utilizó también para encerrar a los judíos que debían ser deportados a Alemania. El alambre está marrón por el óxido, pero no ha perdido nada de su carga simbólica. Cerca, sobre la pared, se reproduce esta frase de Benguerel: "El mar se iba a convertir en objeto de larga repugnancia"; hace alusión a que, contemporáneamente a su permanencia en los refugios cerca del mar, en el sur de Francia, en los balnearios lejanos podía oírse uno de los éxitos de la música ligera de 1940, La mer de Charles Trenet.
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Volver a la vida
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La entrada de los alemanes en Francia en 1940 precipita el destino de los refugiados y es el punto de inflexión de la muestra, que se abrirá hacia América y los tres puntos de destino: México DF, Santiago de Chile y Buenos Aires. La muestra alcanza aquí uno de sus momentos culminantes. Para recordar a los españoles que acabaron en los campos de concentración nazis, Francesc Abad ha levantado una instalación: una construcción de madera recubierta con una tela a rayas (como los uniformes de los reclusos) y un banco de madera, con una inscripción: " Nur für arier " (Sólo para arios); frente al banco, una piedra solitaria, de 40 kilos, como la que se veían obligados a llevar los prisioneros en Mauthausen por la escalera de 186 escalones (reproducida en una gigantografía). Unos molinetes de subte con la reproducción de los pasaportes de los que lograban salir son mudos testimonios del camino hacia la libertad.
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A partir de este momento, siempre a través de documentales, fotografías y objetos, y los murales con portadas de periódicos y revistas ilustrados, puede seguirse el camino de los exiliados que llegaron a América latina. En la sala destinada a México, el film de Jordà contó con la colaboración de tres conocidos cineastas mexicanos: María Novaro, Juan Carlos Rulfo y Arturo Ripstein. En todos los casos ha habido entrevistas que permiten seguir las distintas historias. En la Argentina, las cuatro figuras elegidas son el editor Antonio López Llausás, que transformó la editorial Sudamericana en una de las más importantes de América latina; el arquitecto Antonio Bonet Castellana, diseñador, entre otras obras, de la silla BKF; la actriz Margarita Xirgu, y el también editor Joan Merlì, creador de la editorial de libros de arte Poseidón. Para esta etapa también se han filmado el Hotel de Inmigrantes, el Casal de Cataluña y distintos testimonios. En el caso particular de nuestro país, se trató de establecer una analogía entre Barcelona y Buenos Aires, ambas metrópolis cosmopolitas que en los años 30 desarrollaron una poderosa vanguardia artística.
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La historia de cada uno de los exiliados puede resumirse en este dilema: volverse, y aceptar la desilusión de que todo ha cambiado, o no volverse y elegir otra tierra, otros amigos y, muy importante, otra lengua. Algunos no lo pudieron soportar y murieron en el exilio; otros volvieron, otros se quedaron. Pero en ningún caso el esfuerzo se perdió. El intercambio de culturas fue tan poderoso y enriquecedor que, sutilmente, continúa hasta nuestros días. Este es un mérito principal de Literaturas del exilio : develar los lazos profundos que todavía hoy unen a los artistas de uno y otro continente, el trasvasamiento cultural que tuvo lugar entre España y el continente latinoamericano y la síntesis posterior, ésa a la que hoy asistimos en los frecuentes encuentros entre artistas e intelectuales de una y otra procedencia.
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"Las exhibiciones de arte pueden tener consecuencias inesperadas", escribía hace poco la crítica de arte Andrea Giunta. Y lo explicaba porque "hay algo en las imágenes que no puede ser controlado, su capacidad de presentar, de fijar algo que no debe ser representado".
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La muestra a la que nos referimos aquí participa ampliamente de estas cualidades. No porque no haya un espíritu de libertad que la defina y la estructure, sino porque por su misma constitución heterogénea -narraciones, documentos, murales de prensa, carruseles fotográficos, obras de arte, objetos personales, montajes- se transforma en una presencia tan vital que no podría decirse, ahora, hasta dónde llegará su influencia una vez que haya finalizado su recorrido. Pero sí permite una reflexión: el doloroso ejercicio de la memoria es el único camino para alcanzar la luz y, con ella, la comprensión de nuestra realidad histórica y humana.
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Articulo:
http://www.lanacion.com.ar 04/02/2007
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