dimanche 18 février 2007

Jack FARFÁN CEDRÓN/ Las “Buenas intenciones”, una vieja plaga


El Águila de Zaratrustra
Ficcion, Ensayos, Critica…
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Jack Farfán Cedrón, Piura, Perú, 1973. Ha publicado Pasajero Irreal, 2005; Vironte en el split Esfinge Rota, 2005; Cartas, 2006 y La Hendidura del Vacío, 2006. De 1999 a 2003 codirigió VOCES-Muestra de Poesía Contemporánea, en cuyas 6 plaquettes dio a conocer sus primeros ejercicios literarios. Últimamente edita breves selecciones de sus libros en la serie de plaquettes Al Castor, la cual dirige. Integra Kcreatinn Organización, en Cajamarca, produciendo eventos culturales.


Las “Buenas intenciones”, una vieja plaga
Por Jack Farfán Cedrón

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El mundo está plagado de ellas. Muchos de los seres humanos viven de ellas y para ellas, muchos tenemos esperanzas en ellas y muchas de ellas nos dan el aliento de cada día. La misma iglesia en su falsa perorata de domingo dice tenerlas. Las sectas, los hippies, los swingers, los seguidores de Buda; todos alguna vez tuvieron y siguen teniendo BUENAS INTENCIONES.Las amas de casa que escuchan a los predicadores, las que dan un pan al mendigo, las madres que aconsejan, las hermanas preocupadas por uno; pero las mejores “buenas intenciones” que quiero señalar son las de gente cándida. Quizá la persona que por dar alguna buena noticia mató de un infarto a su mejor amigo, o alguien que mete la pata; pero claro, no fue con mala intención. Mi madre dice que la poesía no me dará de comer, que tengo que buscar trabajo, pero yo hago caso omiso de esa “buena intención”. María, como madre abnegada prohibía a Jesucristo alejarse demasiado de su casa para predicar la palabra del Señor; a Miguel Ángel su mami le prohibía pintar en las paredes de la casa y la mamá de Van Gogh usaba como puertas para el corral de los patos a sus cuadros. Todo esto con “muy buena intención”.
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Debes ser buen chico, trabajar, casarte con una buena mujer, hablar de cosas laborales en reuniones de trabajo aburridísimas; no debes soñar, no debes revolucionar el arte; no ingieras alcohol o fumes; son algunas de las sentencias que rezan “las buenas intenciones” y si hubiésemos hecho caso a ellas, qué sería del mundo; todos seríamos como robots, todo sería ordenado; hubiesen muchos libros y todos hablasen de lo mismo; todos encasillados en ciencias o letras y en las artes convencionales. Cuadros monótonos, sin vida; esculturas frías, carentes de movimiento. Si todos los genios hubiesen hecho caso a la gente que tenía “buenas intenciones”, no hubiese casi nada que admirar y ni siquiera tener una razón del porqué se vive en esta tierra.

Entiendo que todo ser humano busca estar acompañado, busca sociabilizarse, compartir; no ser en suma, egoísta. Recientemente en mi ciudad se publicó una antología de poesía de cobertura regional y no es que yo tenga malas intenciones ni nada de eso, pero todos los que la conforman, exceptuando uno o dos poetas, debieron ser excluidos; en pocas palabras, esa antología no debió existir: estuvo hecha con “muy buenas intenciones”; pero eso no basta. “Haz lo que hagas, pero hazlo bien” —decía mi padre— Meros experimentos regionalistas plagados de sendas frases kitsch hasta el hueso, ejercicios sentimentaloides que quizá con sus “buenas intenciones” trataron de dar lo mejor de sí; pero, señores, eso no es suficiente; el poeta, el artista en general, nunca generó obras de arte revolucionarias —artísticamente hablando— con sus fuck you “buenas intenciones”. “Con buenos sentimientos se hace mala literatura” acotó alguna vez André Guide.
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¡Despertemos señores!; ese sólo es un ejemplo de obras producidas por “las buenas intenciones” de la gente, y en el Perú hay muchos ejemplos de “buenas intenciones”que no menciono por respeto a mis ojos. Libros malos, cuadros feos, esculturas mal hechas; todas esas obras de arte se construyeron teniendo como base una bonita, una vaga, pero “buena intención”.Es hora de humanizar y revolucionar el arte. Nada es gratuito, todo es sudor; aunque parezca mal intencionado, del arte sí se puede vivir. Descubramos que la vida nos recorre como la sabia que hace del arte una vasta y memorable esencia corpórea. ¡Abajo las buenas intenciones! ¡Abajo el cráneo atroz de las iglesias!, como lo propaló Moro alguna vez. ¿Acaso somos buenos teniendo la “buena intención” de compadecer al cholo, al negro, al orate? Un NO rotundo.
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El Cristianismo es una religión basada en el dolor, en la culpa. El peor legado del Cristianismo es la culpa, que ocasiona dolor, símbolo inequívoco de la decadencia del espíritu, del vivir siempre débiles, siempre llenos de temor, según lo sustentó el filósofo del martillo: Nietzsche, en El Anticristo. “Las buenas intenciones” significan debilidad, decadencia del espíritu. Olvidemos viejos legados. El futuro es hoy. Dad agua al sediento y después una caña para que aprenda a pescar. No des consejos, ¡castiga!. No hagas arte, ¡revoluciona el arte!; ¡hemos sido traídos a este mundo para hacer obras de arte inauditas!; ¡Vivamos como si fuera el último día de nuestras vidas! (siempre escucho esto por ahí). “La vida es lo que pasa mientras estamos ocupados en otra cosa”, decía Lennon. Mirad cómo ríe la calavera de la muerte al vernos compasivos por el oprimido, por el desvalido. La mente es lo que quiere el espíritu; si el espíritu está muerto, pues también estaremos muertos de cuerpo y alma.

No hay pasado. El futuro es ahora.
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© Jack Farfán Cedrón, 2007
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