dimanche 25 février 2007

Luis VARGAS SAAVEDRA/Yasunari KAWABATA


El amor, la vejez y la muerte
Por Luis Vargas Saavedra

Quienes no hayan leído otras obras de Yasunari Kawabata, Premio Nobel de Literatura 1968, se sentirán sorprendidos por este relato sobre la vida de una familia japonesa con posterioridad a la bomba de Hiroshima. Quienes conozcan La casa de las bellas durmientes , País de nieve o Historias en la palma de la mano reconocerán el tipo de protagonista, sesentón y melancólico, el estilo escueto de una prosa veloz, y el ambiente realista espolvoreado de lirismo.
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Lo primordial en El sonido de la montaña es que en sus páginas conviven los actos, pensamientos y palabras con que interactúan maridos y esposas, hijos y nietos, dentro de una petite histoire del Japón, sin obsesión por la derrota o la venganza, a la vez que ejercen un estoicismo práctico basado en el sintoísmo. No se trata, sin embargo, de una novela religiosa. No lo son sus criaturas: una vez, una de ellas, Shingo, apenas menciona de pasada la reencarnación.
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El narrador se vuelve invisible, no se ostenta, permitiendo que Shingo, el sesentón, olvide y recuerde, perciba y analice, sueñe y despierte, para que sea él quien oiga e interprete lo que dicen los demás.
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Kawabata elimina preámbulos innecesarios. Los diálogos se suceden sin las muletillas del "dijo" o del "respondió". De modo que el contenido de lo escuchado (leído) da la clave de quién lo ha expresado. Tampoco hay descripciones logísticas de cómo alguien sale, viaja y llega. Se entra a las escenas con la rapidez de Mercurio, eliminando cuanto no sea el problema doméstico que acosa a la esposa cuyo marido tiene amante, o a la amante que no se hará un aborto, o a la hija golpeada por un marido que intenta suicidarse.
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Matrimonios en crisis, adulterios frecuentes, embarazos asumidos o segados: todo refleja el colapso de la ética tradicional y el desaliento de los padres que no han podido ni casar bien a sus hijos ni salvarlos de la infidelidad y el divorcio. Shingo se siente culpable y además lo incriminan. Su catarsis está en la naturaleza, ante el paso de las estaciones y la resurrección de la botánica. La crítica europea ha exagerado el efecto decorativo que tendrían esas contemplaciones de mariposas o girasoles en la literatura de Kawabata. Parecen antes paralelas metáforas visuales de lo que viven -o matan- los personajes: por ejemplo, el aborto está transpuesto al corte de raíces periféricas de un cerezo. Del mismo modo, los sueños de Shingo son tragicómicas variaciones de su zozobra cotidiana. No se puede abandonar la familia a la que nos invita El sonido de la montaña . Es admirable el modo en que el autor ahorra muchos de los elementos superfluos con que se entorpece la típica novela occidental. En esta reducción a lo esencial está la gracia, la profundidad de esta meditación sobre el amor, la vejez y la muerte.
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«EL SONIDO DE LA MONTAÑA» de Yasunari Kawabata-(Emecé) -Trad.: Amalia Sato-271 páginas-($36)

El Mercurio / GDA
Articulo:
http://www.lanacion.com.ar 25/02/2007
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Yasunari Kawabata
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Primer novelista japonés en ganar el premio Nobel de Literatura. Nació en Osaka en 1899 y se licenció por la Universidad de Tokio, en la que estudió Literatura inglesa y Literatura japonesa. Formó parte del grupo literario de los neosensacionistas (Shinkankaku-ha), con los que publica el primer número de “Bungei-jidai” (Época del arte literario).
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Su proceso de madurez literaria, en el que consigue paulatinamente una voz propia, detallista y con poca linealidad, se manifiesta en su primera novela de 1925, "Diario íntimo de mi decimosexto cumpleaños". La soledad, la sexualidad y el alma humana son recurrentes en su literatura. . Su novela más conocida es "País de nieve" a la que siguen "Mil grullas" y "El sonido de la montaña". Maestro de las distancias cortas, escribió dos magistrales volúmenes de relatos ("La casa de las bellezas durmientes" y "Lo bello y lo triste"). Póstumamente se publica también "El maestro de Go", escrita en clave autobiográfica.
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En 1968 gana el premio Nobel que recibe con el discurso “Del hermoso Japón, su yo” (Utsukushii Nihon no watashi). Tres años después, muy enfermo, se suicida inhalando gas.

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KAWABATA
Por Luis Antonio de Villena
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Os dejo todo: La balumba, la furia y la basura.
Vuestro continuo afán de destruiros.
Ese montón de ratas y de escoria
y el gesto torvo, el ansia de medrar,
cada vez más mezquino.
Repartíos mi parte del grasiento botín,
el chirrido de los trenes por llegar,
la espada siempre a punto o el cuchillo,
la maldad entre blandas palabras que nada significan,
el cascote de que os llenáis la boca,
el insalubre ruido y la ceniza con
que —avaros—lo estáis colmando todo.
(Ganar el mundo es destruir el mundo.
El cocktail en que habláis está vacío.)
Con vara de bambú y seda cruda,
dirá que voy el mozo al que pregunten.
Como si entrase en la tinta de Tanyu
o en el torrente blanco del biombo de Okyo.
Brincan las aguas, se desliza la espuma y no hay ruido.
Sólo aquellas pocas flores y su raro perfume,
unas manos muy largas que llevaban anillos,
y el amor a muerte que tuvo Guzayemon
—un fuerte samurai haciéndose mendigo— por el joven Shyume.
La bruma en la montaña, el solitario trino,
allí donde la máscara ha muerto
y ser hombre no es glorioso sonido.
Para cuando dice el poema:
Se ha marchado a recoger hierbas en algún lugar del monte,
oculto por las nubes.




A consultar:
- http://es.wikipedia.org/wiki/Yasunari_Kawabata
- http://www.elnavegante.com.mx/rev07/kawabata-yasunari.html


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