mardi 6 février 2007

Paula VARSAVSKY/Nicole KRAUSS - La literatura siempre debería ser subversiva



ENTREVISTA CON NICOLE KRAUSS
La literatura siempre debería ser subversiva
Por Paula Varsavsky

La escritora norteamericana del momento, elogiada por Coetzee por su novela "La historia del amor", habla de sus inicios en la literatura, su pasión por viajar, el paso de la poesía a la narrativa y su atracción por Chile. Asegura que vendrá pronto y se declara fascinada con "Los detectives salvajes".

En Estados Unidos los escritores celebrados son cada vez más jóvenes. Lo mismo sucede con las parejas literarias. Nicole Krauss y Jonathan Safran Foer gozan de gran prestigio desde que lanzaron sus primeras novelas en 2002. Actualmente viven en Brooklyn con su pequeño hijo Sacha, el mismo barrio donde reside otra reconocida pareja literaria: Siri Hustvedt y Paul Auster.
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Nicole Krauss nació en Nueva York en 1974, estudió literatura en Stanford y Oxford. Comenzó a escribir poesía a los diecinueve años mientras estudiaba con Joseph Brodsky. Luego de publicar en varios medios de renombre y de ser postulada a un premio para jóvenes poetas, dejó intempestivamente el género. En seguida incursionó en la prosa. Su novela Man Walks into the Room tuvo una cálida acogida por parte de la crítica y fue un éxito de ventas. Rápidamente firmó un oneroso contrato por dos novelas más. Una de ellas es La historia del amor (Salamandra), traducida a más de veinticinco idiomas. Los derechos para la adaptación cinematográfica de esta novela se vendieron a Warner Bros en 2005. Actualmente se está llevando a cabo la pre-producción de la película que será dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón ("Y tu mamá también").
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La autora se encuentra en Nueva York en plena elaboración de un nuevo trabajo. Desde allí mantuvo esta conversación telefónica con su voz pausada y apenas audible.
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- ¿Estás trabajando en otra novela?
- Empecé a garabatear algo, espero que sea una novela, pero no estoy segura todavía, quizá se convierta en un cuento largo. No podría contar de qué se trata. Nunca hablo de mi trabajo mientras lo estoy haciendo: eso lo mata. De acuerdo con mi experiencia, la escritura requiere una cierta privacidad. Cada vez que he intentado explicarlo o describírselo a otra persona, aquello que momentáneamente está cobrando vida, la pierde; y tuve que resucitarlo. Otro de los motivos por los cuales prefiero mantenerlo en silencio es la dificultad de explayarme sobre algo que todavía no sé cómo se va a desarrollar. Soy el tipo de narradora que escribe mediante un proceso de descubrimiento. Jamás conozco a priori la forma que va a tomar un texto, comienzo a ciegas.
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- ¿Has escrito cuentos?
- Algunos. Me dediqué a la poesía antes de comenzar la primera novela y, en el medio, escribí unos cuentos. Se publicaron en Esquire y en Best American Short Stories. Sin embargo, no es un género que me salga con demasiada naturalidad, hay que ser muy económico en los recursos. Me encantan, pero creo que me va mejor en narraciones más extensas y desprolijas en las cuales las historias avanzan de manera fortuita.
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- ¿Cómo te sentiste adoptando la voz de un hombre octogenario en "La historia del amor"?
- Escribir en la voz de un hombre es instintivo para mí, lo mismo sucedió en mi novela anterior, a pesar de que es en tercera persona, en un tono bastante íntimo. Supongo que debe haber varias razones, puedo adivinar algunas: cuando escribo ficción, gran parte del placer proviene de la libertad para inventar, de la posibilidad de poner en juego mi imaginación. Si escribo en la voz de una mujer, a veces siento que estoy demasiado cerca de mí misma, que no tengo la oportunidad de habitar un territorio imaginario. Recién cuando llego allí puedo ser honesta e, inclusive, más cercana a mi propia persona. Al escribir en la voz de un hombre me parece que puedo ser auténtica. Me ayuda a despojarme de mi constante autocrítica.
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- Por tu trabajo viajas seguido. ¿Qué lugares te resultan interesantes?
- Gran parte de mi novela La historia del amor está situada en Chile, pero nunca estuve allí, ni en Buenos Aires, que también figura en el libro. Son lugares que ocupan mi imaginación con una enorme fuerza, me fascinan.
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- ¿Por qué?
- Supongo que mi interés comenzó simplemente con la idea de que son sitios tan lejanos. Creo que hay algo romántico desde la visión de un norteamericano de esos lugares que terminan como una flecha apuntando al Polo Sur. A medida que pasó el tiempo me enamoré de la literatura de aquellos países. Sin duda, hoy en día Roberto Bolaño es uno de mis escritores favoritos. Lo empezaron a traducir aquí hace unos dos años, estoy fascinada con sus libros Los detectives salvajes y Amberes. Leer a Bolaño me hace pensar que, en comparación, la literatura inglesa y norteamericana están muertas. Hay algo tan increíblemente vivo en su trabajo que supera cualquier libro que goce de celebración en Estados Unidos. También leí bastante acerca de los tristes años de la represión en Chile.
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- ¿Vas a ir a Chile?
- Sí, estoy segura, a esta altura ya tengo un libro en parte situado allí y me interesan mucho los escritores. Aquella atracción romántica se transformó en un verdadero interés. Supongo que iré en un año. Casi me pone nerviosa pensar en pasear por allí: la realidad reemplazará a la imaginación. Hace unos años fui a Japón por primera vez. En mi mente ese país había sido siempre el lugar más exótico del mundo, nada podía parecerme más extraño y exquisito que la cultura japonesa. Cuando fui, estaba tensa. Pienso que es razonable que me sucediera. Ahora ni siquiera recuerdo qué era lo que imaginaba. No me arrepiento, el viaje fue maravilloso. Estuve allí más de tres semanas, recorrí los jardines y los templos, pero ya no recuerdo el Japón que estaba en mi mente.
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- ¿Qué otros escritores te atraen?
- Cuando tenía diecinueve años descubrí a Borges, sus libros me hicieron conocer Buenos Aires, que se convirtió en una de las ciudades invisibles de Italo Calvino para mí. Hay una editorial en Estados Unidos que se llama New Directions que publica sistemáticamente literatura traducida al inglés. Es una de las pocas que hacen esto. En general, estoy a la espera de sus novedades. Por ejemplo, hace poco leí un libro de César Aira que se titula Un episodio en la vida del pintor viajero, me encantó. También me atraen Sebald, Enrique Vila-Matas y Jenny Erpenbeck una narradora alemana que descubrí hace poco; leí sus cuentos y una novela corta. Admito que no leo demasiado a mis contemporáneos: no me atrapan ni el estilo ni los temas. De vez en cuando me gusta algún compatriota, sin duda todo lo que escribe Philip Roth es excelente.
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- Me contabas en un email que pronto irán a Berlín...
- Sí, por varios meses. La American Academy ofrece becas para escritores, académicos y compositores. Asisten unas veinte personas por vez. Berlín es un lugar interesantísimo. Decidimos ir un poco para contrarrestar el período de falta de independencia en el que estamos desde que nació nuestro bebé hace once meses. Yo solía viajar mucho de chica, me gusta la idea de poder seguir haciéndolo. Durante la próxima estadía en Berlín intentaré ver cine latinoamericano, allí hay mucho más. Hoy en día en Estados Unidos la gente está obsesionada con el cine mexicano. Mi castellano es lo suficientemente bueno como para entender una película, pero no puedo leer literatura.
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- ¿Colaboras para algún medio periodístico?
- Desde hace unos meses tengo dos columnas quincenales: una en el diario alemán Frankfurter Allgemeine y otra en L'Espresso, la revista italiana. Hay un libro de Alfred Kazin que se titula A Walker in the City (Un caminante por la ciudad) que me encanta, cada capítulo relata un paseo desde un barrio judío muy insular de Brooklyn hacia Manhattan. Lo tomé como modelo para darle forma a mis artículos que tratan acerca de caminatas meditativas por la ciudad de Nueva York. Solía escribir reseñas, pero ahora no lo hago. Amo escribir ficción, soy adicta a este trabajo, aunque a veces no le desee ni a mi peor enemigo que sea escritor. El problema con las críticas de libros, al menos aquí, es que suelen ser malignas. Siendo una escritora prefiero olvidarme de que ese mundo siquiera existe.
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- ¿Cómo te sientes en Alemania siendo judía?
- Creo que los alemanes han superado esa etapa. Es un lugar donde resulta increíblemente cómodo ser judío. El único momento que puede ser un poco extraño es cuando se enteran de que soy judía y se disculpan por el Holocausto. Los alemanes jóvenes han aprendido a pedir tanto perdón por sus antecesores. Hay algo tierno al respecto, no quedan allí rastros que hielen la sangre. De chica viajaba muchísimo con mis padres, pero nunca fuimos allí. Recién conocí Alemania hace unos pocos años, cuando me invitaron a un festival literario. La gente me dio una bienvenida maravillosa. Los lectores son tan increíblemente serios y los entrevistadores son concienzudos. Para una escritora americana, acostumbrada a llevar a cabo lecturas públicas en librerías comerciales donde no se sabe quién entra, es una experiencia totalmente distinta.
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- ¿Asististe a clases de creación literaria?
- No, nunca entendí el concepto de esos cursos. Tampoco me atrae enseñar a escribir por el mismo motivo.
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- Te haré la última pregunta, que suele ser la primera: ¿Cómo fueron tus inicios en la escritura?
- Creo que empecé de la misma forma en que lo hacen todos: estaba totalmente obsesionada con los libros. He sido una asidua lectora desde muy chica, pienso que es bastante común entre los escritores. Cuando era adolescente estaba en un momento de la vida muy difícil, no por un motivo en particular, sino porque uno sufre cuando es muy joven. En esa época, de alguna forma encontré la literatura. Tenía un amigo que escribía poesía, eso me impactaba. Entonces comencé a escribir poesía, era una actividad casi secreta que me gustaba mucho. Cuando uno es chico escribir es casi subversivo. No les mostraba a mis padres lo que escribía y era una forma de expresarme, ya fuera enojo, tristeza o energía positiva. Creo que la literatura siempre debería ser subversiva, lamentablemente eso cambia con el tiempo y, en Estados Unidos, con la tiranía del mercado editorial, ya no lo es.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 04/02/2007

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