dimanche 4 mars 2007

Roberto MERINO/ Leer el pensamiento



Diario de lectura: Leer el pensamiento
Por Roberto MERINO

La ciencia moral del siglo XIX sugería prohibir a los jóvenes la lectura de novelas, para bloquear los pensamientos lúbricos que conducían a la masturbación. Omer Emeth, a comienzos del XX, hablaba en términos equivalentes de cierto teatro francés donde se ponía en escena la indecencia (básicamente el adulterio).
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Realmente no sé qué busca uno en las páginas de una novela. Hay gente que encuentra placer en el argumento. No en sus mecanismos, no en "el revés de la trama", sino simplemente en el hecho prodigioso de verse sumergidos en una historia. Otros lectores se desesperan ante esta facilidad y esta felicidad. Quieren otra cosa: ver, si fuera posible, el pensamiento, leerlo de la misma forma en que un adivino descubre signos en el vuelo de los pájaros o en las figuras de las nubes. Juan Luis Martínez, hace tiempo y en un lugar lejano, me decía que prefería a las novelas las cosas que se escribían sobre ellas. Estábamos hablando sobre Henry James, específicamente sobre Las alas de la paloma, en una de cuyas líneas perdidas aparecía una hermosa imagen: la del blanco de la página - el mar- que invadía la isla del texto. Me da la impresión de que Martínez era uno de esos lectores fragmentarios que prefieren la opacidad de las palabras antes que su transparencia; lector, finalmente, de poesía.
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Me despaché, hace unos días, "El teniente Gustl", un breve relato de Schnitzler, y si acudo a la memoria de corto plazo me doy cuenta de que no me quedó nada, salvo el recuerdo de que el libro está admirablemente bien escrito. Los hechos que se narran están filtrados por el protagonismo de una voz, la voz del teniente en cuestión, un histérico, un presumido autoflagelante. Los recursos literarios del relato los reconocemos - les han dado como caja durante un siglo- , no así la sociedad en que la historia se desenvuelve: una sociedad en que un insulto debe ser vengado con la muerte. Se trata de una costumbre que hoy prevalece en los suburbios pobres de todo el mundo, no en elegantes decorados vieneses.
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Entretanto, vi por fin la terrible película "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos", exhibida alguna vez sin que yo tuviera noticia. Es fantástico ver actuar a Jim Carrey sin muecas. Como la historia es un destilado del "inconsciente" del personaje, y como me acompañaba Clemente (que tiene ocho años), me acordé del aburrimiento que me produjo a esa edad "8 1/2", de Fellini, a pesar de las explicaciones previas de mi padre. Clemente insistió en ver la película, porque Carrey es uno de sus ídolos, y ante su inicial confusión me vi en el trance de darle una conferencia similar a la que mi padre me dio a mí hace casi cuarenta años. Pero sabía que ese procedimiento no nos llevaría a ninguna parte. Sólo le dije "acuérdate de cómo son los sueños". La frase fue efectiva y la película una maravilla.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 25/02/2007
Ilustración: David LEVINE - https://www.nybooks.com/gallery/341
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