Jack Farfán CedrónNuevo sitio:
http://lacomunidad.elpais.com/jack-farfan-cedron/posts
E-mail: jackgofri@rocketmail.com
.
.
Ando a la caza de un editor que pueda redimir mis nuevos libros de poemas (ya sólo van quedando libros de largo aliento). Aún me quedan 12 por publicar, para ir a dormir tranquilo la paz de los ahogados. Siempre resucito en el intento.
El poeta vendedor de folletos
Por Jack Farfán Cedrón
Aquí en el Perú la poesía tiene que ver mucho con la miseria. Para sobrevivir, algunos jóvenes poetas universitarios sacan a luz ediciones limitadas de sus libros, cuando no compilados-folletos con sus mejores textos. La realidad es apremiante y el joven poeta se regocija al ver sus textos impresos en papel y reproducidos en minutos con la bondad de la fotocopiadora. Yo soy uno de ellos. "El poeta vendedor de folletos".
Ahora recuerdo la alegría que sentí al ver publicado mi primer poemita en 1998: Navidad de la Abuela. En aquellos tiempos ese poema había ganado un concursucho en alguna institución educativa, así que me aventuré a dárselo al editor de una revista, para que lo publicara, orgulloso de mi obra maestra (en ese entonces tenía 24 años). Tamaña fue mi sorpresa al ver mi nombre en letras de molde, en el pequeño pasquín propagandístico: habían cambiado algunas palabras y eso me ofuscó tanto que decidí quemar la revista y con ella mis vagas ilusiones de ver mi primer libro publicado, el que llegó 7 años después. Con las cenizas, se fue al viento parte de mi solidaridad de dar mis poemas a cualquier medio. Desde ese entonces no he parado de publicar yo solo mis textos, sin sello editorial y en ediciones de tiraje limitado. Primero empecé en la Revista VOCES-Muestra de Poesía Contemporánea, cuyo primer tríptico vio la luz en Diciembre de 1999, con Edgar Malaver y Willy Miranda, hoy miembros del Centro Cultural El Patio Azul, cuyo nombre ostenta el Festival Internacional de Poesía, que realiza cada año el buen Alberto Benavides, en Cajamarca. La experiencia de VOCES se extendió hasta 2003, año en que colgamos las botas, dado que publicar es una actividad casi vana y bomberil, loable y vista como heroica por nuestros coterráneos, y también porque todo proyecto tiene su final y cada uno tenía que seguir su ruta en la escabrosa senda de la literatura.
Hoy, yo mismo diseño, mando a imprimir, distrubuyo y marketeo mis folletos, sin mucho éxito. Generalmente mis folletines constan de entre los 70, 100, 250 ó 300 ejemplares, los mismos que vendo a mis amigos. Apelo a su sentido colaborador y a su innegable manía de verse imposibilitados de poder decir NO (una característica usual en los peruanos) o como ellos mismos dicen al verse acorralados: "por colaborar". Nunca supero los cien ejemplares vendidos. Pero sigo obstinado en publicarlos. Ya voy por el cuarto libro-folleto (en total son 6 los libros que he publicado, contando mis dos primeros libros), aparte de las selecciones de otros cuatro de mis libros, en la mítica serie de folletos Al Castor: Primera Cita, Ángeluz, Series Absurdas y Antisueños; y de los primeros 10 poemas que conformaron la irreverente La Hendidura del Vacío (2006), que sigue creciendo.
Primero empecé por seleccionar los mejores poemas y luego por sacar los libros más pequeños -todos ellos autofinanciados-, dada mi escasa economía de ingeniero en busca de ofertas laborales. Cada mañana, “El poeta vendedor de folletos” sale en busca de víctimas. Las principales son poetas, abogados, estudiantes y público en general, todos ellos, amigos míos; basta mostrarles el material para asegurar la venta. De mayor éxito son los de menor número de páginas (los más baratos); a saber: Cartas (2006), Ángel, Las Ramas de la Noche y El Leve Resquicio del Amor (2007); de menor éxito en ventas son: Pasajero Irreal (2005), libro de 141 páginas; y Esfinge Rota, de 34 hojas, también publicado en 2005, bajo el auspicio de nuestra Universidad Nacional de Cajamarca, cuyo escaso tiraje de 300 ejemplares -que ya se agotó- editamos con mi gran amigo, el poeta Hildebrando Ojeda; yo edité en ese split mi poemario Vironte y él su poemario Del Silencio en Pecho, en la Editorial Universitaria de la UNC, universidad donde crecimos, digo “crecimos”, porque el ingresar a sus claustros significó encontrar la grandeza, la magia.
Todo folleto tiene su historia, sudor, sus lágrimas. Algunos envejecen pronto, otros pudieron haber sido escritos esta mañana. Algunos son malditos, otros románticos, otros existenciales, surrealistas, absurdos y hasta confesos. Los hay de variados gustos, según la naturaleza de mi caprichosa imaginación.
Por Jack Farfán Cedrón
Aquí en el Perú la poesía tiene que ver mucho con la miseria. Para sobrevivir, algunos jóvenes poetas universitarios sacan a luz ediciones limitadas de sus libros, cuando no compilados-folletos con sus mejores textos. La realidad es apremiante y el joven poeta se regocija al ver sus textos impresos en papel y reproducidos en minutos con la bondad de la fotocopiadora. Yo soy uno de ellos. "El poeta vendedor de folletos".
Ahora recuerdo la alegría que sentí al ver publicado mi primer poemita en 1998: Navidad de la Abuela. En aquellos tiempos ese poema había ganado un concursucho en alguna institución educativa, así que me aventuré a dárselo al editor de una revista, para que lo publicara, orgulloso de mi obra maestra (en ese entonces tenía 24 años). Tamaña fue mi sorpresa al ver mi nombre en letras de molde, en el pequeño pasquín propagandístico: habían cambiado algunas palabras y eso me ofuscó tanto que decidí quemar la revista y con ella mis vagas ilusiones de ver mi primer libro publicado, el que llegó 7 años después. Con las cenizas, se fue al viento parte de mi solidaridad de dar mis poemas a cualquier medio. Desde ese entonces no he parado de publicar yo solo mis textos, sin sello editorial y en ediciones de tiraje limitado. Primero empecé en la Revista VOCES-Muestra de Poesía Contemporánea, cuyo primer tríptico vio la luz en Diciembre de 1999, con Edgar Malaver y Willy Miranda, hoy miembros del Centro Cultural El Patio Azul, cuyo nombre ostenta el Festival Internacional de Poesía, que realiza cada año el buen Alberto Benavides, en Cajamarca. La experiencia de VOCES se extendió hasta 2003, año en que colgamos las botas, dado que publicar es una actividad casi vana y bomberil, loable y vista como heroica por nuestros coterráneos, y también porque todo proyecto tiene su final y cada uno tenía que seguir su ruta en la escabrosa senda de la literatura.
Hoy, yo mismo diseño, mando a imprimir, distrubuyo y marketeo mis folletos, sin mucho éxito. Generalmente mis folletines constan de entre los 70, 100, 250 ó 300 ejemplares, los mismos que vendo a mis amigos. Apelo a su sentido colaborador y a su innegable manía de verse imposibilitados de poder decir NO (una característica usual en los peruanos) o como ellos mismos dicen al verse acorralados: "por colaborar". Nunca supero los cien ejemplares vendidos. Pero sigo obstinado en publicarlos. Ya voy por el cuarto libro-folleto (en total son 6 los libros que he publicado, contando mis dos primeros libros), aparte de las selecciones de otros cuatro de mis libros, en la mítica serie de folletos Al Castor: Primera Cita, Ángeluz, Series Absurdas y Antisueños; y de los primeros 10 poemas que conformaron la irreverente La Hendidura del Vacío (2006), que sigue creciendo.
Primero empecé por seleccionar los mejores poemas y luego por sacar los libros más pequeños -todos ellos autofinanciados-, dada mi escasa economía de ingeniero en busca de ofertas laborales. Cada mañana, “El poeta vendedor de folletos” sale en busca de víctimas. Las principales son poetas, abogados, estudiantes y público en general, todos ellos, amigos míos; basta mostrarles el material para asegurar la venta. De mayor éxito son los de menor número de páginas (los más baratos); a saber: Cartas (2006), Ángel, Las Ramas de la Noche y El Leve Resquicio del Amor (2007); de menor éxito en ventas son: Pasajero Irreal (2005), libro de 141 páginas; y Esfinge Rota, de 34 hojas, también publicado en 2005, bajo el auspicio de nuestra Universidad Nacional de Cajamarca, cuyo escaso tiraje de 300 ejemplares -que ya se agotó- editamos con mi gran amigo, el poeta Hildebrando Ojeda; yo edité en ese split mi poemario Vironte y él su poemario Del Silencio en Pecho, en la Editorial Universitaria de la UNC, universidad donde crecimos, digo “crecimos”, porque el ingresar a sus claustros significó encontrar la grandeza, la magia.
Todo folleto tiene su historia, sudor, sus lágrimas. Algunos envejecen pronto, otros pudieron haber sido escritos esta mañana. Algunos son malditos, otros románticos, otros existenciales, surrealistas, absurdos y hasta confesos. Los hay de variados gustos, según la naturaleza de mi caprichosa imaginación.
Ando a la caza de un editor que pueda redimir mis nuevos libros de poemas (ya sólo van quedando libros de largo aliento). Aún me quedan 12 por publicar, para ir a dormir tranquilo la paz de los ahogados. Siempre resucito en el intento.
.
Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/
