dimanche 28 octobre 2007

Carlos BANCAYAN LLONTOP/El Alma no existe – Metáfora nº 04



El Alma no existe

Por Carlos Bancayán Llontop

Si el alma existe tangiblemente, ¿dónde tiene su alojamiento? ¿En el cerebro, en el corazón o en el cuerpo todo? Se le suele relacionar con la conciencia, y ésta sí parecería tener su sede en el cerebro. Pero si, cuando por razón de enfermedad o accidente el cerebro muere mas el cuerpo -por avanzados cuidados médicos- sigue funcionando (caso de los pacientes así llamados "vegetales"), ¿en dónde quedaría en tal caso la conciencia? ¿Qué ha sido del alma? Antaño los médicos consideraban que la muerte sobrevenía cuando el corazón dejaba de latir, era la "muerte clínica"; pero como se producían casos de pacientes en quienes al cabo de lapsos más o menos largos el corazón detenido recuperaba su latido y el paciente "resucitaba", se pasó al concepto de "muerte cerebral", la cual se observa cuando el electroencefalograma -gráfico sobre una pantalla electrónica- no indica ya ninguna actividad en el cerebro.

La "muerte cerebral" en los pacientes "vegetales" que continúan indefinidamente inertes parecería ser pues la demostración de que el ser humano es poseedor de conciencia pero no de un alma inmortal. Aunque esta aspiración ha estado siempre en el anhelo humano; por eso los egipcios momificaban a sus reyes y nuestros antiguos moches además los enterraban con sus ornamentos, mujeres y alimentos que les sirvieran para la "otra vida".

ACLARACION.- La interrogante con que se abre la anterior reflexión contiene un error de fondo:
el pensar en un alma que anima el cuerpo es una consecuencia de la enseñanza bíblica del soplo divino que animó la figura de Adán hecha del polvo de la tierra (Génesis 2:7). Pero si razonamos que a la Biblia, como a los demás libros sagrados de la humanidad, no hay que tomarla literalmente pues está escrita en parábolas, entonces podremos empezar a pensar con amplitud.

El mantener con "vida" (gracias a que se cuenta con sofisticado instrumental) a ciertos pacientes cuyo cerebro ya ha muerto es, a nuestro parecer, un exceso de la medicina contemporánea, cuya finalidad es la de procurar la salud, mas no la de contrariar las leyes de la naturaleza. Y en cuanto a los pacientes "vegetales", pueden compararse a un violín con las cuerdas rotas: el hecho de que el instrumento ya no funcione no quiere decir que no exista la música.

Y puesto que el alma es una energía infinita, una vibración sutil e impensable, no debe buscársele ubicación en ninguna parte, pues está en todas. La fotografía Kirlian, lograda con campos de ultra frecuencia eléctrica, ha demostrado desde hace décadas ya que no sólo poseen aura viviente los humanos, animales y vegetales, sino también los minerales, el agua y las piedras, todos y cada uno con sus especiales características.

El mundo de los fenómenos suprasensibles (telepatía, clarividencia, precognición, telekinesia...) es sólo una demostración parcial - y según los místicos, insignificante- de la existencia de esa vibración prodigiosa que constituye el alma.

La cual, como bellamente lo dijera Gibrán, el gran poeta libanés, "camina sobre todas las sendas y se despliega como un loto de innumerables pétalos".

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