dimanche 28 octobre 2007

Fernando ODIAGA GONZALEZ/Literatura y Posmodernidad - Metáfora nº 04



LITERATURA Y POSMODERNIDAD:
Algunas reflexiones en torno a la cultura y la sociedad en el siglo XXI
Por Fernando Odiaga González

La posmodernidad ha sido caracterizada como una época de mutación de referentes y de indecisión sobre el estatus del saber y la producción del mismo. Es una reflexión sobre el presente que podría definirse como la modernidad que reflexiona sobre sí misma.

Ante el desenvolvimiento de una racionalidad basada en el poder de la ciencia y la tecnología sobre la naturaleza y que avasalla toda diferencia, toda manera distinta de pensar y sentir, que exige al mundo alinearse en torno a los parámetros de occidente como única garantía de continuar el proceso de civilización surge la razón posmoderna que a la vez hace hincapié en la eficiencia y el pragmatismo como en el recuperar las visiones tradicionales del mundo de los pueblos no occidentales en un intento de aceptar y comprender la diversidad; en la política coincide con el auge del neoliberalismo y la globalización, proceso que requiere tanto de la interdependencia económica como de la extensión de un patrón de productividad y consumismo, de individualismo y democracia política, que son propios de la racionalidad occidental y que poco a poco se están imponiendo en el mundo como el único estilo de vida válido para lograr el bienestar. Estamos pues enmarcados en un proceso contradictorio que no puede ser englobado en un paradigma comprensivo consistente.

La razón moderna surge como un intento, un proyecto de terminar con el mito y la superstición como totalizadores y fundamentadores de la experiencia humana. Constituyó una nueva visión del mundo desencantada o mejor un desencantamiento de aquellas visiones religiosas y metafísicas que nos habían guiado en la etapa histórica anterior.

Pero esta nueva visión del mundo que aumentó el poder del hombre sobre la naturaleza constituyendo su dominio sobre ella produjo a la vez un hombre alienado, un hombre ajeno a sus circunstancias verdaderas inmerso en una falsa conciencia de sí y de las cosas.

Se puede decir que en buena cuenta el arte y la literatura moderna emergen contra el proceso avasallador del imperio de la razón y el proceso de alienación del hombre. Afirmando la libertad creadora los escritores se lanzaron a denunciar esta falsa conciencia y las condiciones de vida de una humanidad que en palabras de Marcase «existe en circunstancias distintas de lo que en realidad es». La rebelión contra la razón y sus monstruos, el desgarro de la existencia, son tópicos que recorren la literatura desde el siglo XIX y en el siglo XX el surgimiento del existencialismo, el intimismo y el vanguardismo con su afirmación de la irracionalidad, la discontinuidad y el onirismo y ludicidad del texto rebasaron los límites de la razón ilustrada denunciando la desesperación y la injusticia y afirmando la libertad y la utopía.

En la actualidad este influjo liberador y de denuncia se ha diluido. Esto es parte de la misma crisis de la modernidad. En la literatura se nota una recreación de historias que emergen de la cotidianidad alienada tanto como del desencanto de la historia y de la política y también en otros ámbitos surge el particularismo y el renacer de la vieja mitología y la magia como formas de la expresión estética.

¿Señala esto la vuelta de los dioses? No lo creo, son los dioses pero convertidos en objetos de consumo, como los ídolos musicales y deportivos, fruto de un pragmatismo que busca una fácil evasión y un impulso de jugar con los mundos posibles que no están más en el devenir de lo real, juegos de lenguaje propios de un mundo que ya no puede renovarse, frutos de una cultura agotada que se hunde moral y creativamente en el marasmo de la ahistoricidad.

Lo que tenemos entre manos no es ni rebelión ni crítica, ni siquiera aceptación conformista. Es juego pero no es el juego que libera las facultades humanas y las lanza por los caminos del aprender y reaprender, es un narcótico, un objeto inerte con apariencias de movimiento y de belleza.

¿Qué se puede hacer? La respuesta pasa por entender el rol formador de todo discurso aún de los discursos ficcionales. Revalorar la educación como parte de la dimensión estética, repensar los valores y los referentes en un mundo que se cierra al horizonte de la reflexión reemplazándola por el simple cálculo del costo beneficio y la manipulación, el dominio del hombre por el hombre. Mas que imitar a la naturaleza y a la historia el arte debe crear la naturaleza y la historia, renaturalizar el ser del hombre, volver a poner en marcha la rueda del devenir.

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