dimanche 14 octobre 2007

Héctor ÑAUPARI/ La libertad poética y sus enemigos


Correo de: Jinre
hguevarad@gmail.com


Hector Ñaupari Poeta, ensayista y abogado. Autor de Rosa de los vientos (2006), Páginas libertarias (2004), Poemas sin límites de velocidad (2002) y En los sótanos del crepúsculo (1999).

E-mail:
hecnau@yahoo.com


La libertad poética y sus enemigos
Por Héctor Ñaupari

La inclusión de los poemas de Rosella Di Paolo en el libro Memorias in santas: antología de poesía escrita por mujeres sobre la violencia política, ha sido cuestionada por poetas y críticos literarios con el mismo argumento: esos textos no son atingentes para la antología citada, ni se puede inferir de ellos que traten el tema de la obra. ¿En qué verso de estos textos, sostienen, hay alguna alusión, por lo menos implícita, a la violencia política? Concluyen su argumento señalando que resulta imposible descubrir en ellos una referencia reconocible, aunque sea velada, al tema en cuestión.

Este argumento no resiste el menor análisis. Si se realiza una lectura detenida de ambos textos, se verá que, en el primero de ellos, “No hay retorno”, se alude de modo sublime a los secuestros y desapariciones ocurridos en ese infausto período de nuestra historia: Pero los mapas desplegaron su canto de sirena / y te llevaron de aquí con fuerte encantamiento. A renglón seguido, se observa –en forma sutil, es verdad– la desesperación de los familiares de los desaparecidos, que son también víctimas: Te esperaron muros blancos puertas / sin conocer aldaba alguna / la vereda se tendía esperando tus pasos / para saltar sobre ellos festejante, para llegar a esa situación, de resignación y acongojamiento, tan nuestro, de no encontrarlos nunca: Pero de la niebla leve como un navío / no descendió tu cabeza solitaria / nunca tus manos solitarias, y al que la poeta brinda su sentida solidaridad, tanto en el inicio como el final del texto: Río de pena soy tu mar de cobijo / Río de pena soy tu mar de distancia.

En “Las altas distancias” se alude, con metáforas espléndidas, a la razón fundamental de la violencia política en el Perú: la fractura social que ha aislado y enfrentado a los peruanos, y que nos ha hecho incapaces de asumirnos, como mestizos que somos, con las terribles consecuencias que vivimos y que conocemos. Así, en una apuesta genial, Di Paolo subraya esta ruptura: Si yo escribo tu nombre en la arena / y tú escribes mi nombre en la arena / pero en otra playa, para dar cuenta a continuación de las fuerzas de naturaleza que irán contra nosotros por ello, cuando dice: es que hemos descuidado las cosas / hemos dejado crecer el mar como hierba mala, y, por último, culminar en forma breve pero poderosa con la tarea pendiente: reconocernos en el otro, en el excluido, en el marginado, en el pobre, en la víctima. Eso supone conocerlo, saber su nombre, el de sus padres, su ascendencia, sus sueños. Se trata, nos dice Di Paolo, de ser uno con él y hacer nuestra su tragedia, pero también su salvación, que es la nuestra: y habrá que arrancarlo con cuidado / hasta allanar la arena de esa playa / donde puedas escribir mi nombre y rozar el dedo / que está escribiendo el tuyo despacito.

En sus desafortunados comentarios, estos escritores y críticos, como los ciegos por propia voluntad de la cita bíblica, no han querido ver la delicada estructura que Di Paolo ha construido sobre un tema tan trágico y a la vez tan propio, y objetan desde el inicio la visión que la poeta nos quiere brindar sobre este controversial asunto. Y no lo hacen por razones literarias, o –como dos de ellos aluden– por defender los derechos de los lectores o la memoria de los desaparecidos. Lo hacen por razones estrictamente ideológicas, pues –y esto no es un secreto para nadie– los mentados autores tienen una posición de izquierdas. Veamos.

El marxismo–leninismo ha propugnado, como principio, que el arte, como todas las actividades superiores, pertenece a la “superestructura” cultural y está determinado por los condicionamientos sociohistóricos. En ese sentido, el arte, para los marxistas–leninistas, es un “reflejo de la realidad social”. De esta manera, los que han cuestionado los poemas de Di Paolo por no contener nada referente a la violencia política, son ortodoxos seguidores de Georgi Plekhanov y su estética materialista dialéctica –elaborada en su Arte y vida social– que impugna la doctrina del arte por el arte y el aislamiento del artista de la sociedad, tanto en la teoría como en la práctica.

Huelga decir que el debate que esta postura originó entre los propios marxistas se solucionó, como siempre lo han hecho los seguidores de esta doctrina, por una decisión vertical y nada respetuosa de opinión distinta de sus mismos correligionarios, de la nomenclatura de entonces, en el Primer Congreso General de la Asociación de Escritores Soviéticos, en 1934. De lo antes dicho, para estos autores, una antología que trate el tema de la violencia política –o cualquier antología o escrito, en realidad– debe ajustarse al siguiente canon: el artista ha de reflejar el movimiento de las fuerzas sociales y representar sus metáforas y creaciones como expresión de esas fuerzas, y, al hacerlo, debe fomentar el mismo proceso revolucionario. El que no se ajuste, sufre las críticas, como ahora. Cuando el defensor del canon es respaldado por el poder, el artista o creador disidente sufre la persecución, la cárcel o la muerte, como bien nos lo ha enseñado la historia.

Por supuesto, es dable conjeturar, dada la peculiar trayectoria de estos literatos y críticos –que tan bien se ajusta al perfil de fingimiento y barroquismo moral descrito por Mario Vargas Llosa en “El intelectual barato”, capítulo XIV de sus memorias– que las críticas vertidas contra Di Paolo y la antología se deban a razones personales y extraliterarias, siendo la postura estética de izquierdas antes descrita una coartada para ocultar otros propósitos, menudos y subalternos. Empero, respetuosos de la honestidad intelectual que debe guiar a todo escritor como principio, concedámosles el beneficio de la duda.

En buena cuenta, se trata de enemigos de la libertad poética. Mastines del verticalismo estético, nada que se encuentra fuera del canon por ellos mismos señalado puede ser llamado “literatura de la violencia política”. No dudan, por tal circunstancia, en cuestionar a sus propios compañeros de viaje, y en amonestar el criterio de selección de los autores de la antología, que son también de izquierdas. Esperar que una antología poética sobre la guerra total desatada por un Partido Comunista contra todos los peruanos que no comulgábamos con sus ideas, y sus nefastas consecuencias, sea la sucesión de textos parecidos a los publicados por Roque Dalton, Eduardo Galeano y Ernesto Cardenal, constituye una afrenta al buen criterio y al sentido común de cualquiera que se denomine poeta o artista. Más aún, representa la muerte del valor más preciado para un creador: su libertad. Ésta no debe estar sujeta, en lo que a este escriba concierne, a canon alguno. Si la inteligencia y sagacidad de los compiladores ha encontrado en los textos de Rosella Di Paolo una visión sutil, pero no por ello veraz, oportuna y legítima, de la violencia política, los felicito.

Finalmente, lo más grave de este asunto es que el canon que estos críticos quieren imponer, el de la estética materialista dialéctica, es la misma que la de los iniciadores de esta violencia que enlutó al Perú de un modo tan trágico. Los enemigos de la libertad poética pasan deliberadamente por alto lo ocurrido en la Alemania nacionalsocialista, en la Rusia soviética, en la China maoísta o en la Cuba castrista, con tantos poetas, literatos, creadores y artistas muertos, encarcelados, expropiados, exiliados, destruidos ellos y sus obras, o convertidos finalmente en sombras de sí mismos, porque no se ajustaron al canon del artista social. En la comodidad del primer mundo, donde viven y gozan de las libertades creativas que a Di Paolo y a otros niegan, de tener su propia visión sobre un hecho apocalíptico de nuestra historia, ciegos a todo, menos a su propia tenebrosidad, intentan revivir desde la cultura a un monstruo que, como Saturno a sus hijos, también los devorará a ellos. Para su propio bienestar, todos los que defendemos la libertad poética y artística, lo impediremos.


Santiago de Surco, 20 de septiembre de 2007
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Ilustracion: Siegfried WOLDHEK - http://woldhek.nl/

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