dimanche 28 octobre 2007

Javier VILLEGAZ FERNANDEZ/Poesia y Globalización - Metáfora nº 04


Poesía y Globalización
(La poesía en tiempos de exclusión)
Por Javier Villegas Fernández*

«Para escribir un solo verso hay que haber visto muchas ciudades, muchos hombres y muchas cosas; hay que conocer a los animales, hay que haber sentido el vuelo de los pájaros y saber que movimientos hacen las flores al abrirse por la mañana. Hay que tener recuerdos de muchas noches de amor. (…) Y tampoco basta con tener recuerdos. Hay que saber olvidarlos…); y cuando ya no tienen nombre, ni se distinguen de nosotros, entonces puede suceder que, en un momento dado, brote de ellos la primera palabra de un verso».

He iniciado esta breve ponencia, citando al poeta Rainer María Rilke, para graficar como nace la inspiración poética, ya que esta no es hija de la nada, no es producto de la sola sublimación del espíritu, de la insuflación del alma, de las motivaciones de las musas, ni es un dictado de los dioses, como se creía en la antigüedad, sino que esta nace de la suma de ese cúmulo de experiencias, de vivencias, de anhelos, de sueños, que los escritores como seres vivientes encarnan, ya que el artista es el hombre en el cual habitan todos lo hombres, y él habla por todos aquellos que no pueden hacerlo, por todos aquellos para quienes el uso de la palabra se les esta restringido o vedado, es entonces cuando el poeta habla por ellos, de una manera metafórica, con profunda sensibilidad, pero con una voz auténtica.

Somos poetas y escritores de países pobres a los que los han bautizado cono el nombre de países en vías de desarrollo, países con un «futuro promisorio», y como tal deberíamos expresar en nuestra poesía, en nuestro trabajo literario, la visión que tenemos de nuestras ciudades, de nuestros hombres y mujeres sin pan, sin tierra, sin techo, sin dignidad y sin esperanza. Ellos son engendro, el producto de este mundo globalizado, de este mundo que a través de los medios de comunicación, pretenden hacernos creer que ricos y pobres tenemos las mismas oportunidades, que la felicidad para todos esta a la vuelta de la esquina, que las posibilidades de alcanzar el éxito ofrece a todos las mismas oportunidades, sin mencionar que cientos de miles de familias en América Latina, viven con un dólar diario, que dentro de unas décadas el 80% de la población mundial, dependerá del 20%, que serán los más ricos, los que ostenten el poder económico, político y cultural en el mundo. Para ese tiempo los pobres seremos más y más pobres y los ricos serán menos, pero inmensamente más ricos, ya que con el cuento de la libre inversión, la libre competencia y el libre mercado, la riqueza de nuestros países, los del hemisferio sur, específicamente de los de Latinoamérica, seguirá siendo esquilmada, saqueada por las grande potencias industriales, por la voracidad del gran capital, que ha bautizado a esta época, como la era de la globalización, con el ánimo de barnizar los oscuros intereses, que en estos momentos abrigan las súper potencias.

Como todos conocen, la palabra globalización es un neologismo, que fue acuñada en las últimas décadas del siglo pasado: La globalización es una imposición de las reglas económicas a partir de los intereses de corporaciones trasnacionales y no a partir de la evolución del género humano, es una forma de colonialismo mundial, en lo político, económico y cultural, una forma de imposición que tiende a uniformizar ciertos segmentos de las sociedades del mundo, sin embargo la globalización, en vez de moderar el fenómeno de falta de equidad, a la que hacíamos referencia, a intensificado la segregación, a hecho más visible, más sufrible y penosa la miseria, para muchos hombre y mujeres del planeta.

¿Qué pasará entonces con las representaciones poéticas y los poetas de la sociedad globalizada? ¿Cuáles son las actuales formas de receptividad de la poesía? Estas interrogantes están íntimamente ligadas a los cambios que las industrias culturales del período global operan en el campo de las representaciones estéticas: Los paradigmas modernos de la poesía y de los poetas se balancean en una cuerda demasiado floja que puede conducir a una caída, aunque no estrepitosa, pero si peligrosa o puede que nos lleve a otros dominios.

Cierto es que la globalización le impone a la poesía otros derroteros. El verdadero poeta por su espíritu rebelde, iconoclasta, no concilia con las golosinas del éxito y la fama, es el antípoda de los mercaderes y propietarios de los gustos artísticos. La exclusión de la poesía de los medios masivos de comunicación en los últimos años es preocupante. Sabemos que esta fórmula de silenciar voces audaces y críticas no es nada nuevo, La poesía ha vivido y sobrevivido en los extramuros; se ha mantenido con su cuerpo en llamas bajo la intemperie. Por lo cual, si la globalización del mercado lo ha marginado de la forma más radical que en anteriores épocas, ello le facilita, le otorga cierta libertad, autonomía y compromiso para levantar su voz por encima de la oficialidad consumista. Si se la expulsa, se le margina por desenmascarar las mentiras de la sociedad postmoderna, de la sociedad globalizada y segregacionista, en buena hora.

Sin embargo, muchos de los actuales poetas no soportan ser excluidos y buscan la felicidad efímera de la fama, el éxito hipotecado. Para tal objetivo han relajado sus palabras, han acomodado su discurso poético hasta situarse en las pasarelas del mundo literario, con astucia, más que con calidad estética, al lado de las refrescantes y hermosas top models.

¿Para qué sirve la poesía? Dicen que la poesía es un trabajo estéril y no sirve para nada. Es una perdida de tiempo en este mundo globalizante y amorfo, un desperdicio del intelecto, un trabajo espiritual mal retribuido. Sin embargo escritores como Eduardo Espina (Uruguay), dice: «La poesía es un pensar para existir, un modo de reflexión que ocupa una doble existencia; la del ser que escribe y la de la escritura»; el mexicano Octavio Paz, en su libro «El arco y la lira»,afirma: «La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar el mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía, aísla; une. La poesía es un caracol donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencia, ecos de la armonía universal».

La poesía no sólo es una variedad de la literatura, es también un modo de vida en la participación, el amor, el fervor, la comunión, la exaltación, el rito, la fiesta, la embriaguez, la danza, el canto, que efectivamente transfiguran nuestra vida hecha de tareas prácticas, utilitarias, orientadas a la sobrevivencia, tareas que devoran nuestra vida, convirtiéndonos en seres eminentemente consumistas, sin propensión al goce, al disfrute de la belleza, de la cual todo ser humano debe ser participe. Hoy, en la tierra, la inmensa mayoría de los humanos dedican la mayor parte de su vivir a sobrevivir; hay que tratar de vivir no para sobrevivir, sino también para vivir. Vivir poéticamente es vivir para vivir, porque la poesía está antes del principio del hombre y después del fin del hombre.

La poesía se emplea o debe emplearse para aplacar las tormentas del alma, redimir a una mujer o a un hombre o llenar el corazón de ese sentimiento llamado amor. La poesía, puede, en dosis bien servidas, alimentar el espíritu, asustar una soledad y alejar una tristeza. Sirve también para reflexionar de si las piedras hablan o si la luna es medicina para curar el mal de amor. Esto se debe a que la poesía expresa lo inexpresable. La poesía es el lenguaje de la creación, porque en la garganta y la pluma del poeta el universo busca su voz, una voz inmortal.

Por intermedio de la poesía podemos hacer hablar a las flores, voltear el cielo de cabeza, cambiar la tarde de lugar, hacer posible los amores imposibles. Es un buen recurso para transgredir la monotonía y curar el insomnio. A través del verso el poeta reflexiona sobre la vida de una mariposa, de la muerte de un minuto en las manos del tiempo. Por medio del trabajo cuidadoso y refinado de la palabra se desdibuja el rostro de un recuerdo, la desventura de un te quiero, se canta a los amores idos y a los que vendrán, a las desilusiones y a las esperanzas del los hombres, a la muerte y a la vida.

En fin la poesía es útil de diversas maneras, pero sobre todo es instrumento para la observación de nosotros mismos y de nuestra realidad, ya que el poeta es el hombre en el cual habitan todos los hombres, o como dice el poeta salvadoreño Adolfo Payés: «El poeta es un compendio de emociones, de existencias, de vivencias lógicas, normales y anormales. De vicisitudes, de dificultades, de sentimientos difusos, a veces ecuánimes, otras, complejos como los sentimientos de cualquier persona que vive y convive con los demás, con su entorno, con la naturaleza…». El poeta es el hombre que expresa su experiencia, sus vivencias, sus emociones sus sentimientos, que es la experiencia, los sentimientos, las emociones de todos los humanos. Mediante la expresión poética, el poeta procura hacer sagrado al mundo; con la palabra consagra la experiencia de los hombres y de las relaciones entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la mujer, entre el hombre y su propia conciencia. El verdadero poeta no pretende ni debe pretender hermosear, santificar o idealizar lo que toca con su palabra, sino volverlo sublime, hacerlo trascendente, aunque lo que vea o lo que toque sea verdaderamente caótico.

Luego entonces, la función de la poesía, en un mundo consumista, globalizante, segregacionista, vacío pero computarizado, sirve de mucho, ya que la poesía, como lo dice el poeta Jorge Graham: «…es una crítica implícita a los valores materiales», esos valores materiales que la sociedad de consumo nos vende a diario y a cada paso, hasta convertirnos en seres insaciables, capaces de consumir aunque sea chatarra, porque hasta nuestros gustos y preferencias han sido trastocadas a través de la propaganda comercial.

¿Para qué poetas en tiempos de globalización? Ya hacíamos referencia al iniciar nuestra intervención, a la enorme brecha social, económica y cultural que esta generando el fenómeno de la globalización entre ricos y pobres. El poeta está inmerso en una sociedad que vive - se desvive «por la vida, en una sociedad que lucha para no continuar sumergida en las carencias sociales, políticas y económicas, de allí que el poeta se convierte en parte esencial de esta sociedad, tal como lo dice Adolfo Payés: «La sociedad necesita del poeta y el poeta necesita de la sociedad, se complementan el uno con el otro, sin el poeta la sociedad sería un mundo inanimado …él con su canto poético hace de la injusticia un arte, aunque no persiga con ello ser la continua burla del capital a los más pobres. Con su poesía debe - debería - conseguir que el llanto se sepa porque es», más delante este mismo poeta, en su artículo “Buscando un lugar al poeta y a la poesía», dice: «El poeta es el que sueña, el que lleva dentro de sí el entusiasmo de la palabra, del lenguaje, y esta va a ser su herramienta preferida para el disguste y para el deleite. Para la denuncia o para el silencio de la injusticia diaria. Debe hacer de la poesía un arma existencial del ser humano».

Pero aparte de referirnos a las brechas sociales que este mundo globalizado va ahondando y ensanchando, también es menester y necesario referirnos a la trivialización de los gustos de la esencia humana, de la condición del hombre, hasta convertirlo en un ser insulso, pragmático, insensible, incapaz de razonar y capaz de consumir todo lo que el sistema propagandiza y adorna, sin importar que ello sea basura. Sentir y decir ante esta realidad que la actividad poética es inútil, es una falacia, un absurdo, ya que el poeta, si bien es cierto no cambiará los sistemas políticos, económicos y sociales, no derrumbará la dictadura del capital, sin embargo a través de la función que le otorga a la palabra, la cual por supuesto no desmoronará al sistema global totalitario, pero si debe cuestionarlo, de allí que como escritores de países pobres, explotados, saqueados, esquilmados, nos asalta una enorme responsabilidad, intrínsicamente ligada a la búsqueda de nuevos caminos, de nuevas rutas para expresar lo que sentimos de una manera comprometida con el cambio de nuestras realidades. Los poetas del mundo globalizado, tenemos que decir un no rotundo al gesto estupido, ridículo, vulgar, convertido muchas veces en aplauso en la sociedad Light; un no al gesto que proclama el consumismo; un no al gesto que ignora cínicamente a la tradición de bastos siglos de lucha de los poetas, un no al gesto ingenuo, hipócrita, cautivo de seductoras palmadas por ser conciliador con el destierro de las libertades democráticas; oposición a la poesía y al arte hecho por encargo o para barnizar los intereses voraces e inhumanos del gran capital.

Los poetas y la poesía deben asumir las mutaciones, deben asimilarlas, para nunca abandonar su intensa fuerza libertaria, la poesía actual no debe indigestarse con tanta seductora imagen, debe zambullirse en el mar de las transformaciones, y de las ventajas que ofrece este mundo tecnologizado para imponer sus propios cambios. No esta ni debe estar en su vocabulario la palabra claudicar, no debe ser parte de su estrategia, convertirse en sirvienta de los nuevos patrones del gusto.

La poesía, como lo afirma el poeta Rilke, parte de la realidad, pero también con inteligencia, con consecuencia y con estremecimiento, contra ella se rebela. Para finalizar debo decirles, que nuestra poseía sea y debe ser esa voz rebelde de los pobres, de los desheredados, de los marginados de nuestro continente, sin dejar de ser sublime y bella, porque en la era de la globalización, se hace necesaria la palabra sincera, que describa y cante a nuestra realidad, pero también se hace necesaria esa palabra rebelde, luminosa, que ilumine los sueños y las ansias de justicia social y libertad de nuestros pueblos.


(*)Javier Villegas Fernández. Nacido en el distrito de Chiguirip, provincia de Chota (Cajamarca - Perú), el 3 de diciembre de 1955.

Estudio pedagogía en la Universidad Nacional de Educación-Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta-Lima). Ganador de diversos premios literarios, entre ellos, el Premio Nacional de Educación «Horacio», en 1991 y 1992, Primer Puesto en el I Concurso de Literatura Infantil y Juvenil 2004, convocado por la Editorial Master Libros y la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil (APLIJ), finalista en la VIII Bienal de Poesía «Premio COPE». Ha sido distinguido por diversas instituciones educativas y culturales del Perú y del extranjero. El Ministerio de Educación, ha incluido sus textos en el libro de Comunicación Integral (4º Grado de Primaria).

Ha participado en eventos literarios a nivel nacional e internacional y ha dictado Talleres de Creación Literaria, tanto en el Perú como en el Ecuador, país al que ha sido invitado en más de una oportunidad. Su producción aparece en diversas antologías, tanto en el Perú como en el extranjero. Es autor de las obras de poesía para niños: «La luna cantora», «Rimando la alegría», «Repertorio de ternura», «Poesía para niños» y «La flauta del agua» y de los libros inéditos «La fiesta de las palabras», «Volantineros del alba», «Sonajita de versos», «Mariposa de sueños» (poesía para niños), «Apología del hombre», «El muchacho de los ojos altos».

Es miembro de la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil (APLIJ) y la Asociación Peruana de Lectura (APELEC) Parte de su producción se en encuentra en páginas web publicadas en España, México, Colombia y Chile.

www.poemitas.com/cosicosas.htm
www.prometeodigital.org
www.poetasdelmundo.com
www.lecturasparacompartir.com

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