samedi 13 octobre 2007

María Eugenia LIZEAGA TAMAYO y Andrés Fabián VALDÉS/Poesía


Fusión de tintas
Una gota vos y otra gota yo
http://fusiondetintas.blogspot.com/


Los locos pájaros de la noche
Por María Eugenia Lizeaga Tamayo y Andrés Fabián Valdés

Hoy sé que por vagar en la noche
la noche no se vuelve hermosa,
pero son estos locos pájaros
que deliran ante el eclipse de sol
desorientados,
responden al instinto de un sol escondido.

Hoy sé que por vagar en la noche
la noche no se vuelve hermosa
pero me llama el canto de las sirenas
que me esperan con lo más temido
el silencio.
Hoy sé que por vagar en la noche
la noche no se vuelve hermosa.
Pero creo acercarme al horizonte
y ahí, depositar mis esperanzas
sólo lo salpican mis lágrimas.
Hoy sé que por vagar en la noche
la noche no se vuelve hermosa.
Pero es mi viaje
no puedo enjaular a estos locos,
desorientados pájaros de la soledad,
ni evitar el canto de las sirenas
ni buscar el horizonte de la esperanza.
Es mi viaje.



Pronunciar tu nombre
Por María Eugenia Lizeaga Tamayo y Andrés Fabián Valdés

Pronunciar tu nombre
desde el alarido del alma
es callar el mío
desde el placer y el dolor de la piel.

Y se me llena la distancia
de esas cinco letras
y acudo, corriendo,
a recoger el tiempo
que pasó como si nada,

pero no lo hallo,
y de su paso kamikaze
sólo queda este placer
tan doloroso
de llenar mi boca con tu nombre,
virgen sin luz,
faz olvidada.



Secretos de malecón
Por María Eugenia Lizeaga Tamayo y Andrés Fabián Valdés

Las piedras del malecón
ya no sostienen
espaldas que se calientan al sol
Sólo
al viejo pescador fiel a su nocturna cita
con el vasto horizonte húmedo y salado
que habita también sus ojos
Son hermanos forzados
En la simbiosis del trato cotidiano
donde los comunes recuerdos
despiertan amores y odios
El viejo pescador sabe
de las bonanzas y traiciones
de su hermano
con el que convivió siempre de noche
donde no hay leyes contra los desmanes
ni alguaciles que los controlen
Por eso
como un velado reproche
ante el cual el mar retira sus olas por un instante
el viejo pescador siempre le dice
Hoy sé que por vagar en la noche
la noche no se vuelve hermosa
Y el mar se acurruca en la más fría de sus espumas
donde guarda la vergüenza por sus tropelías
Para compartir con el viejo
el recuerdo disperso en lágrimas
de aquella noche en la que destrozó un pesquero
dejando solo una vida agarrada a un madero…

La vida de ese hermano que elude al sol
de ese hermano fiel a su cita nocturna
en el malecón custodio de intimidades
único amarre donde rescatar la cordura




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