dimanche 21 octobre 2007

Nuccio ORDINE/Entrevista a Amos OZ



Entrevista a Amos Oz
"Daría parte de mi vida por ser, por un momento, una mujer"
Por Nuccio Ordine

Flamante ganador del prestigioso premio Grinzane Cavour, el escritor israelí habla de su fascinación por los personajes femeninos, analiza el conflicto de Medio Oriente y reflexiona sobre el poder que tiene la literatura para influir en la realidad

"Mi vida estuvo marcada por un libro para niños, que a ustedes no les dirá nada porque forma parte de nuestra tradición. El protagonista era un oso al que se le pagaba con miel por la historia que relataba. Yo también empecé a escribir historias para que me dieran miel a cambio." Amos Oz está en Cosenza donde ha venido a recibir un premio instaurado en Calabria y Basilicata por la Fundación Carical-Grinzane Cavour. Feliz de encontrarse por primera vez en la Magna Grecia, el célebre escritor israelí acepta hablar sobre su experiencia de novelista. "En cuanto termine de comer", afirma, "diré algunas cosas que solo se pueden decir después de una buena copa de vino tinto: in vino veritas.

"Oz cumple su palabra y recorre retrospectivamente su precoz encuentro con la literatura, en una familia de intelectuales. "Le debo a mi madre", confiesa con ternura, "la pasión por el relato. A los dos o tres años, ella me contaba fábulas que atraían intensamente mi atención. Solo de adulto entendí que eran historias que ella misma inventaba."

El tono de la voz y la expresión de su rostro revelan que persiste en él la fascinación por la figura materna. A eso se debe, sin duda, la presencia de tantos personajes femeninos en las novelas de Oz. "Mi madre se quitó la vida cuando yo tenía doce años. Y ese trágico acontecimiento desencadenó mi curiosidad por el universo femenino. Muy joven, a los veinticuatro años, escribí una novela titulada Mi querido Mijael . A esa edad estaba verdaderamente convencido de que había entendido todo sobre las mujeres. Hoy no me atrevería a escribir una novela en la que la voz narrativa fuera la de una mujer. Con el transcurso del tiempo he aprendido que lo que sé sobre las mujeres es poco en relación con lo que verdaderamente debería saber."

Pero la prudencia del escritor israelí no disminuye su constante atención hacia los personajes femeninos. "He recibido muchos mensajes. En algunas cartas me preguntan cómo hice para escribir esas páginas capaces de expresar el punto de vista de una mujer. En otras, por el contrario, me acusan explícitamente de no entender lo más básico del mundo femenino. ¿Cuál de las dos partes tiene razón? No estoy seguro de poder descifrar realmente a los personajes femeninos de mis novelas. Pero puedo confesar que daría gran parte de mi vida por conseguir ser, al menos durante un momento, una mujer."

Amos Oz habla con pasión de su vivo interés por las vicisitudes íntimas, por las historias que cuentan los encuentros y desencuentros de los seres humanos. "En mis novelas describo sobre todo la vida de las personas. Me gusta construir historias en las que las relaciones familiares o amistosas son el centro de atención."

Se puede advertir, sin embargo, que en todas sus obras las relaciones entre individuos siempre hablan también de las relaciones entre culturas o pueblos diversos.

"Revelaré un secreto. En realidad, no hablo de pueblos, sino de seres humanos individuales. Pero con frecuencia releo lo que escribí. Y solo a posteriori me doy cuenta de que describiendo a un personaje en particular he logrado describir también a una familia, un barrio entero, una determinada situación histórica. Pero esta ampliación del horizonte es espontánea, no es producto de una planificación."

El tema de la "mediación" representa un ejemplo elocuente de la manera en que la dimensión privada puede ser un laboratorio para entender mejor el macrocosmos de la realidad política.

"Creo profundamente en la mediación, no tanto en el aspecto de un enfoque político. Mi propia experiencia íntima me ha hecho entender que sin mediación es difícil concebir una relación entre padre e hijo, entre marido y mujer, entre hermano y hermana, entre individuos en general. Es necesario partir del hecho de que los seres humanos son muy diferentes entre sí y sin mediación no es fácil hallar un punto de encuentro."

Amos Oz sabe perfectamente que en el plano político su posición -"sin una mediación será difícil que israelíes y palestinos puedan vivir juntos en paz, poniendo fin a un conflicto que ha causado muerte y dolor"- despierta resistencia. "Desdichadamente, los jóvenes, que son más idealistas, rechazan la mediación", comenta. "La consideran un mecanismo deshonesto, oportunista: una falta de integridad. Para mí, en cambio, la mediación es coexistencia, la capacidad de vivir juntos. Y eso vale tanto para dos individuos como para dos pueblos. Muchas personas creen que lo contrario de la mediación es la integridad. Para mí, en cambio, lo contrario de la mediación es el fanatismo y, por consiguiente, la muerte."

La conversación cae, inevitablemente, sobre el campo minado del fundamentalismo, tema sobre el cual Oz, consciente del peligro que corre la humanidad, expresa firmemente su punto de vista. "El fanático es un signo de exclamación andante. No tiene vida privada. Aparece como un altruista, dado que se interesa sobre todo por los otros. Pero eso no lo hace entender al otro, simplemente lo impulsa a obligar al otro a ser lo que él cree que debe ser. Para esa clase de personas, ninguna forma de mediación es posible."
¿Un fanático cree siempre poseer una verdad absoluta que debe imponerle a los otros por su propio bien? "Exactamente. Pero también yo tengo una verdad absoluta. Estoy convencido de que siempre está mal infligirle dolor a cualquiera. Si tuviese que resumir los diez mandamientos en uno solo, diría sin dudas: no infligirle dolor a nadie. Ese es el único punto inalterable de mi filosofía de vida. El resto es relativo."

Justamente, a partir de ese presupuesto no faltaron intelectuales judíos que han juzgado negativamente algunas acciones violentas de Israel. Le leo a Amos Oz una bella página de George Steiner en contra de la tortura. "Desde hace cuarenta años critico la política del gobierno de Israel. En 1967, el país fue atacado por una coalición árabe. Se declaró una guerra. Hubo ocupación de los territorios. Y después se enamoró de esos territorios. Y ese es el pecado original de Israel. Pero las críticas son justas cuando se aplica a otros países el mismo parámetro que a Israel. No se puede pensar que Israel deba convertirse en el Jesucristo de las naciones: me parece un enfoque poco realista."

Al final de la entrevista, volvemos a la novela y su capacidad, en algunos casos, de contar mejor que un libro de historia los acontecimientos y hechos de un pueblo. "Pienso en Tomasi di Lampedusa, en su Gattopardo . Gracias a él entendí la historia de Sicilia a través de las vicisitudes íntimas. Lo mismo podría decir de La Storia de Elsa Morante..."

Pero concluye con una advertencia: "Si se escribe literatura para cambiar las cosas, no se obtendrá ningún resultado. Solo las novelas que no se conciben con la intención de cambiar las cosas tal vez logren cambiarlas profundamente".


[Traducción: Mirta Rosenberg]
Articulo :
http://adncultura.lanacion.com.ar 14/10/2007