dimanche 25 mars 2007

Luis Alberto CARRO/Poemario «Preguntas al que regresa»


Luis Alberto Carro nacido en Colonia del Sacramento (Uruguay), el 22 de octubre de 1952. Periodista, poeta, historiador. Cuenta en su haber los libros “Instrucciones en caso de alegría” y “Perro de Balcón” (Poemarios). Escribe para el diario La República, Semanario Vamos y revistas La Voz de la Arena y Estampas Colonienses. En la emisora de radio Claridad FM de Colonia del Sacramento conduce diariamente el programa periodístico “De ida y vuelta”.
Es integrante del movimiento cultural “Poetas del Mundo” y en Colonia forma parte del consejo de redacción de la publicación cultural Revista “U” (ahora en formato digital, blog “prohibidodoblarenu”.

E-mail:
lucarrode@adinet.com.uy


Poemario: «Preguntas al que regresa»

1 - una opinión de viejo

a la muerte hay que mirarla a los ojos
bien
a los ojos justo allí en ese punto exacto
donde guarda su brillo más débil
es cuestión de ganarle de mano no dejar que imponga
condiciones como es su costumbre desde que
trabaja de muerte
quién es ella para echarse a bailar
en la esfera de tu reloj
a los ojos
allí tendrás que apuntarle la mirada
sostenerla
sin que te tiemble el miedo
te lo dice la voz
de la experiencia muchacho
esa es la única oportunidad que tienes
de hacerla recular
que se enrede en su propia telaraña
no darle ni un segundo para que pueda pensar
qué me pasa cómo salgo de este atolladero
a los ojos
perdona mi insistencia pero los viejos
somos de repetir
a los ojos
o trata
de recordar al menos cómo
comienza
el padrenuestro


2 - cuentas

johnny weismuller me dijo anoche que se acordaba bien
de mi lo dijo mientras alzaba su brazo izquierdo y hundía el derecho
en el agua marrón de la madrugada
eras dijo
el que ocupaba una butaca en la segunda fila del cine
el que iniciaba batallas de papel en el preciso instante
en que yo hacía el ridículo colgado de una liana
aullando como bestia idiota
después de veinte veces de repetir
la toma en las selvas de hollywood sin otra
pretensión que hacer más leve tu hastío de domingo pueblerino
tenías
siguió diciendo johnny que flotaba aferrado a mi cama
novia primera trueque de besos y maníes calientes
sin importante que yo luchara
con serpiente
o pantera
pero has visto cómo todo llega cómo no fue en vano
nadar tanto tiempo para encontrarte
así
cara a cara
sin pantalla con telón verde que pueda protegerte
sin linterna que se encienda en la sala ni puerta
que te ayude a escapar
no te parece
que llegó el momento dijo johnny weismuller
de considerar cuentas
pendientes


3 - entre dos luces al caer...

entre dos luces al caer la tarde el viajero desciende del autobús
en ese pueblo insomne esa escenografía suspendida
del aire después de haber cruzado carreteras desiertas
de polvo acre quemándole la garganta camina
pocas cuadras y se detiene frente a una puerta igual
a la puerta de calle de su casa de infancia
imagina a su madre en la honda sombra de los dormitorios
un revuelo de gatos déspotas entre malvones
presiona el picaporte se dispone a entrar y de pronto
retroceden los relojes la luz las casas todo se vuelve

pozo de neblina

y ahí va otra vez viajero atornillado a ese asiento
de autobús que pasa como flecha perdida por carreteras
fugadas de los mapas sólo va en ese inacabable tránsito
nadie al volante la radio encendida con la misma música por horas
la voz del locutor que anuncia el nombre del próximo pueblo


4 - cuaderno del desmemoriado

Sobre esta hoja desierta como un cementerio a medianoche
de qué luna escribir en cuál de todos
los techos del desvelo.
Cómo saber si fue verdad el aire,
si el jazmín nada más que un simulacro,
si la palabra fuego ardió cuando hizo falta.
Dónde anotar los pájaros del horizonte roto,
la voz de una mujer
fugada
del espejo.
Tengo miedo de leer despedidas detrás de cada lluvia,
de creer una tregua entre banderas,
mientras la soledad –gusano endemoniado-nos perfora
la sombra.
O acaso es necesario pertrecharse contra
el roído muro de la infancia,
contra el primer silencio,
esa frontera incierta con papeles de prófugo.
Si es así, aquí me tienen, desarmado, desnudo
peregrino de la duda,
pidiéndole al primero que camine esta calle
que me responda
qué hago en el borde de la nostalgia en blanco.
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Ilustración : Siegfried Woldhek http://www.woldhek.nl/
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Ramón LAYERA/Correspondencia Octavio PAZ-Rodolfo USIGLI



Las cartas que Octavio Paz y Rodolfo Usigli intercambiaron durante casi treinta años, y que hasta ahora permanecían inéditas, revelan, en el tono íntimo que confiere la complicidad secreta, juicios inmisericordes sobre sus contemporáneos, comentarios abiertos y punzantes en los que se confiesan fobias y filias, en los que se sanciona y dictamina sin ningún tipo de censura. confabulario ofrece parte de una correspondencia inteligente y visceral, respetuosa y fraterna, recogida por el investigador Ramón Layera , que bajo el título Rodolfo Usigli, itinerario del intelectual y autor dramático , será publicada en breve por el CITRU, y que redimensionará la imagen de estos dos pilares de nuestras letras.
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CORRESPONDENCIA OCTAVIO PAZ - RODOLFO USIGLI
Bitácora de una amistad conflictiva

EMBAJADA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS EN FRANCIA
París, a 21 de diciembre de 1949.
Sr. Don Rodolfo USIGLI,
Tigris 42-7, México, D. F.


Muy querido Rodolfo:
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Perdona mi silencio. No tiene más explicación que mi deseo de dedicar una larga tarde a la redacción de una carta larga. Pero las tardes son cada vez más cortas y no tengo más remedio que escribirte luchado contra una doble prisa: la de la noche que se me encima y la de mi impaciencia contra la distancia.
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Recibí El gesticulador. Muchas gracias. Tu ensayo sobre la actualidad de la poesía dramática, que no conocía, me parece capital. Tanto el pequeño preámbulo, dedicado al teatro y al tiempo, como las reflexiones sobre nuestra realidad. Tu definición de la obra teatral es aplicable a todas las formas poéticas. Un poema, una tragedia o una novela, si lo son de verdad, hacen tictac, son tiempo. El ensayo no es nada más una defensa de El gesticulador, sino algo que trasciende la polémica actual y que muestra hasta qué punto tu obra de dramaturgo parte de la conciencia, padecida hasta la exasperación de nuestra ambigua realidad. La llamo ambigua porque en México la realidad es algo vivo y fluido, sin contornos y sin conciencia; sólo el arte o la acción superior pueden fijarla sobre sí misma y hacer de su amorfa sucesión un objeto significante y vivo, con principio y fin, pies y cabeza. La mentira, que permite el triunfo de los gesticuladores, de pronto se transforma en la verdad que los sacrifica y los redime. El gran tema de México es ese: ¿la muerte redime a César Rubio, lo hace un héroe? Eso es lo que tú —enmascarado en la figura de Miguel, el hijo, el heredero, el joven, sí, pero sobre todo la inteligencia, la conciencia de la pieza, que la conciencia de México— te preguntas. Eso es lo que nos pregunta a todos la muerte de César Rubio y a esa pregunta deberá contestar tu teatro o el de tus descendientes. (Nada de lo que está destinado a perdurar nace solo o aislado. Y si tu obra no tiene continuaciones y respuestas, si no engendra la tradición que merece, estaremos perdidos como pueblo y cultura). Tu ensayo, sin proponérselo, ilumina muchos personajes de tu teatro, en los que más o menos, tú te viertes, espectador y actor a un tiempo, de tu teatro y de la vida de México. Si alguna vez escribo el ensayo que medito, me detendré en esas figuras, que introduces en varias piezas, y que no encarnan nada más la vieja disputa de las generaciones, sino el nacimiento de la conciencia mexicana. El historiador de Corona de sombras y el Miguel de El gesticulador son algo más que la paralítica inteligencia mexicana —paralítica a fuerza de inclinaciones y sonrisas, desde Sor Juana hasta...—; son una nueva inteligencia, que participa en el drama, que quiere saber la verdad y que sabe que toda verdad implica participación y acción. No hay espectadores. Ese es el principio del teatro, y el de la vida. Sin ese amor por la verdad, que es acción, tu teatro sería simplemente “costumbrismo” y no la admirable construcción poética que es. Pues, parecen decirnos tus personajes, a la hora de la verdad, que es la hora de la catástrofe, la hora del teatro, el hombre se arranca su rostro —hecho de historia y lugares comunes— y nos hace una pregunta, la que Miguel se hace al terminar la pieza.
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Te supongo enterado de los proyectos de Gómez de la Vega. Sí, como presume, fracasa lo de España, embarcará el catorce de enero, en el Ile de France. Espero la llegada de Alfredo para visitar a Lenormand. Creo que si una compañía seria se interesase en El gesticulador, mi estancia en Europa se habría justificado.
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Gracias por tus palabras de aliento y tu crítica. Tienes razón. Pero quizá en el resto del libro esos defectos sean menos visibles, pues ese ensayo está escrito a algunos años de distancia del resto. El tema de los pachuchos está ahora muy lejos de mí.
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Ya te imaginarás la impaciencia con que espero tu artículo. ¿No podrías enviármelos por correo aéreo? Cuadernos Americanos tarda un mes y medio en llegar, de modo que sólo lo recibiré hasta principios de febrero.
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No me extraña la conducta de Siqueiros. Siempre sostuve que ese Jorge Negrete de la pintura mexicana se desinflaría si alguien le pinchaba la barriga. Y me alegra que haya sido Manuel Rodríguez Lozano, a quien tanto admiro. Salúdalo y felicítalo de mi parte.
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Saludos a tu mujer y cuñada. Helena les manda un abrazo de Navidad y Año Nuevo a todos. Aquí todos recuerdan con cariño: Miguel, Vázquez Treserra, Serrano. Y ropa, que escribe esta carta, me encarga que te salude muy afectuosa y especialmente.
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Un abrazo cordial, con mi invariable amistad y admiración.
[firma] Octavio Paz
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RODOLFO USIGLI
Querétaro 211-4
México, D.F., 23 de mayo,
1951
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Querido Octavio:
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Sólo unas líneas presurosas para abrazarte y felicitarte por tu éxito en Cannes. Me causó una profunda satisfacción que te enviaran al fin y que hicieras un papel tan brillante. Buñuel está encantado contigo y me mostró una de tus últimas cartas a él.* La actitud del primitivo europeo Farol es clara: ante el éxito, que no olfateaba ni oteaba, se rinde como la mala clase de persona que es. Sin embargo, no es inútil ni negativo en el fondo... de un río, como decía Joaquín Belda. Te adjunto un recorte de Efraín Huerta sobre ti.
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Anoche celebramos, en el Teatro del Caracol, de Aceves, el centenario (falso, pues eran sólo 93 representaciones) de El niño y la niebla, pieza que escribí en New Haven hace quince años y de cuya elaboración Xavier fue testigo lúcido y apasionado. Como recientemente decliné un premio de los críticos y di la habitual nota usigliana, todos se sintieron dispuestos a halagarme y me han dicho primores aunque no por las buenas razones. La gloria es grande y el ingreso parco. Lo más interesante es que Palillo —el cómico de revista más audaz y outspoken— me ha pedido por la prensa un sketch y creo que voy a dárselo.
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Saludé el otro día a tu doble, el hijo de Rafael Fuentes, y con frecuencia hablo de ti. Hacen, de veras, ganas de verte, y perdona lo coloquial de la expresión.
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Por no sé qué acto fallido, en vez de escribirte a ti hace unas semanas, dirigí una carta a Paco Vázquez, mi amigo de hace veintitrés años, a propósito de El gesticulador. No sé si sabes que una de las últimas cosas que hizo Lenormand en su vida fue la corrección y adaptación de mi propia versión francesa. Al morir él me inquietó el destino del único ms. corregido y supliqué a Paco que lo solicitara de la viuda para hacer copias —por mi cuenta—, registrarlo en la Sociedad de Autores Dramáticos de París, a nombre mío y de Lenormand, y ponerlo en manos de Karsenty, el agente de Jouvet, con vistas a una posible presentación parisina. Ahora me escribe Bouthoul que en el próximo festival de Antibes se pondrán piezas de teatro, y me pide una. Como sea, Paco no me ha contestado, ni tampoco Alicia, a quien supliqué que hiciera una visita amistosa a Marie Kalff que, desde la muerte de su marido, lleva una vida lamentable de soledad y de amargura criticas. ¿Podrías —sin meterte en un nuevo choque con tu jefe oficial— intervenir en la cosa? Nadie seguro —sin chantaje— de vivir mucho tiempo: desde enero, a raíz de la muerte de XV, tengo trastornos generales e indefinidos, no escribo como debiera, se me acumula el trabajo y me siento perdido. Me gustaría, en todo caso, alcanzar una dimensión internacional. Aceves, entre paréntesis, proyecta irse a París, alquilar un teatro y poner, en francés, tres piezas mexicanas: La vuelta a la tierra, de Lira, como espectáculo de cierta tipicidad folklórica, Corona de sombra, con María Casares, y El gesticulador. Claro que yo preferiría a Jouvet, porque algo de México se le habrá pegado a pesar de su elefantiasis hacia América, y porque, con las limitaciones que le conozco, es un señor en París. Marie Kalff, viuda de Lenormand, vive en el 3 de la Plaza Victor Hugo, teléfono Cléber 0330; Karsenty en el 17 de la rue La Bruyere, tel. Tinité 1198. ¿No te molesta meter la mano en esto?
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Te divertirá saber que Nandino, que es buen poeta, dio una conferencia renegando de los Contemporáneos y de ti, olvidando a López Velarde y proclamando a González Martínez el único gran poeta del siglo en México.
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Dije unas líneas presurosas al comenzar, pero tengo ganas de charlar contigo, de reprocharte tu silencio y de hacer chismes. ¿Efecto de los whiskies de ayer y hoy? Fernando Benítez ha hecho su debut, literario hasta ahora, como autor dramático. Ha escrito un Cristóbal Colón que, en apariencia, se representará con motivo del cuarto centenario de la fundación de la Universidad. Educación me dio un subsidio, reembolsable, de cuarenta mil pesos para que Seki Sano ponga Corona de sombra, y el efecto inmediato fue una multitud de atenciones del INBA: oferta de abonos a los conciertos de Chávez, que decliné; declaración reiterada de mi grandeza por el Marión, que dejé pasar sin comentarios. Parece que desde que un subsecretario de Educación —increíble por lo demás— me apoya, soy persona para ellos. Los abyectos jovencitos empollados por el INBA me llaman maestro a boca llena y me declaran muchos codos por encima de ellos. ¿Vieras que no tiene chiste? El c. Presidente (no hay que ponerlo entre comillas) asistió a una representación de los Signos del Zodiaco, o del sobaco, como dijo el Corzo Ruiz, y le dijo a Carlos Chávez algo en el sentido de que no podía hablarse de teatro mexicano sin mencionarme. Como hay una división de intereses entre el músico y el Marión, el primero ha repetido la frase presidencial a todo viento. Figúrate cuál es nuestro destino si tenemos que vernos sancionados por los poderes extantes.
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Mi ex mujer ha publicado un libro de versos, que no he leído, un poco a la sombra del grupo existencialista que encabeza Leopoldo Zea quien, entre paréntesis también, parece haber llevado la filosofía un poco lejos. Lo vi hace poco y me sorprendió el cambio que ofrecía a la vista su persona: bien vestido, colorado y un tanto gordo. La explicación, que debo a Fernando Benítez, es que se enamoró de pies a cabeza de Olivia Zúñiga, señora tapatía, divorciada, mayor que él, guapa y escritora, y que dejó a su mujer y a sus cinco o seis hijos para irse a vivir una vida más libre y más acorde con las doctrinas sartreanas: la situación, la elección, etc. Soy una mala lengua abominable, convengo en ello; pero la materia, la tela, lo que los ingleses desde Shakespeare llaman stuff, viene de la vida misma.
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Declaración de amor: un beso a las niñas Paz, y un abrazo para ti, a quien quiero mucho siempre.
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[escrito a mano] Bien por la expresión de Nefeur —o dime que no—
* Preparamos las dos obras y la adaptación [ilegible] Ensayo de un [ilegible].
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París, junio 15 de 1951
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Muy querido Rodolfo:
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Hasta ahora puedo escribirte. Dos veces —en menos de un mes— he estado enfermo. Una infección en el ojo derecho (quiero decir, en el párpado superior). Eso explica mi silencio.
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Apenas recibí tu carta, me comuniqué con Vázquez. Me dijo que su esposa ya había hablado con Madame Lenormand. Para no entorpecer esas gestiones, me abstuve. Unos días después la señora Vázquez me informó que ya tenía el manuscrito en su poder y que te había escrito. Agregó que el manuscrito ofrecía dificultades de lectura y que acaso sería preferible que tú lo revisases. Sugerí que —si tú deseabas revisarlo antes de ordenar hacer copias— se te avisase por correo aéreo certificado. Hoy, hace unos minutos, el señor Vázquez me dice que te lo remitió por la valija diplomática. Lamento esa decisión, pues si es cierto que la valija es segura también lo es que tarda tres semanas en llegar. Pero a lo hecho, pecho. Te ruego que, apenas tengas lista la versión francesa de El gesticulador, envíes tres copias a Bouthoul —Antibes y registro en la sociedad de Autores— y dos copias para mí —Karsenty y María Casares. Conozco a María Casares. Tengo la impresión de que tiene confianza en mi juicio. Le he hablado con entusiasmo de ti. En estos días —o para ser más exacto: la semana que viene— le prestaré Corona de sombras (original español). Ya te daré noticias concretas. Te ruego, asimismo, que me pongas al corriente de tus instrucciones a la señora de Vázquez, con objeto de evitar confusiones.
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Magnifico el triunfo de El niño y la niebla. Un triunfo, me dice Miguel, logrado a pesar de la mediocridad de los actores —salvo Isabela Corona— y de la incompetencia del director. ¿Es cierto? Me imagino ciertas caras, ciertas sonrisas, ciertas enhorabuenas. “Hinque la Envidia el fatigado diente...”.
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Aquí la novedad es Le diable et le bon Dieu, la última pieza de Sartre. El tema es parecido al de Las manos sucias, sólo que tratado con mayor amplitud. La acción, para variar, transcurre en la Alemania del Renacimiento. Soplos de Reforma, crisis en las conciencias, sublevaciones campesinas, guerras feudales, utopías... El punto de partida —la apuesta contra Dios, la conversación súbita y con trampa, etc.— recuerda ciertas obras del teatro español (El esclavo del demonio, de Mirademescua, y otras de Tirso y Calderón). La solución es la opuesta. La libertad —el “asumirse”— es fruto de un acto total —como entre los españoles— sólo que sin Dios e, incluso, prescindiendo de todo absoluto moral. La coincidencia, acaso involuntaria, es significativa. Sólo que los españoles no nada más eran teólogos, sino grandes poetas dramáticos. Y Sartre, ensayista y periodista, ideólogo, no es poeta. Su teatro es hábil y bien construido, pero es “prefabricado”. Tampoco es un teatro intelectual —como el de Eliot— sino un teatro de “ideólogo”, peste moderna, en donde los personajes “bavardizan” —o barbarizan— incansablemente. Pero ya no sigo. Es lamentable que en México tantos jóvenes aprecien e imiten a un dramaturgo que no ha inventado nada y que para mí es el “falso autor teatral”.* Exactamente como, hace veinte años, Cocteau deslumbró a tantos. Pero de esos equívocos está hecha buena parte de la cultura mexicana.
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Un abrazo para Manuel Rodríguez Lozano. Saludos a tu familia. Te quiere y admira.
[firma] Octavio Paz
* Este juicio —¿¡Juicio!?— se refiere al autor teatral, no al ensayista o pensador.
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RODOLFO USIGLI
Querétaro 211-4
México, D.F., 18 de agosto,
1951
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Muy querido Octavio:
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Hasta hoy puedo contestar tu carta. Esperé primero la llegada del ms en francés de El gesticulador, que Carlos Peón me entregó hace dos semanas apenas. Luego he tenido muchos de esos terribles días perdidos en moverte sin hacer nada, complicaciones de salud y económicas, como siempre, y problemas que exigían una solución inmediata. Entre otros, la edición de El niño y la niebla, de la que te envié un ejemplar hace unos días, por correo ordinario. Ya me dirás tu opinión, tomando en cuenta, sobre todo, la apostilla que le añadí. Aquí sigue representándose —muy pronto llegaremos a las trescientas—, con la suerte de la fea, pues exceptuando a dos o tres personas todo el mundo la alaba excesivamente. Uno de los escépticos es León Felipe, de cuyas virtudes críticas se puede dudar para compensar la fe que ponemos en su poesía. Acaba de hacer, por cierto, una traducción del Otelo a su muy personal manera, añadiendo inclusive un personaje. Ya lo conoces.
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En cuanto a El gesticulador, están haciendo ya las copias, pero temo que no podré mandar más de dos a Bouthoul y una a ti, pues no podrán hacerme más de cinco y debo enviar una a Lucas, mi agente, y conservar otra para su posible presentación en el teatro del IFAL. ¿Qué tal te entiendes con María Casares? No sé si recuerdes que yo no logré que me prestara la menor atención en ‘44. La vimos hace poco en La Cartuja de Parma y me parece que el cine la envejece un poco.
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No he leído aún la pieza de Sartre. Espero hacerlo pronto, pero lo que realmente me ha dado una gran satisfacción es conocer tu opinión y ver cuánto has avanzado en la comprensión del teatro, que es cosa absurdamente difícil para la mayoría de los poetas y novelistas. Aquí, como sabrás, se prepara el acontecimiento del año, a creer en la publicidad, con el estreno de una pieza del Marión, La culta dama, que Manuel subtitula Autorretrato en tres actos. La corrupción del arte oficial ha llegado a su límite extremo —espero—, y el rumor persistente de que siempre no habrá prórroga, sumado al retiro de Casa Alemán de la campaña, ha devuelto un poco de tranquilidad al pueblo. Entre los tapados se menciona a Ángel Carvajal, a Bermúdez, a Ruiz Cortines y a López Sánchez. Quizá no será ninguno de ellos; pero, si el presidente acabara por aceptar la prórroga, pondrían en peligro su vida y la estabilidad nacional, que es hasta ahora el eterno milagro de equilibrio.
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Gran revuelta armaron unas declaraciones de Elías Nandino desconociendo a la generación de Contemporáneos y declarando único gran poeta mexicano a González Martínez. Probablemente te habrá llegado el chisme, pues también a ti te hacía alguna objeción y a Pepe Gorostiza no lo mencionaba siquiera, como tampoco a López Velarde. Impacto, la revista de escándalo de Hernánez Llergo ha revuelto bastante el agua. De paso, el candidato presidencial que parece reemplazar a don Nicolás Zúñiga y Miranda, el general Gustavo Padrés declaró en la misma revista que al día siguiente de tomar posesión del gobierno su primer acto oficial sería fusilar a todos los homosexuales “aunque nos quedáramos sin poetas”. La vida no es agradable por ahora en México, y las enormes fortunas privadas han alcanzado ya aquel imposible nivel de la estupidez nacional. Estamos en camino de convertirnos en un país capitalista movido sólo por el resentimiento.
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Hablo de ti a menudo con Manuel, que te saluda. El señor Schultzenberg, coleccionista de arte antiguo y millonario ha comprado no menos de una docena de Laberintos para obsequiarlos a sus amigos, pues yo le mostré algunos fragmentos y se apasionó por tu libro.
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Saludos a Helena, la niña Paz y los amigos. Te abraza, te quiere y te admira,
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Nueva Delhi, India, a 20 de abril de 1965
Sr. Francisco Zendejas,
Galería Excelsior,
Paseo de la Reforma No. 18,
México, D.F., México.
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Querido Francisco:
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Ayer, por un recorte de periódico, me enteré que el Premio de Literatura Villaurrutia correspondiente a este año había sido otorgado a Homero Aridjis. Me alegró la noticia. Ya sabes que lo admiro de verdad y creo que merece el premio. Sin embargo, no debo ocultarte mi extrañeza ante la forma tangencial, por decirlo así, en que tú has procedido. Me explicaré:
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En primer lugar: falta absoluta de información. Nunca me enviaste un solo libro. Por fortuna, Díez-Canedo me remitió los que publica su editorial y la mayoría de los autores me enviaron sus libros. De otra manera me hubiera sido imposible tener una idea clara del panorama literario del año pasado.
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Jamás me escribiste una carta, jamás me comunicaste tus preferencias y jamás me preguntaste cuáles eran las mías. Tampoco me dijiste cuáles eran las ideas de Rodolfo Usigli (digo esto porque tú eres el intermediario entre nosotros y el coordinador del jurado). En suma, no hubo discusión y examen previo. Esto me parece gravísimo.
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De pronto el silencio se rompió: recibí un telegrama de la Secretaría de Relaciones en el que se me pedía enviar, por la misma vía, mi voto. Se me decía que se había hecho una selección previa de tres nombres: Fuentes, Aridjis y Leñero. Este procedimiento es reprobable por varias razones: en primer término, la Secretaría de Relaciones no tiene nada que ver en este asunto; en segundo lugar: ¿quiénes hicieron la selección preliminar?, ¿por qué no se me consultó?
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Después de ese telegrama —al que contesté inmediatamente— no volví a tener más noticias, hasta que llegó a mis manos el recorte a que me refiero más arriba. Paso la descortesía, rayana en burla, pero no acepto que no se me diga siquiera cómo se realizó la votación. Es increíble. Tú tienes la obligación de informar a los miembros del jurado, antes que a la prensa y que a cualquiera otra persona o institución, sobre las decisiones que se adopten.
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Tal vez, después de todo esto, debería renunciar. Prefiero esperar. Quizá tú te decides a escribirme y me aclares las razones de tu actitud. En todo caso, yo necesito saber si en lo sucesivo se modificará el procedimiento seguido este año. Si no recibo una declaración expresa en este sentido, no tendré más remedio que renunciar y hacer públicas mis razones. Créeme que me da mucha pena usar este tono. Tú sabes que te profeso amistad y aprecio.
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Tu amigo,
[firma] Octavio Paz
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Oslo, 24 de abril
1965
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Octavio querido:
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Me dio gran gusto recibir tus líneas del 20, aunque sólo las deba yo a lo que el Marión, cuyo nombre nunca pronuncio, por higiene bucal, llamaba las “zendejadas” de Paco. Leí la carta que le enviaste y me comunicas con tanto mayor interés cuanto que, como verás por las copias de la mía y de diversos telegramas que anexo, nos ha tocado en suerte ser compañeros de viaje también en esta ocasión. Verás que estos papeles se explican igualmente por sí solos. Por lo demás, curiosamente, en el mismo correo me llegó carta de un pintor libanés amigo, Aref Rayess, a quien Zendejas conoció en Beirut y de quien presentó hace poco, sin mayor éxito, por desgracia, una exposición en las Galerías. Te transcribo algunos párrafos, a la letra: “Notre ami Zendegas a fair de son mieux, comme vous le connaissez un coeur d'or trés chic mais c'est tour. Il est toujours troublé par la saint esprit de l'alcool et de plus en plus dérangé. Je n'ai pas pu le voir avant de quitter, il était encore malade... Dommage que vous n'étiez pas lá. Zendegas et l'ex Ambassadeur n'étaient pas comme il fallait, et voilá”.
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Por esto y por cosas que me fue posible atestiguar personalmente el año pasado en México, temo que el pobre Paco se encuentre más allá de todo remedio. Me apena sinceramente, pero estimo que no podemos hacerle indefinidamente el juego ya que van de por medio nuestros nombres y nuestra propia estimación en tanto que miembros del jurado. Es importante, sin embargo, buscar la manera de que no desaparezca el Premio XV por circunstancias semejantes.
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Yo también recuerdo a menudo nuestros años de París, y tienes razón en el “pero...”. Hace poco observaba que nunca tuve que hacer mi cama tantas veces ni evacuar tantos quehaceres domésticos como desde que soy embajador. La vida es poco grata aquí, las nieves menos frías que los seres, y la soledad, como la llamo, más dura que en otras partes. Quise enviarte hace poco unas líneas porque leí en el Herald de París que tu amiga Bona había puesto una pica en... Venecia denunciando la falsificación de la firma de su padre en una mala pintura. [a mano] Se interpusieron quehaceres oficiales urgentes
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¿Escribes mucho? Me alegró infinitamente lo del Premio de Knokke-le-Zoute y lo menciono en un artículo sobre premios literarios que me pidió una nueva revista de México, Mundo Editorial. A la muerte de T.S. Eliot publiqué cuatro artículos, que encuentro insuficientes, en Excélsior. Como decía Pascal, no tuve tiempo para hacerlos más cortos (y mejores). En este mes debe de aparecer en el Fondo mi Corona de luz, terminada después de casi veinte años e iniciada precisamente en aquellos días de París, en 1945, cuando regresé de NY y Washington y antes de que tú fueras nombrado allá.
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Para seguir en el clima pascaliano, escríbeme, Octavio, aunque sea largo, si te falta el tiempo.
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Un abrazo
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Nueva Delhi, India. Mayo l de 1965.
Sr. Rodolfo Usigli,
Embajador de México,
Oslo, Noruega.
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Querido Rodolfo:
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Gracias por tu carta. Me dio alegría y nostalgia. Lo que me cuentas de nuestro amigo Zendejas me causó no ira sino asombro. Tengo la sensación de que tú y yo nos hemos convertido en sus títeres. Te confieso que esta idea no me produce gran indignación. Mi indiferencia ante el mundo literario, especialmente el mexicano, aumenta a medida que pasan los años. De todos modos creo que habría que poner un hasta aquí. Pero no quisiera dar ningún paso sin consultarte previamente (eso es lo que deberíamos haber hecho desde el principio). Por lo demás, coincido enteramente contigo: hay que defender al Premio de Villaurrutia porque es benéfico y, sobre todo, porque se trata de algo que lleva el nombre de Xavier. Tampoco creo que deberíamos eliminar a Zendejas: aparte de haber sido el autor de la idea y el organizador del premio, fundamentalmente no es una mala persona y con frecuencia sus juicios literarios me parecen acertados. Más bien es un hombre débil y, a veces, enmarañado. Pasiones y rencillas pequeñas.
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Por tu correspondencia veo que el año pasado tú votaste por Helena y Zendejas por Arreola. Yo me abstuve por razones obvias, aunque le dije a Zendejas que la novela de Helena me parecía la mejor. Veo que este año tú te abstuviste. Yo voté por Fuentes. Su libro de cuentos no es lo mejor que haya escrito pero justifico mi voto por el volumen y la calidad de su obra anterior. Pienso en tres de sus libros: Los días enmascarados, La muerte de Artemio Cruz y, sobre todo, Aura, una preciosa novela corta. Tu juicio sobre Aridjis es demasiado severo: es un poeta, un verdadero poeta. Lo de Leñero no lo entiendo: quise leer su novela y se me cayó de las manos.
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No sé qué se te ocurra para salir de este atolladero. Yo estoy en espera de la respuesta de Zendejas a mi carta. Si en un tiempo prudente no me contesta, tal vez podríamos enviarle, tú y yo, una nueva carta proponiéndole reformas fundamentales y amenazándolo con renunciar si no acepta nuestras sugestiones. Quizá la solución consistiría en nombrar un secretario de jurado que se encargue de la organización material y que sirva de intermediario entre los tres jurados.
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Escribo —no todo lo que quiero pero lo más que puedo— poemas y ensayos. Ya te enviaré lo que vaya saliendo.
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Hoy recibí carta de Peter Zekeli, un poeta amigo mío. Es un sueco finísimo (tal vez porque es de origen húngaro). Vive en París y me dice al final de su carta: “Muchos recuerdos de mi esposa Marianne y de una gran amiga, encantadora y sobresaliente, Nicole (Cordelia) Usigli. Su padre el otro día escribió esta cosa encantadora a su hija ‘La soledad es grande'”. Ya ves, querido Rodolfo, tus frases le dan la vuelta al mundo. Aquí la soledad es grande pero mayor es el delirio.*
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Un abrazo,
[firma] Octavio Paz
* Mi delirio se llama Marie José —y también mi convivencia, mi lucidez. Nos [ilegible] pronto.
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* * *
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Oslo, 2 de Junio
1965
Señor Don Octavio Paz,
Embajador de México,
Nueva Delhi, India.
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Octavio querido:
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Apenadísimo por estar en deuda contigo. Duro mes de mayo (más cruel que el de abril para Eliot): visitantes como Germán Arciniegas y funcionarios de México (el lic. Sánchez Cuen, su familia y un colega suyo de Hacienda, en asuntos oficiales); el Mariscal Tito, con el séquito de recepciones correspondientes, cuatro días de excursión a Bergen, con motivo del Festival (invitación del Ministerio de NE); trabajo exterior incesante, etc. No se anuncia mejor junio: visita de los reyes de Bélgica entre otras cosas, barco chileno, tres o cuatro fiestas nacionales. Tú sabes de todo esto.
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Quise escribirte desde luego (¿te dije ya mi envidia por tu delirio y mi deseo de que seas feliz?) para hablar del Premio XV y para felicitarte porque leí en el último número de Evergreen Review tu Salamandra. La traducción parece buena, pero no tengo a la vista el original.
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Respecto del Premio, el procedimiento que tú sugieres me parece enteramente correcto, pero mi intención firme no es formar ya parte del jurado si no resulta aceptable mi punto de vista en el sentido de que sólo consideremos obras totales que constituyan unidades en sí. Esto es, poema de aliento y estructura y no simplemente un conjunto grupo de poemas; novela formal y no un grupo de cuentos; ensayo extenso y no conjunto de ensayos breves; pieza en tres actos, en fin, y no tres de un acto. De modo, estimo que el premio carecerá de seriedad fundamental, de la que tú y yo desde luego aspiramos a darle por lo mismo que tú dices, porque lleva el nombre de Xavier. Me sorprendió agradablemente que Fuentes declinara recibirlo este año. Aunque su tomo de cuentos ha dado lugar a controversias en México, a mí me produjo más bien una desilusión, como sabes, y por la variedad misma de su contenido se aparta de mi idea. Aridjis es poeta sin duda y sabe escribir, pero a mí no me dice nada hasta ahora. Sin embargo, si se hubiera tratado de una sola obra suya y no de tres trabajos que me producen la impresión de ser simples fragmentos, no me habría abstenido probablemente de votar por él. Zendejas no ha vuelto a escribirme.
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Corona de luz debía aparecer el 15 de abril. No ha salido hasta ahora, pero ya la inefable señora Radar ha iniciado el ataque asegurando, sin haber leído la comedia, que atento “contra el más profundo sentir del pueblo mexicano, contra la raíz misma de su nacionalidad, contra la historia de nuestro país... Contra su patrona, que es Nuestra Señora de Guadalupe”, etc. Así se escribe la prensa en México.
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Un joven Manjares que vive en París me ha enviado algunos intentos suyos. Está en esa feliz primavera de la literatura pero desgraciadamente no tiene dominio del idioma y lo que escribe sugiere más bien un borrador de traducción.
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Aunque me doy cuenta del trabajo que lleva aparejado para ti el asunto de la exposición mexicana, cree que te la envidio. Yo quise traerla a Oslo en ‘63 pero tenía que ir de Dinamarca a Los Ángeles y no fue posible. El embajador indio, que es un hombre fino, se mostró feliz cuando le di la noticia. Ayer justamente me ofreció una recepción animadísima en remembranza de Nehru, según la costumbre que tú conoces.
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Saludos a tu delirio, tu conciencia y tu lucidez y un abrazo a ti como siempre.
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Importante registro epistolar
por RAMÓN LAYERA
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Uno de los capítulos desconocidos en la historia de la literatura mexicana del siglo XX es la sentida y profunda amistad que existió durante casi treinta años entre Rodolfo Usigli y Octavio Paz. Lo único que se ha sabido hasta ahora es que al final de sus respectivas carreras estos dos escritores se distanciaron públicamente a raíz de los sucesos de 1968. Más allá de ese incidente, se conoce el texto de una semblanza hecha por Paz una vez ya fallecido Usigli en 1979, en la que el poeta deja constancia de la entrañable y prolongada amistad que él había compartido mucho antes con Usigli. El descubrimiento reciente de un rico acervo epistolar entre los papeles y documentos que Usigli dejó en su archivo personal ha permitido esclarecer los pormenores de esa desconocida amistad, además de ampliar el conocimiento que se tiene del perfil intelectual y literario de estos dos escritores.
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Al referirse a su relación con Usigli, Paz afirma en la semblanza antes mencionada que “nuestra amistad, como casi todo lo que ocurre en este bajo mundo lunar, fue el resultado de reales afinidades y de circunstancias fortuitas”. En realidad, fue una amistad no sólo prolongada sino estrecha y mutuamente beneficiosa, tal como lo demuestran las cartas guardadas por Usigli. La relación inicia en 1938 en la capital de México y se mantiene ininterrumpidamente durante gran parte de sus vidas. Las cartas demuestran que ambos escritores se esmeraron por cultivar esa amistad, en gran parte debido a su condición de escritores y empleados del servicio diplomático, pero en gran medida a las marcadas afinidades intelectuales y literarias que los unían; sin embargo, persistieron algunas diferencias que sólo se pudieron resolver gracias al profundo respeto que se guardaban. La amistad continuó a través de los años, mediada por los avatares de sus respectivas carreras profesionales y diplomáticas, y terminó abruptamente en 1968, víctima de las “circunstancias fortuitas” derivadas de los sucesos de Tlatelolco. Siendo Usigli mayor (en 1938 Usigli tiene 33 años y Paz sólo 24) y mejor conectado (ese año Usigli desempeña el cargo de Jefe del Departamento de Teatro del Instituto de Bellas Artes), Paz se beneficia directamente de esa relación. A dos años de su vuelta de Estados Unidos, donde ha pasado un año en la Universidad de Yale estudiando junto con Xavier Villaurrutia, el dramaturgo mexicano ya se ha iniciado en las letras y en la docencia y goza de una creciente reputación e influencia en los círculos literarios. Dotado de una vasta cultura literaria, Usigli es amplio conocedor de la lengua y la literatura francesas; mantiene además cordiales relaciones con el personal diplomático de la embajada francesa, beneficios que Usigli comparte generosamente con su joven amigo. Los lazos iniciales de amistad se enriquecen y profundizan a medida que pasan los años, en especial de 1945 a 1946 cuando Usigli y Paz coinciden en la embajada mexicana en Francia desempeñándose como segundo y tercer secretario, respectivamente. Antes de salir de México, ya comparten la amistad de varios artistas e intelectuales entre los que se destacan los adscritos al grupo de los Contemporáneos. Los une, además de su interés por la poesía y la pintura, por los clásicos griegos y romanos, y por la literatura europea en general, su pasión por la literatura y la cultura francesas. A pesar de las estrecheces y dificultades económicas en que se debaten los franceses durante el periodo de posguerra, los dos diplomáticos mexicanos aprovechan para promover y cultivar sus respectivos intereses literarios y profesionales. Ambos entran en contacto con la escena literaria parisina estableciendo conexiones y amistades que han de mantenerse y ampliarse en años venideros. Usigli, por su parte, viaja a Inglaterra para entrevistarse con George Bernard Shaw y con T.S. Eliot. Paz hace lo mismo con intelectuales, artistas y poetas franceses, en especial con André Breton. Tal como lo demuestra la correspondencia, los años compartidos en París cimientan una relación de genuino afecto y mutua admiración, relación que ambos amigos han de cultivar después a pesar de la distancia. Ya sea desde la Ciudad de México o desde París, Beirut, Nueva York, Oslo y Nueva Delhi, Usigli y Paz intercambian información sobre sus respectivas carreras diplomáticas, sobre su producción literaria, sobre las amistades compartidas, así como sobre el clima intelectual y el ambiente literario local; no pierden la oportunidad de reportar sobre las rencillas y debates políticos del momento, y sobre las complicaciones burocráticas en que se desenvuelve la rutina de sus cargos diplomáticos. En todo momento persisten en el interés mutuo por estar al tanto de sus vidas privadas y la de sus respectivas esposas e hijos. El tenor de las cartas indica que se trata de una verdadera amistad.
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Las cartas son, además, un importante registro epistolar que documenta valiosos detalles sobre la evolución del pensamiento de estos dos escritores, sobre su ferviente curiosidad y preocupación por sus respectivos proyectos literarios y sobre su insoslayable compromiso con la promoción de la cultura y el arte de sus país. El suyo es un aprecio mutuo afianzado por la intimidad vivida en esos dos años de convivencia en París y prolongado durante el transcurso de casi toda una vida. Sorprende, entonces, la interrupción abrupta y definitiva de esa profunda amistad, penosa ruptura que se desata al calor de las diferencias suscitadas por los sucesos de Tlatelolco. Paz da su versión de los hechos en 1991: “La lejanía enfrió pero no rompió nuestra amistad, aunque siempre con altas y bajas. En 1968 Rodolfo no aprobó mi reacción ante los sucesos de octubre de ese año y así me lo dijo en una carta franca y abrupta, como era su costumbre. Le respondí así en los mismos términos. Dejamos de hablarnos. Confieso que me dolió el rompimiento: quise y admiré a Rodolfo Usigli”.
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La ausencia de cartas posteriores en su archivo indica que Usigli no volvió a intercambiar correspondencia con su viejo amigo. Su creación dramática ofrece quizá una clave para descifrar el distanciamiento. En Los viejos y en Buenos días, señor Presidente, dos obras escritas después de los sucesos de Tlatelolco, el dramaturgo critica la impetuosidad y la inmadurez inherente de la juventud, pero sin aludir a su ruptura con Paz. Por su parte, Luis G. Basurto dice que “cuando Rodolfo recibió el Premio Nacional de Literatura [en 1972], Octavio Paz dijo que Usigli era un lacayo al servicio de los poderosos. Eso le afectó mucho”. Claramente, el transcurso de los años y el recuerdo de momentos mejores permite la reconciliación póstuma. La bella y elocuente semblanza escrita por Paz sobre Usigli demuestra que una vez fallecido su viejo amigo, el poeta fue capaz de ir más allá de las circunstancias que los habían separado.
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Layera. Catedrático de literatura hispanoamericana de la Universidad de Miami. Autor de Usigli en el teatro (UNAM, 1996). Recientemente tradujo al inglés El gesticulador.
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Articulo:
http://www.eluniversal.com.mx Confabulario 24/03/2007
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Mario MELÉNDEZ/Los Pájaros del Pueblo



Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Estudió Periodismo y Comunicación Social. Entre sus libros figuran: "Autocultura y juicio" (con prólogo del Premio Nacional de Literatura, Roque Esteban Scarpa), "Apuntes para una leyenda" y "Vuelo subterráneo". En 1993 obtiene el Premio Municipal de Literatura en el Bicentenario de Linares. Sus poemas aparecen en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Ha sido invitado a numerosos encuentros literarios entre los que destacan el Primer y Segundo Encuentro de Escritores Latinoamericanos, organizado por la Sociedad de Escritores de Chile (Sech), Santiago, 2001 y 2002, y el Primer Encuentro Internacional de Amnistía y Solidaridad con el Pueblo, Roma, Italia, 2003, donde es nombrado miembro de honor de la Academia de la Cultura Europea. A comienzos del 2005, es publicado en las prestigiosas revistas "Other Voices Poetry" y "Literati Magazine". Durante el mismo año obtiene el premio "Harvest International" al mejor poema en español otorgado por la University of California Polytechnic, en Estados Unidos. Parte de su obra se encuentra traducida al italiano, inglés, francés, portugués, holandés, rumano, persa y catalán. Actualmente trabaja en el proyecto "Fiestas del Libro Itinerante".

E-mail:
mariomelendez71@hotmail.com


LOS PÁJAROS DEL PUEBLO
Por Mario Meléndez


La guagua no paraba de llorar
aunque el verdugo repetía de rodillas
que su madre no había muerto



1

A los ríos que dejaron sus pechos en el mar, a la tierra de mejillas prolongadas como tripas, a la piedra madura que besa viento y camino, a las montañas maternales, a la flora y fauna decapitada por manos sangrientas, a los volcanes reprimidos, a la lluvia inconsecuente de los bosques y ciudades, a las aves, con sus maletas y sus alas, a los desiertos enemigos del agua pura, al vino que incendia la garganta del pueblo, a los hielos de entrañas frías y secretas, a los valles, a los cóndores, a todo lo que es parte de mí y de mi poesía, a ellos entrego mi canto, a ellos dedico la semilla de la noche, mi soledad de araña que cae sobre la patria y sobre cada palabra que sale a mi paso, mi voz enamorada de la primera y última gota de mis hermanos, mis labios color de fruta, mis venas acariciadas por el sueño salvaje, mi agonía incesante y profunda, mi religión de aullidos desatados, mi juventud sonora y definitiva. A ellos levanto mi puño como una bandera, a ellos dedico el calor de esta brasa, de esta lágrima de Dios llamada Chile.


2

Cuando llegó el invierno a Chile, miles de pájaros volaron con la primera lluvia, estaban asustados entre la sombra y la muerte, y prefirieron emigrar con sus vidas hacia otras vidas. Tomaron el primer avión desesperados, se arrojaron a los muelles persiguiendo barcos, cruzaron las montañas huyendo de las lanzas, y dejaron atrás la patria y a los herederos del hambre. Algunos no despegaron jamás, les arrancaron las alas en el intento y la lucha, desaparecieron con nombre y apellido bajo los árboles de hierro, los encerraron en jaulas por especies, y cuando años después los encontraron tenían la caricia del cuervo entre sus plumas. Los otros, los perseguidos, los pájaros del pueblo que lograron atravesar la muerte, debieron acostumbrarse a volar de otra manera, a sentir de otra manera, a respirar de otra manera. La tierra ajena los había recibido, la tierra amiga los invitaba a su mesa a compartir el pan y sus dolores. Muchos incluso en la agonía soñaron con ver la patria por última vez, pero la patria también agonizaba, había querido volar con sus alas rotas.


3

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a Víctor Jara

Más allá de la guitarra están las manos separadas de la patria, un sonido de alas que arde y quema mis zapatos, una invitación a orinar sobre la tierra con la semilla pura del canto. Más allá de la guitarra la sangre dibuja una música violenta y la cabeza del cantor se llena de agujeros y de besos con olor a muerte. Más allá de la guitarra los caminos lloran, la lluvia llora y cae de rodillas porque el hijo de la tierra no completará sus pasos. Más allá de la guitarra, más allá del estallido que apagó los corazones, más allá de este poema y con la herida inolvidable de un tiempo inolvidable, los ojos buscan a Víctor, más allá de la guitarra y de la patria.


4

¿Quién escribirá este dolor? ¿Quién destapará los gritos enumerándolos? ¿Quién se atreverá a hacerlo? Porque si nadie se ofrece, yo estoy dispuesto a correr el riesgo. Pero qué puedo decir si hay tanto de qué hablar, son tantos los rostros que jamás amanecieron, tantos los ojos rotos. Esa mujer me pregunta si lo he visto, ese anciano me pregunta si lo he visto. Y yo, qué puedo decir, si me veo en una calle herido, si me veo en el fondo del mar o en una fosa o torturado o suplicando, qué puedo decir si estoy bajo la tierra y me desmigo. Que sea otro quien escriba este dolor, que sea otro el que se vista de negro, el que corte las flores, el que enloquezca; yo solamente enterraré a los muertos.


5

No levantes esa piedra porque verás muchos zapatos, no respires bajo el mar porque hallarás los cordones y las suelas, no te cuelgues de los árboles o de los techos o de la noche, apilarás ceniza y sangre entre tus dedos; no trajines la tierra, no escupas sobre la saliva descuartizada y seca, no sumerjas la cabeza en un desierto, no llores, no asesines. La patria es más profunda que el agua, más genital y profunda. Es una ciega lanza atravesada por montañas, cauces y edificios, atravesada por vivos y por muertos. En cada parque crecerá una flor con cicatrices, en cada río nacerán peces que llegarán al mar con ecos y tambores, en cada casa escucharás murmullos, en cada calle un grito, en cada fosa que se abra una caricia que conoces. Y verás bajo esta tierra, bajo esta lanza desgarrada y rota, bajo estos huesos verás toda la sangre de un pueblo, toda la sangre encendida de un corazón que renace, toda la sangre enterrada hecha victoria y canto.


6

Me tomaré la palabra hasta que todos mueran, hasta que por la boca rueden ojos blancos y por los ojos bocas sin voz ni arquitectura. Entonces, como una sola derrota, como un murmullo de cuándo, dónde y para qué, como una gran pregunta arrancaré metales, sangre arrancaré sobre las flechas, flores de piedra que arderán con sus espinas y con hijos no reconocidos. Será una guerra a vida, una independencia total de mi esqueleto, y no podrán moverse si yo no me muevo, no respirarán por mi nariz o por mi semen, no trajinarán mi cuerpo con nuevos gritos. Porque yo me tomaré la palabra de pies a cabeza, hasta que todos mueran de todo y todos vivan de nada, hasta que se abra la tierra y vuelen y los devuelvan, yo me tomo la palabra.


7

Mi pueblo tiene frío cada día del año, tiene hambre y sed y juventud. Mi pueblo es un pedazo de madera, de cama que no alcanza para cuatro o para ocho. Mi pueblo tiene lluvia y viento, tiene caras dibujadas con ceniza, tiene manos que aplauden para no morirse. Mi pueblo no tiene nombre, no tiene edad ni edades, no tiene calles ni sonrisas. Mi pueblo no tiene Dios, la levadura y la sal vencieron a los santos, el agua de los grifos fue más pura que una iglesia. Mi pueblo es un resumen del amor cansado, es una biografía sin orillas ni rincones, un cadáver reciente, una copa que jamás será llenada. Mi pueblo tiene niños que parecen ancianos y ancianos que se robaron los años, tiene mujeres con ojos apagados y hombres cortados por la mitad. Mi pueblo tiene árboles sin troncos y sin hojas, tiene rosas que cambiaron su color por un kilo de pan. Mi pueblo es una herida en el tiempo, una guitarra enferma y sorda y muda, una canción de nombres definitivamente tristes, definitivamente amargos, definitivamente olvidados en el gran sueño de la vida.


8

Los pobres veranean en un mar que sólo ellos conocen. Allí instalan sus carpas hechas de mimbre y celofán, y luego bajan a la orilla para ver la llegada de los botes curtidos de adioses. En la playa la miseria se broncea boca abajo, el hambre toma sol en una roca, los niños hacen mediaguas en la arena y las muchachas se pasean con sus bikinis pasados de moda. Ellas tienden sus toallas de papel y se recuestan a mirar el reventar de las olas que les recuerda la forma de un pan o una cebolla. Mar adentro nadan los sueños. Y ellas ven al vendedor de helados acariciando sus pechos o a ellas mismas en un viaje hacia la espuma, del que regresan con vestidos nuevos y una sonrisa en el alma.

Los pobres veranean en un mar que sólo ellos conocen. Y cuando cae la tarde, y el horizonte se desviste frente a ellos, y las gaviotas se desclavan del aire para volver a casa, y el crepúsculo es una olla común llena de peces y colores, ellos encienden sus fogatas en la arena, y comienzan a cantar y a reír y a respirar la breve historia de sus nombres, y beben vino y cerveza, y se emborrachan abrazados a sus mejores recuerdos. Mar adentro nadan los sueños. Y ellos ven a sus hijos camino de la escuela, cargando libros y zapatos y juguetes o a ellos mismos regresando del trabajo con los bolsillos hinchados y con un beso pintado en el alma. Y mientras ellos sueñan, el hambre apaga sus fogatas y se echa a correr desnuda por la playa con los huesos llenos de lágrimas.


9

Vamos, acompáñame, en aquel sitio levantaré mi casa. Ven, ayúdame, necesito de tus manos y las de otros para juntar cemento y agua. Vamos, una vez más, hasta que el último ladrillo sea derramado y el corazón de la casa te llame a completar mi canto. Ven, ayúdame, trae las puertas que yo abriré para ti, la masilla que soportará nuestras vidas y esa sonrisa tuya que tanto me gusta. Vamos, ésta es la casa del amor sin fin, el lugar donde mis huesos se abren hacia todos lados y mi voz sacude el polvo de ese nuevo día. Vamos, una vez más, en aquel sitio levantaré mi sombra. Ven, anímate, sobre la última piedra enterraré una cruz y aquellas manos clavadas recorrerán el cielo.


10

Por este Chile volarán un día unos ojos perdidos, una corriente de aire con pecho de paloma o un racimo de agujas mordiendo y clavando los números del alma, tomándole el pulso a la corteza diaria de andar y desandar el llanto, silbando más abajo de la piel y haciendo suyo el grito de las escaleras. Volarán una y mil veces para no volver, volarán en vuelo rasante de pájaro ausente, de luna machacada por el pan y por la sangre de un cordero degollado en noches de humo y cielo sin olvido. Volarán sacudiendo las letras de un corazón como el mío, saltando, durmiendo, desgarrando el aire, llenando la memoria de fantasmas y de abejas malheridas, juntando en mitad de la calle nuestras cenizas descalzas. Así, con largas cicatrices abrazaremos la patria, nos iremos por los mares, por los ríos, por los sueños, nos iremos cada uno con un muerto en la boca, y estaremos tan cerca de poder enterrarlos, de decir aquí yacen los que un día fueron, los que un día cantaron a la tierra y al viento, aquí yacen enteros, dignos, inmortales, sabedores del lugar de sus huesos, alegres y definitivos en la quietud de una fosa con alas.


11

Al hombre le arrojaron piedras, le arrojaron piedras y huesos, y cuando ya no hubo sino flores en la tierra, lo dejaron boca abajo, humedecido por la espuma de los tiempos y con un sueño atravesado en las antenas, como pequeño homenaje a su lucha con los ríos y a su voz de trapo oscuro. Luego le prendieron fuego, lo quemaron a la sombra de su propia sombra, lo dejaron para que el viento se ensañara de ceniza y cráneos de humo. Quisieron robarle la pulpa, quisieron descascararlo tapándole la luz que le salía por la lengua y así nadie se atrevería, nadie otra vez sobre el mantel o sobre el muro levantaría los brazos, nadie otra vez sería viejo o niño sino en los cuentos perdidos para siempre. Pero el hombre quedó repartido, se propagó en la noche ausente y en el frío, se descolgó por las costuras del silencio. Y ellos tuvieron miedo, miedo del llanto de las espinas, miedo de los cabellos y de las manos reunidas para gritar por el hombre y por todos los hombres, por todos los corazones apagados, por todas las lágrimas resecas, por todos los pies y todos los ojos que nunca volverían a ver. Porque la piel de los caminos aún guardaba el apellido y los rostros color de uva, las llagas de aquel viajero que volvía a destapar la cacerola del horror y ese dolor de muelas tan grande, tan grande, como el hambre que abraza la soledad de las entrañas. Así lo entendieron los volcanes, y así lo traspasaron a todas las cosas. Sabían que el hombre volvería, y que un día llegaría otro y otro y otro, y aunque la sangre desfilara mil veces y la cabeza rodara como ruedan las palabras arrastradas al vacío, finalmente el hombre, el verdadero, aquél de la caricia y el amor definitivo, inundaría los jardines y las naciones nuevas, guardando por fin la espada en la fosa del recuerdo.


12

Los batallones que decoraron el alma envejecen ahora sin más castigo que el luto de los ojos. La tierra aún respira ánimas marchitas, renace de vez en cuando el alarido múltiple, y las teñidas y desorientadas aguas retoman el curso normal de la existencia humana. Nosotros nos apuramos para no perdernos nada, traemos bebidas y tortas, y nos sentamos frente a la pantalla a disfrutar de la película. Al poco rato nos aburre la desgracia, nos da lo mismo el victimario que la víctima, perdimos la cuenta de los arrojados al mar o los que todavía respiran. Cambiamos de canal entonces y el rojo va apareciendo como por arte de magia, la imagen se congela con el brillo de los sables y alguien comienza a llorar presintiendo la masacre. Aquí nos interrumpen las transmisiones, nos dicen: "Buenas noches, mañana será otro día". Y así se nos van los siglos, entre algunas sonrisas que ya no veremos jamás y el sueño eterno de creer que estamos vivos.


13

Junto los muertos reales a los que llevo en mi cabeza, a los que nadie quiere los guardo como a esas cartas selladas con sangre. Cada recuerdo es un ánima negra y soñolienta, más negra que la noche de los campos, irremediablemente negra y carnal y dolorosa, irrepetible hueso por hueso porque es así como la muerte llega: única y duradera. Tiendan los ojos al sol, sacudan los años sobre el suspiro de las sombras, verifiquen el soplo de la angustia lenta, aquí se está para siempre, como nunca antes, como nunca nadie, solo como el aullido de un túnel vagando en sí mismo, solo en el trino mortal de los últimos milanos, de los últimos rasguños de un puma astral y convaleciente, porque es así como la muerte llega: única y duradera. Única y duradera desde los días, desde los sueños, desde los muertos que llevo en mi cabeza, desde las ciegas tumbas que nos esperan, hundida bajo el aura seca del vacío, a donde iremos a dormir alguna vez, en la inevitable siesta de los siglos.


14

Y así se escribe la historia, con sangre como es de suponer, con callos, con verrugas, con azotes, con todo lo que el hombre es desde su nacimiento, con todos los sueños gastados para nunca jamás. Pero el amor nos redime, nos salva de este rito macabro, de este vivir sencillamente a solas cuando nos besa de lejos la muerte, de este lenguaje frío y vaporoso que somos al encontrarnos con nosotros mismos. Porque de tanto andar imaginariamente remotos, imaginariamente dormidos bajo este sol furioso y necesario, algo nos lleva a levantarnos de entre los ojos humeantes, a descorrer el cerrojo del día, a sollozar de pie nuestra gran pena. Y es que no importa quien sea el elegido, el de las nubes amargas, el de las horas golpeadas, siempre estaremos allí, innumerablemente solos, definitivamente enormes, y libres, libres, para reír sobre la sangre.


15
a Dagoberto Pérez

Y juntaré tus muertos para cuando vuelvas, para cuando regreses de ese viaje de luz, de ese viaje de estrellas y luciérnagas, allí estarán tus muertos esperándote, vestidos con la paz de tu recuerdo, con el perfume de tus palabras, allí estarán tus muertos impacientes, preguntando por ti, con sus heridas al viento, con sus gestos deshojados, allí estarán tus muertos para cuando vuelvas, para cuando regreses y los veas, mientras se abrazan a ti, mientras te llevan en andas hasta el cielo de los vivos.


16

Hoy te dijeron no, tú no regresas, no volverás a manchar los recuerdos de sangre, no volverás a regar de lágrimas la patria. Te quedarás allá, bien lejos, solo y terriblemente solo, solo hacia la noche que te espera, solo con tu llanto y tu dolor y tu miseria, allá afuera, bien lejos, muy lejos de los niños y las flores y los peces, muy lejos de la esperanza que saldrá con sus trompetas a celebrar por las calles, muy lejos de la alegría que untará tu foto en miel para que la coman los gusanos, y los gusanos dirán no, por qué nos hacen esto, y dejarán tu foto intacta, porque ellos también festejarán sobre el murmullo de este día, festejarán junto a nosotros que estaremos esperando, esperando a que regresen nuestros muertos, nuestros muertos que vendrán con sus heridas al viento, tomados de la mano, en una sola ronda, en una inmensa ronda que besará la tierra. Y nuestros muertos cantarán por nosotros, y bailarán y reirán por nosotros, y tomarán nuestras manos para levantarlas, para decirnos, no tengan miedo, tú ya no vuelves, y sonarán las guitarras, y sonarán los tambores, y sonarán nuestras manos en una gran orquesta, en una gran caravana de sonrisas y de lágrimas todos iremos juntos, vivos y muertos, terriblemente abrazados, terriblemente felices, porque hoy te dijeron no, tú no regresas, y un coro de huesos cantará en tu cumpleaños.


17
a Gladys Marín

Abrígate, Gladys, que la muerte tiene los pies helados y una lágrima en la sien. No bastarán tus rojos huesos para este viaje ni la saliva de tu corazón. Date trato, que hay lombrices añorando tus entrañas, tus axilas luminosas, tus rodillas que adivinan el país de los enanos. Ve despacio, no te olvides de marchar entre las tumbas, no te canses, y ojo con las hormigas que te deprimen, con aquéllas que presienten tu color desde lejos, tu color sin maquillaje, tus encías de viento, tu cabello enjaulado que crece cuando ríes, compañera de las horas golpeadas, todo vale en esta noche sin orillas, donde la eternidad pasa descalza entre tus muertos, y tiene hambre de abrazarte, porque sabe que tus gestos resucitan y se echan a volar sin despedirse, y se pierden en la patria de los sueños, y ya no vuelven. Qué harás ahora sin ti, sin tu esqueleto de pan mojado, sin tus pechos que ladran de orgullo, sin tus sábanas heridas, ahora que la ausencia se desviste para otros, qué harás bajo la tierra sin conocer a nadie. Abrígate, Gladys, y amarra bien tus cenizas por si te arrepientes.


18

El final se acerca
con banderas de todo tipo
con escudos amargos
con estandartes de odio
El final se acerca
y sólo tu rostro flamea
entre los mástiles
mientras abajo
más cerca del gusano
que de tus labios
la muerte
ha izado mi sombra
a media asta

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Ilustracion: la fotógrafa mexicana Martha Lydia Jiménez
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Carles GELI/ La luz de las mujeres luciérnaga


REPORTAJE: NUEVAS POETAS LATINOAMERICANAS
La luz de las mujeres luciérnaga
Por Carles GELI

La alargada sombra de la potente generación anterior formada por las Orozco, Pizarnik y Vitale, unida a una amnesia de género endémica en la historia literaria, ha sepultado a las poetas hispanoamericanas nacidas a partir de 1945. Una ambiciosa antología editada ahora por Bruguera quiere sacarlas del oscuro bosque del silencio.

Ah, ¿tú eres Jeannette? Me han gustado tus poemas; he sentido una cercanía generacional clara". Dos poetas se reconocen por primera vez: la argentina Ana Becciú (1948) y la mexicana Jeannette Lozano Clariond (1949). Impregna el saludo una cordialidad que, en cambio, es añeja: se han leído desde la distancia. Sus versos congeniaron apenas unos días antes, en las páginas de Casa de luciérnagas (Bruguera), título prestado de un verso del guatemalteco Otto Raúl González: "La poesía es una concentración de luciérnagas capaz de iluminar el mundo". El libro es la primera gran antología de poetas hispanoamericanas contemporáneas. Muchas se han descubierto las unas a las otras en esas páginas. "Es una indagación a cierta luz oculta, la de la obra de estas mujeres", apunta el ecuatoriano Mario Campaña, antologuista de un volumen cuya génesis arrancó en 1999, a raíz de su trabajo Mujeres poetas en la revolución poética latinoamericana para la revista Guaraguao. "Detecté que había una nómina de mujeres que intervinieron en las vanguardias pero que después fueron borradas de la historia escrita, como la chilena Vinett de Rokha, la peruana Magda Portal y Claudia Lars en El Salvador".

Tras ocho años, 500 libros y un mes sólo dedicado a hacer fotocopias en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, Campaña se decidió por 34 autoras de 11 países. Admite que, amén de la fecha de nacimiento (1945) de las autoras como eje, en la antología no rigen "criterios democráticos": de unas puede haber sólo cinco poemas (la cubana Wendy Guerra, de 1970, la más joven), mientras que de otras, hasta doce. Tampoco hay reajustes geográficos: de toda Centroamérica sólo hay una representante (Isabel de los Ángeles Ruano). ¿Y el criterio de selección? "He escogido aquellos versos en los que la autora había llegado a su madurez expresiva. Sí, es puramente estético, pero permite ver poemas muy distintos: realistas, abstractos, pop...". De la rica luz que arroja la antología sobresalen destellos que canalizan el estudioso y algunas luciérnagas.
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Antología
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"Es una antología de género porque todas somos mujeres, pero no me siento como si me hubieran puesto un vestidito rosa", apunta Becciú al comentar la especificidad del volumen. "La poesía que hacemos todas es una poesía que no nace por el hecho de estar escrita por mujeres", afirma en un discurso cercano en el fondo al que pone en solfa Lozano: "La poesía, como la música, es universal. Los sentimientos son humanos, no son de hombre o mujer. Eso rige igual para el antologuista: es como si se dijera que una tonalidad se escucha distinto por ser hombre o mujer". Más beligerante se muestra la uruguaya Cristina Peri Rossi (1941): "Si lo normativo durante dos mil años ha sido formar concentraciones de género -las cofradías, los ejércitos...
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- ¿por qué no ésta? Veo Casa de luciérnagas como una especie de ajuste: son autoras buenas y desconocidas y su existencia sólo me demuestra que los hombres no leen a las mujeres. En Poesía en movimiento, de Octavio Paz, no hay ni una sola mujer".
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Crítica social
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Transitar con intensidad por los versos de la antología ha permitido a Campaña encontrar aguas subterráneas comunes en la obra poética femenina de un continente. "Creo que hay en casi todas un malestar claro con la modernidad como época. En los años sesenta-setenta se hizo una poesía con crítica social que aquí no está o no de forma tan explícita", afirma. En su opinión, la carga crítica, cuando se da, es de mayor calado y no es sólo política, sino ética, lingüística, cultural... Y cita la influencia de la peruana Carmen Ollé (1947) o la mexicana Carmen Bolullosa (1954). "No están en el combate directo, no se habla de las dictaduras, por ejemplo, sino de las huellas que dejaron", aclara. Y lo ilustra con la argentina Irene Gruss (1950): "Yo estuve lavando ropa / mientras mucha gente / desapareció (...) y mientras pasaban / sirenas y disparos, ruido seco / yo estuve lavando ropa, / acunando, / cantaba, / y la persiana a oscuras". Eso no quiere decir que no exista un valiente ajuste de cuentas en algunos casos, como en la cubana Reina María Rodríguez (1952): "(...) y ellos caen en la trampa mis buenos y fieles / amigos que me hicieron soñar y descubrir sus / trucos / frente a este espejo donde me veo y también estoy / mirándoles tan frágiles tan penosamente / frágiles. / me lastima la manera de cometer sus crímenes / ¡eran tan inteligentes al principio!". Otro denominador común: "También hay una crítica a la negatividad: no han roto con el mundo como otros artistas de su tiempo, no han roto con nada sino con la nada, no han sido nihilistas", sentencia Campaña.
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Exilios
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Sólo hay seis antologadas que vivan fuera de sus países. Fueron exilios políticos clásicos, pero Lozano Clariond constata que el exilio entendido como "estar fuera de" es inherente a la poesía. "Siempre hay un autoexilio, es una necesidad del poeta, el más solitario de los artistas. Esa soledad viene porque tienes una manera distinta de ver el mundo y nadie la vio contigo y te sentiste tan solo desde pequeño que creaste tu patria interior. Tú propicias el autoexilio y eso es algo innato al escritor: el silencio, la astucia y el enganchamiento a esa patria interior". Becciú, que se marchó de Argentina cuando la dictadura militar, ha hallado un beneficio artístico: "Rilke decía que para poder escribir la primera palabra del primer verso de un poema que valga la pena había que haber conocido muchas ciudades, olores, camas, pieles, mucho de todo...". Peri Rossi cree que el exilio ha afectado a su lenguaje: "El triunfo de la imaginación sobre la realidad que tanto impregna América Latina aquí es muy pobre; el nivel de simbolización parece muy reprimido. Por ello he ganado en precisión con la mesura". Para Campaña, la poeta que refleja hoy mejor el exilio, por sus orígenes familiares judíos, es la mexicana Gloria Gervitz (1943): "(...) adónde es / que he estado / que estoy / adónde se me fue la vida / la vivida / adónde la por vivir / y si hubiera sido otra / sería la misma otra / no tengo más vida / que ésta / que me vive".
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Lenguaje
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Llama la atención en la antología la notable pluralidad de estilos, hasta llegar a la antipoesía, como la de la ecuatoriana Sonia Manzano (1947): "Salgo por ahí a ver si me resbalo / en la cáscara de guineo que tiró el sabio / que venía adelante. / ¿Habrá otro?, entre mí decía, y no volví el rostro / pero sí tiré otra cáscara". Para Campaña, se trata de "una generación con mucha libertad formal, pero con una métrica heredada de la generación de los cuarenta-cincuenta, por lo que tienen un estándar de precisión casi arquitectónica: en ellas no hay nada repetitivo y banal". El antologuista constata que muchas son traductoras: "Su percepción verbal es más rica. Forman parte de una élite ilustrada; han viajado, estudiado y eso les permite depurar su estilo". Lo denota la ecuatoriana María Fernanda Espinosa (1964): "En el Pirú / faltan palabras / para nombrar ciertas cosas (...) En el Pirú de mi corazón / faltan palabras / para decir te quiero / del será su ayer".
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Becciú es un buen ejemplo. Pasó años en Francia como traductora. En sus últimas creaciones, su poesía incorpora más modismos rioplatenses: "Al empezar, buscaba un lenguaje sin connotaciones. Con el tiempo, cuando necesito de una fuerza especial, recurro a una expresión geográficamente muy propia". En sus compañeras, Becciú ha notado "una visceralidad en el uso del lenguaje, como que ya no importa nada y lo escribes así..., una cosa límite". Peri Rossi lo ratifica: "Se ha roto con el lirismo que impregnó la poesía: afortunadamente no hay muchas primaveras ni mieses".
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Campaña añade otra constante formal, la ironía. El paradigma, en su opinión, sería en este libro la chilena Elvira Hernández (1951): "A veces se disfraza la Bandera de Chile / un capuchón negro le enlutece el rostro / parece un verdugo de sus propios colores / (...) La bandera de Kansas le manda un besito / se cansa la Bandera de Chile / deja la tradición y se derrite".
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Mujer
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Es poesía de mujer, pero el género no marca en exceso sus versos. "Ni la mujer ni la queja al machismo ni el erotismo está muy explícito", constata Campaña. "La crítica es a un mundo incompleto, a la opresión a la libertad del cuerpo". Esos aspectos son sólo hoy militantes en la peruana Carmen Ollé (1947), en Peri Rossi, Rodríguez y la venezolana María Auxiliadora Álvarez (1956): "(...) Cuando esté acostado / uno va y se le monta en horqueta / sobre las últimas piernas / y le dice / Entra / Hazme mi mujer / entonces uno le grita mi amor adentro / Entonces uno se agacha delante de él / le muerde la última mano / y le desea la muerte". Esa ausencia temática es una herencia, según Becciú: "En la generación de los cuarenta-cincuenta, la de Olga Orozco, Ida Vitale y Alejandra Pizarnik, eso ya desaparece". Peri Rossi es de nuevo contundente: "Ser escritora es optar por un feminismo inconsciente. Y ser mujer en América Latina es difícil si vas al enfrentamiento. Ahí, una mujer lo es en tanto está al lado de un hombre y tiene encima su mirada. Y eso explica la falta de erotismo: la mujer, si espera, es objeto de deseo". Lozano Clariond acude a la poesía: "No mezclemos la problemática social del feminismo con algo que es cosa sagrada, la poesía, única capaz de desnudar el ser".
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Política
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¿Dónde queda el compromiso de la generación anterior a las antologadas? "En ellas hubo mucha poesía de barricada, pero hoy se ha ampliado la noción de compromiso: un poema de amor donde se intercambian los roles sexuales puede ser tan político como cualquier otro. Hoy todo es político. Luego está la nefasta experiencia de la revolución cubana, que ha abirto los ojos a mucha gente", argumenta Peri Rossi. "Trato de que sea mi lenguaje el que sea crítico", apunta Lozano Clariond. "Si se habla demasiado de eso se vuelve una panfletaria, como el caso de Gioconda Belli. La poesía, entonces, deja de serlo para convertirse en instrumento. Ahora todo eso se tacha".
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Sombras
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Para Campaña es obvio que la generación de las Pizarnik, Vitale, la cubana Dulce María Loynaz... han tapado a las antologadas, pero aquéllas también quedaron tapadas, a su vez, por la de Gabriel Mistral. "La sombra de Mistral es como la de Neruda. Mistral ha sepultado a dos generaciones y eso que no dejó un gran legado, eso lo hicieron las de los cuarenta". Las de hoy las han leído y no lo sienten tanto así. "Han tapado relativamente porque tampoco hubo tantas grandes: no creo que a la altura de Alfonsina Storni, Juana Ibarburu y Pizarnik haya muchas más", sentencia Peri Rossi. "Cuando las leí, Orozco y Pizarnik encarnaron formas de escribir inéditas para mí", admite Becciú. "La poesía es lenta; Orozco me ha amamantado; no son sombra sino fresca huella en nuestra arena. Pero como lo son para mí también Holan, Hölderlin o Trakl. Todos seremos revisados por la historia dentro de 50 años, como suele suceder en todo acto poético", ironiza Lozano Clariond. Medio siglo, pues, para calibrar la luz de las luciérnagas.
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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/
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Oscar PORTELA/ Sobre la hermandad, La Muerte y la Poesía


Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes (República Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el pensamiento latinoamericano. Administrador Cultural, ha ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina, presidente de la misma entidad en su Provincia, Director de revistas como Tiempo y Signos, entre otras, es y a sido Asesor de Cultura de la Honorable Legislatura de la Provincia de Corrientes. Doce títulos de su obra poética editadas (Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc), y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día), le han valido la consideración de importantes pensadores de su país...Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina y dictado conferencias en España, Paraguay y provincias Argentinas. Asimismo es especialista en crítica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas…
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E-mail:
portelao@hotmail.com
Otras: http://www.arrakis.es/~joldan/oportela.htm o http://oscarportela.lalupe.com/.


Sobre la hermandad, La Muerte y la Poesía
Por Oscar Portela
A mi amigo Francisco. T. Gonzáles Cabañas
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¿De la última década de mi vida, que puedo yo decir que no sea, milagrosamente estoy vivo? Tomo éste titulo de aquel poema con el cual Francisco Madariaga prologó mis "Nuevos Asilos". Para él la poesía era un puente de oro tendido sobre el abismo para dejar entrar en nosotros aquella infinitud del Otro, de lo Otro, de la Otredad. Su poesía era un duelo. Pero toda lucha contra por y en el lenguaje constituye un duelo: el sabía mucho de esto y también sabía que mi destino poético era saberlo todo o casi todo. Y me animaba a arrastrar el rostro por los arenales al borden del crimen de mi mismo. Pocos me conocieron como él - el hermano mayor y el menor que el no tuvo- así nos consagramos o así nos consagró el destino.

Fue pasando el tiempo- que no la amistad - y múltiples rostros familiares se diluyeron en pálidos fotogramas: yo mismo me convertí en un temprano sobreviviente de la memoria de los Otros. ¡Cuantos Dios Mío! Y que sería de uno, de cada uno de nosotros, pienso, si en los precisos momentos en los que necesitábamos de ellos no hubiera estados - visibles o invisibles- junto a nosotros.

Las épocas doradas se fueron - las alegrías, fantasías deseos se hicieron delgas siluetas que huían en el crepúsculo. Y la poesía no es un refugio. Es más bien aprehender a vivir a la intemperie sin fin. Como lo señala Oscar Del Barco en su señera obra sobre Juan L. Ortiz.
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Cuando ya un ciclo de mi vida - no de mi obra - porque así lo determinaban las picadas en el bosque que yo había señalado - sin atreverme a mirar el pasado, pero si hurgando en las cenizas que los nombres portaban como parte de ellas. La carne pasa, el nombre queda: siempre somos el nombre de un muerto: antes y después.

Y fue entonces - en medio de una pequeña jaula cerrada al mundo en la que envié un "chasqui", una carta, un poema quizá primero a Ketty Lis - inmediatamente a José Dasilva Navía.

En un mundo que funciona en red- nada sabía, poco sé y lo necesario acerca de universal-singular y contingente Jol. ¿Para qué?

Una vez más lo angélico se loaba de mí. Encontré en el, no al lejano Director de un Portal Venezolano de la Red que obstinadamente se negaba a hablar de su bondad, de su gentileza, de su alma "machadianamente" buena: se negaba a conceder que no solo se trataba de si, sino de mi obra: más era fundamental su actitud ante ella.
En esto sabemos - existen competencias, celos torpes, rivalidades pueriles y aquellos que convierten el arte en harina para colorearse el rostro con ella. Los monederos falsos inundan hoy los templos de la gramática. Buhoneros de los cadáveres del arte.

Y de su pasado. Y fue el primero que arrojó al arco el balón como ahora se dice. José Dasilva y no otro. El más fiel amigo, el luchador innato que todos necesitamos ayer y hoy en la Red.

Y nuevamente se instaló en mí la nececidad de continuar contandome a mi mismo mi historia que es la de los otros, la de mi tiempo. Y todo iba a parar al campus de Poesite.

Después vivieron esos grandes y extraños amigos como Pepinike Alborés, como Pedrito Martínez, como Patrick Cyntas, como la Diosa de la Red Estela Guedes, Agostina Akemi y muchos más que hoy no citaré porque estas líneas solo son un pequeño homenaje a mi entrañable amigo José y no una guía telefónica.

Y a partir de él y sus hechicerías pude seguir teniendo motivos para volcar en la esterilidad de la gramática la sustancia de los sueños de la que estamos hechos como afirma Píndaro.
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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/
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