samedi 22 mars 2008

Anton CHEJOV/Terribles pérdidas


Sobre el comienzo de "El violín de Rothschild"
Anton Chejov : "Terribles pérdidas"

El título del relato de Chejov "El violín de Rothschild", publicado en 1894, engaña al lector en cuatro puntos: el Rothschild de la historia no es el famoso filántropo; no es el violinista; el violín no le pertenece hasta cerca del final del relato; ni siquiera es el protagonista sino simplemente un personaje secundario, un pobre flautista de los que tocan en las bodas, un judío empobrecido.


El violín del título pertenece en realidad a un tal Yakov Ivanov, conocido por todos como Bronce. Este Bronce, un viejo que odia a los judíos, vulgar y cruel, se gana la vida fabricando ataúdes y a veces, por unos pocos kopeks, toca su violín en las bodas con un andrajoso grupo de músicos judíos.

[...] Podemos hallar cierta similitud entre el comienzo de este relato y el de "Un médico rural": la premisa básica del arranque, en ambas historias, es rebatida en el transcurso del relato. El contrato inicial acaba desmoronándose y revela retrospectivamente un tipo muy diferente de contrato: como en "Un médico rural", en la narración de Chejov el lector tendrá que volver a leerlo y a valorarlo todo. El mundo de Chejov, impregnado de sutiles observaciones sociales, una leve pesadumbre y un humor compasivo, está desde luego muy alejado del mundo de pesadilla de Kafka. Pero el contrato que se despliega al principio de este relato (y al principio de algunos otros de Chejov) es engañoso. Al igual que el contrato de "Un médico rural", está lleno de puntos débiles.

El pueblecito era pequeño, peor que una aldea; vivían en él casi nada más que viejos, los cuales morían tan de tarde en tarde que incluso fastidiaba. En el hospital y en los calabozos de la cárcel había poca necesidad de ataúdes. En una palabra, las cosas iban mal. Si Yakov Ivanov hubiera sido fabricante de ataúdes en una ciudad de provincia, seguramente tendría casa propia y lo llamarían Yakov Matvéich, pero aquí en el pueblecillo le llamaban simplemente Yakov. [...]

El contrato inicial es engañoso porque el narrador adopta deliberadamente el punto de vista del viejo fabricante de ataúdes, así como su lenguaje y sus términos de referencia; al hacerlo, el narrador obliga al lector a realizar una especie de cautelosa "traducción": la avaricia es también una palabra en clave que encubre una profunda soledad. [...] La transformación trágica contiene la gran innovación de Chejov, tanto en sus relatos como en sus obras teatrales: eliminar la antigua barrera entre comedia y tragedia; borrar la estricta convención según la cual los personajes "bajos", los tipos toscos e ignorantes, pertenecen necesariamente a la esfera cómica -como mucho, en ocasiones se los coloca en una situación de patética consternación- mientras que la dimensión trágica se reserva exclusivamente a los personajes "nobles".

Articulo :
http://adncultura.lanacion.com.ar/ 19/03/2008

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