samedi 29 mars 2008

Hipocampoeditores.com/«Los desmoronamientos sinfónicos» de Miguel Ildefonso



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En los meros inicios de los 90, en un recital de los poetas de Neón, llenos de una legítima arrogancia de poesía asumida, conocí al poeta de ojos de mucha luz resguardada, voz de numeroso bosque escondido, frente vasta de abundante Otra voz agazapada. Hoy nos da una parte de esa escuchada y osada riqueza. He podido leer otros muchos poemas, y otros muchos poemarios enteros que no están incluidos en estas centenas de textos de estrofas redondas y numeradas, todos con vivaces estructuras de canzone, el alto y sostenido estilo que preconizaba Dante en su tratado sobre eloquentia. Tengo en mis manos por ejemplo un manuscrito de Hotel Lima, de hace más de quince años, en copia de papel carbón y lapicero –hasta con caracteres chinos-, en que hay poemas supra que no están acá. Orfeo, Homero, Dante, Baudelaire, muchos otros poetas y personajes de aura, perambulan desde ese entonces en la Avenida México, en el Jirón Quilca, en desiertos, calles y ríos de Estados Unidos, fluyendo como entre un Rímac o un Hudson de caudalosa realidad poética, ¿cómo lo hacen, cómo lo hicieron? Cuando el poeta ve que aquí no hay definitivamente nada, ahí se abre el Aquí poético como catarata en trance, se abre una atmósfera especialísima de pura lluvia nuevemente música, en que oralidades, kulturas, rincones, bosques, roedores, nubes, lapiceros y pescados son devorados, por fin, por ese mar de suma sutileza que nos envuelve sin esfuerzo, porque soy un destino nos dícese, como que el Rímac fluye por las cañerías nos envuelve el vertical río de imágenes, como que no hay un verso sin imagen, imagen natural y profunda y trágica, imagen zagala despiertísima al primer claroscuro, en que un verso tan breve como Un reloj se convierte en el contexto en un reloj general, testigo ocular de toda la ciudad post-astral y post-concreta de pre-concreto, sin faltar el segundero fatal, imanado al paso de la poesía de la poesía, el líquido fuego mencionado por el enardecido Góngora, y cuando En el mundo/ Nada hay/ Que no sea sagrado porque ha llovido la poesía, y es para algo de algo como lo divino que se ha visto en pleno eclipse faltoso, aún entre las luces legañosas del Centro de Lima, ya pues podemos quedarnos bien serenos como lagartijas apolíneas de techo, y con mucha sangre fría por dentro, sangre que se llama Beatrice de fuego, porque lo eterno es nombrar la cosa, tremenda cosa ahora que rebulle lo inefable, hasta –y no menos fulgurantemente- en la mujer del balde de chicha, que también es la poesía misma, y el líquido servido es también la poesía misma, dulce y oscura, la espera que dura millones de años, y es la poesía esa araña que lo observa todo desde un rincón del techo, y ya no se ve sino poesía y recontrapuramente poesía hasta en los rincones de más pendencia porque hubo el poeta que no dejó escapar nada y no la dejó escapar de nada porque el poema es lo más cercano a ser todo, ¿aquí?, en este momento ya la podemos gracias a esta revelación de flotación dominadora y prepotente como deber ser la suprema luz benefactora, ¿comunicable, incomunicable?, para eso el juego de espejos y reversos de espejos que son espejos caleta, ¿o el misterio no es ya?, por que si no la ves, no la ves y ahí todas esas cosas tú no las sabes/ todo ello es poesía, y ahí no perdonará nuestras deudas la singularísima teófila entre el aire y el fuego, líquido fuego de la poesía es la de la fluidez de Miguel Ildefonso, la inmensa liquidez de su tesoro público de su legítima absoluta dominación, que al centro de todos, de todo, de uno mismo, sí pues y dentro de Orfeo y Dante y Homero como en un solo cajón helado para servir los siglos de la poesía y para fluir fluyamos en la atmósfera de estos poemas de poesía de luz ocular, Miguel, de omnívora transparencia comprometedora como un infinito puñal, afuera, afuera, afuera, tan cerca.

José Pancorvo

Cuatro poemas de Los desmoronamientos sinfónicos de Miguel Ildefonso

romances sans paroles

el rímac fluye por las cañerías agonizando en los capilares arrobando el jugo gástrico. se aduerme en los parques. homero tiene los ojos color del mar mediterráneo. sus escamas su nada desnudo pez hermafrodita ciego pensando marinero de espacios sacramentados dromedario submarino de páramos. aquí habían otras construcciones catedrales voluptuosas. se bebía toda la noche. el padre y la madre habían huido dejando lamentación y gemido. los niños habían jugado en las orillas del rímac. los nómades caminaron meses años olvidando el nombre de las cosas y empezaron al nombrarlas de nuevo. el rímac fluye en nuestros corazones expulsando la baba horrísona de un caracol. el viejo poeta se erecta y se llama hombre


río rímac

este río es un viejo homosexual que ha inventado una furia encuentra el placer en la atrocidad y husmeando en la miasma y tropezando en la avenida una muchacha esperando un cadáver en la esquina ratas en canzonettas se sumergen en el río los adolescentes encuentran su retrato imposible y se suicidan subsiste el vacío el deseo llenándolo de una canción de vivir como un río y ver el placer en la noche muerta el orgullo escribiendo en húmedos hoteles de amor a través de una ventana donde se agitan y pululan las palabras y ver solo la imagen del deseo otorgado y tenerlo por objeto y alethéia de nutrirnos de nosotros mismos como larvas u hormigas socavando una vida cenagosa que se inflama de perder en los estíos los despojos del limo cuando la noche calcina un cuerpo frágil y dormir flagelado con el miedo y la incertidumbre lejos muy lejos donde muere el río eres el parricida uno que transita la eterna llama entras a un cine y presencias la cópula imposible estás solo nada encuentras en realidad no buscas nada las horas de la araña fuerzan su atroz pesadilla y cae la culpa como un clavecín en el río llena de músicas anaranjadas en los ojos de e. munch una bella flor como un hospital una ola insaciable hecha de ira parecías triste condenado eterno errante con tus ojos hollando una piedra rutilante en el espectro del cello entre la tiniebla lechosa un cuerpo ¿qué es? una araña tejiendo calles hidrópicas toda la noche "yo persigo el vacío, lo negro, lo desnudo" y cae una especie de herrumbre en la orilla suavemente una mujer se hunde en tu cuerpo borroso y son sus besos un canto fragante que se oculta en la bruna y caen gráciles insectos y se aglomeran en el recinto florido mientras una ciudad absorta desecha sus cabellos y sus uñas en el río para salir en televisión y de la metamorfosis brutal provienen nuestras bocas delirios gemidos como el agua de ese río donde la ciencia también desecha su viejo arrullo la misma muerte ornada de vagos sueños y cae el silencio: los pájaros vuelven a sus frondas la oscuridad se deposita en una orilla sin límites y cae la oscuridad y se abre el telón tenebrosa y cálida y un trozo de niebla le desgarra el vestido pulposo la piel convulsiva el maquillaje voluptuoso mirándose desde un espejo amarillo y saltan sus senos desarraigados que titilan y sus cabellos vuelan en el aire persiguiendo a la luz en silencio en la paz lenta como una calle escondida que atraviesa el mundo y cae mi sombra disgregada y la noche toma un cuerpo lúbrico crispado y crece la oscuridad borrando las palabras y cae mi sombra disgregada sueña el reloj: no hay nada solo un olor "humano demasiado humano" es un cuerpo torturado y proscrito: no es nada y cae mi sombra y cierro por última vez esta puerta: la oscuridad para nuestros cuerpos


chinchaysuyo contisuyo antisuyo collasuyo

camino bajo los pórticos infinitos de la locura algunos me dan de beber la espada del vino rojo por los aduares de cemento huye una zagala rubia en su tenaz búsqueda de la nada su mugido se pierde en las tuberías de los cines su sonrisa colgada en objetos vetustos flotando sobre puertas y muros de cafés damascos y terciopelos absorbidos por el tiempo. la flor nace en los inviernos bélicos las deidades de cartón de altos techos y claustros ennegrecidos de oriflamas cruzo un puente copioso de palabras y por los pabellones donde se pierden los sueños cabellos sin cabezas pepitoria de yerbas esos abetos ateridos en el pasado puesto en el presente puertas de labios anhélitos sembrados en la arena de los hoteles nuestras bocas torvas ululan como insectos temerosos de la noche pero si esta noche fuese un coro de pensamientos en acción o si escupieras una música insondable y no raíces impías pero tú estás en la expiación de los nervios directos tu cuerpo acarrea sustancias murmullos fugaces ah el incendio de los negros abetos tú sabías dibujar los círculos del tiempo lo uno y otro del tiempo. solo alcanzas esa imagen hórrida que disipa la yerba miras las cortas vocales atraviesas rápidamente esta calle sientes que te persiguen los vapores de mi piel te grabas lo mefítico y no dices nada. se acabó el ungüento el azafrán el instante inoculó su veneno cuando tener el destino en las manos era realidad. hay un oscuro puente donde cuelgan cadenas oxidadas ahí el deseo la laxitud la soledad el aullido ondulación de moluscos apostatas jadeantes entre la hierba. la niebla es un cuerpo mientras pasa el tiempo y los delirios se diluyen entre restos fecales y apenas alcanzas a ver una espuma céfiro de cenizas donde antes salía ella de la espuma actos solo eso actos un árbol nace muerto y engendra un crótalo que crece entre crisantemos y malaquitas enfermizas hay pasajes vacíos siempre donde no hay retorno atravesando el portal alfeñicado de la razón el vértigo laudable besando la luminosidad de bombas en las noches de verano es el delirio que llama a la razón genuflexiones hebras de huesos inclinados ante la marcha de los ejércitos de amatista aun los amantes de la palabra no atrapan su coherencia caminan sobre su sombra por la ciudad de rosas haciendo el amor en el aire de vampiros sin dejar de hablar sin soltar sus instrumentos epicúreos para así no caer en el asfalto meado de la nada que es de donde se parte. hay caminos largos otros algo cortos hay viajeros ríos calles jirones puentes túneles carreteras avenidas donde convergen sendas amalgamas de viajes lagos cielos océanos ulises dante rimbaud estatuas bajo un sol muerto donde me detengo a escribir hay ríos donde he muerto ríos de donde me vieron venir viajes en un papel barcos bibliotecas camiones naves espaciales cuerpos por donde he cruzado cuerpos donde he descansado cuerpos en los cuerpos que son caminos rutas sin principio ni final


la biblioteca de homero

en una piedra está grabada la eternidad de algún mar. en un papel está escrito el nombre odiseas elytis con el mismo mar de los adioses con el mismo azul del espejo muy dentro de su perfil de arena donde desnuda baja la marina de las rocas

la palabra se vuelve hacia sí misma. detrás del vidrio de una ventana está jaroslav seifert escribiendo un poema está como a dos kilómetros o está muerto pero la palabra está viva en ella misma creando al poeta

acaso la poesía es otra cosa? yo decía martín adán ahora sé que la poesía contiene todas las cosas. si no dice nada es porque dice a pesar de estar callada afligida que no se aparta de su deseo pero encendida

un gato en la noche no es un pájaro o una virgen es tennesse williams. si el arte imita al arte es porque el artista lo ve así. si queremos que el arte y la vida sean lo mismo habría que desaparecer al artista

conocí a borges en la avenida corrientes una tarde del sueño. cantaba una milonga triste el che un anciano con voz de homero pero fue un sueño y era un lenguaje que borges conocía muy bien así como su esquina rosada y su bastón con que espantaba la ilusión del tiempo. de pronto calló che dónde vas? le dije y no me respondió porque él también me soñaba

manuel puig sacaba la cabeza por la ventana además del pecho y un codo en nueva york. la vereda de su edificio está vacía es un viento frío pero suave como la mirada de puig mirando quién sabe qué o esperando quién sabe a quién

nietzsche estaba sentado sobre un enorme tanque de agua mirando la ciudad abombada la neblina que cubría las inmensas masas de cemento como la cúpula de magdalena. jamás lloró por nada y había mucho expresionismo pero cuando soñaba un cierto apolo le limpiaba la frente yo recuerdo haber ido a buscarlo en los burdeles así aprendí que la noche es una sola es antigua como los deseos. todo más bien es dionisios por eso él se alucinaba zarathustra el ateo el heautontimoroumenos sarcástico todos comprendieron sus lecciones pero el hombre escupe sobre sí mismo

"las estrellas corren en sus bicicletas / plateadas y azules por el boulevard" escribió juan parra del riego. yo vivía aquel verano a las orillas de mí mismo puesto que casi siempre vivimos en el más profundo error. juan vivía en las constelaciones y escribía en aquella gran página así como se escribe en la tierra

algo quedó en ti para siempre de aquellas solitarias playas de chimbote y debe haber algo de cierto en aquello de que solías hablar con la realidad entre botellas desafiándola en una carrera pero he leído tus poemas juan ojeda por eso sé que la poesía no es la vida sino al revés y uno da todo lo que tiene para que se parezca a los sueños

carlos oquendo te veo en una foto mirando hacia arriba mientras que los que te acompañan lo hacen a cualquier dirección horizontal esa foto donde estás con sombrero terno estilo gardel (eso creo) y las manos atrás

quién comprendería una vida así de paso rápido en una pista mojada. quién comprendería al que la vida no le entra en el cuerpo sino una música de miles de años tocando con su corazón en el mismo corazón de aquel que escribió "solitarios son los actos del poeta como aquellos del amor y de la muerte". un cierto color violeta olor a yerba aplaca este invierno a los cangrejos del sueño pero quién sabe si en ese momento de decidir por la primera palabra o por la última, el poema no haya sido ya escrito en ese dolor que lo clavó en la esquina o frente a ese mar con el sol al ras de las olas muriendo esta vez para siempre. luchito, sé que si llegaras a apolo los muchachos dirían en la esquina qué tal viejo che su madre y yo habría de volver a ser el muerto

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Título: Los desmoronamientos sinfónicos
Autor: Miguel Ildefonso
Editorial: Hipocampo editores


NUEVAS SOLEDADES DE MIGUEL ILDEFONSO
Canción en la frontera de la noche
Por José Carlos Yrigoyen

La primera cuestión que se la presenta a quien lee Los desmoronamientos sinfónicos es qué lugar ocupa este nuevo volumen en la prolífica carrera de Ildefonso. Libro denso, nocturno, coral, no hay en él nada que el poeta no nos haya dicho antes: persisten en sus páginas las visiones del río Rímac -divinidad pestilencial que personifica a la ciudad-, los héroes confidentes que lo acompañan en sus travesías por los barrios marginales -Cioran, Holderlin- y los recuerdos de la guerra interna, casi inmediatamente posterior a la escritura de este largo poema en prosa. Sin embargo, el propósito central de este proyecto esta vez está enfocado en otro aspecto. Si a su entrega anterior, M.D.I.H. (2004) se le podía reprochar que, más allá de varios poemas logrados, era notorio un estancamiento y hasta una involución en el trabajo con el lenguaje, en Los desmoronamientos sinfónicos somos testigos del mayor alarde formal de Ildefonso hasta la fecha, tanto en lenguaje como en estructura. Y es con esta exploración que consigue, de paso, afinar y reinventar de algún modo su ya trajinado imaginario.

Dividido en más de un centenar de fragmentos de variada extensión, Los desmoronamientos. atrapa al lector desde sus primeras imágenes, que se suceden con la rapidez y eficiencia de un buen relato cinematográfico, haciéndonos partícipes de la época que intenta retratar abriendo el poema con la definición simbólica de ésta: "un vago espejo refleja la putrefacción. Es la materia que nace y muere. La larva que se nutre de una masa de carne. (.) una gangrena crece a mis pies de esa gangrena crecen ojos y pies largas algas fulgentes de luz anaranjada". El fraseo sostenido en el que están enhebrados las visiones, signos y reflexiones de Ildefonso va convirtiendo al poema en un organismo vivo, alterado, donde los desbordes, fugas y embalses se van sucediendo de tal manera que nos sumerge en un vértigo basado en un incesante ritmo y manejo del dramatismo, así como en la continua variación, muchas veces afortunada, de sus temas y personajes, variaciones que van deformándolos o transfigurándolos según la circunstancia en que está inmerso cada uno. Ahora, este es un vértigo en el que es tan fácil entrar como salir.

Los desmoronamientos. Demanda al lector mucha paciencia para afrontar los momentos más ásperos y complejos de esta crónica en verso, los eminentemente analíticos y oscuros, para luego pasar a los parajes más exaltados y emocionantes: los diálogos entre el poeta y sus criaturas, la palabra que se solaza con la decadencia, las descripciones luminosas de una ciudad inmersa en "los signos de una época no muy lúcida". Los desmoronamientos sinfónicos significa una bocanada de aire puro, una saludable vuelta de tuerca en la poesía de Miguel Ildefonso. Más que una variante de sus poemarios anteriores, es una conseguida reinterpretación de la realidad que ya antes había examinado desde un prisma distinto. No obstante, haciendo las sumas y las restas, queda claro que no está a la altura de sus mejores libros, (Canciones de un bar., Las ciudades fantasmas) pero que en riesgo y logros supera a los conjuntos menores (M.D.I.H., Heautontimoroumenos) Quizá esta entrega sea el calculado inicio de un viraje basado en la experimentación formal, aunque tratándose del fecundo, diverso e impredecible Ildefonso, nada se puede asegurar.

Articulo:
http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-03-22/cancion-frontera-noche.html

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