samedi 8 mars 2008

Lucina JIMÉNEZ/ Ser mujer es una aventura


Ser mujer es una aventura
Por Lucina Jiménez
Antropóloga

Ser mujer es siempre un doble reto. Ser femenina pero no cursi, ser alegre pero no frívola. Ser profesional pero también divertida. Ser pensante, pero sin dejar a un lado el sentir. Ser tú pero en diálogo con los demás

Ser mujer es siempre un doble reto. Ser femenina pero no cursi, ser alegre pero no frívola. Ser profesional pero también divertida. Ser pensante, pero sin dejar a un lado el sentir. Ser tú pero en diálogo con los demás.

Ser mujer es escuchar y sentir tu cuerpo, el cuerpo social y el cuerpo de la tierra que, por cierto, también es mujer, como la luna. La tierra es la madre de todo lo vivo. El lado femenino del planeta es la búsqueda constante del equilibrio, de la equidad. ¿Acaso no seríamos todas más felices?

Es escuchar a las que nos precedieron, pero siempre a partir de tu voz interna. Ser mujer es sumarte a otras mujeres para equilibrar la vida, sin que los hombres se conviertan en tu pesadilla. Es poner tu energía en lo que crees y en lo que te alimenta, es tejer y construir, disfrutando lo que haces, sea grande o pequeño.

Ser mujer puede ser un acto circense. A veces eres equilibrista, malabarista, trapecista en un triple salto mortal con o sin red de protección. Es ser una y muchas a la vez: promotora cultural, investigadora, escritora, hermana, hija, colega, jefa, compañera, amante, lectora, radioescucha, teatrera, exploradora, cibernauta, una transformer y migrante permanente del pensamiento a la acción.

Es poder moverte al mismo tiempo en varios mundos, en el de las mujeres indígenas y el de las intelectuales, el de la política, la academia o las instituciones, en el de las grandes artistas y en el de las niñas que hoy no desayunaron, en el de las grandes organizaciones internacionales y el de los espacios culturales alternativos, en el de lo público y en el del mercado, entre las socialités, o las grandes empresarias o entre las mazahuas de La Merced. El requisito es no confundirse en ese archipiélago de identidades, seguir siendo tú.

Ser mamá de Nahui es el oficio más divertido y el más difícil. Intento aprender a escuchar y a acompañar, a enseñar sin subirme al púlpito, a estar sin estorbar, a ser yo, dejando ser, a cuidar sin temer, aunque a veces no duerma, a vivir la vida de nuevo, a reírme de mi misma y de mis prejuicios. Nunca sé si voy bien.

Ser mujer es ir más allá. Es no quedarse quieta, ni siquiera cuando la tierra parece pura arena que se dispersa con el viento. Es buscar entre las hojas secas el verde del retoño. Es sembrar y regar la tierra para cosechar: ideas, amistades, asombros, pasiones, cariños, logros y aventuras. Es tener amigos hombres.

Ser mujer es tener voz propia, aún cuando la moda sea permanecer en el coro, así sea desafinado. Es percibir, disfrutar y compartir los pequeños detalles. Es poder adivinar en los silencios las verdades no asumidas, es descubrir el doble juego sin comprarlo, es saber leer entrelíneas, es callar cuando sobra la estridencia, hablar cuando se necesita, aprender a contar.

Una de las experiencias más profundas que he compartido en mi vida fue con otras cinco mujeres: caminamos de madrugada cuatro largos y sinuosos kilómetros hasta llegar a lo más alto de la Sierra Tarahumara para mirar en silencio la salida del Sol.

Ser mujer es lo mejor que me ha pasado en la vida, aunque las misóginas no lo crean.

Articulo:
http://www.eluniversal.com.mx/ 07/03/2008

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...