samedi 29 mars 2008

Nicolás HIDROGO NAVARRO/Aunque sea de Profesor... Un trabajito, por favor


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“AUNQUE SEA DE PROFESOR… UN TRABAJITO, POR FAVOR”
Por Nicolás Hidrogo Navarro
(
hacedor1968@yahoo.es - Docente-padre de familia y narrador)

A raíz de los predecibles y catastróficos resultados del examen nacional tanto censal (2007) como de nombramiento (2008), con todas las bullangas y renuencias, pataleos y berrinches, más han opinado sutepistas, abogados, ingenieros, funcionarios políticos regionales, periodistas; que los propios alumnos y padres de familia. Es obvio que el tema de la evaluación magisterial se ha politizado con gran cálculo de réditos de votos para la oposición; mientras tanto, la defensa de la calidad de la educación ha sido pulverizada. Todos hablan de dos cosas antipódicas: El pésimo rol del Estado para gestionar la política educativa nacional con inversión y atención adecuada y la vapuleada y agónica imagen crucificada del docente, al ser evaluado. Pero nada se ha dicho de los miles de niños y jóvenes –casi 12 millones- que precisamente no tienen en sus docentes a los mejores de “la clase”.

El docente ha sido puesto como el mesías flagelado o el Esteban apedreado. Se ha culpado a todos del fracaso escolar: al Estado, al gobierno de turno, al Ministerio de Educación, a los funcionarios de las UGELs/DREs, a los bajos sueldos, a la precaria infraestructura, deficientes medios y materiales educativos, a la deficiente capacitación de maestros -y por extensión al alumno flojo o desnutrido, al padre despreocupado que con no llegar a las reuniones mensuales, no le interesa la educación de sus hijos ni los quiere-, pero el docente incólumemente ha sido la gran víctima, todos son culpables activos y pasivo, menos él.

La educación es un asunto de cualidad, capacidad, competencia, actitud y personas: sin vocación no hay educación, sólo mera transmisión bancaria y paporretera de conocimientos. Cómo un docente acostumbrado todos los días a evaluar –y hasta utilizar este mecanismo evaluativo con fines represivos o correctivos-, pretenderá tomar exámenes y exigir estudio esforzado, sin predicar con ejemplo. Si cuando le toca ser evaluado se resiste contumazmente a ser medido en su capacidad y destrezas cognitivas y cuando se le evalúa sale reprobado. Con qué ejemplo, hoy más de 180,000 maestros ex -candidatos a docentes, que resultaron reprobados -que seguramente dentro de unos días, parte de ellos, estarán en aulas contratados, por la pena y la presión política y coyuntural de quedarnos desabastecidos de docentes-, podrán predicar y ejercitar calidad, evaluación y rendimiento académico entre sus pupilos, si ellos mismos no hicieron bien la plana. ¿Acaso no daría pie a la rebelión justificada –con el mal ejemplo precedentes de sus docentes- de los alumnos a no dar sus exámenes y a ser promovidos alegremente en el grado y el área y culpar al maestro por su propio fracaso escolar, cuando se le obligue a dar una prueba? ¿Se podría seguir sosteniendo que cuando se evalúa a un alumno es para tomar decisiones en la mejora de su formación; y, cuando se evalúa a un maestro es para ridiculizarlo?

Si bien no es lo mismo un tercio superior de una universidad pública que una privada; un tercio superior de una universidad capitalina que una provinciana; un tercio superior de un estudiante de Medicina que uno de Educación; un tercio superior de un profesor egresado hace 20 años que uno egresado el año pasado; un tercio superior alcanzado con mucho esmero, empeño y diligencia que uno logrado con franeleos al docente y de politiquero; un tercio es la punta del iceberg para empezar a revalorar la meritocracia ¿O es que es más fácil creer que un docente que fue deficiente desde la escuela, pasando por “aguas calientes” por el colegio y “rayando en onces” en la universidad/instituto se haya convertido por obra y gracia de la vida en competente; que, un docente que fue buen estudiante durante toda su formación básica y especializada se convierta en un pésimo profesional en su ejercicio?

En el Perú, con un sistema de 320,000 docentes (180,000 nombrados y 40,000 contratados; con otros 180,000 con títulos bajo el brazo y unos 150,000 en curso de ser docentes dentro de unos años más) se ha venido vendiendo un discurso elegante y moderno de “calidad y excelencia” desde los años 90, en un permanente engaño que ha desencadenado en fracaso que hoy todos constatamos oficialmente. Es obvio que primero fueron las evaluaciones a los alumnos con (PISA, desde el 2003 en razonamiento matemático y comprensión lectora– vergonzosamente últimos y penúltimos respectivamente-), los que dieron la clarinada de un fracaso de alumnos, pero hasta entonces no se hablaba de un fracaso del docente. Premunido, ese grueso de 180,000 nombrados, de la estabilidad laboral, pasaba a vegetar y fungir de docente sin ningún reparo por invertir ni dinero ni tiempo para capacitarse ni prepararse a conciencia para sus clases. Esto ha dado origen a que una estafa masificada de proporciones nacionales se destape con el último examen. Los profesores en los últimos 50 años de queja y letanías han hecho como que son docentes por horas a cambio de un estipendio; y, el Estado ha venido fungiendo como que les está pagando lo que puede, pero no lo que debe. Profesional y Estado, se han estado haciendo los zuecos, que les ha importado y preocupado la calidad y gratuidad de la enseñanza, pero en realidad han sido cómplices de una estafa masiva de unas 40 promociones escolares de los últimos tiempos con bajas cualificaciones valóricas, cívicas, ciudadanas, creativas y competencias educacionales.

Profesores de ocasión sin vocación. Profesores con perfil monologante de auditorio. Profesores pasivos y conformistas en su propia actualización. Profesores con actitud nula por la investigación pedagógica. Profesores desarticulados de la misión y visión institucional, han saturado el mercado y han desacreditado esa inmensa y sublime vocación y nominación de maestro. “Profesores de pacotilla, baratos y del montón”, es lo que contuberniamente ha generado el sistema educativo, para mala herencia de nuestros niños y jóvenes de hoy y de dentro de unos décadas más, sino no se hace nada ahora Y así fácilmente esa imagen de paradigma desacreditado, han dado pie a una corruptela donde los contratos anuales se venden de entre tres o cuatro sueldos mensuales y por adelantado. Docentes pedófilos que han encontrado un suculento parvulario reunido para dar riendas sueltas a sus bajos instintos. Docentes que fingen enfermedades y lo justifican con certificados médicos falsos. Docentes que creen que su imagen de ejemplo debe ser de la puerta de la escuela/colegio para adentro. Profesores que se agencian de certificados, títulos y documentos falsos para justificar lo que en el aula no pueden demostrar. Ser docente avergüenza a muchos decirlo en público y no a pocos les duele su ignominiosa condición de ser uno más del montón y no los artificies activos del cambio y transformación social.

Hay una realidad acumulada y sistemática en el Perú de tremendo fracaso escolar donde todos tenemos parte de culpa. Los ingresantes a la carrera profesional de educación (sea Universidad o Institutos Pedagógicos, públicos o privados), en un 92% no fueron necesariamente los mejores en su primaria y secundaria. Cansado de no ingresar a otras carreras profesionales más exigentes –Medicina, Derecho, Ingenierías-, presionado por la propia familia, accedieron a ser “aunque sea maestro”, por lo menos allí sí se consigue trabajo. A un docente nombrado no le viene por iniciativa autocapacitarse, deberá ser una contundente directiva para asistir a una capacitación, a regañadientes y a ser sólo un “asistente” que bosteza en cursillos asistémicos de entre 40 y 50 horas pedagógicas que capacitan y descapacitan. Del 100% de “los capacitados”, sólo un 8% utilizan esos conocimientos o actividades metodológicas y estratégicas en su aula. El docente contratado es el que más acumula certificados asistiendo a eventos cuando se aproximan los contratos o nombramientos o comprándolos post-eventos en las propias UGELs o DREs. Y nuestros capacitadores o son profesores jubilados que ya dejaron el trabajo pedagógico o en aula y quieren trasplantar realidades ideales en mentes ajenas o son profesores universitarios que sin conocer la realidad educativa, sin haber estado jamás dictando una clase modelo en la realidad, pretenden con terminología sofisticada y enfoques idealizados, sembrar sus propias elucubraciones que ni él mismo los ha puesto en práctica. Vivimos de tumbo en tumbo en los enfoques: cognoscitivista, constructivismo, pragmatismo, escuela nueva, escuela crítica. Por la mañana vino un capacitador de 50 años y dice una cosa; por la tarde viene un capacitador de 30 años y reprueba al de la mañana y le da una machacada de viejo retrógrado y desfasado.

Es posible que los 350 institutos pedagógicos, las cerca de 50 Facultades de Educación con sus 300 filiales a distancia, aún no sepan que tienen mucha responsabilidad por andar alegremente repartiendo títulos profesionales de educador a nombre de la Nación, sólo porque le es un pingüe negocio. Ni que hablar de las ya “famosas maestrías” que se han convertido en tremendos bolsones masificantes de profesionales sin investigación sostenida ni aplicada: es posible que el nivel de un magister o doctor egresados de universidades provincianas en el Perú, sea la de un alumno del bachillerato en países europeos. Es posible que si les obligara a acreditarse en este momento a las instituciones formadores de profesionales en el Perú, fácilmente podríamos contarlos con los dedos de los pies.

Cuando un docente está contratado hace todo lo posible por hacer méritos (prepara concienzudamente sus clases, elabora sus materiales educativos motivadores, llega más puntual que el reloj, no falta a ninguna reunión, quiere dar más de tiempo en su trabajo del establecido, se propone voluntario para cualquier actividad, se esmera, suda la camiseta hasta rayar en el figuretismo) por mantenerse en su trabajo; pero cuando logra su nombramiento hace hasta lo imposible por despreocuparse y buscar en el sutep su escudo protector, para que esconda sus remolonerías. Cuando más lejos esté una escuela de la ciudad, la calidad de sus educadores es más paupérrima. Los educadores en la zona rural llegan al aula el martes muy cansados de su viaje y salen el jueves muy descansados de su trabajo, como la zona es muy lejos no hay tiempo para preparar clases ni justificación para llevar libros por lo efímero de su estancia y es improbable que un supervisor llegue a evaluarlo mientras revisa los cuadernos y las tareas en el aula para quemar tiempo.

De las 24 horas pedagógicas (18 horas cronológicas) semanales que el docente está obligado a prestar servicio, tres días con jornadas legales de 8 horas diarias, el docente gasta un 10% encuadrando teóricamente la clase (su real aporte laboral), un 5% haciendo OBE, 10% tomando lista, un 60% escuchando la exposición de los alumnos, un 5% revisando en el aula cuadernos “al día”, un 10% evaluando (prueba oral-escrita-objetiva). Probado está que el trabajo extracurricular del docente es mínimo en preparación de sus clases –a excepción en llenado y entrega de registros y revisión de trabajos, a fin de bimestre/trimestre/semestre- .

Las universidades, con anuencia y facultades otorgadas por el propio Ministerio de Educación y la Asamblea Nacional de Rectores, han implementado “programas especiales” de formación flash y se ha convertido en fábricas masificadoras y clonadoras de docentes en ciclos intensivos y reductores: se han especializado en reductores de cinco días a la semana de los alumnos del regular, en sólo dos días de sábado y domingo, de medio turno partido o clases de un tirón de insufribles 8.00 a.m. a 3 p.m. No hay nota mínima de ingreso selectivo y “los exámenes de ingreso” son sólo farsas justificadoras. “No debe haber rigor ni desaprobaciones realistas, pues los programas se quedarían desiertos”. De las tres opciones para titularse (Clase Magistral, Informe Técnico Profesional y Tesis) la Clase Magistral es la estrella con 98% de preferencia y los 2% repartidas en el informe y la tesis. Nuestras tesis de pre-grado en las Facultades de Educación son trillados diagnósticos o clonadas correlaciones de “Influencia de (La Desnutrición/Autoestima/Inteligencia Emocional/Familia/Métodos de Estudio/Estilos de Aprendizaje) en el rendimiento escolar en la I.E. XX”.

En conclusión nuestros maestros no fueron ni son los mejores, ni como estudiantes ni como profesionales. El Estado no invierte lo necesario en Educación. El padre de familia cree que la escuela o el colegio es un depósito de sus hijos para evitar que por un lapso de cinco horas le hagan la vida imposible en el hogar. No podemos seguir evaluando por pena: pasando de grado alumnos porque son hijos de agricultores y no necesitan mucha severidad en la evaluación, ni a los docentes porque se les pague poco o se les capacite deficitariamente.

Se ha sostenido que lo que gana un docente es misérrimamente algo ridículo: Cronológicamente un docente de educación secundaria hace un trabajo efectivo mensual de 72 horas cronológicas y se la abona S/ 1,100, es decir S/ 15.27 por hora, es poco lo que gana porque es poca la cantidad de horas que trabaja. Si trabajaran las 150 horas mensuales que debiera, podría fácilmente ganar los S/ 2,300. En la empresa educativa pública un docente por hora pedagógica efectiva puede ganar entre S/ 3.00 – S/ 5.00, allí no se puede hacer huelga ni reclamar iracundamente nada, allí no se puede faltar ni llegar tarde, allí las programaciones deben ser innovadoras cada año y su entrega oportunamente, allí las comisiones de aniversario o participación del calendario cívico no son pagadas,… sencillo… hay 30 reclamando ese puesto ¿cómo es eso que el Estado paga poco?

El maestro peruano tiene un síndrome de profesional marginal: maltrajeado, con bajos niveles de autoestima, quejoso eterno y con ese perfil de “mal pagado” ha hecho el jueguito de que llegar, firmar la asistencia y permanecer en el aula unas cinco horas es haber cumplido su función. Todo docente o candidato a doce sabe y ha escuchado a sus predecesores que nunca nadie se ha enriquecido en el magisterio ¿cómo es que masoquistamente nos liamos en esa nefasta herencia de dolor y desasosiego? Sin con capacidad, esfuerzo y autoexigencia podemos ser médicos con clínica, abogados con bufet, ingenieros con edificios, periodistas con radio propia, administradores con hotel, ¿porque seguimos tercamente martirizados por los alumnos en el aula, la sociedad en su desvalorización y el propio Estado en su abandono social, moral y económico?

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