samedi 29 mars 2008

SECH/Homenaje a Julio MIRALLES y cuento de Walter GARIB


Luis E. Aguilera
Presidente
Sociedad de Escritores de Chile (SECH),
Filial Región de Gabriela Mistral-Coquimbo
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Celular 90157729
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La Serena – Chile



La Sociedad de Escritores de Chile (SECH), Filial Gabriela Mistral de la región de Coquimbo, comunica el sensible fallecimiento del destacado joven escritor del norte de chile, Julio Miralles, quien pereció en la Ciudad de Iquique, a los 36 años de edad

Este domingo 23 de marzo en un hospital de Iquique y a penas cumplido los 36 años dejó de existir en la ciudad de Iquique el destacado poeta, escritor, dramaturgo y escultor Julio Miralles González, tras sufrir de una larga y penosa enfermedad.

Sus restos mortales fueron sepultados ayer martes en el cementerio municipal de Vicuña, luego de un oficio religioso efectuado en la Iglesia Adventista donde fueron velados desde la noche del lunes.Su funeral estuvo marcado por las emociones donde amigos y familiares resaltaron sus cualidades humanas, su talento y sus virtudes. Durante el oficio religioso uno de sus tíos, Rubén Miralles, interpretó una hermosa pieza musical en violín y durante su exequias en el cementerio local algunos amigos y agentes culturales ofrecieron hermosos discursos de despedida.

Julio Miralles nació el 26 de septiembre de 1971 en la nortina ciudad de El Salvador, pero toda su infancia y juventud la vivió en la ciudad de Vicuña por lo que siempre se consideró un Elquino de corazón.Cursó sus estudios básicos y medios en Vicuña y en 1994, después de participar activamente en actividades culturales en la Ciudad de La Serena, partió rumbo Iquique donde se radicó hasta sus últimos días; Aquí continuó desarrollando una fructífera y exitosa vida intelectual y artística (poesía, obras de teatro, plástica). Fue premiado por el Ministerio de Cultura debido a sus innumerables premios obtenidos en concursos de poesía y cuento. A la fecha de su deceso ocupaba el cargo de secretario del Consejo Regional de la Cultura de la Primera Región.

Publicó dos libros: “De astros y confabulaciones” (1992) y “La fórmula secreta de la soledad” (1999). No alcanzó a publicar un tercer libro que estaba preparando y que llevaría por título “Los ángeles prohibidos del amanecer”.

Fue miembro del Centro Cultural y Artístico “Elquialmar”; Participó activamente en la SECH Regional, cuando se encontraba radicado todavía en la ciudad de Vicuña, desde donde viajaba permanentemente las actividades guturales, lo que se grafica claramente en secuencia de fotografías: fue distinguido por el Municipio de Vicuña como persona destacada de la comuna en febrero de 1994 con ocasión del 173º aniversario de la ciudad y entre sus varios premios obtuvo el tercer lugar en los Sextos Juegos Florales de Vicuña en diciembre del año 1997con su obra “Fragmentos del tatuado”.

Nuestra institución SECH entrega a sus familiares y amigos su sentir, creemos que la literatura nacional ha perdido a unos de los más promisorios escritores. Poeta Julio Miralles, nos encontraremos en otros astros y confabulaciones, buscando la fórmula secreta de la soledad.

***
Cuento
De noche en el parque forestal
Por Walter GARIB
Del libro «No recomdable para señoritas»

Al escritor Luis Magaña y Luisa

Siempre que Gregorio Monteverde cruzaba en la noche el Parque Forestal rumbo a casa, veía a un hombre parado junto a la estatua de Rubén Darío. El individuo permanecía ahí en actitud vigilante, soportando con resignación las inclemencias del tiempo. Era alto, delgado y siempre vestía de negro, quizá para adecuarse a la noche.

Aunque Gregorio intentaba verle el rostro a la distancia, el extraño parecía ocultarlo. Quién sabe si aguardaba a alguien, acaso podía ser un creyente orando frente a la escultura. Se comenta que el poeta es milagroso y muchos afirman haber recibido favores de él. ¿O era un malhechor a la espera de la víctima ocasional? En más de una oportunidad habían sido atacadas mujeres en el sector, y aún no se resolvía el crimen de un conocido anticuario, arrojado sin cabeza y extremidades, a las cercanas aguas del río Mapocho.

Cuando llovía, la figura del extraño se desdibujaba haciéndose borrosa, pero continuaba impertérrito en el lugar de siempre. Esa actitud movía a sospecha, a suponer que cumplía una obligación misteriosa, acaso vinculada a algo imposible de explicar. Gregorio Monteverde, dominado por una fuerza irresistible, decidió un día desentrañar el enigma.

La presencia del hombre le empezaba a fastidiar, a molestar, a ser un estorbo en su vida. Un viernes, cerca de la medianoche llegó al Parque Forestal, cuando el cielo se cubría de nubes amenazantes y soplaba un aire tibio de tormenta. El extraño, permanecía en su sitio predilecto. Gregorio Monteverde lo observó largo rato, desde distintos ángulos. No podía seguir tolerando ni un día más, aquella presencia que incluso le restaba horas de sueño.

Se empezó a acercar sin lograr vencer el temblor creciente en las piernas y cierta inestabilidad de borracho. ¿Y si le preguntaba alguna intrascendencia, así como la hora, o dónde se hallaba una calle del sector? Parecía ser lo sensato, si iba a enfrentar a un desconocido. Como a esa hora no había nadie en el Parque Forestal, sintió miedo.

Nunca se sabe — pensó— cual puede ser la reacción de un desconocido, a quien se perturba sin razón.

Comenzaba a llover. El viento y el agua hacían vibrar las hojas y ramas de los árboles centenarios, produciendo una melodía tétrica. Igual, Gregorio continuó su marcha, sin importar las gotas que golpeaban su rostro y se colaban por entre su ropa.

Cuando estuvo cerca del enigmático fulano y pensaba con qué palabras iniciar la conversación, descubrió sorprendido, que era la sombra del personaje de la propia escultura, que se proyectaba sobre el muro blanco del edificio colindante.

A punto de reír a carcajadas se alejó desencantado. Tantas aprensiones por nada, no tenían justificación. Al voltear la cabeza para enfrentar de nuevo a la sombra, ésta lo seguía.

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