dimanche 16 mars 2008

Sergio GIVONE/ Todo MONTALE, ahora en castellano


Literatura Se publica la poesía completa del Premio Nobel italiano:
Todo Montale, ahora en castellano
Por Sergio Givone

Por primera vez en la lengua de Cervantes se publica, en edición bilingüe, la totalidad de la obra poética del Premio Nobel italiano Eugenio Montale (1896-1981). Más de mil páginas de una poesía que recorre buena parte del siglo XX y que va desde el hermetismo a la sencillez, de la desesperación a la farsa. El traductor del volumen, Fabio Morábito, ha querido conservar la musicalidad del texto original.

A Eugenio Montale no le habían faltado, especialmente en los últimos años de su vida -murió en 1981 a la edad de 85 años-, los reconocimientos y los premios. Ha sido traducido a numerosas lenguas. Ha sido nombrado senador vitalicio. Ha recibido el Premio Nobel de Literatura, el cual se le confirió el 12 de diciembre de 1975. Su discurso ante la Academia de Suecia para la ocasión se tituló: "¿Es todavía posible la poesía?". Y basta leer su poesía para entender que sí, que ella es posible y, más aún, que es indispensable y necesaria.


Buscando la palabra aún no dicha

La poesía es necesaria porque ejercita en los enfrentamientos del mundo una resistencia oscura, pero tenaz. Con pobres recursos. Pero sobreviviendo a las derrotas y a los naufragios. No se sabe cómo lo logra, pero ahí está: el rumor que aturde se ha callado, una voz se alza, extranjera y al mismo tiempo familiar, y pide atención. Existe quien se la presta. La poesía opera a contracorriente. Busca la palabra que aún no ha sido dicha, bordea el límite entre sentido y sinsentido, ama el silencio. Tiene fe en la realidad y en sus enigmas, no en el orden objetivo de las cosas. Socava el peor de los prejuicios: que lo real ya no sea lo real sino lo virtual, lo construido a nuestra imagen y semejanza, o más bien, a nuestro uso y consumo. Privilegia los lugares donde es posible un nuevo inicio, o puntos de no retorno o estaciones finales, porque habita en los alrededores de los manantiales de los cuales brotan los significados, los símbolos, las alegorías. Hasta en las frases hechas y en las ideologías encuentra materiales que someter a un tratamiento deformante y desorientador. Sabe cómo disponerse y disponernos a la escucha de aquello que se esconde en el otro lado de la Luna, de la Tierra, de nosotros mismos. Es amiga de las voces, de los susurros, de los estremecimientos, de los contrasentidos, de los acertijos. Y mientras que nosotros normalmente nos servimos de la lengua, en la poesía es la lengua la que se sirve de nosotros. Para adornar, para hacer magia o juegos de prestidigitación; para asombrarnos, para encantarnos, para desencantarnos.

¿Son estas las razones por las cuales continúan existiendo los poetas y los lectores de poetas? Es cierto que tenemos necesidad de los poetas. Ellos, si es que no lo han sido antes, son los "ángeles necesarios".


Paradojas de la poesía

Pero, a fin de cuentas, hay una paradoja. La poesía se mueve no solamente contra el mundo así como es y como aparece, sino también contra sí misma. Son muchas las vías de los cantos. Es conmovedor observar cómo los poetas las han recorrido, condenándose para encontrar la propia y acaso perderla, una vez hallada. Ningún hilo de Ariadna en este laberinto. En un cierto punto, las vías no llevan ya a ninguna parte. La palabra se pierde, enmudece. No queda entonces más que la melancolía, los negros humores. No fuera que alguien, antes o después, transforme esta patología del alma y por tanto del lenguaje en objeto de poesía. Así ha sucedido que los poetas han cantado el esplendor de la Tierra y de aquellos que la habitan: mitos, dioses y héroes. Pero también ha sucedido que el cielo se ha hecho espectral, y aunque nadie se asomara desde el más allá, las plantas y los animales y los hombres no aparecen ligados por una red de misteriosas analogías. La poesía había trabajado para esta transformación. Y ya que la poesía no miente, justamente a la poesía le habría tocado decir la amarga verdad sobre el mundo. Incluso si esta verdad implica, a fin de cuentas, la imposibilidad de decir. Extrema paradoja de la poesía. Consumirse, acabar en cenizas, pero para incubar fuego. Se trata de un movimiento que para cumplirse se sirve a veces del espacio de una época histórica. Pero a veces es suficiente la obra de un solo poeta. Precisamente es este el caso de Eugenio Montale.

Montale debuta, en 1925, con Huesos de sepia, después de haber dejado a sus espaldas una entera tradición y sus desperdicios ya inutilizables. No cree, y así lo escribe, que la poesía tenga la fórmula capaz de abrir nuevos horizontes, nuevos mundos; sin embargo, está convencido de que debe explorar regiones donde la vida no es más que murmullo confuso, todavía no rescatado de la palabra. Donde menos ha de esperarse una revelación, en un ángulo insignificante, ocurre el milagro. Cae el velo oscuro e impenetrable y deja entrever lo que ninguna palabra es capaz de nombrar, pero que -no obstante- resuena en la palabra. Será pura ilusión. Pero, ¿cómo puede manifestarse algo, aunque sea algo que tal vez ni siquiera existe realmente, si no es a través de juegos de sombras y simulaciones?

Un proyecto como éste, con todo, debe contar con la aridez y con el secarse de la inspiración. Se confiesa con el escritor Sergio Solmi, en una carta de 1927: "No hablemos de la Musa. Creo estar definitivamente seco". Pero, incluso antes, es la vida la que le parece privada de perspectivas. En compañía de otros de los asiduos al famoso café literario Giubbe Rosse, los "bigi", considera el fascismo una calamidad, una fatalidad, que sin embargo no cree poder combatir militando en contra. Obtiene, de forma bastante imprevisible, el empleo de director de una biblioteca de Florencia, el Gabinetto Vieusseux, gracias al escritor y político fascista Alessandro Pavolini, que sabe cómo piensa Montale, pero lo estima. En 1938, con todo, no le será renovado el puesto por motivos políticos. Y caerá en una suerte de resignada desesperación. No obstante, siempre queda esa pregunta: ¿es necesario renunciar a creer que detrás de las cosas haya un secreto que nos explique finalmente el sentido? ¿O también esta renuncia es una especie de ascesis laica que presagia un último conocimiento posible? Sólo quien conoce la paciencia del abandono, la amargura, el dolor, puede venir a encontrar "al fin una verdad", aunque sea una verdad negativa. ¿Una experiencia a su vez ilusoria? No está dicho. Requiere detenerse junto a lo negativo, dice toda filosofía. Montale, que no gusta de la filosofía (y, en particular, detesta la filosofía de la historia, que todo lo justifica y todo lo explica), de ella toma, sin embargo, el santo y seña. "Sólo esto podemos hoy decirte: / lo que no somos, lo que no queremos". El resto, evidentemente, es engaño, mentira. Pero por más que se ubique en la escuela de la nada, más fuerte que la nada es la piedad. "Piedad por todo aquello que se manifiesta".

Inútilmente se ha intentado adscribir a Montale en el nihilismo contemporáneo. De acuerdo, en su obra es fácil identificar trechos que podrían justificar una tesis de esa clase. "Desvanecerse, / pues, es la ventura de las venturas...". Sin embargo, la vida continúa pareciéndole "más cruel que vana". Una estrella funesta brilla sobre el mundo. Esta estrella es el mal. "Quise encontrar el mal / que mina el mundo, la leve torcedura / de una palanca que detiene". Pero, en resumidas cuentas, ¿cómo se ha de comprender el mal, evitando que la palabra que intenta decirlo sea engullida por la nada, por un hoyo negro?


El sarcasmo

Montale estaba perfectamente consciente del riesgo a cuyo encuentro iba. He aquí por qué decide introducir en su poesía elementos paródicos y farsescos. El sarcasmo deviene el registro dominante. Es el giro de Satura, de 1971. Algunos han hablado de abdicación de la poesía. Otros, de antipoesía. Pero no es verdad. Antes bien, Montale se reinventa una teología irónica. En otras palabras: sobre el estado de desolación al cual caemos, él arroja resplandores metafísicos. El hombre está solo, abandonado, arrojado en esta tierra a consecuencia de una catástrofe que envuelve tierra y cielo, parece decir.

Pero si no hay ni salvación ni esperanza para nadie, todo hace suponer que el autor de este drama de títeres es tan farsesco como la existencia de nosotros los humanos y que ha quedado prisionero de sus propios hilos. Este es el "Demiurgo", el "sumo Marginado", alguien de quien se sabe que "si alguna vez vivió, / ya había caducado" ("La muerte de Dios"). No había hecho sino urdir engaños y maquinaciones para dañar al hombre. A pesar de que "aquel que armó lo mejor que pudo / el cabaret/ tenía previsto todo, gloria e infamia, / o cayó en una trampa". Es seguramente ironía. Pero, ¿es poesía? Sí, lo es. Sin perjuicio de los críticos que se obstinan en hablar de involución montaliana en el tránsito de Huesos de sepia a Satura. Es poesía que no teme las disonancias y los chillidos, sino que los orquesta al límite de la contradicción. Poesía que permanece ella misma en la única forma, quizá, en que es posible permanecer. Negándose, traicionándose. Y sin embargo, resiste.


Eugenio Montale - "Poesía completa" Traducción de Fabio Morábito, Editorial Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, Barcelona, 1.113 páginas.

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Fabio Morábito: traducir a Montale rescatando sus música Patricio Tapia

Nacido en Alejandría, Egipto, de padres italianos, Fabio Morábito (1955) vivió su infancia y parte de la adolescencia en Italia, para finalmente, siendo un quinceañero, radicarse en México. De esta suerte, no es una divagación metafísica señalar su condición de extranjería en el mundo: vital y lingüísticamente ha pertenecido a varios mundos, o quizás a ninguno.

En cuanto escritor, decidió serlo en castellano. Narrador (con tres libros de cuentos), ensayista y poeta (su obra está reunida en el volumen La ola que regresa), también ha hecho una importante labor de traslado de obras del italiano al castellano. Es probable que su mayor empresa hasta ahora haya sido la de la Poesía completa, de Eugenio Montale. Uno de los poemas de Morábito, uno para niños, "Orejas", comienza así: "dos orejas: una para oír a los vivos / otra para oír a los muertos // las dos abiertas día y noche / las dos cerradas a nuestros sueños". Quizá ello explique su interés en el poeta italiano muerto hace más de 25 años, y también su afán por rescatar la música de sus versos. Su labor ha sido hecha con el cuidado del amor; después de todo, en otra parte del poema referido se lee: "había una tercera oreja pero no cabía en la cara / la ocultamos en el pecho y comenzó a latir".

-El mar es un motivo muy presente en Montale. ¿A qué se parece más traducirlo: a flotar en aguas calmadas o a nadar entre tiburones?
"Ni una cosa ni otra: se parece más a un mar encrespado, o erizado, contradictorio, pero navegable".

-¿No encuentra excesivo considerar a Montale como "un poeta todavía inédito en castellano"?
"Sí, exageré, pero no encuentro excesivo afirmar que es uno de los poetas italianos peor traducidos".

-¿Y quedó satisfecho con su labor?
"Estoy satisfecho de algunos poemas, de ciertos pasajes de algunos otros y, dentro de lo que cabe en una traducción, creo haber rescatado algo de esa musicalidad que tantos traductores al español de Montale han pasado olímpicamente por alto, por indolencia o ceguera. Pero satisfecho a secas, no. Todavía no puedo creer que me haya tocado a mí el honor de traducir su poesía completa".

-Después de haber adoptado un poco la voz de un poeta en una obra amplia, ¿no hay peligro de que afecte su poesía propia?
"La poesía propia está afectada todo el tiempo y no estoy seguro de que el ejercicio de la traducción sea el principal vehículo de contaminación estilística en alguien que, además de traducir poesía, escribe poesía propia. Montale, por otra parte, siempre ha estado muy presente en mí desde que empecé a escribir y creo que si alguna influencia tuvo en mí, la tuvo en ese momento, mucho más que ahora".

-¿Por qué se decidió desaprovechar la oportunidad de tener toda la poesía de Montale, excluyendo las poesías dispersas?
"Las Poesie sparse tienen cosas buenas, pero como conjunto, a mi parecer, es omisible, e incluirlas habría respondido más a un prurito filológico de exhaustividad que a otra cosa. También es omisible el Diario póstumo, con la diferencia de que éste fue un libro de cuya publicación Montale no dudó nunca, mientras que jamás se le pasó por la cabeza dar consistencia de libro a los poemas dispersos. Por otra parte, no hay que ser avaros y propiciar desde ahora el relevo: aquel que se le ocurra volver a traducir la poesía completa de Montale tendrá la posibilidad de dejar sentado en el cintillo del libro que la suya es la traducción de «absolutamente toda» la poesía del poeta genovés".

- ¿Qué opina del tan mentado "pesimismo" de Montale? Usted pareciera no insistir en él.
"Porque nunca me convenció del todo. En su primer libro, en el que se fincó la etiqueta de pesimista que le endilgaron a Montale, prevalece, más que el pesimismo, el pasmo ante la naturaleza, la conciencia de su impenetrabilidad, el estupor ante el abismal divorcio entre ella y el hombre, así como el estremecimiento de su belleza intraducible en palabras. ¿Puede llamarse a todo eso, sencillamente, pesimismo? Es algo menos y algo más que eso. Por otra parte, a partir de su segundo libro, Montale ve una luz de esperanza, sus ojos abandonan la acción fermentadora y maceradora del mar y encuentran una posibilidad de redención (ya anunciada en el primer libro, por lo demás) en la «imago» femenina, a la que el poeta fue siempre extremadamente sensible".

-El propio poeta habló siempre de la unidad de su obra. ¿Qué piensa de la división que suele hacerse entre sus primeros tres libros y los restantes?
"Es una división de comodidad clasificatoria, más que nada, basándose en un cambio abrupto de tono (la mayor llaneza de lenguaje de la segunda época, que corre pareja a una visión más mordaz y corrosiva de los negocios humanos), pero el meollo es el mismo y la forma de hacer poesía no ha cambiado sustancialmente".


Articulo :
http://diario.elmercurio.com 16/03/2008

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