dimanche 1 juin 2008

Mariano ESTRADA/ Uno, el soplidance




Mariano Estrada Vázquez Nací en 1947, en un pueblo de Zamora llamado Justel. Es natural de Muelas de los Caballeros (Zamora) y ha publicado los poemarios «Mitad de amor, dos cuartos de querencias» (1984), «El cielo se hizo de amor» (1986), «Tierra conmovida» (1987), «Trozos de cazuela compartida» (1991), el ensayo «Paco Llorca, semblanzas del arte» (1993) y «Azumbres de la noche» (1993).Ha publicado en papel los poemarios "Desde la flor del almendro" (1995), "Hojas lentas de otoño" (1997) y "Amores colaterales".

Por otra parte, algunos libros que han sido parcial o totalmente publicados en Internet, como "Vientos de soledad", "El limón hespérico" y actualmente escribe "Gotas de hielo" y también un ensayo titulado "Aguablanca, caminos de ida y vuelta", otro titulado "La patrias de dulcinea", junto ha algunos cuentos y numerosos artículos de variada índole.

Sitio :
http://www.mestrada.net/
E-mail : maritos@telefonica.net

Sobre
Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Mariano+Estrada+V%C3%A1zquez+


El fuego y sus metáforas
Uno, el soplidance

Cuando yo era un pipiolín de ojos inocentes y de cara amorosamente risueña, me decían que si jugaba con el fuego me mearía en la cama. Luego supe que la cama era un buen lugar para jugar con el fuego. Claro que, entre estos dos momentos de la vida -en los que pude darme cuenta de que el fuego necesita del aire, o sea, del pulmón-, en algún lugar recóndito de mi inquisitivo cerebro se habían introducido la metáfora y el fuelle. El fuelle, imprescindible hasta hace poco en las hogueras del mundo, ha sido relegado por la modernidad y sus reconversiones a un elemento decorativo. Y la metáfora… Bueno, la metáfora es precisamente lo que a mí me ha permitido jugar con el fuego sin temor a los diluvios de la noche ni a sus ríos consecuentes y multiplicados ni a sus monumentales y variadas mojaduras.

El Soplo

Si metiéndome en tus venas
germinara el fuego,
¿qué haría yo, sino bucear en tu sangre?

Y si es fuego de sol
lo que tu frente acaricia,
heme aquí, palabra tras palabra,
lamiéndote la piel hasta el incendio.

Pero... ¿qué viento te mueve
y hacia dónde?
¿En qué lugar desnudas tu paloma de agua?
¿Quién se asoma contigo
al soñado balcón de la caricia?

¡¡Nadie!!

¿Nadie?

¿Y qué ha de hacer un fuelle como yo
sino soplar en el vientre de la leña?
¿No es acaso la leña
un fuego encendido en el futuro?

Del libro “Azumbres de la noche”


Dos, el tutifuego

El texto que dejo a continuación, nació como respuesta a un día sofocante de un caluroso verano. En él se puede ver que no hay calor en el mundo que logre liberarnos del fuego cuando éste es de un orden amoroso. Muy por el contrario, para esos menesteres, el calor suele servirnos de acicate. De suyo, si bueno es arder en el amor, será mejor hacerlo doblemente abrasados. Primero, por el fuego. Después, por sus metáforas.

TODOS LOS FUEGOS SON EL FUEGO

Es verano, hace un calor asfixiante, los fuegos se multiplican por doquier, arde París, arde Troya, arde el horno de leña de la pizzería Vulcano, cuya dueña es italiana y fogosa. ¿Y qué se me ocurre a mí para sofocar tanto incendio?
-Darte una ducha con la manguera del jardín.
-No, no hay tal.
-Tirarte en calzoncillos a la piscina.
-Tampoco, tampoco.
-Ponerte un ventilador en el culo.
-Frío como un témpano.
-Irte a una terraza climatizada.
-Que no, que no, que no es mío mi corazón esta tarde...
-Vaya, parece que el pipiolo ha sido tocado por el rayo.
-Sí, el que no cesa.
-Y has fijado una cita con la manzana.
-Puede.
-Y te gusta.
-Con locura.
-Y es hermosa.
-Hasta el insulto, casi con avaricia
-¿Y cómo sabes que no tiene gusano?
-Porque lleva marca de origen y garantía de calidad
-¿Y cómo piensas quemarte, al fuego lento de un tronco o a la intensidad flamígera de unas pajas?
-Nintendo.
-En tal caso, me explico: ¿es un potro de amor o sólo empuja el deseo?
-¿Y si empujan los dos, Roma de una parte y de la otra Santiago?
-De ser así, amigo, estaríamos hablando de la inclinación a la domesticidad, que es un estado del hombre, tal vez el único, en el que está realmente dispuesto a posponer el yo en beneficio del otro, y al que solemos ir de cabeza. Normal, es lo más cerca que podremos estar nunca del cielo.


Tres, el pletorito
PLÉTORA

Al contraluz que con tu pelo
hacía una bombilla cenital,
fue cayendo en mis ojos
la transfiguración
profunda de tu cara.

No es fácil describirla, era
como una convulsión
de sufrimiento y gozo.
No sé, como si hubieras
corrido un maratón y, más allá
del cuerpo dolorido,
tu orgullo reflejara
la alegría pletórica del triunfo.

Finalmente caíste sobre mí
como una diosa tierna y,
coronados de gloria y de fatiga,
dormimos hasta el alba.


Al igual que algunos otros, este poema se desprendió del libro “Amores colaterales”, al que puede volver en el futuro. O no, si hacemos un poco de gallegos. Claro que también puede ocurrir que, por despecho, decida irse a otro. O que no vaya a ninguno y se quede en un rincón rumiando su soledad y lamiéndose las heridas. O, más sencillamente, compartiendo su indiferencia con los desheredados y los feos ¿Desde cuándo un poema puede pensar por sí mismo hasta el punto de decidir sobre su suerte?


Cuatro, el pasioncop
PASIÓN

Te quiero pasional hasta el delirio,
hasta que el último
resuello de la bestia
se vuelva resignada mansedumbre.

Así, consciente de que
el límite del fuego es un rescoldo
donde ya no hay pasión sino ternura
en estado de gran felicidad,
me instalo en las caricias y deseo
que no se acabe nunca el magnetismo
de este fuego sin llama.

Y te cubro de seda hasta que
el peso de mis manos
estimule los potros de tu piel
y de nuevo la bestia nos exalte.

Y nada más, amar...

Amar hasta el desmayo,
hasta la muerte lenta del deseo,
hasta vaciar el corazón
del inclemente peso de la sangre...

Del libro “Amores colaterales”