samedi 23 août 2008

Antonio COLINAS/ Dignum est y otros poemas


Dignum est y otros poemas
Por Antonio COLINAS

De los tres grandes poetas griegos de la segunda mitad del siglo XX, al menos los más conocidos por el lector español –Yorgos Seferis, Yannis Ritsos y Odysseas Elytis–, es este último el que quizá asume la contemporaneidad de una manera más notable y radical. Acaso la causa de ello sea su temprana adscripción al automatismo surrealista. Sin embargo, el no haber aceptado hasta sus últimas consecuencias este movimiento le fue muy provechoso, pues le permitió desarrollar valores consustanciales a su propia cultura y a la cultura de lo popular, a la vez que él nutría en todo momento sus poemas con una viveza (entiéndase, compromiso pleno con la vida), que siempre lo ha distinguido.

Es también ese compromiso con la vida el que lo distingue de los otros dos autores citados, aunque tampoco se halle desprovista la de éstos de ese aliento vitalista que proviene de una fuente más antigua y arraigada: la de la grecidad, la de lo que otro mediterráneo de Sicilia reconocía como “la Grecia de antes de Grecia”, de lo que venimos reconociendo como espíritu mediterráneo; ése del que a su vez provienen los aspectos esenciales (que hoy se tienden a olvidar en una Europa de funcionarios y mercaderes) de la cultura europea.

Estamos hablando, en cualquier caso, de tres de las cimas de la poesía europea del siglo XX. El lirismo purísimo de Seferis y la torrencial fuerza del lenguaje de Ritsos se distinguen en ellos como factores de originalidad, pero parece como si a la variedad de tonos de la poesía de Elytis le hubiese estado reservada la transformación en profundidad de la lírica griega contemporánea. Los lectores españoles habían entrado en contacto con este autor gracias precisamente a la versión que el mismo traductor de ahora, Cristián Carandell, nos había ofrecido de una muy precisa edición de Dignum est (Plaza Janés, 1980), sólo un año después de que al poeta le fuera concedido el premio Nobel.

Era ya entonces una bella y muy fundamentada entrega del que se considera el libro más sobresaliente de este autor. Ahora, en la edición que comentamos, el libro central de entonces abre el volumen, pero la edición es mucho más abarcadora. Primero, al reunir los libros anteriores a Dignum est (Orientaciones, 1940, El sol primero, 1946, que cierra una primera etapa de su poesía, o el de título de resonancia rilkeana, Canto heroico y fúnebre por el subteniente caído en Albania, 1945).

Con posterioridad al gran libro de 1959, la poesía de Elytis se ensancha y diversifica con una variedad y riqueza de matices que también son propios de él. Ya busque la expresión concisa o el versículo derramado, el poeta siempre llevará a cabo una fecunda investigación con las palabras, incluso cuando busca con ellas el mero juego, y que el traductor resuelve muy bien (“Sol solicar sol soliarca / con las piedras juguetarca”). A la vez, el autor somete a la naturaleza –siempre vivísima y presente en los tres poetas citados– a una especie de metamorfosis que es también muy propia de Elytis; esa naturaleza en la que los árboles trinan, los animales cantan y el viento tiene color.

Pero lo importante en esta poesía es el rescate de esa tradición griega (aparente en ocasiones, otras simulada o subterránea) que se constituye en el verdadero factor inspirador y testimonial de esta poesía. Lejos de considerar el aliento clásico como lo caduco o lo periclitado, en autores como Elytis se convierte en algo fertilizador, en esa especie de fuente que no cesa de manar y en la que el poeta del siglo XX halla el don de su inspiración mejor. También como en Seferis, el símbolo de Helena regresa lleno de significación y en una atmósfera presente. El siglo que primordialmente le ha tocado vivir era una dura prueba para el poeta, pero él ha sabido abordar el reto con una destreza en el uso de las palabras, con una versatilidad (y a la vez gravedad) en los temas, que lo dignifica siempre.

Elytis ha sabido ir más allá de la grandeza de Dignum est y, hasta sus últimos poemas, exalta o hace descender a las palabras, que a veces se llenan de nombres propios, de las heridas de nuestro tiempo. Al fondo siempre, grandes símbolos como el de la mar o la muerte. (“Sí –escribe el poeta– moriremos todos nosotros. Y sin embargo continuaremos teniendo la misma materia que la continua e interminable aurora”). Pero, sobre todo, este volumen nos reconcilia, una vez más, con el hecho de leer con fruición la poesía de un verdadero poeta, la poesía.

Odysseas Elytis - Traducción: Cristián Carandell. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2008. 679 páginas, 27 euros
Articulo:
http://www.elcultural.es/ 24/07/08

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