samedi 30 août 2008

Dafne Ink/COETZEE, los malos años



Dafne Ink
Borradores en proceso, como la vida misma y otros lugares comunes
http://www.dafnescribe.blogspot.com/


Coetzee, los malos años
Por D.B

Más vale ser joven, rico y sano que viejo, pobre y enfermo. Y si el viejo es rico, famoso escritor de opiniones escuchadas y leídas por muchos, pero miserable y achacoso, tampoco es una situación envidiable. Eso es que lo que propone sin mucha sagacidad Coetzee en la novela "Crónica de un mal año", que en cambio sí es original en su estructura.

El protagonista, conocido como el señor C, es un intelectual respetado, pedante, erudito, solitario, de triste y sucia apariencia, que se interesa en una joven y bella vecina de origen filipino. El hombre asume las opiniones misóginas típicas de juzgarla antes que nada por la apariencia, es decir tamaño y forma del conglomerado culotetas, luego por su origen y sexo. Por lo tanto decide que ella es un bello pero estúpido objeto que le gustaría poseer. Inventa la estratagema de necesitar una secretaria para que dactilografíe sus escritos, y así la contrata con un generoso salario como anzuelo para poder espiarla y seguir denigrándola con erróneas conclusiones.

La joven como era de esperarse desprecia pero utiliza al anciano, al igual que el novio de la chica, un agente de bolsa tan ambicioso como vacío.

Los trabajos que ella dactilografía son opiniones del señor C, ensayos sobre temas sociopolíticos que se transcriben en una parte de cada página de la novela. El resto de la carilla, dividida por una línea, relata la trama de las relaciones entre los tres personajes, mostrando los diversos puntos de vista de cada uno.

El viejo es consciente de lo patético de sus pretensiones y termina ansiando ya no la relación sexual sino un roce, una mínima muestra de afecto que la joven le dará en forma de beso en una mano, como quien besa a una momia.

Las opiniones del escritor son claras, contundentes, brillantes pero nada valen porque el tipo no tiene el amor que desea. El mensaje es algo así como la eterna repetición de la preeminencia del amor de la biblia: "si yo hablare lenguas humanas y angélicas pero no tengo amor, vengo a ser como címbalo que retiñe o metal que resuena". O que el cinismo es una dura máscara para la carencia afectiva, un freno para la posiblidad de dar y recibir amor.

Una lección de escritor viejo, más viejo que sabio, más sabio que escritor, más escritor que hombre feliz.

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