samedi 23 août 2008

Harold ALVA/ Entrevista a Róger Antón FABIÁN


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rogerantonfabian@hotmail.com

Sobre Azul@rte:
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Entrevista a Róger Antón Fabián: "sin pensar en lo mediático, lo importante es persistir"
Por Harold Alva

Róger Antón Fabián (Chimbote, 1975) es un narrador a quien conocí hace poco menos de un año en casa de Ricardo Ayllón. Había leído artículos suyos que enviaba vía lista de correo electrónico, que lo presentaban como alguien que manejaba bien el lenguaje. Hace unos meses Ediciones Altazor de Willy del Pozo publicó EL PARAÍSO RECUPERADO (historia libresca de un ladrón), una obra elaborada con destreza. Lo interesante es que ya agotó casi todo el tiraje y no en Lima, sino en una de las ferias que Willy promueve al interior del país (en Lima ya está en Crisol y en El Virrey). Contento después de leer una historia que cumple su objetivo me animé a entrevistarlo. Conversamos sobre su libro y además sobre otros temas delicados que deberían tenerse en cuenta para que se proceda como corresponde, respecto a cierta institución. Con ustedes la palabra del Maese Róger Antón.

- Maese Antón, tú eres chimbotano, llegaste a Lima para estudiar en San Marcos. ¿Participaste de la movida chimbotana?
Sí, es verdad, llegué a Lima para estudiar filosofía pura en la Universidad de San Marcos y me quedé en esta ciudad, muy a mi pesar dado que paulatinamente descubrí cuan chimbotano era, sin excluir el sentimiento de ciudadano del mundo, al estar alejado del pueblo en el que amanecí a la vida. Y creo que me quedé en Lima, sencillamente porque encontré en mis caminatas por la ciudad la literatura regada en los suelos, a cada travesía uno encontraba libros y era la realización de un sueño maravilloso, lo que toda la vida hasta entonces había buscado, como un personaje de las Mil y una noche, solo me dediqué a husmear entre tanto papel difuminado por entre las frías callejas de la Ciudad de los reyes. San Marcos me dio un cobijo, después de vagar por toda la ciudad que quise hacerla a pie mientras escribía mi "diario limeño" (Esbozos de vida a pie). Encontré a tantos amigos, creo que tuve y tengo todos los amigos que debí tener y luego me dediqué a ser un diletante.

Antes de emigrar, por aquel entonces, inicios de los noventa, Chimbote tenía en el maestro Ricardo Ayllón a un director de orquesta literario, ‘migas’ con él me sumergieron a ese mundo un tanto onírico donde abuelas recitaban versos, poetas, anarquistas, locos, curiosos, ex sindicalistas se reunían a leer sus versos e intentaban elaborar una revista en la cual sin autorización mía se publicó, y ojalá se haya perdido para siempre, uno de los primeros escritos míos que no era sino un poema casi surrealista y poco entendido por los cambios que le hizo el encargado de la edición. Podría decir que siempre estuve presente espectando la movida literaria, pero no participé en ella, es más me parecían muy poéticos y dignos de una novela, cual personajes, aparecían como para matar la tarde y se reunían hasta caer la noche, mientras disertaban como ganar el mundo y solucionar los problemas vitales de la existencia con la poesía, sus creaciones o cuentos y no faltaba que alguno ya chispado culpaba a los mecanismos políticos, y se originaba la tertulia política; en fin época que no volverá.

- La tertulia política, ahora los escritores como que se han apartado de la política. Gelman decía que el compromiso del escritor es con la literatura y que como individuo si quiere puede militar o no en algún partido, ¿estás de acuerdo con Gelman?
Sin duda alguna como ciudadano uno tiene propuestas, perspectivas, opiniones no solo políticas sino de toda índole. Pero el compromiso literario es esencialmente con su obra y oficio, con esa maravilla de luchar contra la página en blanco, y por esa sobrevivencia de su arte a pesar de quizá alguna deficiencia económica y hasta intelectual. El compromiso es con la literatura, pero ¿qué significa ello?, en mi concepto es adquirir un tipo de vida en la cual la literatura sea el centro de todo aquello que uno hace o deja de hacer y desde el cual la moral puede quedar fuera de vista (risas). Pero es verdad no solo para el escritor de izquierda como Juan Gelman o para el de derecha como lo habría sido Octavio Paz, aunque yo lo veo más como conservador, o, el "apolítico", existe el compromiso ciudadano. En ese sentido uno tiene una obligación moral de denunciar, reclamar, exigir mejores propuestas para una sociedad en que la lucha por los valores humanos sea un horizonte de esperanza ante tanta depravación y miseria. Pero el escriba está comprometido -desde la perspectiva literaria- exclusivamente con su arte y desde luego en el caso del escritor con la porfía literaria. Ahora el hecho que diga ello no quiere decir que me sienta o considere un escritor, desde luego...

-Bien dicho. Me sorprendió El paraíso recuperado ¿Por qué la historia sobre un ladrón de libros, cuáles fueron tus pistas y fuentes literarias digamos que te ayudaron a sostener en 78 páginas un buen texto?
El Paraíso recuperado no es una novela y quien quizá cause sorpresa sea el narrador que a veces suele ser confundido con el autor del texto. La historia sobre un ladrón de libros 'cruzada' con otras historias dentro de los lineamientos generales del libro responde a un ansia de querer manifestar algo; pero más que un ladrón de libros todo el texto gira en torno a un ladrón de sueños. Lázaro Cortés, uno de los personajes (quizá no el central) tiene la secreta esperanza de que sus ‘sueños’ alcancen una especie de gloria universal, de que lo que alberga en su fuero interno los acontecimientos de la vida no lo frustre y quede varado al borde del camino de su propia vida, porque además hay que tener en cuenta que una "novela" no empieza en la primera línea ni termina en la última, es más es tan solo el retazo de un universo narrativo más vasto y donde los personajes se confunden. Respecto de fuentes es la vida misma quizá la mayor fuente literaria, que contiene todos los libros, vivencias, películas, anécdotas, amistades y enemistades, amores y desamores, un todo confluido que hace que la vida si uno desea adquiera ese talante estrictamente literario.

-Bueno, la historia está narrada en primera persona, y Lázaro Cortés es un alumno de San Marcos, que vive en la residencia de estudiantes, apasionado por los libros y un confeso ladrón de ellos, no sé si tú eres un ladrón de libros, quién no ha robado uno alguna vez en su vida, pero si he sentido eso respecto a que da la impresión a veces que es tu historia, cuánto de Róger Antón hay en Lázaro Cortés, o al revés?
(Carcajadas) No, nunca he robado un libro en mi vida. No lo haría además, en lugar de robarlos, los leería o echaría una ojeada. No es un alter ego; pero algo debe tener del autor, ¿no es verdad? Creo que cada personaje posee rasgos característicos y uno leyendo un escrito, digamos, de Hamsum puede descubrir su biografía gracias a la descripción de Von Tangen por ejemplo; pero hay que establecer distancias. Ahora respecto de los libros quiero decir que con la cibernética ya no es necesario tenerlos como objeto de culto; aunque siempre es mejor tener uno a mano, pero no es imprescindible para leer o “poseer” un libro. He leído buenos libros en la pantalla del ordenador. Quiero decir que lo indignante es más bien no los ladrones de libros en última instancia sino los organismos estatales que con el cuento de difundir la lectura y promocionar el libro en comunidades que carecen de medios económicos se basan en la pobreza para aparentar difundir el libro cuando en realidad no hacen sino fomentar el odio por la lectura y crear un resentimiento mayúsculo para con la propia condición humana. Pero yo sigo creyendo en la biblioteca municipal, en las librerías de viejo, donde he conseguido mis mejores libros, además digo esto porque tanto la escuela como la biblioteca pública, son resulta de ideas emancipadoras y así mismo son el origen de éstas, su fundamento; pero mafiosos y corruptos que se valen de la inocencia de cualquier medio para mentir no deben dirigir programas que no son sino más que una estafa al Perú. Triste, doloroso y absurdo es ver que roban la lectura al Perú.

-Hay una institución incluso creada para "promover" la lectura: PROMOLIBRO, es curioso sin embargo cómo a pesar de que no es un secreto su inoperancia, no se haga nada al respecto. Pero al Estado en general parece que este es un tema que no le interesa, y los escritores tampoco hacen mucho para caminar con el libro. ¿Está acaso solo el libro?
(Suspira) Mira Harold, yo siempre he creído en la historia, ello me llevó a tener un horizonte de vida, a quemar puentes y esta es una confesión de parte: he visto el monstruo por dentro. La verdad es que conmueve la completa mediocridad, falta de visión quizá hasta ideológica, la servidumbre burocrática, la explotación. A pesar de las advertencias, de los testimonios, de las negativas me ha costado mucho trabajo admitir cómo funciona ese proceso, las causas. Testigo a cuerpo de guerra de lo que ocurre dentro de esa realidad, he llegado a pensar que es un fenómeno bastante curioso, una suerte de pequeño estado putrefacto que asemeja al Leviatán donde las delaciones, acusaciones, amenazas, falsedades e informantes por sobrevivir económicamente permiten extender la mediocridad e ineficacia mayúscula. Es toda “una obra de arte”, casi una saga que da de sobra para un tema de novela, me ha sugerido la idea de un personaje sin duda alguna.


Te lo juro y ya estoy escribiendo la novela. No admito cómo un hombre como Ernesto Yepes del Castillo, un investigador que estudia o antologa a Basadre, con ayuda sin duda de su gente que apenas puede expresarse, y que dan la impresión que nunca en su vida han leído un solo libro, pueda concentrar tanta mezquindad y al mismo tiempo uno encarna la idea de peligro de haber estado en su entorno, un ser quizá insignificante que utiliza a otros intelectuales como Julio Heredia, que le hacen decir al desdichado cosas tendenciosas que él mismo no cree, y, cómo se puede envilecer la educación en nuestra patria. Basta preguntar a cualquiera del entorno cultural, dirá lo mismo. Y ello no es un secreto, corre a cuatro vientos y a todas voces, incluso lo han denunciado escritores de la talla de Alonso Cueto, Javier Arévalo, y se han de unir más voces por el bien de la lectura en el Perú.

-Espero que suceda entonces y se actúe. Por otro lado ¿es importante que los nuevos sellos editoriales sean dirigidos por escritores? la editorial Altazor, que acaba de publicar tu primer libro, está haciendo un trabajo intenso, lo valioso es su apuesta por las regiones. ¿Cómo llegas a Altazor?
No creo que la dirección de los sellos editoriales esté bien administrada por escritores, muchas veces quien se dedica al arte, posee sensibilidad, pero no conduce de manera exitosa una editorial. El caso de Altazor es distinto pues Del Pozo, su gerente general, es administrador de empresas y tiene una visión industrial del negocio editorial. ¿Cuántos escritores hay en el Perú, cuántos editores?, es una pregunta sugestiva. El trabajo de llevar con ferias regionales, con proyectos de dar a conocer a los escribas y contactarlo con el público hace de Altazor una propuesta interesante para el país. Yo podría decir que gracias a la publicación de mi primer libro con Altazor, se agotó casi todo el tiraje sin presentarse en Lima. Llego al mismo por lazos amicales en una tertulia inesperada, cuando uno visita en casa a un escritor y se encuentra con toda laya de seres casi enigmáticos salidos de cuentos o leyendas donde destacaba sentado en su butaca (esto lo he soñado ayer) Del Pozo quien disertaba con esa pasión apabullante suya acerca de poesía y cine español con los demás: Buñuel, Almodóvar, Amenábar, Saura, y, entre los poetas, Aleixandre y su odiado Alberti, y yo –que preparaba un trabajo ajeno sobre el tema, absolutamente lleno de ficción y sin haber visto aún una sola película de Saura–, con él confluimos en una conversación, casi un debate aplaudido y que aún no cesa…

-Después de EL PARAÍSO RECUPERADO, en palabras tuyas: después de la historia de ese soñador ¿Qué espera Róger Antón? ¿Hacia dónde apuntas?
Seguir escribiendo, creo que una cualidad propia es la terquedad ante el sueño literario y claro como lo suelen reconocer amigos poseo mucha inseguridad literaria. Amigos que siempre, como digo, serán muchos más y que me dan una suerte de convicción para seguir escribiendo y completar esta razón vital, esta existencia terrenal adoptada como tal y poder escribir las novelas, ensayos, escritos que podría escribir. Creo que si no escribiría, aun teniendo una mujer hermosa y joven a la cual amo, aun siendo tributario de una fortaleza juvenil me pegaría un tiro, así cada día seguiré con esa rutina y ritual sublime que es llenar una página en blanco. Bueno quiero escribir muchos libros y sin duda escribir mejores libros que el que he escrito, porque será una manera de perpetuar la felicidad propia, esa especie de egoísmo que no es más que una manera de luchar contra una soledad infinita, y, por eso también como otros escribas lo hago para tener muchos amigos más, y, claro, por ello nunca dejaré de escribir...

-Lo último. De los jóvenes narradores, algunos nombres que aconsejes seguirles la pista.
Sucede que decir un nombre es difícil, dado que la sola mención de uno restaría a los otros. Por otro lado no me siento tan viejo para excluirme de la generación joven. Hay un consejo que me dio el escritor Antonio Salinas, quien pasó toda su vida luchando por escribir, y fue que lea todo lo que me cayera en las manos e intente de inmediato escribir. Pero la premura del tiempo enseña a hacer una selección. No acostumbro sino leer a los muertos, Sucede por otra parte que muchas veces he leído por obligación y razones de trabajo. Leo a algunos jóvenes pero son muchas las novelas o a veces incluso conjunto de cuentos que surgen vivaces y mueren en la página quince para luego resucitar antes de terminar el libro. Quizá sí podría aconsejar (no soy quien para pontificar) la lectura de algunos escribas que ya nadie los lee pero que siguen manteniendo su maestría a través del tiempo que no son más que los clásicos universales de la gran literatura: Knut Hamsum, Heinrich Böll, ahí ya hay dos. Además de mucho trabajo serio, sin pensar en lo mediático que no es más que una vida efímera, lo importante es persistir. Y es más pido que esta obra mía inicial se tome con cierta precaución, que el lector se prepare y diga esto no me va a convencer antes de empezar a leerla, que sea todo un reto personal el afrontarla pues a mi criterio poco es comparado con lo producido por los grandes maestros. Te agradezco por este contacto con quienes visitan tu blog y sinceramente muchas gracias.


***
El Paraiso recuperado
Historia libresca de un ladrón
Por Róger E. Antón Fabián

"Aquel que roba a su propietario un libro, o lo pide prestado y no se lo devuelve, permite que el libro se le convierta en serpiente en la mano y que se le desgarre. Permite que lo ataque la parálisis, y que se marchiten todos sus miembros. Permite que languidezca de dolor suplicando piedad a gritos, y que no cese su agonía hasta que se apaguen sus murmullos. Permite a la polilla roerle las entrañas en memoria de los gusanos que no comieron. Y cuando reciba por fin su condena final, permite que se consuma en las llamas del Infierno por toda la eternidad"

Entrada de la Biblioteca del monasterio de San Pedro (Barcelona).

"Léeme, para aprender a amarme; alma curiosa que sufres y andas en busca de tu paraíso. ¡Compadéceme! Sino, ¡yo te maldigo!"
Charles Baudelaire

"Los libros son nocivos para la educación de los jóvenes"
Rosseau


DIRÉ QUE mi nombre es Lázaro Cortés y que robar es toda una profesión. Soy un ladrón. Confidencia ésta que no me causa el más mínimo remordimiento pues he tenido cuidado de que cada acto de mi vida esté afianzado por consistentes razones. Ya sé que esto último es un absurdo, que la vida es circunstancial y que uno no puede calcular el porvenir; pero en fin; el robar no me deshonra. Se dirá que soy un necio, un desvergonzado. La verdad, no me importa. Estoy convencido que no es un delito cuando prima la necesidad y me enorgullezco de ello. Al igual que otros, poseo ciertas pasiones que embargan mis días; la mayor ha sido, no sé con qué pretexto o por qué razón, la de conseguir libros.

Y me pregunto desde cuándo realmente comencé a reunirlos. Tengo de todos los colores, tamaños, ediciones e idiomas; pero aún así siempre hay un lugar reservado en el estante, en la cama, en la cómoda o, en última instancia, en el piso para el ejemplar soñado. He robado muchísimos, y al igual que la biblioteca de Anatole France, quien recomendaba nunca prestarlos, pues la suya propia estaba constituida en su gran mayoría de libros prestados, la mía se ha ido implementando gracias a una suerte de imantación de volúmenes no devueltos. Mis víctimas han sido casi siempre mis amistades o quienes me han brindado cierta confianza. Los extraía cuando, a base de un minucioso, metódico y esmerado plan, llegaba a visitar sus bibliotecas personales. No existe escritor, intelectual, aficionado o aspirante relacionado conmigo que no haya sido víctima de mis manos bibliófilas.

Recuerdo cómo me expropiaba, allá en el viejo puerto de Chimbote de los ejemplares de la Biblioteca de la universidad gracias a que gané la confianza de unos descuidados bibliotecarios, ladrones frustrados que se maravillan con acariciar, forrar, fichar y ordenarlos como si fueran suyos, sin lograr divisar la enorme y abismal distancia que los separa de tales. Los sustraía metiéndolos dentro de una prenda preparada pacientemente para ello: una casaca de invierno con una enorme abertura interna, me servía de bolso. Una extraordinaria talega en realidad; pues dentro cabían de sobra, por ejemplo, hasta los tres gruesos volúmenes de El Capital de Marx del Fondo de Cultura Económica, una antología en edición de lujo de la obra completa de Borges y algún otro librillo que nunca estaba de más.

No sé por qué demonios estudiaba ingeniería en esa mediocre universidad de provincia. Odiaba la carrera y a ese centro de estudios; sin embargo los encargados de su biblioteca que lo sabían, me dejaban ingresar a su depósito (únicamente a mí) y pasear a mis anchas por él, ¿pues qué podían sospechar de mis buenos modales, de mis álgidas costumbres, de mis constantes reclamos por la elaboración de un inventario y demás? ¡¿Robar?! ¡¿Yo?! ¡Jamás!. ¡Ay, literatura!, la verdad es que poco a poco la biblioteca se iba esfumando de sus mejores títulos ante el asombro de sus dependientes; así como su hemeroteca -pues tenía que extender mis dominios y avanzar en mis conquistas- donde era más fácil-trabajar (robar es eso, pero de manera recta), dado que el encargado, debido a la poca afluencia de usuarios, se dedicaba a dormitar sobre un gran texto de unas quinientas páginas. Se trataba de la Enciclopedia del crimen y los criminales de Sir Harold Scott, en edición española, que desde el día que la vi se convirtió en un verdadero reto para mí. De pronto de haber sido un inofensivo ratoncito de biblioteca me convertí en un avezado delincuente de bibliotecas. Así conocí la literatura, revelación terrible que me llevó a cometer los más temibles y peores atracos en la ciudad con el fin de obtener joyas que jamás hubiera imaginado hurtar.

Hasta que llegaron los detectores electrónicos -creo sinceramente que en ello contribuí- y ya no pude más (después aprendería a neutralizar los dispositivos de seguridad con una agujita, cortándolos, humedeciéndolos, pegándoles una cinta adhesiva o un papel metálico). Vi con profunda aflicción cómo ladronzuelos, más osados y menos cuidadosos, caían bajo el dedo acusador de ese horrendo monstruo que aullaba estruendoso, alertando a los vigilantes y usuarios; y descubrí que no estaba solo. Pero no me di por vencido: seguí trabajando seriamente, pensé incentivar en otros mi arte; y planeé

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