samedi 23 août 2008

Héctor CEDIEL/ Cuando el amor mira a un perro vagabundo


Héctor “El Loco” Cediel o “El Perro Vagabundo” como le dicen algunos, es hijo de la costa, del Tolima y de Cundinamarca; nació en el año 1951. Publicista de profesión y escritor de corazón, vinculado a la Casa de Poesía Silva, desde hace más de 20 años…El Loco regresó 4 veces del infierno y 4 veces lo devolvió el averno de sus fauces; luego escribió Poesía Prohibida de un perro vagabundo, Palabras de amor de un perro vagabundo, Cartas y otros poemas de un Perro Vagabundo y Andanzas de un perro Vagabundo…que fueron un éxito editorial: ¡Todos se los robaron! y los pocos que se salvaron, se los regaló a conocidos…ahora tiene listo para editar: Cartas de Amor de un perro Vagabundo y para Internet, para una página de erotismo, acaba de escribir cartas extensas sobre El Diván Rojo… Palabras… Conjurando… La melancolía… Testimonios… Cenizas… buceando…

El libro rojo de un diván rojo…que será su primer e-book…

E-mail:
hcediel@yahoo.com hcediel1@hotmail.com

Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=H%C3%A9ctor+Cediel


Cuando el amor mira a un perro vagabundo
Por Héctor CEDIEL

“Si este desamor, no es un amor en llamas, no sé entonces que es el amor…”
El Perro vagabundo


Homenaje a la Poeta Marystella Salas
Y al Gran Amor de mi Vida.
El perro Vagabundo


El mar del que he vivido siempre enamorado, es más que el espejismo de un suspiro del alma. No sé que se han hecho todas las ilusiones que estaban de mi lado. Sin Sol, ni Luna, ni estrellas… me siento como un desahuciado huyendo del pasado. El frío del dolor es más helado que los pies de una estrella muerta o cuando nada nos estremece ni nos asombra en la vida, después de cruzar descalzos un largo invierno. Tus besos me doblegan a una dolorosa muerte; a esa muerte inevitable hacia la que caminamos desde que se rompe el hechizo y la crisálida. Las tormentas rompieron el mástil de mis ilusiones y los espejismos de las quimeras en llamas se convirtieron: en huellas iluminadas y suspiros. El azur índigo del mar es imposible caminarlo, pero se puede navegar o volar sobre él como las bandas de aves migratorias o el amarillo monarca de las palomillas. Ningún sueño ni amor es invencible. Estoy cansado de recorrer caminos que rugen enfurecidos a pesar de las buenas intenciones que se desbordan de los bolsillos de los sueños. A veces comparo a la vida con una amante que duerme tranquila, hasta que se transforma en un absurdo monstruo irreconocible al despertarse, en un enemigo silencioso que nos acecha con un amoroso odio. Estoy cansado de tratar abrirle los ojos a invidentes, a miopes, a egoístas o muertos en vida, por culpa de sus endurecidos corazones; viven convencidos que se pueden beber todas las aguas de los mares… y que el mundo les pertenece… la trivialidad de los intrascendentales y las ambiciones de los hijos de puta, han transformado al mundo en un absurdo basurero.

No le encuentro razón a la envergadura de mis alas, si viajo sin rumbo, sin una mínima ilusión, sin una rosa de los vientos en el corazón. Me enrumbo con ansiedad hacia un mar negro, donde el bien y el mal rebuscan su propia verdad. He ido y he regresado cientos de veces del cielo y del infierno; quizás por eso a veces siento que tengo derecho a hablar como un resucitado. No conozco a nadie que haya vuelto a ver a Dios, ni en esa infinidad de luces que hacen considerar al mar: como algo milagroso. Enséñame a mirarte controlando mis deseos; siento que solo tu amor puede calmar tanta locura; tanta iluminación que aflora como estrellitas de una vela pirotécnica. Déjame besar tu alma y tomar tu carne como algo propio del frenesí. No me pidas que te olvide, pero si la voluntad de Dios es el que no seas mía, podrías enseñarme a mirarte con dulzura y estrangular el fuego de las palabras en mi voz. Edúcame a mirarte con un cariño casi inocente, para que el tiempo pueda pasar a nuestro lado: instantes inolvidables, así este casi desnudo, como esos caballeros visitantes que dejan siempre un ramo de rosas rojas por recuerdo, sobre el pórtico de los sentimientos. Sin querer fui tejiendo eslabones entre todo lo que se desunió por culpa mía; por esa absurda analidad y celosía que nos caracteriza a los egoístas inmaduros. No se cuantas pudieron volver a ser felices después del festival del amor y las flores; de esa generación que se perdió haciendo el amor libre y protestando contra otra de esas guerras absurdas que se arman, como lo son todas, para mover algunas economías; hoy siento y veo a las estrellas florecidas y al cielo como un hermoso jardín multicolor de besos, como una hermosa piel llena de pecas sensualmente alucinadoras. El día que muera no quiero que mi vida navegue a la deriva como carne derrotada, por huracanada que haya sido la batalla. Naveguemos los ríos y los mares de la vida, sin pensar en rápidos ni en cascadas; conozcamos sus desiertos y sus selvas. La vida siempre será una absurda tempestad por derrotar o un amazonas por cruzar a nado.

El alba floreció como los pétalos de una estrella fugaz o el sexo de una catleya. Los recuerdos intocables siempre los consideraron sospechosos mis amantes, pero yo me consideraba un universo salvaje que deambulaba de cáliz en cáliz, de rosa en rosa, como un picaflor libero y desvergonzado. Siento la respiración de tus manos sobre mis cabellos y a los besos del corazón de tus caricias sobre los miedos de mi piel. Todo lo que duerme en mi interior se despierta como un sol mañanero en verano para calentarme con sus mimos; nadie conoce mejor que yo el precio de la soledad o el precio del peaje que hay que pagarle a una amorosa enemiga que duerme muchas veces a nuestro lado, sin darnos nunca un polvo con pasión ni sincero. Exhalo con ansiedad todo el amor que conservaba en la cava, para un instante como este; momentos en los que nos devoramos con regusto, toda la saliva del uno y del otro. Es inconmensurable la realidad que me rescata, sin tocarme con las sensaciones agridulces del infierno. Se que el cielo es eterno, pero no divino; ni siquiera creo que allí este sepultado el cadáver de Dios. Me fastidia la amargura que le genera a algunos humanos, el dudar siempre desde el fondo de sus corazones, de todas las respuestas que se han engendrado como divinas. No es fácil comprender a un alma que se acostumbra a volar demasiado alto y más cuando se confunde con cierta regularidad, con las irrealidades ensoñadas para soportar a la tediosa sobrévivencia. Tu silencio es un mar de lágrimas taciturnas y sospechosas, por su sosiego; por esa mudez sigilosa que se traduce en elipsis depresivas y explosiones agresivas. He aguardado años para decirte que el olvido es peor que las tinieblas; de esa negligente inadvertencia que te hace enfrentar con un absoluto abandono el diario vivir… la holgazana apatía hace que quemes o rayes simplemente las hojas en blanco, en donde podrías haber escrito hermosos versos de amor…

Eres el cosmos de la energía vital que me rescata, de esa realidad universal que confunde: a la inminente muerte, con un renacer sin sentido, con un despertar sin ilusiones; con una resurrección, como si la muerte fuese vencible. Me ahogo aborreciendo la muerte, porque deberíamos vivir y disfrutar con más demencia a la vida; ser menos higiénicos y bien intencionados en todos nuestros actos y emprendimientos amorosos. Presiento el llanto de mis lágrimas como un cuervo de mal agüero, si no me libero de estas absurdas cadenas y vivo con un delirante frenesí: el hoy y el ahora. El estercolero de la vida esta lleno de murtes y seres abominables. No encuentro ni logro concebir un epitafio que justifique o pueda describir a la perfección: a la muerte del amor. Tu nombre luce más como el epigrama de una lápida de amor, que una ilusión que se levanta con dignidad: de un pantano de cenizas. Encuentro un olor a muerte en la estela del aroma que dejaste en el viento, a tu paso; como una sutil bufanda de seda de la brisa, con aroma a lavanda o al sexo de una mujer bonita. Mis besos de tanto penar por una piel sin cicatrices, han muerto casi todos o no aguardan con esperanzas una nueva oportunidad en la vida. Mis recuerdos ya no encuentran una amorosa querencia ni se sienten seguros, buscando refugio dentro de las sombras o los laberintos tu sexo; se que mis recuerdos inescrupulosos han invadido, todos los espacios aun no conquistados, de tu costal de pecados. Mi memoria se estremece con los sollozos azules de mis lágrimas, de ver que los sueños perdieron ese azul que tanto amaba y que mi alma se hunde en una depresión bipolar profunda, como un Titanic de amor que se extingue poco a poco, iluminando a la oscuridad de la vida con sus gritos de bengalas. Mi piel extraña al calor de tu cuerpo, a la tibiez de ese amoroso tártaro infernal; el mismo que refleja las añoranzas que silencian los mutismos sigilosos de los absurdos de tus angustias. Sé que olvidando recuerdos se pueden rescatar esperanzas perdidas y detenerle el desangre a las venas abiertas de la nostalgia, porque la anemia amorosa es más peligrosa que un beso de la muerte o una vagina murte. Tus lágrimas son peores que la añoranza que siento por tu cuerpo; los gestos del sexo se reflejan sobre nuestras caras y las máscaras nunca podrán ocultar a la amargura profunda que genera una nostalgia nunca satisfecha. Embriágate con el resplandor de mis canciones, así como los vientos tropicales ponen a soñar a las gaviotas y a los alcatraces, como esperanzas de algodón adormiladas sobre el viento. Soy como la luna marinera que inspira a los cadetes del mar, a esos románticos gavieros que confían en el poder del astrolabio y de los relojes de arena.

Toca los labios de mi boca con la mirada refulgente de tus ojos enamorados. Cerremos los ojos y dejemos que los besos nos confundan en una sola carne, en una sola sombra lánguida como una tristeza inconmensurable y viajemos desnudos arrastrados por el delirio, hacia ese mundo inmortal en donde el tiempo pierde la memoria y no existe el pasado, ni el presente y tampoco estamos seguros que preexista un futuro; no se si allí es donde nace la felicidad eterna. Eres la ruiseñor de mis esperanzas, el trino que me despierta con una ilusión todos los días; esa embriaguez que me extrovierte copa tras copa, todos mis suspiros sonrosados de desamor. Nuestros besos volvieron a enamorarse del néctar de las lágrimas de los suspiros, de la fragancia encoñadora de nuestros sexos. Extraño los raudales pletóricos de versos, que tú y yo convertimos en estrofas rimadas de hermosas canciones… inspiramos momentos amorosos… eso es excelente y soberbio cuando las amantes se sienten más guapas, más bellas que las beldades de los mitos o de esas ingenuas amantes que se sienten: las reina de los corazones. Te estremeces como las hojas de una potra enamorada por el celo, del placer incalculable que gime como los insaciables suspiros de los cuerpos, cuando jadean refulgentes como sombras iluminadas por gotas de escarcha, mientras se broncean con el calor de las caricias y los tonos mágicos de las caretas maquilladoras de sus enamorados. Deja que se derrame la miel de los luceros, sobre los gritos de tu cuerpo; permíteles que se derramen hasta callarlos, empalagándoles su pasión desbocada con el sabor dulce a mar, de la piel del fuego que se extingue sobre las sábanas. Logré besar los sueños amorosos en el corazón de tu monte de Venus, vello a vello mis manos se embrujaron con la miel de las lágrimas, del oasis de tu cuerpo. Me ahogan las torturas y los misterios de esos recuerdos indecibles e infinitos, que se transformaron en sollozos con sentimiento, en gimoteos de consentimiento y lamentos semejantes a abismos. No sé como pudiste regresar o encontraste fuerzas para hacerlo, porque sin esperanzas doradas, seria una necedad casi mortal el intentarlo; podríamos asfixiarnos o ahogarnos en nuestras propias lágrimas ¡Mar cruel y profundo!!! ¡Mar lleno con bestias monstruosas y de mitos sumergidos, en el estiércol murte!!! No permitas que mis sentidos sombríos olviden el color de tus ojos, el sabor de tus besos, el aroma de tu cuerpo. Tu cuerpo perdió poco a poco ese frío de muerte. Hoy te dejo las estrellas de nuestros recuerdos, para que no me olvides en tu tumba o en el calvario de la soledad si la vida te pasa una cuenta de cobro; no existe una salvadora pócima embrujadora, que bebiéndola te impida alejarte de mi; creo en el poder sutil de los labios y en las leyendas de la miel que seduce al regreso. Si quieres puedes esfumarte entre los silencios del humo del desierto; puedes huir o simplemente diluirte como cuando los recuerdos cuando se transforman en suspiros y paginas amarilleadas por el olvido. El pasado se aleja como si nuestro futuro fuera un imposible, o ya hubiésemos vivido todo lo que estaba escrito en nuestras bitácoras. Los sueños del viento no son vivencias inexistentes, que se esparcen como sollozos. Sin astros, te alejas en la oscuridad como un sueño perdido en el mar y a la deriva… como si se hubiese roto un eslabón y hubiésemos perdido el contacto con los neurotransmisores de la realidad. Mis ojos se embrujan con el blanco suave de tu piel sensual; esos cabellos íntimos que parecen no caber en mi mano y que confunden la cordura de las estrellas de nuestros sentidos, con su aroma a mujer bonita, a mamita linda como decía una amiga. Cuando apagamos la luz, la piromanía de mis dedos infernales, enciende un delirio de lágrimas sobre el lecho que le roba el frío a tu cuerpo y transforma a una modesta habitación de una residencia de buenas muertes, en una mesa subliminal de sagrados sacrificios.

Creo en las buenas intenciones de tu sexo cuando se entrega con ansiedad a amar, mientras se deshoja pétalo a pétalo, la rosa que ensoñamos. Fuimos uno solo como el amor que te entregué a orillas del mar (¡jamás olvidaré al doloroso amanecer de las rodillas laceradas, por los cristales de las arenas!). Me siento como un alcatraz viejo cuando presiento que el amor puede llegar, como un río de versos o una subienda de sensaciones; permíteme regalarle un sentido de pertenencia a tu vida; una razón para despertar con ansiedad a devorarse el día. Deja que el amor llegue como una encantadora amada y que se entrega con un beso inmenso a escribir una pagina con magistrales versos. Mis cálidas miradas se enamoran de las formas voluptuosas y seductoras de tu cuerpo; gota a gota me embriago con el sabor de la agonía y le encuentro razón al por qué de las pequeñas agonías escarlatas, después que me aferro a tus pezones. Se desbordan los gemidos y los suspiros, por la mujer que tanto amara. Todo lo que llovió mi llanto silencioso y secreto durante toda mi vida, corrió hacia el mar como todos los ríos. Muchos confundieron mis lágrimas con suspiros del viento, pero mi alma aprendió a crecer en solitario, como esos árboles que crecen casi en el olvido, alejados de la vida por el azaroso viento; por tanto llorar torrentes de lágrimas. ¡Nunca pude olvidarte!. Siempre fuiste la imagen central de mis recuerdos; siempre respeté tus decisiones y sé que tú también perseveraste intentando olvidarme, como las decisiones de los orgullos necios. ¿Por qué la vida transformó a nuestro idilio en una absurda noche de desvelo desmedido, en una fría pesadilla? ¿Será la mortinatalidad amorosa, la causante de todas nuestras penas o fracasos?

Buceando el fondo de mi alma, reconozco que mi mundo perdió su verdadera alegría; he probado muchos tipos de amores, he degustado bocas con diferentes tipos de sabores; he conocido a fondo muchas vaginas y mi alma siempre ha comprobado que sin amor, el mundo carece de un verdadero sentido, que es como un alma sin alegría. Se que las guerras nos consumen en un absurdo desasosiego; solo las vidas sombrías se sienten realizadas, caminando sin un rumbo, sin un por qué, sin una razón que este de acuerdo con su realidad. No nos podemos hundir en un mar sin fondo, como esas oscuras depresiones que podemos superar, si detectamos a tiempo sus síntomas. Ahora revolotean las ambulancias de noche, como luciérnagas mariposeando sin rumbo. Sé que la mayor desilusión de la sed, fue el encontrar a la luna deshabitada y cubierta por nebulosos arenales de cenizas. En el fondo de mi alma, añoro encontrarme y probar un amor dulce y tierno; no un amor duro y sin sentimientos, cansado, fatigado que solo joda, joda y joda, como si me pudiera dar el lujo de desperdiciar el tiempo. La mayor alegría del Sol y de la luna, es el haber aprendido a sobrevivir en caminos paralelos. Las caricias inmortales se transforman en las velas de los mástiles que deslumbran al mar con su belleza. Resígnate a que se calle el desconcierto de mis sueños, con el perfume de tu presencia desnuda; déjame embriagarme observando a mi añorado mar, a ese mar que mis ojos se resisten a olvidar...

No quiero que la esperanza agonice degollada, sin escuchar ni un grito plañidero del amor, de ese sentimiento que se aferra a los recuerdos para evitar que muera el último sueño. No quiero que se derramen lágrimas plañideras, ni que me despidas con irónicas justificaciones. Recuerdo que mi padre insistía en vida…en vida … todo lo que se desee expresar es en vida… No quiero que mancilles más mis ilusiones. Quiero recordarte sin cicatrices y como la reina de los orgasmos oníricos; la rosa dispuesta siempre a embriagar su sed, con el salino néctar. Eres el paisaje que me aluna, al lamer el bálsamo color almendra de tu piel... ¡Eres el trofeo de carne más hermoso que han conocido mis besos antropófagos!

Quiero seducir y saciar la hambruna de tu flor carnívora, con caricias que te arranquen gemidos de gozo; descubrir la magia hechicera que me transforma en sensuales y eróticos versos de la noche; déjame fluir acunado por las cenizas de tus recuerdos, por la sabiduría de las cicatrices que esculpe el semen, dentro de tu sexo o por la belleza de los versos que el amor escribe sobre sus paredes... Eres el almíbar melocotonero que libas como un colibrí, del falo del ogro amoroso, de ese amante que solo ve en ti a la más apasionada y mimosa hembra. Me siento como una primavera seca por el alucinador calor del desierto, cuando le entrego un manjar de tres leches a tu dipsomanos labios.

Déjame seducirte y rescatarte de esa absurda muerte en vida, con la necedad mejor bien intencionada de mis versos. Tu vientre posee la fantasía del sexo del girasol, que persigue al corazón del sol con su seductora belleza, hasta que éste le guillotina su hermosura. En la vida hay más soles recorriendo las calles sin sentido y con desilusiones en los bolsillos, que estrellas negras para evitar. Te devasto con la sed de mi hambre, hasta que el temblor degolle al pescuezo de la bestia… el destino del hombre y de la mujer es amarse… así solo se ame una sola vez en la vida de verdad… ¡Ella no fue la causante de mi hecatombe! Fue la adicción de su lengua al aderezo de mi miel, a los gritos agridulces de las imágenes que se excitan desnudas sobre el espejo, a esa orgía de latidos de nuestros vientres, a esas milésimas que separan a la muerte del éxtasis… a la ilusión en esas promesas que nunca se cumplen…

Eres la amante que siempre añoró mi corazón, la redención de mis errores, la estrella rememorada por mi entristecido sexo y la luz de los besos de las pequeñas muertes, que se convirtió en el espíritu de mis pasos. Eres la hembra con la que deseo desvelar las noches de amor que me resten, con infinitas e incondicionales entregas. Gracias a ti he conocido el infinito y he derribado hasta la última defensa para que te desbordes, como un río de fuego sobre mí. Poséeme. Deseo sentirte como la epidermis de la apasionada locura de una domadora, de instintos salvajes pero sinceros y absurdamente puros; solo tú conoces como apaciguar el ardor de los amantes, cuando deliran insolados por el deseo. Deja encendidos los leños del clímax y dejemos que se devoren nuestros cuerpos con su desaforado apetito caníbal. Déjame idolatrar tu adorado sexo y libar desmedido, hasta embriagarme con el encanto hechizador de su miel. Déjame embalsamarte y hacerte una vez más mi mujer, mi amada y adorada putica, mi perrita. Eres mi sensual mujer, guía, fuente de inspiración de mis sueños y de muchos de los versos; no dejemos que las necedades, ni las absurdas tontinas marchiten u obliguen a mutar nuestro sentir; no extingas el deseo que siento y vivo contigo, porque el amor no es indestructible y es más sensible y delicado de lo que imaginas. Nunca pensemos en la palabra adiós o nunca jamás… solo pensemos en un hasta mañana, que es como ponernos una cita con la venia del destino y saber que me aguardan tus piernas abiertas, tus brazos, tus besos, tu piel y tus sueños…

Todo lo que ayer nos hubiera producido náuseas, lo recuerda con apasionada añoranza nuestras carnes dolidas ¡Siento asco! Amo para incinerar recuerdos y digitar versos con más sentimiento. Siento hambre de ti, mi putica insaciable. Te devoras como una caldera de una hoguera, las paginas de mi diario; cuando te dedicas a escribir como loca o con una pasión casi obsesiva… afloran imágenes hermosas del dolor o de la oscuridad de esa absurda depresión bipolar. Con solo presentir tu cuerpo, me arrancas deliciosas erecciones. Te recuerdo, te imagino, te veo acariciando o besando ese mástil que te ora, que te penetra, que penequea dentro de ti, hasta embriagarse de tanto penetrarte y salir un sin número de veces, con el ritmo de los martillos petroleros y con el frenesí de las hembras que aúllan de placer. ¡Jamás olvidaré tu vagina!, ni las locuras a las que nos condujo, el desenfrenado apetito ahitero; no se si podré olvidar algún día, ese masoquismo orgásmico y libertino; ese sexo salvaje que le arranca gemidos a las sábanas, con sus garras tigreras. Tu eres la resucitadora y ella, la sepulturera de mi vida. Tú eres el alma del volcán que erupciona, la vida que se despierta como una hoja liberada por el viento otoñal.

Una “Fem fatale” jamás conocerá ni apreciará a la inocencia, ni la belleza de los sueños rosa; solo el sueño del sabor de la sangre guillotinada, de la carne que se devoran los labios caníbales… esos pezones erectos, que nunca se sacian ni se fatigan, ni se erosionan como la tierra cuando la tristeza se desliza dentro de ella. No sé como sería la vida sin ti. No sé si sea amor o si así se pueda denominar esa copulación delirante y sin pudor. Te lleno para complacerte, como a una jarra cervecera.

Cierra los ojos y sueña; abre las piernas y deja que la vida fluya como un río de magma dentro de ti ¡Intensamente! Sé que tu pubis es el canto más suave de tu piel, donde la lengua se inspira como una fuente y me ilumina con la sabiduría de una lámpara mágica. Me encanta descubrir y navegar las leyendas románticas, de la flor de tu luna; de esa cayena melancólica y fémina, que me seduce como un verso lunar o ese lunar secreto enquerenciado, que solo tú y yo conocemos. Deja que mi ternura se deleite con el festival de tu carne. Mi boca no siente asco, ni nauseas: ¡Solo pienso en besarte! ¡En revivir sentimientos y recuerdos, que creía extintos! Me aferro a tus cabellos con un instinto amorosamente masoquista, porque se que un cariñoso dolor, le arranca orgasmos mas ricos al insaciable desenfreno.

Explorémonos con la inocencia de los amantes novicios o primerizos; comámonos poco apoco como una chocolatina o como deshojando un queso pera; justifiquemos bajo cualquier pretexto y sin dar explicaciones, un carnaval con nuestros cuerpos. Deleitémonos como en un festejo de dulces llovidos; redimamos nuestras tristezas con regustazos besos e incitadores mimos. Amémonos. Dejemos que nuestras esperanzas, exploren por nosotros nuevas sensaciones. Déjame ser el viento de tu vida. No reflexiones ahora, simplemente escribe versos sobre tu diario. Deja que la fantasía romántica, le cante a las añoranzas de tu rosa, a la tristeza que genera una soledad de sensuales caricias. Dejemos a la ética afuera, para que nuestros sexos puedan copular, sin la más mínima vergüenza.

Deja que mis dedos se devoren la hambruna de tu cuerpo, todo el ardor de tu piel, toda la saliva del amor que se sentencia al mutar en fango, en recuerdos secos; como esas remembranzas de encuentros casuales, que se intentan borrar de la memoria. ¡Déjame amarte con la pasión salvaje de los animales, cuando se aparean en la estación del celo! Eres la hiel y la miel que empalaga a la respiración atropellada de mi amor. Resígname a sembrar llamaradas de agua en tu oasis, para arrancarle flores y frutos a las arenas del olvido. ¡Me fascina la delirante algarabía que armas, con los traspiés que da tu piel!

Mordiste con tus besos, el corazón de mi alma. Dejaste un sendero de recuerdos muertos y un nido dormido, aguardando mi retorno. Suspiro deseando regresar a tus besos; dejaste un sendero de recuerdos dormidos en el nido de tu alma, esperando un retorno de sueños convertidos en estrellas. Deja palpitar a los suspiros que desean retenerte, con besuqueos amorosos y atrevidos. Quiero hablar con los vientos de tus recuerdos, para que los capullos no se transformen en flores del desamor. Desde que te conocí, pienso que nada se ha escrito al azar en los espacios en blanco del vivencidiario, en la bitácora que todos tenemos que vivir, página por página, verso por verso. Se diluyeron los temores por arte de magia y volaron pétalos de rosas, que se transformaron en lamparillas por el cielo. No creo en las ranas encantadas, sino en las verdades que afloran cuando se marchitan los recuerdos; me voy quedando sin nada de ti en mis manos, ni en mi corazón… como cuando le roban la memoria a los recuerdos.

Me encanta verte volar como un albatros, gaviota o alcatraz, persiguiendo las estelas de los navegantes, rebuscando en el mar al capitán que se fue alejando cabalgando olas, hasta que se diluyo como las espumas de un sendero de suspiros y buenos deseos… sé que te cansaste de aguardarlo o de buscarlo en secreto con la mirada, como lo hemos hecho desde siempre los amantes cuando nos creemos olvidados o abandonados; hasta las historias de los idilios marineros más absurdas, están escritas en nuestras cartas de navegación. El Sol solo forma parte del paisaje como los azures lapizazulies del cielo y del mar. A las personas no se las devora el oleaje, sino la bruma, las espumas del destino o la ingratitud del olvido. Creo que en la profundidad del mar, existe una puerta secreta donde la fantasía se hace realidad y las miradas de los sentimientos del alma se convencen que existen otras compañías, para esos vacíos que la vida nos abre en el corazón. Yo fui quién mimó tu duelo entre caricia y caricia, mientras nuestras almas solitarias se fueron enamorando o aprendieron a quererse a su manera, porque se necesitaban. Hay amores de amores, pero entre los amoríos absurdos, el nuestro fue uno de ellos. Ese es el destino y esa es la magia del amor cuando depende como todo del azar o eso que llaman voluntad divina.

Se que tus suspiros son canciones de añoranzas. Se que ensueñas con la nostalgia de tu alma enamorada, que se dibuje sobre el horizonte el regreso de la silueta de ese amante; que desapareció como otro más de esos miles de marinos que se embarcan abandonando a sus enamoradas y las engatusan con promesas, que solo los mas dignos cumplen. El destino levanta a veces himalayas entre las buenas intenciones de los corazones de los amantes y la realidad de los hechos. Se que él aún conserva un pedazo de tu alma de recuerdo y que añora volverte a ver, sin importar que el sentimiento ya no sea el mismo; para recordar frente al mar y hablar de esos absurdos de la vida, que enfrentó en contravía a sus destinos... a veces pienso que fue una tragedia que se escribió a dos manos y en paralelo. Se que sus historias de amor fueron absurdas, pero honestas; viviste una historia de amor semejante al Club de las feas, pero tu eras bella, lozana, alegre y no fea como la Betty. Sus almas vivieron una hermosa pero paradójica novela, una trágica historia de amor por sus desatinos con las citas en el tiempo, como debe ser el guión de las historias románticas inmortales.

Una fotografía imaginaria quedó abandonada en mi memoria. Revivo tantos recuerdos en cada mirada, que mi piel se sonroja y se eriza con solo imaginar una noche contigo. Tantos sinsabores por culpa de los deseos callados. Algunas noches regresan ciertas emociones, como cuando nos acariciábamos a escondidas y en silencio. No te pido explicaciones sobre tus travesías… porque fui un pésimo compañero de aventuras; solo deseo escuchar la algarabía que armabas con tus canciones y las risas con las que hacías florecer rosas en vez de tristezas. Solo te pido que me regales esa fotografía que me prometiste un día, para hablar con ella y escribirle versos con emociones vivas…

Todos terminamos pagando más del doble por culpa de nuestras infamias; algunas veces sin imaginarlo o sin la más mínima mala intención, cometemos maldades imperdonables o hacemos daños irreversibles, por los deslices de nuestras mentiras o engaños piadosos. El remordimiento y las vergüenzas son peores que las maldiciones del diente por diente. Quiero recordar los poemas que escribí sobre tu cuerpo, como la alegría que floreció con el tiempo, mientras se hacían realidad nuestros sueños. Quiero que el amor regrese a mi vida, para correr desnudo tu cuerpo y pintarle corazones con te amos carmines. Necesito buscar el silencio, pero sin dejar de bromear, porque la risa es como una esponjilla abrasiva que le quita las manchas del dolor a nuestras vidas.

Se nos hizo tarde para reescribir una hermosa historia de amor, pero deseo con ternura aplacar los vientos de esos absurdos vendavales que derrumbaron una y otra vez, lo que intenté construir contigo. Amo las imágenes de los versos que pintamos; amo a todos los recuerdos: Los buenos y a los que tildaste de negros o amargos, porque todos son parte o huellas de nuestras remembranzas. Sé que nunca volveré a tocarte o a rozarte siquiera con una caricia; se que nuestro amor ahora no es más que una hermosa fantasía subliminal, pero añoro y envidio a ese amor transparente con el que siempre reverenciaste, al Gran Amor de tu vida. Si quieres correr sobre el mar para buscarlo, hazlo antes que el destino llegue a esa pagina fatal que da por terminada esta gran aventura; tu corazón siempre vivió a punto de erupcionar por él; viviste una vida con una pasión erótica, retenida dentro de tu corazón. Quiero que te vea desde arriba a la misma altura y se puedan decir con una mirada, todo lo que han callado durante tantos años.

Ya no recuerdo como hacia para desnudar tu cuerpo; ni siquiera puede evocar la memoria, si era real el éxtasis o si me amabas con una pasión similar al fuego de las caricias de mis amadas puticas, excompañeras de ilusiones, temporadas y aventuras. El amor es así: Vulgar e irreverente como toda ceremonia sacerdotal… como todo abnegado holocausto amoroso. No creo que se necesite de la bendición de Dios para amarnos y creo que el verdadero sexo es fruto de un milagro natural y de esos besos que emocionan hasta el delirio a nuestros cuerpos. No creo en la magia ni en el placer que generan las amantes primerizas y a las que se les derrite con unas triviales dadivas… o mentiras piadosas… pero bien mal intencionadas. Contigo conocí un amor muy diferente, al que se conoce con las amantes en los moteles. El amor cuando se formaliza de cierta manera es más ingenuo, más puro, más higiénico y quizás por eso nos parece que es menos mágico y con menos fuego. Se que no soy un príncipe encantado, pero mas que a la realidad, vuelven un asco a mi voluntad, con esos besos que se sienten y se viven como un milagro loco, por las diabluras que hace la sapiencia de una lengua morbosa con su sensual impudicia.

No quiero sentirme como un semental fuera de control y sin cercas. Eres el viagra naturista que me permite concentrarme y encontrar mi centro. Me liberas del peso de lo inútil como un masaje de yoga o shiatsu. Deja que mis suspiros desafíen a tu tristeza, porque la languidez de tu nido se vive como noches sin luna ni estrellas. Déjame desafiar al frío de tu carne y satisfacer las fantasías de tus antojos, aun no marchitos ni satisfechos a plenitud. Vida es lo poco que sobrevive en nuestras manos y felicidad son los versos que intentamos convertir en canciones. A la tristeza debemos verla como a las mariposas Monarca o como a todas las aves migratorias, que respetan los tiempos exactos de los ciclos del tiempo, por razones que son de vida o muerte. Permíteme escuchar a la voluntad de tus secretos y si para complacerlos tengo que convertirme en un fugitivo, lo haré con gusto. No te pido besos, porque se que es imposible dar lo que no se siente; solo deseo que sea un segundo lo que nos separe hasta que la muerte nos convoque. Has estremecido a mi cuerpo y a mi alma, viendo como ejecutas o plasmas a los sueños en hechos, haciendo realidad mis sueños y las quimeras de quienes te rodean; con y por amor hiciste de nuestros hijos, exitosos viajeros… caminantes con los bolsillos llenos de estrellas e ilusiones; por estos detalles te contemplo agigantada y traspasaste al corazón de mi alma, no con una flecha sino con una lanza de amor y aprecio. Reviviste con oportunidades a mi corazón moribundo y sin celosías, le permitiste cantar a mi alma de nuevo. A veces me desconcierta tu silencio y esa bondad infinita que no parece acabarse nunca; hasta convertiste en alegría a la tristeza de tus lágrimas y nunca has esperado nada a cambio, porque todo lo das convertido en besos, en sonrisas y cantos de esperanza para otros.

No sé que darte a cambio de los años de vida que me has regalado; si de mi dependiera, te daría el tiempo que me resta de vida, bien o mal he vivido y lo que me podría faltar, podría reducirse a triviales fantasías. No imagino el tamaño de la herida, si me dijeras que te estas muriendo. No me imagino sin norte, sin sueños, sin rumbo; enloquecida como una brújula cuando se embriaga; no se que haría o si también perdería la cabeza aguardando ese regreso imposible; has dejado huellas imborrables en todos los que te hemos conocido y no quiero imaginar a mi vida como un absurdo y eterno invierno. Te amo. Eres la antorcha de mis sueños y el nombre que llevo grabado con letras de oro en el corazón. Quiero disipar de tu memoria, el recuerdo oscuro de cualquier enojo; aunque no te puedo regalar el tiempo ni la felicidad que te robé, por culpa del egoísmo de mis absurdos celos. Te amo ¡Mi adorada Osita!! ¡Mi Osita consentida y consentidora!!! ¡Te amo!!!

El amor llega como el Sol en cualquier instante para llenar con ilusiones y energía vital a todas nuestras vidas. Así eres entre mis manos mi adorable cayenita, mi orquídea, mi girasol. Eres como el calor mañanero que se posa sobre mi lecho y me ilumina el día y algunos recuerdos noctámbulos. Eres como un destello de amor que ilumina con su fulgor, todos mis sueños de amor. Un te amo es más que un gran sentimiento; es la expresión más sublime del eco de los sentimientos. Un te amo siempre llega cargado con luceros y regalos con sorpresas por dentro. Deseo iluminar tú alma hasta siempre, con la modesta luz de mis palabras.

Tu nombre es un hermoso sueño de amor, es un pedacito de esas agraciadas y fantásticas alucinaciones de un alma piadosa; eres el poquito de luz indispensable, para que el amor conserve su rumbo por el mismo sendero, mientras brilla el dorado de la luz al mover el destino el interruptor que hace al día y a la noche, por y desde los siglos de los siglos. Mi corazón late con solo presentir tu nombre. He madurado, pero siento que envejecer es casi lo mismo. El futuro ahora es más de nuestros hijos y los versos se convierten en un cuartel de invierno. Me tildarían de loco si saliera a gritar por las calles: ¡Aquí estoy!!! ¡Aquí estoy!!! Pero he descubierto en el Facebook, un medio de gritarle al mundo con mis versos. La soledad es como un pozo caníbal de arenas movedizas. Ahora ni siquiera es seguro o cierto, que mañana estaremos bajo tierra. La mejor opción para aprender a sobrevivir sin enloquecer, es ensoñar. La ensoñación es una llave dorada de la felicidad o hacia la libertad absoluta. El ensoñar parecía una clave sencilla y no el sortilegio más difícil de resolver.

Mis manos posan sobre las formas voluptuosas de tus muslos, de tu culo, de esas nalgas que enamoran como la luz de las luciérnagas cuando suspira la noche o cuando piafa como una yegua cuando se siente hundida y humedecida hasta el fondo, relinchando como cuando se encienden las luces del lago y te observo nadar desnuda como una sirena o una ninfa cuando se baña en uno de los capítulos del mito. Mi boca se traga toda su propia saliva, cuando mi imaginación ve y constata que es una realidad y no un espejismo el pozo del negro oasis; es asombrosa la codicia que despierta esta azabache isla. Las sábanas de arena palidecen con tu belleza y tu cuerpo se convierte en una musa de versos, de sutiles y sensuales versos. La fuerza le roba a tu cuerpo toda su energía vital, hasta que una pequeña muerte lenta se apodera de la voluntad de nuestros sexos, al ritmo de la lenta agonía de un anochecer nostálgico. Siempre añoré a una mujer que no se apagara durante toda la noche como las antorchas carnavaleras. Se que no te quede debiendo caricias, ni besos, ni palabras soeces… vivimos con desenfreno todo lo que creíamos que se podía vivir… te juré al oído que has sido la mejor mujer en la cama, de quienes he amado; nunca sabré si será cierto, porque siempre la mejor amante: suele ser la última.

He jugado como la primavera, con las arenas de tu mar. Te hice mía cuando cubrí con estrellas tu desnudez y te preñé arrullándote con canciones amorosas de cama, con las que se adormecen a las mujeres cuando dejan de ser niñas; pero persisten en jugar y a reírse del tiempo, como si la ironía no pasara cuentas de cobro. Tu primavera me hizo hombre de verdad, al tomar como padre: a esos hermosos capullos de amor y sueños. Déjame acunar a tus suspiros azules y mecerlos como ramas de palmeras; Permíteme cubrir tus fantasías con esperanzas y no con la sombra de un adiós. He descubierto que te amo, mientras respiraba sobre tu cuerpo: palabras eslabonadas por el amor; se que siempre nos preguntamos el por qué aun seguimos juntos, si nuestras vidas corrían por líneas paralelas como escuadrones de aviones supersónicos o los rieles de las carrileras… ¡Las palabras de amor cuando se escriben, han hecho más de una vez: el mismo milagro!! Desde que dejaste dormir a mi alma en tu corazón, solo recuerdo suspiros amorosos. Tú me enseñaste a escuchar: a la voz interior de mis sentimientos. Te amo, descansa sobre la tibiez de la piel de mi corazón. Antes de abandonar las playas de esta noche de amor, quisiera jurarte que mis sentimientos hacia ti, son invencibles; solo me angustia el imaginarme viviendo sin ti, la vida. Mi cuerpo esta cansado de vivir caricias prohibidas a escondidas o de intentar ocultar con mentiras misericordiosas a la realidad, a esa realidad que nos permite sobrevivir o soportar la tediosa cotidianeidad. Quiero susurrarte sentires al oído, hasta el último instante de mi vida; no quiero irme sin expresarte las gracias por todo lo vivido y compartido contigo; contigo aprendí a vivir y a hacer del amor un arte; a no masturbarme como un padrote dentro de una vagina; a jugar por jugar, sin la magia de las travesuras ni las calaveradas de los sentimientos enamorados, para ganar en el cariñoso esparcimiento; a cautivar para que nada muera después del inevitable adiós circunstancial, que nos abre la puerta a la realidad cotidiana, al encender la luces o correr las cortinas… contigo aprendí a sentir de verdad y a partir con los bolsillos llenos con esperanzas a rebuscar entre lo cotidiano, para que la tristeza no me venciera ni me volviera a deprimir, que es como estar abandonado en el culo del infierno. Tu despiertas en mi las ansias por vivir con más pasión, los días que me resten de vida; a encontrarles más sentido, a darle una razón profunda a mi existencia y por que no, a apreciar más a mis amados versos. Una existencia vacía, es una murte existencia, es como raptar bajo los autos para recibir coimas a cambio, por haber sido concebidos como engendros diabólicos de esa suciedad urbana, donde el cemento y el concreto tapian a los sentimientos.

La sangre de tu sonrisa recorre las venas y el rostro de nuestros hijos; en ellos veo a tus sueños haciéndose realidad y a la luz del corazón, iluminándoles sus caminos. Les enseñaste a volar con alma y visión de águila; se que han ayudado tus rezos para que lleguen lejos, porque yo aparento un materialismo absoluto como muchos; les inspiraste un mundo que es esquivo o imposible para muchos, a veces por culpa del azar, a veces por voluntad del destino o de un Dios misericordioso al que le oran; mis sueños se sienten felices, al ver como ellos hicieron realidad mis anhelos, lo que para mi fue imposible ver hecho realidad o construir con mi esfuerzo. Mi muñeca y mi soldadito de plomo: ustedes encarnan a la felicidad de mis alegrías; esos regocijos jubilosos que ayer eran a medias por culpa de algunos desencantos o necedades agridulces. Ustedes esculpieron con sus manos sus propios trofeos y los sacrificios de su madre fue siempre el mejor aliciente, para aprovechar esas oportunidades de las que ni siquiera muchos privilegiados gozaron. Ustedes tomaron conciencia desde muy jóvenes, que tenían que ser los capitanes de sus propios sueños; ahora son los dueños y timoneles de sus corazones y de los nortes de sus pasos e ilusiones; son el uno para el otro, como los caballeros que inmortalizó Alejandro Dumas; el excalibur que empuñan es más que un emblema o un símbolo de vida; esparcen amor, porque el amor se desborda de sus corazones. Ustedes no son hijos del vino, sino de los sueños de una mujer amorosa, de una mujer que supo esculpir con amorosa pasión como Camille Claudel al corazón del bronce… ella les enseñó a ser dignos, inculcándoles principios y valores profundos, para que se sintieran orgullosos de sus apellidos y sus miradas ondearan como banderas. Es triste ver como unos pocos estigmatizaron apellidos para siempre, por su ambición de poder o sed de enriquecimiento fácil… quizás sus destinos era el escribir las paginas oscuras de las historias tenebrosas y foscas de nuestra sociedad…

Mujer amada:
El altruismo de tus sentimientos supero por su magnitud a mi imaginación y a la bondad de quienes dando algo, no dan casi nada… como aquellas empresas que confunden su responsabilidad social, con evasión fiscal o de impuestos… o una forma de sentir un poquito de paz, porque en el fondo a veces les corroe el remordimiento… El cielo se gana y se disfruta en vida, cuando nos cancelan con sonrisas, el precio de los sueños que se regalan. No existen noches frías ni tenebrosas, cuando se les proporciona felicidad a las almas desdichadas; hay que volver a confiar en la música y en el poder de las palabras, así existan murtes camuflados como camaleones o lobos babeando como la caro, por lo que no le pertenece. Te extraño. Extraño las noches que compartí contigo. Extraño tu cuerpo sobre el mío o mi costal vagabundo y lleno de pecaditos y recuerdos necios sobre ti; tal vez no soy más que un costal de recuerdos e irresponsabilidades, un idealista o un absurdo soñador humanista; se que intentamos amarnos, pero en silencio; también a mi manera, aprendí a amar a mis amantes. Yo derrame sobre ti mis mejores sueños y tú derramaste sobre mi, lloros más de dolor y suspiros de tristeza, que de felicidad; los sentía arder como golpes en el alma o silenciosos gritos de sufrimiento. Recuerdo que buscaba cualquier justificación para no amanecer contigo, porque me cansé de encontrar lágrimas de tristeza en tu almohada; nuestro lecho se llenó con absurdos recuerdos, pero muy pocos eran nuestros. Aprendimos a amarnos con un extraño, pero original sentimiento; desde que abro los ojos pienso en ti y tu nombre invade mi boca. Te extraño de día y de noche, pero siempre rebusque, encontré y encuentro en amantes, lo que nunca hallé contigo. Hoy lo comprendo y lo acepto, aunque tu honestidad fue demasiado cruel conmigo. Hemos vivido página por página, verso a verso nuestra historia trágica de amor; ha sido hermosa, dolorosa y fatal como muchas. Me cansé de verte llorar y yo de hacerlo en silencio; pero ni la distancia pudo enfriar o reducir a simples cenizas a nuestras emociones. Se que para muchos es incomprensible o demasiado extraña nuestra forma de querernos, porque siempre nos hemos querido y amado a la vez; quizás eso, fuimos siempre el uno para el otro: Un querido o una querida; un sentimiento necesario para sobrevivir y soportar los futuros inviernos…

Llevo sobre la piel del cuerpo de mi alma, el recuerdo amoroso y las cicatrices de los zumbidos de esa daga que empuñaste cuando me regalaste recuerdos, para que siempre te llevara conmigo. Nuestro amor fue más que un lamento sin piedad; fue el epitafio más triste que he conocido, de una historia de amor. Sin ti, se envenenó mi carne con el barbasco que bebió mi sangre; desde que atravesé tus entrañas por primera vez, supe que te llevaría por siempre en mi alma. De tanto amarte, te hice casi anciana mi adorada niña. Llené con absurdas marcas, tu hermoso cuerpo. Me abrace desesperado a tu carne como todos los amantes y por culpa de mis ansias, maté uno a uno, todos tus sueños dorados. Lamento haber intentado llevarte escondida como algo invisible en mi vida o de inmolarte en cada encuentro amoroso, donde te imprimía recuerdos helados, como si fuera vergonzoso el compartir noches estrelladas contigo. Me llevaré a la tumba muchos recuerdos hermosos, porque mas que un hombre maduro, he comenzado a envejecer mi adorada niña y no quiero que me veas como a un amoroso abuelo, arrastrando con dignidad y elegancia los pasos, como decía mi amado padre. Me llevaré escondidos dentro de la caverna más profunda de mi carne, todos nuestros recuerdos, para repasar una a una aquellas remembranzas, que nos puedan regalar una sonrisa; ni siquiera partiendo con una daga en pedazos mi alma, encontrarán tu nombre. Sin ti, las noches fueron un rosario de pesadillas sombrías, de albas tristes, de angustiosos días. Las lágrimas de la tristeza cubrieron a nuestros corazones con escarcha. Tú y yo, siempre recorriendo caminos distintos, distantes, a pesar de ser siempre paralelos. Los silencios transformaron a los cantos de las flores en un absurdo desierto; en un basurero de recuerdos muertos y silencios sin sentido. Nuestros corazones se transformaron en pedazos de hielo y nuestras vidas en absurdos caminos sin retorno. Te enseñé a volar, para sentir menos culpa o vergüenza. Me sobrecoge el apocamiento cobarde que me impide pedirte que retornes a mí, siendo la misma; simplemente te convido a compartir de cerca un poco el fuego, para deshelar la escarcha de la tristeza de tu corazón. Sin tu amor, la muerte se cuelga de mí como una madrugada fría y de desvelo. Es fatal y tenebroso un invierno en un mundo extraño, donde el único incentivo para seguir viviendo, es el miedo a la muerte. Estoy cansado de suspirar dolor, ni siquiera me atrevo a considerar la palabra adiós, pero me entristece la indiferencia del amor de mis amigas. Hecho tras hecho, tomo conciencia que convivimos en mundos extraños y que la hermandad es una utopía… somos una extraña y absurda especie… donde el canibalismo se impuso sobre el amor… los capullos se suicidan sin vivir el milagro de abandonar sus crisálidas para convertirse en hermosas flores aladas… ¡Todos respiramos dolores y desencantos! Por el aire flota una sensación de muerte y las estadísticas confirman que nos invade el desamor como una plaga… las pandemias del futuro son grises, como el color de la sangre de la desesperanza.

Abandóname en el olvido y si quieres borrar las huellas invisibles; suprímelas o dales de baja de ese absurdo inventario que conservamos por necedad, muchas veces. Ya no soy el que fui y me cansé de intentar ser, el que siempre quise ser. Resígname a diluirme como una sombra en la indivisible penumbra y borrarme de tu vida, como si nunca hubiese existido. Quiero desaparecer de los recuerdos de todas mis amigas, del corazón de aquellas que en un momento escribieron con ilusión, mi nombre sobre sus pieles; ya no quiero ser… ¡ni siquiera intentarlo! Nunca fui lo que intente ser… hay un momento en la vida en el que todos nos transformamos en un uno más de todos esos millones de hormigas humanas, que pasan de incógnitas por la vida o a nuestro lado… ya nunca volveremos a ser, lo que dejamos de ser…. Cruzamos las barreras del olvido con un vértigo que rompía las barreras del sonido, más de tres veces. La realidad que hoy acepto es que tengo que aprender a morir, sin volver a compartir contigo la vida, ni contigo, ni contigo… Me angustia el frío del sepulcro o morirme enfermo sin poderme llevar tus besos, ni tus caricias, mimos que consideré inmortales y exclusivos un día. Todo en mi vida fueron quimeras, sueños que rayaban para otros en utopías y equivocaciones imperdonables por culpa de mi ceguera o sordera obsesiva; viví siempre perdido en un mar de tinieblas, pero nunca pude alejarme de tu recuerdo, de tu sombra. Siempre viví y he vivido enamorado de usted, mi adorada señora y esa es la peor realidad, más cuando escucho el eco de voces que me susurran otros nombres, porque siempre intenté ser un lesbiano honesto y respetuoso de los códigos secretos del amor. Mi destino fue sufrir todo el tiempo y vivir dentro del túnel de una eterna agonía; siempre intenté correr hacia el éxito, a sabiendas que seria mi muerte o una forma sutil de suicidar a mi felicidad; nunca intenté huir de la vida, simplemente soñar y dormir un poco mas de lo debido, cuando el vértigo del cansancio y del hastío, vulneraban al límite mi sensibilidad. Ya desconozco el sentido de la palabra ensoñación. No sé si mi piel se erice, si me palparas una vez más con el lenguaje erótico de tus besos y de tus impúdicos dedos, capaces de arrancarle al éxtasis baladras exclamaciones y aulladoras palabras toscas, por su grosera ordinariez. He saboreado la locura de las entregas, cuando te declarabas un cuerpo abierto, como las ciudades cuando se rendían a las invasiones bárbaras; siempre quise que fueras una parte de mi vida, pero nunca fui claro con el lenguaje. No recuerdo haberte dicho te amo, sino mucho después de haberte perdido; contigo tampoco manejé ese lenguaje erótico que hechiza y enamora a los amantes. Muchas veces me pregunto que hizo o porque me permitiste saborear al éxtasis, si el querer y el desear, son dos palabras bien diferentes y caprichosas.

Los recuerdos se fueron transformando en el aullido de un futuro que se fue alejando, diluyéndose entre la neblina. Para nosotros el futuro se convirtió en un sueño imposible y tu regreso como algo inexistente; siempre te sabia más lejana, hasta mi tristeza te sentía más extraña y todo lo que consideraba por ti, se transmutaba o se esfumaba en silenciosas espumas de recuerdos…. Se evaporaron las esperanzas y las rosas se transformaron en áridos desiertos. Todo se tornó en humo. ¿Por qué, amor mío? ¿Para cumplirle una cita a ciegas a quién, te preocupaste por embellecerte y conservarte hermosa, toda la vida? Hoy tú regreso o un encuentro fortuito, seria para mí una pesadilla; el tiempo transformó a mi alma, en un espíritu sin sueños. Eras el eslabón perdido que mi corazón buscaba, para unir a la realidad con los sueños. Eres el adiós que mi pobre corazón no resistiría, escuchar jamás. Quiero morir lentamente entre tus brazos y que me cierres los ojos con un beso, para que pueda ver las estrellas y me cierres la boca con tus dedos, para que me pueda marchar en paz, a buscar quizás los labios de las féminas con alas blancas ¿Será que la muerte, no es más que un largo sueño? ¿Será que los que mueren, se convierten el estrellas o en soles? Se que hay adioses crueles, impíos, nada piadosos, pero también creo que llegara ese día y se que ese mismo día, me enseñaras a sonreírle a la muerte, a esa sonrisa irónica de la desdentada parca; hasta me animarás para que le pellizque las nalgas a la señora de negro o le mande un beso a sus añosos senos, para que sea un poco más piadosa conmigo. La libertad no debe significar nunca tristeza y eso me lo enseñaste más con tu ejemplo, que con palabras necias. El amor esparcido hace sentir más larga, una agonía de desamor. Si no esconden amor estos pedazos de alma que se resisten a morir, no sé entonces que es el amor. Quiero que mis sentimientos, no se desvelen por imaginar a la muerte de sus sueños y se que debemos continuar viviendo con un corazón latiendo con pasión. No quiero arrancarle lágrimas a los delirios de tu alma, porque hay palabras que son demasiado indiscretas, como las cámaras de los paparazzi que irrespetan hasta el luto de los sentimientos y generan heridas perversas, como la ironía murte de las ratas que juegan con sus mentiras y con los tiempos de una debilitada justicia, que se presta para la impunidad y por ende, a la prostitución de los valores.

Así no te acompañen remordimientos, creo que cargaste en secreto durante toda tu vida, con el peso absurdo de todos esos infernales recuerdos. Me consta que aún hasta el día de hoy, has sido fiel y honesta con esas promesas o juramentos sagrados, que celebramos los amantes en secreto. Siempre te imaginé más frágil, pero nunca imaginé que fueras capaz de tomar el timón de la nave y empuñar el control del velamen y hacerte a la mar, guiada tan solo por los presentimientos de tu corazón y en silencio, en medio de una absurda y terrorífica soledad, partiste a rescatar a una felicidad desahuciada. La muerte jamás pudo extinguir las llamas, pero siempre llegaban tarde al puerto, donde el uno o el otro había atracado para descansar, recuperar algunas fuerzas y continuar en esa desesperada búsqueda entre una absurda selva de olas y desencantos. Hoy siento admiración y respeto por ustedes, tristeza porque ya la fragilidad hace mella en sus espíritus y el tiempo les esfuma de sus historias, las últimas oportunidades de felicidad. El amor cuando es absurdo se convierte en un pesado lastre, en una carga inútil; es cargar como Sísifo, piedras hacia la cima de la montaña para despeñarlas sin más razón, que el enseñarnos un mensaje metafórico. No creo que valga la pena seguir esperando en la orilla del mar… como si su amor hubiese naufragado; tampoco te puedo asegurar que te vuelva a amar o que sea el mismo contigo si regresa, porque el tiempo varia la percepción amorosa, el sentir o la calidad de los sentimientos de los amantes. El amor no es como una canción grabada que se repite siempre con el mismo sentimiento o como si se guiara por un mismo guión teatrero; sé que su historia de amor será inmortal, digna de transformarse en una hermosa novela de amor de Danielle Steele; posee todos los elementos para un best seller, porque el viento no pudo llevarse ni siquiera al final, a ese manto de tragedia que los persiguió desde siempre, como si los hubiese conjurado una pitonisa malévola. Respeto y aprecio tu canción de amor; la gallardía y el honor de él, su dignidad y sus valores; a veces pienso que pesó demasiado, la inutilidad de esos absurdos orgullos. No sé si te aferraste a mí por miedo a la soledad, por despecho o como forma de venganza; o si en verdad me amaste o si simplemente fui un amante circunstancial. Me acostumbre a tu tristeza y a ver a tu corazón mirando siempre hacia la lejanía; se que su sombra me hizo daño y enfrenté con todas las fuerzas de la celosía al destino. Amándote como te amo, solo deseo que puedan compartir una noche de luna en Paris, con vino y escuchando a la gorrioncita de la Piaf o un verano en Madrid o Mallorca… las personas ni el amor somos inmortales y comprendo que tienen muchas cosas de que hablar; escucha con el corazón bien abierto, para que no tengas que cargar con el pesar de quedarte sin aclarar algunas sombras o cositas oscuras que corroen en el alma; no dejes sin expresar lo que has añorado durante años y que suman ya casi dos vidas de dolorosos silencios.

No dejes que el gran amor de tu vida, desaparezca para siempre sin despedirse; que se vaya con justificaciones que ya serian necias o innecesarias; si creen que no hay tantas cosas de que hablar ni que decirse, hay tantas palabras represadas, hay tantos sueños que aun se pueden vivir, como esas paginas que se transforman en primavera, en los amores tardíos. Mi padre nos dio ejemplo de lo que es una hermosa historia de amor dorada, después de perder o de morir el Gran Amor de su vida. No se que clase de amor es el que llega, ni el que se busca o el que se propone; quizás solo se expresa, el compartir el epílogo de un hermoso sueño; cada uno llega con su vida resumida en bellos recuerdos, imágenes inmortales, cuando las pieles eran lozanas y los labios jóvenes; cuando los corazones se entregaban sin prevenciones y las heridas en el corazón aún no existían; con el paso de los años se quiere o se ama de una forma o manera muy diferente; cada sentir depende más de las circunstancias y menos del instinto de los sentimientos. Se que todos queremos de cierta manera muy particular, con base en los eventos de los acontecimientos. El deseo y la necesidad de amar y ser amados no muere, simplemente cambia de corazón. Me dediqué a escribir cartas de amor, que fueron o son el resumen de mis huellas, más que de aventuras, porque en una aventura hay más de goce que sentimientos del alma; quise que estas palabras se transformaran en la voz de mis silencios; hoy me regalas sueños e ilusiones que comparto con otra mujer; a veces pienso que fui menos infiel de lo que fui, porque así lo propiciaste o lo deseabas en el fondo de tu alma; cada uno vivió de cierta forma a su manera sus ilusiones o sus sueños; nos cansamos de ver pasar los años y de aguardar a ese gran amor que nunca regresó o se quiso hacer realidad o visible. El tiempo solo logró sanar heridas y borrar algunos recuerdos; hoy el conocerte mas que una locura, lo considero el as de la mejor de las suertes y contigo me siento el hombre más afortunado. Más que una gran mujer, eres una mujer Gigante, con un corazón que aun no me explico como cabe dentro de tu cuerpo; cada día te siento más cerca y cada día te necesito más; ya no soy un brioso Pegaso loco, pero tampoco me considero un percherón envejecido. Los años no pasaron en vano, pero habrá atardeceres hermosos para compartir contigo. Añoro los gritos y las sonrisas de los infantes; unir con eslabones todo lo que nos desunió un día… a veces siento rabia por mi inmadurez machista; no quiero que te vuelvas a separar de mis sueños y deseo ser parte de los tuyos, hasta el último verso de esta historia. He amado y amo a una mujer, que me ha regalado momentos apasionados, llenos de fuego; me ha curado las laceraciones del alma y me sana con besos las heridas del desamor o de los recuerdos. La vida esta llena de estrellas y de sombras ¡Se que para cualquier persona es imposible volver a besar o a amar, como la primera vez!!! Pero en cada ocasión, los besos se viven y se sienten muy diferentes; año tras año, momento tras momento, las personas nos vamos quedando solas; algunas se despiden, otras no tienen tiempo para hacerlo y otras simplemente desaparecen, porque no le encuentran sentido a un adiós… la vida se va convirtiendo en un puerto, donde simplemente llegan y parten ilusiones… y los años siempre le irán robando intensidad a la pasión de esos momentos. Jamás imaginé que nuestro amor fuera a formar parte de las pasiones inmortales; siento al amor como una hermosa pradera y al cielo azul, como una bella pagina para escribir versos. Recuerdo a Juan Manuel mi Maestro, a quién se le ha nevado su cabellera de león; ya se ausentó Maria Mercedes; pero deseo sentarme rodeado con mis hijos, a leerles algunos de sus versos; ellos fueron y forman parte de mis recuerdos y en mis metáforas, hay bastante de ellos. Siempre nos hemos querido demasiado como familia y eso es malo, porque se que será inimaginable el sufrimiento, si mañana alguno se olvidara de contestar a la lista mañanera. Los amo porque me han querido en demasía, a pesar de mis errores casi imperdonables; por hacerme sentir el mejor comandante de sus sueños y considerar a mis locuras, la mejor rosa de sus vientos. Quiero que mis huellas se conviertan en sus cartas de navegación hacia la felicidad; no quiero que la fatalidad nos vaya nunca a separar, pero es inevitable o imposible contradecir a la naturaleza. Hay cartas o mejor, todas las cartas se escriben para que el destino las lleve hasta las manos de quienes consideramos sus destinatarios. Amén y amen podría ser una forma de despedirme, equivalente a ese hasta pronto que se expresa con profundo amor en la agonía. Amo la brisa que siento… cuando te conocí, soplaba una brisa como la de hoy… desde ese día sin proponermelo, comencé a escribir los versos de esta carta…

Vago como los dementes que pasan de largo, en un loco viaje sin regreso. Vivo sin detenerme como el viento, a veces me huracano y en otras ocasiones piensan que me detengo, pero no, soy como el corazón del viento; como el sístole y el diástole de la vida; soy como los caminos del océano, del destino, de esas absurdas trayectorias que todos debemos recorrer a pasos o corriendo. Se que nunca volveré, porque el vivir es un viaje sin regreso; no se si vivir es viajar hacia un mojón o es el venir de alguna parte; ya no me importa el sentido que debería tener un recorrido; me siento como una brizna arrastrada, por la brisa del destino; ni siquiera se si sueño despierto o si ya me resigné a abandonar la vida; no logro ubicarme en ninguna parte, ni considero que se justifique el que me detenga en cualquier lugar a replantear los absurdos de mi discurso; no me importa saber si voy o si vengo, simplemente seguiré viviendo el devenir sin prisa ni expectativas; ese hoy y esos ahoras, mientras alcanzo el punto de llegada… ese umbral donde el ser y el no ser se confunden… como me enseñó mi querido y amado exmonseñor Guzmán, en su último grito a la vida!!!!

Estoy condenado a esa triste soledad que asesinó a Maria Mercedes y a millones de estrellas que iluminan con sus sombras, nuestras penumbras. Se que los suspiros no nos permiten escapar hacia ninguna parte y que el vivir nos tiene consumidos en el abismal olvido. No quiero que la amargura sea la razón de mi vida. No puedo conjurar a los caros por murtes que sean, pero tampoco puedo olvidar sus nombres, porque la impunidad es el cáncer que corroe y se devora a la vida; me angustia que la mano de la justicia de Dios nos deje vulnerables o indefensos frente a la s alimañas sociales. No le imploro compasión a la luz, sino que Dios me devuelva la fe en él.

Para renacer, tengo que volver a besar con placer toda tu piel como un relámpago y arrancarle con la boca estrellas a tus pezones y placer a tu sexo. Déjame tocar el azul de los sueños de tus estrellas y abrázame a la sombra de tu cuerpo. Déjame reencaminar los caminos de tus huellas y respirar el dolor que transpira el fuego de tu cruz. Deja que el aire se encargue de secar las lágrimas que afean tu imagen. Admíteme para interactuar con el fuego de tu amor y ajustarme a esa nueva imagen de la que me enamoré un día cualquiera. Intentaré conservar e irradiar la imagen que te enamoró, más que ese cuerpo-traje, que solo es el vestido del alma. ¡Levántate como el ave fénix, con nuevas ansías de un vivir esmeralda! Deja que se derrame la pasión dentro de tus entrañas y que el sexo fecunde con locura las semillas, que ansían vivir y embellecer a la naciente primavera. Reguemos semillas de estrellas como huellas aventureras, que nos permitan andar de noche. Añoro el volver a ser el hombre que fui en tu vida y besarte para que no se mueran los recuerdos en primavera, ni los deseos o esa demencia que se necesita para sobrevivir y vivir con pasión a la vida. Mi corazón presiente el regreso del azul, del verde y del rojo, a las arenas de mi desolado mar; ese mar que tu tanto amas y añoras, cuando el amor nos mira de reojo. No permitas que se escape todo el perfume de mi amor, en suspiros inútiles y necios. Me siento desolado por tu ausencia prolongada y esa agónica añoranza que entumece a las mejores intenciones y sin arrepentimientos de mis besos. Aspiro con avaricia, palpar y deslizar por tu cuerpo desnudo, perfumadoras caricias; déjame sentir la furia de tus olas, embistiéndome como un espolón. Ansío recordar el olfato de tus mimos lisonjeros y revivir los recuerdos que habían logrado escapar de las añoranzas. Las tormentas del desierto no pueden convertir a los sueños, en las quimeras del florecimiento primaveral. Se que ya no existen oasis ni islas vírgenes, a donde huir. Volemos alto como águilas y no como esas palomas, que a veces encuentran a la muerte por volar bajo. Borremos las imágenes de lo siniestro de la muerte, para poderle decir: muy buenos días, a la vida. Tenemos que hacer grandes esfuerzos, para no perder las esperanzas por culpa de las decepciones; la venganza siempre será una justicia a medias, porque las penas jamás conocen la luz pública. No siempre es fortuita la recuperación de las personas ¡Creo en los milagros que el amor hace! ¡No podemos por orgullo destruir a nuestros hogares! Quiero pecar siendo infiel contigo. Quiero ser el verde y el azul del codiciado pozo, donde se embriagan tus labios con sueños y miel de fuego; deseo terminar abrazado a tus muslos y beberme uno a uno tus luceros, como si fueran estrellas sicodélicas de azúcar. Quiero grabar para siempre, las imágenes locas de nuestras siluetas que se desdibujan, con la luz negra de un adiós policromático; entregar sin la más mínima celosía toda mi ansiedad y creer que el amor es para siempre, como los adolescentes. Regálame la voz de los deseos adormilados de tu crisálida flor, para intentar hacerlos realidad; permíteme esconder entre tus piernas todos mis sueños y madurar con besos tu crisálido capullo o tu arisco asterisco; siento el aroma sutil de tus caricias irreverentes, incitando los olores del deseo morboso y aguijoneando los sentidos adormilados de mi cuerpo. El frescor de tu calor me hace perder la calma, con el olor a guayaba madura, a canela mangostiñera y lavanda borojoñera, que se impregnan como un baño sensual de deseos y estrellas al regusto amoroso. Mi alma se desnuda con los ojos bien abiertos y desvaría como los reflujos del mar, mientras disipa su fatiga en un spa ensoñador y se aleja como la luz de las ansías satisfechas, después de copular a las ilusiones de la mente. Veo llorar al verde de tus ojos negros, mientras nuestra ansiedad se disipa como una mancha de azul de metileno o de permanganato de potasio, por entre las venas de los corales y de las esponjas calamareras en el mar.

Déjame renovar los velos que cubren la desnudez de mi cuerpo. Tengo que renovar los tonos intensos de los colores, que embellecieron nuestra vida; sé que no quiero morir una vez más, sin volver a sentir el calor de tu cuerpo. No fue fácil vivir con el corazón partido: el cincuenta por ciento de mis sentimientos con mi mujer y la otra mitad con mi amante. Me dejé llevar por las palabras del vino, de la rebeldía, por esa voluntad absurda del cuerpo que solo transpira fuego ¡Siempre me han lastimado las lágrimas del amor!... y por no haber aprendido a decir: no, viví entre el cielo y el infierno mi vida.

Distingo a la distancia tu tristeza, por culpa de esa absurda realidad que desvanece nuestro delirio, sin vislumbrar a esa felicidad que desde siempre hemos añorado. Mis ojos desilusionados ven como se escapan poco a paso, las ilusiones de volver a tenerte entre mis brazos o compartiendo mi nido de pájaro carpintero. Solo extraño a la tristeza, cuando necesito una sombra de nostalgia en mis versos; una tristeza constante, si no se detiene a tiempo, termina por transformarse en el telón de un cielo negro. La felicidad en la vida, nunca se definirá a penaltis; me siento como un flautista, hechizando mujeres entibiadas o frágiles por culpa de sus desencantos, con algunos versos amorosos. Acaríciame robándole a los suspiros, las tormentas asesinas de la muerte. Déjame enterrar en el desierto a las quimeras, que le roban la calidad de vida a las ilusiones. La muerte no se puede considerar una venganza de Dios, si se ve como una fuente de vida. Tenemos que prepararnos para enfrentarnos a ciertas realidades en el futuro, por dolorosas que sean. Tenemos que aprender a convivir y a compartir los sentimientos, sin esos egoísmos que le apagan la luz a otros ojos. Siempre he deseado acariciarte una vez más, para recordarte hasta la muerte y después de ella… si ese es mi sino fatal…

No es fácil dejar de ver a quien se ama y seguir siendo buen esposo; si todo lo construimos sobre la tristeza, sobre ese halo de desencanto y desasombro o sobre el amor pisoteado por otros. Te amo porque antes y ahora, me has aceptado con todas mis flaquezas, errores e imperfecciones. Te amo porque has intentado olvidar las causas de tus abatimientos, amándome con una pasión caníbal y desaforada. Te amo porque nunca me rebajaste frente a los demás y siempre te expresaste de mí con amor y con una inmodesta vanidad. Te amo porque nunca dejaste de pronunciar con orgullo mi nombre. ¡Siempre me has visto y me has hecho sentir más grande, de lo pequeño que realmente soy! El amor siempre me confundió y aún no entiendo: porqué nunca añoré un anillo de bodas en mi mano. Sé que siempre me aceptaste más como un joven inquieto lleno de sueños y delirios en el corazón, que como un hombre especial; no sé si aprendí a madurar o si maduré antes de tiempo; aprendí a conocer todos los lados de la vida y a saber que la vida esta llena de patanes y mal nacidos murtes, ratas mutantes; no son ni serán nunca aroma de la especie humana sino la hediondez del detritus; ellos desconocen que el partir las reglas trae sus consecuencias y se creen reyes los pequeños bastardos, de esa impunidad que campea por las calles por culpa de una justicia tísica. No creo que la vida este invadida por desadaptados, sino por hombres que crecen con miedo frente a las realidades de la vida y que juegan a ser rudos para ocultar su homosexualismo o conservar ocultos los recuerdos de sus maltratos infantiles o las historias ocultas que se escribieron desde antes de sus nacimientos, por culpa de la demencia de la vagina que los parió, como malandras perlas negras.

Llegaré a ser un abuelo de cabellos blancos y posaré contigo frente a una tercera generación, para que las nuevas generaciones a su vez, nos recuerden como banderas de amor y nos respeten como sus llamas eternas. Quisiera cantarte una canción de amor bajo la luna y pedirle para siempre: la mano a tu corazón. Sabía que me casaría contigo para siempre y que seria la aventura más peligrosa para tu vida y el sosiego de tus sentimientos. Creí ser mal esposo y buen amante y hoy tengo que reconocer con una profunda vergüenza, pero con la frente en alto: Que nunca fui ni lo uno ni lo otro. Todo es absolutamente relativo y circunstancial, como la madurez de la belleza o los tatuajes que se esconden bajo las mangas. El divorcio nunca se puede ver ni considerar un fracaso, sino se le permite vivir al amor lo que debe durar; una relación jamás dura una hora, un día o un año, más de lo que debe durar o de lo que esta escrito en nuestras bitácoras existenciales… existen amores de toda una vida y los hay de aventuras de verano o de una noche, que jamás se olvidarán…

Muero lentamente como cuando agoniza una hoguera o una chimenea y el fuego se transforma en ceniza… todo el calor que necesitaba, se lo robé a las entrañas de tu cuerpo. Pienso que no te he hecho daño, a pesar de tomarte al amarte con la violencia con la que te he despojado el gozo, te he robado hasta la última gota de placer, te he despellejado de cualquier vestigio de dignidad para sentirte como una Venus endiablada, te he hurtado hasta el último beso y hasta la concluyente caricia… deshojé el asterisco de tu capullo cuando me aferre a la crin de tus cabellos, mientras me derramaba en latidos de ternura sobre las nostalgias de tu cuerpo. Presiento que me he enamorado y se que me has amado en verdad, porque siento y mi alma ve lágrimas en tus palabras; no tengo nada para ofrecerte, más que versos y amor. Quiero amarte hasta la agonía o hasta que la realidad encienda las luces y de por terminada la interpretación de mi triste obra… ¡Me fascina el splin de la vida de los enamorados! Creía y decía que eras mía, pero eras tan mía como el cielo, la tierra que piso o el aire que respiro. Sé que me amaste y creíste que mis sueños sabían volar; por culpa de mis equivocaciones amorosas, tropecé contra muchas piedras y por culpa de mi ceguera o sordera, contra las mismas más de una vez, porque el orgullo es obsesivo y nos vuelve estupidos compulsivos; de tanto caer, aprendí a hacerlo y a levantarme con cierta gracia. Te amé, como he amado al mar y a mis sueños; creo con una fe casi ciega, que el azar es en realidad la voluntad del hombre. No me importa si Dios ha muerto, tiene azhaimer o es un hombre con células como nosotros. Te trato como a una hija bulliciosa del mar y se que un día cualquiera regresarás a él, transformada en una hermosa ondina, en la Emperatriz del reino de Neptuno. Quiero que mis besos ayuden a conservar sanas, a todas tus esperanzas. No quiero olvidarte por culpa de otros besos a ti, ni a ti, ni a usted, ni a usted. Sin ti mi futuro es como una ilusión incompleta. Todos los bellos momentos se transforman en versos y son como una bella historia de amor; algunos se transforman en inmortales epitafios o en la penumbra de una cortina de humo, que intenta ocultar las heridas sentimentales o que la memoria no grabe lo amargo de ciertos recuerdos… déjame conservar la sensación de los pasos de tu regreso; escucha a las reminiscencias recorriendo de nuevo sobre sus huellas sus travesías; alguien va a morir, porque yo sin ti, vivo muerto.

Te galopo como a una potra, quiero que sientas a mi desnudez aferrada a las crines como si los cabellos fuesen las riendas del viento; imagino a tu boca bebiendo amor del vino de mi boca; te amo con un amor salvaje que sorprende, a tu experimentado cuerpo; no basta con apagar el fuego de las estrellas en tu nido, sino que amanezcan nuestros cuerpos unidos por los besos y el abrigo de un amoroso abrazo. Te amé como se deben amar las mujeres hermosas: a conciencia y sin ríos de vino por las venas; somos dos amantes unidos en una sola sombra y patinados por el fuego de un mismo sol. Me sorprende la calidad de la filigrana de nuestros sentimientos y esa belleza artesanal con la que nos hemos enamorado. Me equivoqué creyendo que el bien y el mal eran diferentes y que la realidad nos miente, por culpa de ese absurdo pero real relativismo. Todo el dolor que sentía en el corazón del alma, ya no existe. No siento dolor por nada, ni aquí o aquí. Siempre creí que cuando te fueras, la muerte triunfaría sobre la vida. Jamás me equivoqué tanto como hoy; hoy solo sobrevive el recuerdo de unas cenizas esparcidas con amor. Mañana seré pájaro, nido, viento, nube, mar, río o simple grama; me equivoqué cuando me burlaba de la muerte y ahora entiendo a la ironía de su sonrisa.

Soy todo un libro abierto, lleno de leyendas, de mitos, algunas historias que son poco ciertas y realidades que se recuerdan como algo bello, pero que en realidad son muy tristes y dolorosas. Me encanta la sinceridad de las frases que hacen ver mis errores como necias quimeras. He aprendido a respetar a los sentimientos de los corazones enamorados; a no herir con palabras cuando pueden ocasionar más daño que el filo de una espada o una intolerante arma. Nunca fui bueno para guardar o esconder secretos. He vivido y vivo, para tener que contar en los escritos. Nunca seré una leyenda romántica, me apena haber afligido tanto a mi alma y haber ensuciado a mi cuerpo, por haberme ensuciado sin necesidad en los fangales y chircales, donde se cocen los ladrillos con los que se edifica en la vida. Soy un libro con historias negras y doradas; con versos resaltados en negrilla o en mayúsculas. El exilio de tus lágrimas me enseñó, que es imposible despertar sin lagrimar con nostalgia, cuando ya no estés a mi lado; cuando tu no estas, los días son más fríos y grises; cuando tu no estas, las noches se convierten en largos inviernos… eternos… gélidos como esos cuerpos que se desvanecen sin decir adiós, después de una noche de amor. He vivido una extraña bohemia solitaria, con más amantes que amigas; mis locos desvaríos ya no dependen de un aroma marihuano, ni mis pensamientos afloran de sus escondites gracias a los milagros del vodka, del ron, del aguardiente o del whisky. La bohemia que he vivido ha sido mas camino que destino. Los delirios me han llevado hasta las cimas de los peores fracasos; perdí mi amado hogar, casi pierdo el amor de mis hijos y el respeto de mis conocidos y de algunos buenos familiares. La locura siempre nos pasa absurdas cuentas de cobro, posdatadas o diferidas, pero con pagos irrevocables. Por dentro y por fuera, creo seguir siendo el mismo; el tiempo pasó y en ningún momento se detendrá. La vida se diluye como la estela de recuerdos con aroma a humo del viejo tren que pasa. Creía que tu recuerdo era un sueño eterno; sin tus te quieros comencé a morir lentamente; una a una mis ilusiones se fueron transformando en simples espejismos y mis versos perdieron la brillantez y el tono de la pasión se torno más grave y fría. El no hacer el amor enamorado, me fue sumiendo en una profunda agonía mortis; ya no sentía a tu alma abrazada a la mía, la miel se azucaró y los días se tornaron fríos como cuando se ama por rutina o por cumplir un absurdo compromiso. Se desvanecieron las alas de mis ilusiones y mis suspiros se convirtieron en una carraspera de tísico; tus huellas se fueron borrando como los testimonios de las civilizaciones desaparecidas. El mar siempre termina por devorarse: las huellas de las playas del alma.

Las noches con soles calientes enredaron a la amargura de mis desilusiones, con la seducción azul de las ilusiones fugaces de los apasionados veranos; de esas cinderellas que se conocen y desaparecen como luciérnagas en las noches de apareo, noches de amor en las que nuestros sueños salen a pescar al menos una ilusión madura; noches de desvelos en las que los más solitarios se masturban para poder conciliar el sueño; noches en las que nada nos calienta los pies y los calambres hacen de las suyas. Estoy cansado de alucinar bebiendo agua salada del mar como los náufragos. Arrulla al cuerpo de mi cansancio como una ola del cielo. Liba a tu antojo el néctar que te puede conducir al cielo o al infierno. No se si conmigo cumpliste tus sueños o si fui la peor pesadilla de tu vida; solo dejé en tu corazón, calidoscópicos destellos y vidrios rotos; no se si fue bello lo que vivimos o si te vendaste los ojos como las libélulas cuando juegan al encuentro amoroso. El amor se vive como un absurdo intercambio de parejas, se justifica en muchas ocasiones jugando a las prendas o con una botellita como los adolescentes.

Jamás imaginé que después de casi una vida de silencios, tu recuerdo regresara a hablarme de amor; a hacerme propuestas indecentes para recuperar, el tiempo que se esfumó. Le consulté a mi cuerpo, a mi corazón, a mi sexo, pero solo obtuve un, ¡lo siento! por respuesta. Cuando el amor se va, el viento se encarga de esparcir los recuerdos como cenizas funerarias de un ser querido. El silencio son cenizas del dolor y la paz interior, siempre proyectará la sombra de una cruz. Nunca libamos la miel del amor como vino; siempre creí que el amor entre amantes era mortal y que siempre nacía con una lápida y un epitafio grabado… nunca pensé que la sensatez no debe existir cuando se ama de verdad y que lo virtuoso no es más que una incómoda sombra que le roba demencia a las locuras; la realidad se convirtió en un mar de hojas secas, en una hojarasca de desechos y plásticos. En el fondo de tu alma encontré tu nombre grabado, con la fecha en la que se detuvo el corazón de nuestro amor. Tú y yo, aprendimos a sobrevivir en un mundo absurdo, sin alma. Mi espíritu agoniza por culpa de la tristeza en un insondable infierno. Me llaman el resucitado, porque me dicen que solo se muere una vez en la vida y yo morí y resucité varias veces, gracias al amor. Me cansé de huir de la temible tristeza, hasta que la acepté como una constante bipolaridad en mi vida. La vida muchas veces es como una montaña rusa de manías y depresiones; quizás por eso, de ver y reconocer mi absurda suerte, me llegaron a llamar también el Nazareno; caía y me levantaba como Rocky Balboa en sus peleas inmortales; Cassius Clay o Mohammad Alí quién fue el más grande, pero nunca cayó ni se levantó tantas veces como yo.

No sé si soy lucero, estrella, mar, isla o simplemente una huella más en tu camino. Ya me sanaste el ala herida y el cielo me seduce a navegarlo de nuevo, a remontarme como una novela de sueños y a caminar hacia el final del destino. A veces me siento como un ángel expulsado del cielo por descubrir a la belleza naturista de la desnudez y despertarle una morbosa sensación a las buenas intenciones de los sueños y anhelos de la carne. Escucho la fragancia de la carne como las notas arrulladoras de un saxofón cuando sueña despierto un madrigal amoroso. Nunca te cambie ni intentaré olvidarte, simplemente me enamoré como tu lo hiciste y lo viviste con una pasión enceguecida por el frenesí de la locura, cuando pierde la cabeza por culpa del amor; lo diste absolutamente todo y casi por demencia lo pagas con tu vida; así son las llamaradas del amor cuando se enloquecen, pierden el control o deliran como las cuerdas de una guitarra eléctrica en concierto. Se que nunca estuviste perdida entre las tinieblas o viviendo entre ellas; simplemente entendías al amor como una respuesta natural de los sentimientos a las propuestas de la carne; a ese deseo que brota de la convivencia o de ese ingenuo roce de las miradas sobre la orografía de los cuerpos. Se que te enamoraste cuando te incendió el primer beso y cambiaste a las sonrisas de tu mundo, por las zozobras de las secretas aventuras amorosas… el amor cambió tu mundo, pero tenias que vivir lo que estaba escrito.

Un alma siempre anhela sembrar rosas para que contraste con los ojos verdes del azul del cielo. Se que los cadáveres de los besos se convierten en pétalos de las rosas, que se fueron esparciendo como huellas o recuerdos secos sobre el camino; es triste que de una noche de amor solo queden sobre las sábanas humedecidas, el polvo de las estrellas que convirtieron a la intensidad de la fatiga noctámbula; ese delirio casi artesanal llamado deseo, que con sus manos lijó y patinó uno a uno los pétalos del amor con sus propias lágrimas. Se que nunca fui el príncipe de tus sueños, ni de tus deseos; ni siquiera te recuerdo enamorada de mí, sino más bien como una mujer despechada, intentando sacarte hasta la última espina del corazón; me sentí como un consorte unicornio; para un buen entendedor, un solo cuerno basta. Te enseñé algo así como un braille, para que aprendieras a ver que existen otras luces y estrellas con diferentes calidades en los celestes campos; yo quise ser tu sol y ese fue un error perverso; te amé por amarte y terminamos enamorados a medias; tu para olvidar a tu príncipe azul y yo aun no se el porque lo hice, aunque en verdad las respuestas siempre están a flor de piel en el corazón y era algo muy parecido, quizás sin el fuego alucinador de ustedes, sino del desencanto de esos amoríos juveniles tontos y obsesivos… simplemente nos dejamos seducir por la inocencia de una pasión ingenua; hacíamos el amor como intentando encontrar cada uno algo a su manera, sin saber en verdad que buscaba o rebuscaba cada uno; te liberé de miedos, pero te esclavicé con detalles insignificantes a mi voluntad. A veces culpo al viento que nos arrastró mar adentro, pero porque tenemos que buscar culpables o justificaciones, si poco a poco aprendimos a querernos y a amarnos a nuestra manera; vivimos una pasión llena de tormentas; no sé en que momento el mar se transformó en un infierno y lloraste todo lo que se puede llorar en la peor tormenta. Aprendimos a querernos, a soportarnos y así fluyó el tiempo jugando a la rayuela, sobre la piel de las estaciones de nuestros sentimientos. Aprendí a quererte demasiado tarde, a consentirte como a una osita de peluche, cuando ya te había perdido, cuando los leños ya no eran más que cisco… cenizas… Siempre me cuidaste con ternura cuando me hundía en el infierno por culpa de esa asesina enfermedad invisible y me rescatabas tendiéndome tu mano y sacrificando hasta lo imaginado para que nadie me fuera a ver caído, sino como un campeón triunfador, como un símbolo de orgullo o ejemplo… no se si eran males del alma, del cerebro por un corto circuito en sus redes neurológicas o un neurotransmisor defectuoso… Jamás olvidaré el cariño con el que me cuidaste y en vez de ignorarme o de olvidarme en un desolado destino, me recogiste como a un perro callejero y me regalaste amor, comida y techo; me devolviste la dignidad y la confianza que había perdido; jamás me avergonzaste frente a nuestros hijos y te convertiste en la mecenas de mis sueños. Te llevo en cada parte de mí. No soy pesimista, ni es injusto pensar en la muerte, pero así funciona la vida y la naturaleza… imaginemos a todo un mundo viviendo en paz y amándose… algún día todo será hermoso y realidad el paraíso que ensoñamos como una quimera fantasía… jamás olvides que el amor: siempre hará realidad a las utopías.

Con toda la pasión de mi corazón
El Perro Vagabundo

Héctor J. Cediel Guzmán
Bogotá- Colombia
2008-08-18


Ilustracion: Berjoan - http://berjoan.artblog.fr/128821/

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