samedi 23 août 2008

Héctor CEDIEL/¡Silencio!... escuchemos al amor…



Héctor “El Loco” Cediel o “El Perro Vagabundo” como le dicen algunos, es hijo de la costa, del Tolima y de Cundinamarca; nació en el año 1951. Publicista de profesión y escritor de corazón, vinculado a la Casa de Poesía Silva, desde hace más de 20 años…El Loco regresó 4 veces del infierno y 4 veces lo devolvió el averno de sus fauces; luego escribió Poesía Prohibida de un perro vagabundo, Palabras de amor de un perro vagabundo, Cartas y otros poemas de un Perro Vagabundo y Andanzas de un perro Vagabundo…que fueron un éxito editorial: ¡Todos se los robaron! y los pocos que se salvaron, se los regaló a conocidos…ahora tiene listo para editar: Cartas de Amor de un perro Vagabundo y para Internet, para una página de erotismo, acaba de escribir cartas extensas sobre El Diván Rojo… Palabras… Conjurando… La melancolía… Testimonios… Cenizas… buceando…

El libro rojo de un diván rojo…que será su primer e-book…

E-mail:
hcediel@yahoo.com hcediel1@hotmail.com

Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=H%C3%A9ctor+Cediel


¡Silencio!... escuchemos al amor…
Por Héctor CEDIEL


Adorado pecadito:

El amor es el navío donde se embarca la locura, al hacerse a la vida. El sentimiento brota cuando nace desde las raíces más profundas de la naturaleza y de la esencia de la luz; tiene que ser un grito claro y transparente, como el hombre mono cuando navega de rama en rama, hacia los absurdos de la realidad. Ahora la felicidad surge desde donde menos lo imaginamos; más cuando en los vericuetos de los laberintos, se esconden las pequeñas y grandes sorpresas de los gritos de los silencios. Aún no comprendo el encanto de este absurdo infierno-paraíso, donde se renace una y otra vez de la muerte, germina el verde del alma y el sol de los sueños; tampoco comprendo la razón de las largas agonías o esas muertes a pedazos. En el corazón, descubre la luz la existencia que se inmortaliza o respuestas sinceras, la esperanza que expira; la felicidad no puede ser un sueño eterno, cuando depende de las estaciones de la vida y de las encerronas circunstanciales.

El amor es la sonrisa del fuego; puede lograr inimaginables cambios extremos hacia lo bueno, lo virtuoso, lo honesto, lo sensible, lo excelente o lo humano; un hombre enamorado es piadoso, caritativo y servicial, así como el desamor nos conduce hacia la zozobra o esa sensación desesperante de desafecto; inclusive podemos llegar a sentir odio, hasta aborrecer el camino que amábamos compartir; nos sentiremos frustrados, desgraciados, burlados y pensaremos que todos ríen por culpa del desaire o lo que los ciegos consideran un fracaso. Hay desengaños que hacen más daño que un balazo; el fallar o fracasar es humano y comprensible; en el amor todo se puede malograr con un simple chasquido de los dedos; en el instante más inesperado podemos estrellarnos contra la luna del vacío. Hay burlas que hacen daño, que nos pueden dejar mal parados para siempre frente a los ojos del destino; la indolencia a veces ofende, más que la peor injuria o una mentira bien preparada. La verdad a veces es insana, pero sus heridas son limpias y curan rápido; podemos quedar maltrechos, pero una caricia nueva y fresca, puede lograr milagros sin cabida en la imaginación. Jamás veas como un malvado o como una persona ruin, al infame que te abandone; las mentiras son perversas y más temprano de lo imaginado, terminan por desenmascararnos. No tomes como derrotas a tus desengaños; no solo tenemos que levantarnos las veces que sea necesario, sino entregarnos sin enmiendas y sin voltear a mirar hacia el pasado; un nuevo amor, siempre será una nueva opción de vida. Hay amores diabólicos que son capaces de destruir una o más vidas; son más nefastos o dañinos que el peor cáncer, pero alucinan, hipnotizan, hechizan y con engaños, siempre terminan robándose la voluntad del alma. Tienes que aprender a descifrar las caricias y los besos, como te dije en otra carta; no envidies a nadie, ya que la vida siempre nos regalará más de una oportunidad a todos. A veces creemos que hay amores únicos y la obsesión los convierte en peligrosos; no podemos atropellar a alguien, sin pretender el no causarle daño; el maltrato psicológico es peor que una golpiza cobarde. Un amor enfermizo, solo nos puede garantizar una vida miserable. Todo se puede despilfarrar, menos la vida que es tiempo. Las estaciones del amor son irreversibles y nunca podremos alterar su orden natural; solo podemos acelerar o desacelerar sus períodos, conciente o inconcientemente. En el corazón siempre nacerá la gloria o el infierno existencial. La vida o los sentimientos jamás se paralizan ni se entumecen, así pensemos que somos unos insensibles; nada hay como suspender un imposible a tiempo o sin perseverar por una inocente necedad amorosa. Todo lo que hay por aprender, esta escrito en nuestro destino; el amor siempre será algo más que una simple aparición al azar de un sentimiento; el destino puede parecer absurdo, pero hay que vivirlo pagina por página, verso a verso, silaba por silaba; a la vida siempre tendremos que cumplirle las citas y todo lo que tiene que suceder se dará, por virtud de esa deliciosa demencia senil del creador.

Nosotros los enamorados vivimos acosados por el tiempo; ya no lo medimos con relojes de arena, sino con cronómetros atómicos; siempre todo se da en instantes fugaces y en momentos circunstanciales muy puntuales, como si estos fueran las medidas oficiales del tiempo de los sentimientos. La vida es más que el anuncio de un licor o de un paraíso tropical, promocionado por una publicidad. Es importante soñar bien despiertos o abrir bien los ojos, antes de volver a poner los pies sobre la tierra. Una persona anquilosada en los recuerdos, esta muerta. El amor siempre nos prometerá un paraíso en el Olimpo, una estancia en el cielo, donde podremos jugar o soñar con estrellas en las manos y sentirnos rodeados de las más fantásticas imaginaciones, donde nunca faltarán las ninfas o una hermosa sílfide; así el destino con crueldad nos robe el tiempo o encienda sin piedad las inoportunas luces. Lo quimérico siempre jugará un papel trascendental en la vida o muerte de una ilusión; siempre nos avergonzaremos cuando nuestra posición sea del otro lado de la absurda sombra.

Ayer, vida mía, los piedracielistas solo hablaban o le cantaban a la rosa, con una constante obsesiva como tus besos en los versos; pero hay un universo de flores como tipos de amores; serán correspondencias o analogías por el color, textura y toda esa infinidad de sensaciones que captarán nuestros sentidos. Cada amor por sus características y circunstancias, siempre será único y su exclusividad solo dependerá de la temperatura del enamoramiento y de la fuerza cohesionaria de sus vientos. El amor siempre inventará una flor más hermosa; sus colores serán únicos y hasta esos madrigales lisonjeros silvestres nos ofrecerán con timidez y humildad su perfecta lindura; habrá aromas que navegarán como una suave canción, seduciendo a la idiotez con su ingenio, cuando se hace al viento para abordar a los solitarios. Siempre viviremos enamorados de un amor que se inventa o se oculta en secreto en un cajoncito secreto del corazón. Siempre el deseo inventará el abrir las alas de las sensaciones con sensualidad, para compartir un recuerdo disfrazado que se esculpirá con caricias atrevidas. Siempre callaremos el nombre de un amor inconcluso y su luz solo se extinguirá con nuestra muerte. ¿Por qué tiene que unir un simple salto, al cielo con el infierno? Hay amores bohemios que viven entre la espesa bruma; los hay apasionados como los besos impúdicos del verano; algunos son fríos y delicados como la polar gelidez sensual de la nieve… o simplemente fríos y asesinos como una vagina glacial. ¡Ah! La ternura y la amorosa caricia de los sentimientos primaverales; son como los besos de tu piel cuando abrigan mi cuerpo; es la inocencia del color la que me seduce; es el frescor que respira el alma y ese delicioso miedo que pisa los escalones de las escaleras de fuego; porque aún a sabiendas que nos pueden conducir al infierno por paraíso, ignoramos al temblor y a las imágenes del futuro en presente, antes de dar el primer paso. ¡La vida es así! Hay que vivir y saborear el fuego, sin dejarnos chamuscar el alma ni los largos cabellos; jamás volverán a ser los mismos, después que los recortamos o dejamos que pierdan la lozanía y el brillo virginal. Madurar siempre será: el perder una buena parte de nuestra inocencia; así como la inutilidad y la levedad nos presentará como harapientos analfabetos y una amante siempre deseará, gozar de la sabiduría pecaminosa de los sentidos y la que la expresa el cuerpo, con una sutil pero morbosa irreverencia, para poder justificar sin sonrojarse la desnudez y la entrega. El amor siempre será: el remontar alucinados la gran caverna de la vida, después de abrir los muslos como una sandia y de beber las sensaciones como una bota en una asoleada tarde de toros; luego, solo se conservará el nombre como otro secreto sagrado, hasta que el tiempo lo esfume entre su bruma o en las fumarolas de los suspiros. Por eso, amor mío, te he regalado alas, para que escapes del asedio carroñero de los rapaces alimañeros como los murtes; la vida siempre girará alrededor del sol o hasta que decida suicidarse, alterando la orbita geoestacionaria de su éxtasis; amar siempre será el rondar alucinado alrededor de la llama de una rosa; así como la tristeza por una desilusión, le arrancará lágrimas a la tierra entre paso y paso, mientras las caricias le desvisten para poseerla como cualquier vulgar ramera. No sé como retomar o en que momento emprender el camino correcto hacia el amor, para que nos conduzca hacia la felicidad añorada desde siempre; cada vez que me recuesto sobre ti, me siento como un ángel elegido sembrando sueños y esperanzas; imagino así a la ceremonia íntima que celebran Eros y Thanatos, cuando el fuego maceraba al bien y al mal, para equilibrar el sosiego del alma con un mar de felicidad.

Sin remordimientos, jamás quedarán cicatrices ¡Solo recuerdos diseminados por el cuerpo! El amor siempre será un peligroso camino climatérico que hay que recorrer a pesar de su oscuridad y turbulentos principios; para muchos, el descubrir sus laberintos no pasa de ser una demencial aventura; para otros una loca y terrible pesadilla, donde se arriesga hasta la vida y esa única felicidad, que pone en peligro la integridad de la flor de la orquídea. Descubrir un cuerpo, siempre será meterse dentro del territorio de una fiera, pero vale la pena vivir el albur, ya que las diabluras dependen del despertar el volcán adormilado o de jugarnos la vida frente a las astas del sol, que nos puede conducir directamente al matadero, después de pasar y gozar de los placeres sagrados sobre la mesa sacerdotal de los amorosos holocaustos; estos sacrificios por lo general serán ceremonias íntimas, donde se arrojan los cuerpos al viento y se exponen a las brisas del azar; pero no hay que dejar que salga lo que sea a voluntad del destino, porque podríamos estar vencidos sin haber peleado; hay que insistir con ardor y maña, en ser nosotros los que escribamos de los versos de cada historia, sin ser nunca monigotes de nadie. Hay amores por los que hay que esforzarse, si es preciso enfrentarse y combatir por ellos; por algunos tendremos que librar verdaderas batallas, pero al final se podrá coronar una laureola de piel, que justificará todos los sacrificios. El amor siempre será un desolladero; conocer el paraíso siempre nos hará sudar todo el cuerpo, pero siempre seremos los seres más dichosos, antes de ese abandono puro; luego nos tirará y abandonará exhaustos como un par de desdichados, sobre esas playas donde el olvido nos impide hablar de los pormenores del naufragio. ¡Lo importante es callar en ese momento, sin decir que conservamos una semilla de esperanza, así sea del tamaño de un grano de mostaza. Después de un adiós, es mejor el intentar escapar lo más pronto posible de la prisión de los desdichados; siempre nos considerarán más sospechosos que un perro a rayas.


II

El alma de los enamorados solo se nutre de la luz y de la locura; solo ella es capaz de empuñar con soberbia una espada contra seres inimaginados. El amor alucina, peor que el hambre de la carne; pueden temblar las aguas y salpicarnos, así no haya lluvia; algunas veces se intenta pasar sin dejar huellas ni barro de rastro, pero es casi siempre imposible, así enviemos un ramo de flores que no incluya rosas rojas. Nunca envíes un ramo con rosas negras, porque son las más poéticas para perseverar para siempre: a la más borrascosa aventura. El amor posee su propio lenguaje, casi enigmático y silencioso, sutil o soez a veces, pero cuando es irreverente se escucha como un hermoso canto casi religioso y la imaginación boreal, simplemente delira. Jamás las migas podrán saciar a la hambruna del placer, siempre se añorará un día más en la eternidad; ellas conciben al amor como una línea recta y nunca como una estación de la vida ¿Acaso no saben que después del tedio, solo se puede aguardar la muerte? La lujuria sin cordura puede ser una opción de vida o una deliciosa forma de sobrevivir embriagados en el sacrificio de lo existencial. Solo aprendemos a gozar en el amor, después de embebernos rumiando el dolor y el amargo de los desencantos. No hay que imaginar complejos guiones, ni armar películas absurdas ni esquizofrenias ilógicas… lo simple siempre será bello y no hay que acechar con empalagosas melóserias a ningún ser amado. Nunca pretendamos arrancarle flores a la semilla que germina, ni de armar una hoguera con un árbol recién cortado; el amor como en los duelos, tiene que respetar con dignidad los principios del honor. Jamás se puede rematar sin piedad, a un sentimiento herido; hay que dejarlo agonizar en paz, para que muera convencido que todo no fue más que un mal sueño o una absurda pesadilla. Siempre será bueno que cuando arda la razón, beba un poco de sosiego y se recueste bajo la sombra de un oasis, hasta que la fiebre baje como el nivel del azúcar diabética, que espanta con su sombra a las ratas que sobrevuelan, cuando olfatean la sangre del dolor y la tristeza. La luz de mi pecho, solo es de algunas brasas que no son eternas. Siempre presiento con cierto temor los pasos de la muerte y antes que me apachurre o me estrangule con sus inmisericordiosos tormentos, prefiero abrir la puerta y soltar mis sueños, todas mis esperanzas sin la más mínima mezquindad, ya que los avaros siempre serán los más miserables; he aprendido que después del otoño, vendrá inevitablemente el invierno y luego, una vez más, la inevitable primavera… De los amores eternos solo me aterra la monótona rutina; me encantan los amores fugaces, a los que nunca se les cuantifica el tiempo ni se les toma el pulso, ni siquiera un electrocardiograma… esos amores a los que nunca se les calcula la edad; un amor siempre dura lo que tiene que durar y eso es suficiente; tenemos que ser más que plumas de un pavo real o un hermoso pico de Tulcán, ya que lo importante es la música seductora de nuestro canto; es verdad que harapientos podemos ascender hacia la gloria, pero es mejor cubrir con dignidad nuestra desnudez, antes de conocer el punto exacto de la línea donde el bien y el mal o la vida y la muerte, se confunden. Vivir es oscilar colmo los caminantes sobre las cuerdas flojas que pendulan entre la gloria y la muerte; siempre tendremos a un ángel calificando nuestros pasos. Solo hacia la eternidad pasan los elegidos y algunos colados, después de abandonar este purgatorio o paraíso de padecimientos, de injustificados sufrimientos, de insaciables hambres.

Para soportar la vida tenemos que aprender a comprender los absurdos, sin importar si esta o no, presente la mano de Dios, ese Dios que parece padecer de Alzheimer o demencia senil, ese Dios al que se le han atrofiado los sentidos y sentimientos… ese Dios que suponemos vivo… A veces todo nos parece sin sentido o que simplemente son tonterías o tremendas barbaridades; todo en el hombre por naturaleza es imprevisible por su imprudencia o arranques impremeditados, que nos conducen a cometer gravísimos errores; a veces somos inconsecuentes con el discurso y nos hace ver como imbéciles por culpa de nuestra miopía o simplemente por distracción ofendemos o nos metemos en la boca del león, sin medir las consecuencias; a veces por ineptitud y en otras ocasiones por una ingenua necedad, persistimos en el error; preferimos nadar contra la corriente hasta ahogarnos, porque creemos que es demasiado el dar un brazo a torcer; solo los necios hacen el tonto, sin necesidad. A veces la inocencia nos tapa los ojos, pero esto solo sucede por lo general, en el primer o segundo enamoramiento, luego es por necedad que no queremos ver ni escuchar; a lo negro lo llamamos blanco, a lo rojo, azul y así es imposible entrar en razón.

Hay sentimientos incoherentes e incompatibles, ya que hay factores que no se pueden ignorar como la cultura, nivel de educación, posición social, ¡en fin! Pequeños y grandes detalles que determinan la vida de la relación y sobre todo: su calidad; hay relaciones que rayan con el ridículo, cuando confunden un bombillo con un sol; una bujía siempre será una bujía y un papanatas siempre será un ridículo pavo y una mujercita leve, nunca pasará de ser una intrascendente y pobre mujercita… una mujer grande siempre será muy diferente, a una gran mujer y el hombre siempre será, lo que ella desee que sea; el hombre es dueño de su racionalidad y destino, hasta y dentro de ciertos parámetros, hasta que se enamora; luego no será más que un triste idiota… esclavo del si monosilábico; todos victimas de aquellos funestos y maléficos daños que causan y que nombre antes, jamás serán gratificantes ni nos proveerán la añorada paz ni una felicidad plena… son amoríos perjudiciales por el maltrato y las laceraciones que le ocasionan al espíritu; es o son venenos enviciadores que asesinan a los sueños poco a poco… estos amores terminan por arruinarnos sin que nos demos cuenta… infestan todo nuestro mundo, nos alejan o nos aíslan en un egoísta abandono, después de chuparnos toda la sangre. ¿Vale la pena padecer al lado de un drogo, vicioso, homosexual o murte? Usted conoce la respuesta y sus razones; así intentemos justificarnos con razones que parezcan lógicas, pero es una forma de sentirnos menos miserables por el amancillamiento al que nos conduce un mal enredo, que es más que el fornicar sabroso; ya que solo las bestias se aparean sin tener en cuenta los sentimientos o el respeto hacia un hogar o relación. Amancebarnos no es prostituirnos ni amalgamarnos en una absurda mezcolanza de intereses y conceptos; cohabitar es un arte donde debe primar la conversación y todo tipo de comunicación, para poder gambetear a los problemas y capotear a las embestidas, inclusive de la envidia. Una mala pareja en vez de ser un excelente lazarillo, se puede transformar en una endemoniada luz o en el más perjudicador de los caminos… Es verdad que nadie es perfecto, pero nadie se merece la desgracia de ser victima de otro, que se le recorten las alas y se le pisoteen los sueños, que se le intimide hasta dejar de ser si mismo o si misma; muchos quedarán mal parados, pero muchísimos más: arruinados y sacrificados para siempre. Después de los improperios, todo se sembrará en la infertilidad; todo se vivirá como algo pesado y agotador ¿Vale la pena enloquecer por un desgraciado o una infeliz, por Caro o Murte que sea?

En toda relación se puede errar y ser desafortunados, pero lo importante es enmendar el error, antes que sea demasiado tarde. No nos podemos encerrar a pelear a muerte, como gallos de pelea. Las desilusiones violentas desgastan y son desastrosas para las vidas de nuestros hijos. No es una maldición que la vida del amor, dependa de los ciclos y tiempos de sus estaciones; es el reniego a aceptarlo y persistir por orgullo en ese azaroso averno donde el fuego insolente nos injuria y nos provoca a cometer acciones improcedentes y cada vez más discordantes. La infidelidad puede comenzar con inocentes engaños, hasta convertirse poco a poco en un ingenuo vicio, hasta que nos conduce al adulterio absoluto; tenemos que ser leales incluso para decir adiós y tener dignidad para escuchar y aceptar la realidad, cuando una relación declina; siempre tras la vil infidelidad, pueden existir razones y justificaciones; la traición deja abiertas para siempre: bárbaras y mortales heridas; infestas por los gritos del escándalo y todo ese pandemonium que termina por arruinar la vida de todos los de la familia o del circulo afectivo. Yo fui la cerilla que encendió más de un fuego; conozco las consecuencias de la devastación, cuando el incendio se sale de las manos… jamás hay que ser blandos ni débiles, cuando tengamos que tomar una gran decisión; tenemos que ser radicales e inflexibles, si realmente añoramos regresar a una vida diamantina y pletórica en felicidad; no nos conmovamos con las lagrimas de cocodrilo que nunca faltarán y menos concediendo terceras o más oportunidades… no es castigar ni infligir condenas, porque no somos dioses y nuestras verdades , todas son relativas; simplemente tenemos que retomar nuestra dignidad y castigar con indiferencia ¡Jamás con violencia!: ¡La pérfida felonía! Siempre recogeremos los frutos de lo que sembremos y el engaño es uno de los resultados del cansancio; siempre la pureza de la luz, nos indicará el sendero correcto.

Solo cuando hay magia en el amor, se puede disfrutar la tierra como si fuese el paraíso. Como un demonio arrepentido: rebusco y desempolvo algunos recuerdos, para que comprendas las razones del fuego de tus silencios. Ayer aprendí que existen pecados mortales y veniales, pero todos los pecaditos desde que tengan dos patitas, serán el fantasma reencarnado de un demonio o de una diablilla, que intentarán con mentira casi ingenuas, seducir y confundir a nuestros valores; las tentaciones siempre irán directo a acariciar el sexo de nuestros sentidos y como cualquier invasión bárbara, derribarán a patadas las puertas, no para que escapen, sino para asaltar a la lucidez de nuestra razón. Yo que he estado en los dos lados de la línea, se que es el ser un bestial bucanero o un humano y racional enamorado de bien. Siempre las circunstancias serán diferentes, podremos evaluar y aprender de las conclusiones, pero nunca igualar o parar al pasado frente al presente, ya que las ruinas siempre hablarán de un pasado turbio y del que no podremos dejar de pensar; es como en el deliberar como saltar o salvar la muralla que nos separa de nuestro gran amor. Nunca huyas así lo hagas en silencio, ya que los días de felicidad, a veces son muy pocos y efímeros. No dejes para vivir mañana, lo que puedas gozar hoy; inclusive cuando te sientas presa, imagina un castillo protegido por garitas, rejas, aldabones y cerrojos por todas partes, pero que solo tú posees las llaves que te regalaron los sueños, para que puedas escapar cuando te desvele el desasosiego. En ningún momento dejes de fantasear o de imaginar a la felicidad. Escríbeme contándome tus cuitas, ya que sabes que me fascinan los chismecitos del corazón. Pienso que el consejo de un Perro Vagabundo es de poco fiar, pero es la vida la que me ha enseñado a cantar, las imágenes de mis visiones. Te hablo sin jactancia, con el corazón en la mano y desnudando el alma, ya que seria una fanfarronería el presumir de pensador; simplemente deseo que no cometas errores por vanidad ni por orgullo; la vida esta llena de chulos guapos que con su farolería son capaces de enredar hasta un riel ferroviario; no me pavoneo de nada y por eso, simplemente te hablo; eres la capitana de mi destino, así te sientas jadeante y que la vida te asfixia; tienes que tomar impulso suficiente, si deseas regalarte un segundo aire a tu vida. No te encierres o aísles que es lo peor que puedes hacer y es más despiadado que el suicidio o el enclaustrarse por despecho en una cartuja, que seria como claudicar sin dar la batalla. Aprende a descifrar el olor de las almas de los humanos, porque todo lo que tenga vida, debe poseer un espíritu y transpirarán sus propias feromonas. A veces la soledad y la música son la mejor terapia para que sanen y cicatricen bien las heridas; la nostalgia solo nos sirve para disfrutar más de los aguardientes o de los wiskicitos cuando escuchamos música de despecho; tienes muchos incentivos para ganarle la lucha al acero y al concreto, que edifica monstruos para que habiten a la ciudad, como los cloacales murtes; no te dejes enredar por los falsos soles, ni encandilar por los interesados regalos de la carne; deja que la nostalgia duerma al lado, hasta que el frió de tu indiferencia la obligue a emigrar. Te amo, porque has bajado a tenderme la mano, sin habértelo suplicado o sugerido; no se que encuentras en el canto de mi carne, pero he hecho una elevada alianza para protegerte mientras viva. Eres el canto que le tira línea a mi vida y así el espejismo me las haga ver como las huellas raptoras sobre la piel ardiente de las arenas, conservo la sangre fría para que la llama de tu sombra, ciegue el alma oscura de las envidias, que muchas veces toma la silueta de una hembra o de una hermosura de hembrito, como dirías. Te considero porque te amo e imagino que será el tener que lidiar con un cuerpo que es el paraíso de las tormentas, de los tornados y de los huracanes, cuando se calienta tu piel. No tengo que ser ciego para adivinar los colores de tus pesadillas, ni un pájaro sordo para ignorar los gritos de la carne. Te auguro horas que te dibujarán desnuda sobre el espejo y después de limpiar el dolor y la amargura sobre su luna, desaparecerá la sal, la luz del dolor y se aliviarán las cargas del costal de sueños y de pecados. Hay pájaros que descienden de los árboles para recibir migas, en vez de engolosinarse con semillas maduras que les brinda la vida ¿Será que el cielo esta lleno, de absurdos laberintos? La vida siempre te extenderá un tapete rojo hacia la felicidad; cuando algo anda mal, la fiebre enciende sus luces y tenemos que escapar de la amazónica belleza, ya que el de una beldad de dama, siempre será el mejor disfraz para atrapar a un incauto y el de una hermosura de hembro, para un despistado corazón por culpa del enfado o el descontento de una mujer. Regálale siempre un poquito de tiempo al tiempo, para que por culpa de un disgusto, no vaya a cometer el peor de los errores. Es verdad que no podemos derrochar el tiempo, ni tirar por la ventana a las oportunidades; los corazones manirrotos dilapidan los sueños, hasta descolorarse. La desvergüenza es atrevida y audaz, por eso cuando te sientas enamorada, tienes que defender con desfachatez e insolencia si es preciso, lo que es tuyo. No te alejes jamás, para que se aclaren los sentimientos, porque estos no se decantan… simplemente se volatilizan… Siempre podremos llegar antes o después del momento preciso a una vida, pero no podemos ser inoportunos; nunca pretender desplazar a otro de su espacio con descaro; los amores que nacen de algo turbio, se engendrarán horrendos y los finales de sus historias, siempre serán: horripilantes, espeluznantes o espantosos. ¿Vale la pena vivir bajo un Sol desabrido o amargoso? La amargura por el desengaño deja un sabor a hiel en la boca y solo dejando pasar una buena cantidad de hojas del calendario; podemos disfrutar del suave caramelo de los exquisitos y afables besos de las dóciles, tiernas y sumisas caricias que brotan de la milagrosa primavera. Pienso por tu silencio que estas intentando clausurar algunos recuerdos… pero es muy diferente tapiarlos o enterrarlos, a incinerarlos… Se que estas temerosa de volverte a abrazar a un árbol con espinas; no le permitas a tus instintos que se exciten, cuando se les desnuda la piel o cuando las partes íntimas intentan robarle la cordura a las miradas… Hay sabiduría cuando se intenta recuperar la dimensión de la vida. Te extraño. Tu última carta me dejo en el borde invisible de la tristeza abandonado en una noche lluviosa y fría. Chiquita no seas mala ¡Contesta antes que el invierno acabe conmigo!

Te ama, El Perro Vagabundo.

2008-08-01

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