samedi 23 août 2008

Ike SEISDEDOS/ Dave EGGERS: Un incansable activista literario


Crónica La factoría de Dave Eggers
Un incansable activista literario
Por Iker Seisdedos

Editor de revistas, filántropo y narrador, el autor de Qué es el qué (novela que Mondadori distribuyó en el país) es uno de los escritores más relevantes de su generación. Una figura heterodoxa que propone un acercamiento pop a la alta cultura

El País - San Francisco, 2008

Es un miércoles cualquiera, soleado y ventoso, en la calle Valencia, de San Francisco. Otro día más en el seno de la revolución literaria de Dave Eggers (Chicago, 1970), filántropo, infatigable aglutinador de voluntades y muy probablemente el escritor estadounidense más relevante de su generación. No sólo por sus novelas, sino también por la decena de proyectos sociales que abandera. Además, por supuesto, de sus incomparables revistas. Se trata, en suma, del imperio de ideas ingeniosas que Eggers controla desde un anónimo edificio, indistinguible entre las taquerías y los negocios latinos de esta arteria del barrio mexicano The Mission.

En la planta baja, un puñado de treintañeros edita las revistas The Believer y McSweeney s, acaso las mejores entre las consagradas a la nueva narrativa en lengua inglesa; mientras tanto, en el sótano, varios adolescentes llegados de la parte baja de la rueda de la fortuna ultiman la edición 2008 de The Best American Nonrequired Reading , que es precisamente eso: las mejores lecturas escogidas entre aquellas que no figuran en sus planes de estudios. La cosa funciona así: una decena de muchachos se reúne cada semana, convocados por el escritor Dave Eggers; leen, comparten y puntúan textos procedentes de más de 200 revistas editadas en Estados Unidos, y el veredicto de tan inusual jurado se publica en una antología anual en tapa blanda que resulta cualquier cosa menos predecible. Al mismo tiempo, en la vereda de enfrente, en el número 826 de la calle Valencia (la dirección postal que da nombre a su fundación benéfica), 75 jóvenes de entre 8 y 16 años reciben clases extraescolares y consejos de escritura creativa en la trastienda de un establecimiento que, para sostenerse, vende a los turistas "suministros piratas". Botellas para mandar mensajes de náufrago, barriles de pólvora y parches, además de libros, revistas y el resto de la ingente producción editorial de la casa.

Todo lo cual descansa sobre la espalda de Eggers, ex niño prodigio de la literatura estadounidense y, desde hace 10 años, editor de la revista McSweeney s . Con una tirada de unos 20.000 ejemplares, es una revista literaria que combina nombres como los de Joyce Carol Oates, William T. Vollmann, Zadie Smith o el propio Eggers con la prosa de cualquier debutante con algo que contar y la dirección correcta a la que enviar los textos. Cualquier parecido con cualquier otra revista literaria acaba ahí. Cada número es radicalmente distinto del anterior en McSweeney s , bautizada así en honor a un tal Timothy McSweeney, loco inofensivo que, según recuerda Eggers, "mandaba cartas" a su madre, Adelaida, en las que se presentaba como "un familiar perdido listo para reunirse con ella". Ahí está el número 17, que adquirió el aspecto de la correspondencia (folletos publicitarios y facturas incluidas) de una supuesta Maria Vasquez. O aquel tercero, descatalogado, para el que David Foster Wallace escribió un relato en el lomo.

"Nos tomamos nuestros contenidos muy en serio, pero no a nosotros mismos. Tampoco el concepto de revista literaria. No compartimos que deba ser árida y presuntuosa", explica Eggers, en un murmullo. Desde aquí pilota la nave con la ayuda de una redacción de "siete u ocho" trabajadores y una quincena de becarios que, sin cobrar, corrigen textos , se pasan libros de Roberto Bolaño y comprueban datos encorvados sobre sus computadoras blancas.

The Believer es, junto a Wolphin , singular revista en DVD, y la web humorística www.mcsweeneys.net, la otra joya de la editorial. Se trata de una publicación mensual en el sentido más convencional (si cabe aplicar ese adjetivo a esas portadas dibujadas por el gran historietista Charles Burns) dirigida por Vendela Vida, atractiva escritora de aspecto severo, esposa de Eggers y madre de la hija de ambos. " The Believer es el reverso periodístico de McSweeney s ", explica Andrew Leland, el editor general. Organizada en torno a una originalísima sección de críticas literarias (en sus fichas se detallan asuntos como la tipografía o el número de bolígrafos empleados en la escritura del libro en cuestión), The Believer se compone de textos sobre la ausencia de argumento real en la obra de W. G. Sebald, historias como la del negro ex novio de Billie Holiday que "inventó la moderna crónica de sucesos", o el diario de lecturas del escritor inglés Nick Hornby.

Por otro lado, Eggers es un escritor de gran éxito. En Qué es el qué , su tercera novela, cuenta la historia de Valentino Achak Deng, uno de los 4.000 niños perdidos de Sudán que en los años 90 fueron admitidos por el gobierno de Estados Unidos y soltados en nuevos campos de batalla con nombres como Atlanta, Seattle, Vermont o Carolina de Norte.

Pero Qué es el qué no se queda en el consabido, aunque horrible y siempre necesario, relato de muerte y diáspora africanas. Quizá más interesante resultan las partes en las que Valentino y los suyos tienen que enfrentarse a la vida en Estados Unidos, al frío y otras sensaciones nunca experimentadas, al racismo que sufrirán hasta de parte de los negros, o a la delincuencia y la locura que aguardan a los inadaptados.

Eggers conoció en 2003 a Valentino. ...ste, residente en Atlanta, buscaba a un escritor capaz de contar su historia. Y nuestro hombre, perteneciente a una generación de autores conscientes de ser estadounidenses en un mundo hostil, parecía una buena opción. Después de todo, su segunda novela, Ahora sabréis lo que es correr (Mondadori), historia de dos jóvenes de Chicago sin rumbo, transcurría en lugares más allá del ombligo yanqui, como Senegal o Mozambique. Ni en "la vasta noche de América" de los beatniks, ni la opresiva ciudad, física y mental, de Philip Roth y los autores judíos.

Lo que parecía fácil (hacer de notario de una increíble biografía) se convirtió en un bloqueo creativo de más de dos años. Cuando Eggers estaba a punto de tirar la toalla, tomó la decisión de mezclar realidad y ficción para contar la historia de Valentino, relatada por éste en decenas de encuentros, llamadas y correos electrónicos.

Una fórmula nada ajena a Eggers. En 2000, el autor se convirtió en el último chico prodigio de la nueva literatura estadounidense con su ópera prima, Una historia asombrosa, conmovedora y genial , un best seller alabado sin reservas por la crítica. La novela, que casi conseguía hacer justicia a su título, narraba las peripecias mayoritariamente reales de un veinteañero Eggers, inteligentísimo y encantado de conocerse, y de cómo sacó adelante a su hermano Toph, de nueve años, tras la muerte a causa del cáncer, y sólo separada por un mes, del padre y la madre.

También contaba las primeras aventuras editoriales de Eggers, como Might , una revista online de información general escorada hacia el cinismo, cuyo nombre evoca poder y posibilidad. "...ramos cinco personas en una pequeña oficina. Nadie tenía un peso y cometimos muchos errores", recuerda Eggers, que llegó a presentarse a una especie de Gran Hermano de la MTV para atraer la atención sobre la revista.

De Qué es el qué , Eggers no esperaba el gran éxito que para una editora independiente supone vender más de 300.000 ejemplares sólo en Estados Unidos. "Trascendió a la audiencia a la que parecía destinado -admite; algunos no sabían nada del conflicto." La mayor parte de las ganancias que generó el libro se destinaron a la Fundación Valentino Achak Deng de Ayuda a Sudán, y, en otra prueba de que las cosas siempre pueden torcerse, el dinero se esfumó igual que como había venido. En la Navidad de 2006, McSweeney s se vio afectada por la suspensión de pagos de Publishers Group West, distribuidor de libros de Berkeley. "Fue adquirida por otra empresa. La sanearon y la cerraron. Perdimos el 70% de nuestro capital [130.000 dólares en total], casi todo procedente de la fundación de Valentino."

El golpe fue recibido con modesta elegancia. Una subasta de números de McSweeney s firmados, dibujos originales y miscelánea variada para el coleccionista pudo sacar a flote la compañía. "Fue bonito descubrir con qué clase de lealtades contábamos", recuerda Eggers. Su marca editorial brilla, y el acercamiento pop a la alta cultura que ha contribuido a crear empieza a marcar época; pero hoy, el hombre parece cansado. No son nada frecuentes sus encuentros con la prensa, ni los momentos en los que se ve obligado a decir "basta". Pero éste podría ser uno de esos días.

Poco después de la entrevista, un ataque agudo de fatiga lo obligó a bajar el ritmo.

© El País, SL.

Articulo:
http://adncultura.lanacion.com.ar/ 14/08/08


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