samedi 23 août 2008

Marta SEPÚLVEDA/A Fanny lo que es de Fanny


Marta Sepúlveda
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A Fanny lo que es de Fanny
Por Marta SEPÚLVEDA

Este fin de semana falleció una canción. La salsa quedó coja en Cali, una parte de nosotros se fue para el otro mundo sin pedir permiso y Fanny Mickey se mudó con su música al más allá dejando un reguero de huérfanos, listos para la próxima rumba donde seguro cantaremos el título de éste post como lo reza la letra de la canción que Cesar Mora le compuso.

Yo quiero morir como ella, bien viva hasta los 78 y con cuerda para dar guerra en el cielo hasta que San Juan agache el dedo. Ya la imagino organizando allá arriba sus desórdenes, con esa sonrisa suya que no le cabía en la boca y ese rojo gritón sobre los labios. Con esa velocidad de crucero que no aguantaba la lentitud de los pobres mortales que trataban de seguirla. Quiero vivir así, desafiando relojes pesimistas, siempre al borde del cuchillo, irreverente, apurada por llegar a todas partes, importaculista y reaccionaria.

Fanny se vino de Argentina detrás de un amor que la dejó tan ciega que no veía sino con el corazón, abría la boca y le salían palomas en vez de palabras y su alma incendiada de sueños alumbraba las espesas noches del teatro triste antes de ella. Llegó para descubrir que uno no es de donde nace sino de donde más lo extrañan; para quedarse en Cali donde las mujeres son como las flores y ella la más de todas, con aroma y semillas esparcidas en todos los rincones de Colombia.

El sábado por la tarde al conocer su deceso, Niche cantó a gritos su despedida desde la Plaza de Toros de Bogotá. Tal como ella quería, en una fiesta por la vida, por lo bueno, por lo que nunca muere. Y un gentío acompañó su féretro hasta el capitolio, no para decirle adiós, sino gracias por haber nacido, por haberse enamorado y en esa mágica equivocación, haber venido a vivir su fiesta con nosotros hasta la hora en que los gallos trasnochados cantan su kikiriki a ver si el sol termina con la rumba.

Quiero fundar una familia como la suya del teatro, con amigos iguales que me escriban graffitis sobre el ataúd con palabras de aliento para animarme a cruzar el charco. Como los mil maridos que la adoraron sin haberse casado con ella, como el montón de madres que no la parieron pero la quisieron como si lo hubieran hecho, o los mil hijos adoptivos y centenares de hermanos de noche, teatro y bohemia que se vieron de un momento a otro sin saber qué hacer con ese hueco en el estómago por su partida.

Pues nada Fanny, acá nos quedamos con más ganas de ti. Nunca fue suficiente tenerte, sufrirte, amarte. Nos hubiera gustado que fueras, porque seguro hubieras podido ser, la primera inmortal de este planeta. Conservarte entre nosotros para siempre en piernas (memorables) y alma, para celebrar otros veinte años del Festival Internacional de Teatro, que se te ocurrió con Ramiro un día de esos en que te quedabas callada y todos temían tu silencio porque era como el de los niños…peligroso. Para embarcarnos en otra locura tuya de esas que termine convertida en edificio, en saltimbanqui o en que se yo qué locuras; para verte volar como hace unos meses sobre Bogotá, en la última edición del Festival, atada de una cuerda y rodeada de ángeles eróticos.

Para verte posar a tus 60 promocionando la obra “Yo amo a Shirley” en la portada de una revista y darnos cuenta que te veías más sexy vestida que toda la negrura del futbolista Luis Carlos Perea que sostenía desnudo tu sobrero con un “gancho invisible”.

Para ver de lejos tu cabello anaranjado y saber que todo sigue, que lo bueno no se acaba porque hay gente como tú encargada de recordárnoslo. Y que hay personas que la enfermedad no las termina, almas que ni siquiera la muerte puede derrotar.

Quiero como tú, desafiar a Borges cuando decía que el tango es un pensamiento triste que se baila, porque te rumbeaste muerta de la risa el tango de la vida hasta el último de tus días; desautorizar a Dios cada mañana cuando despierta mamado de inventar el universo a escribir para nosotros una página monótona, porque ya no se le ocurre nada después de tantos siglos y tantas decepciones que le damos y verte romperla en sus narices para escribirte tú una nueva llena de aventuras. Quiero burlarme contigo en la propia cara de los incrédulos diciendo un SI SE PUEDE y como un virus contagiar a todos los NO que me rodean.

Reposarás dividida entre Buenos Aires y tu casa de Islas del Rosario, igual viviste entre Bogotá y Cali así que no será ninguna novedad. Mejor dicho Fanny, sé que más temprano que tarde llegaré a tu próxima función, ya pregunté por los abonos y todos están vendidos. Déjame entonces un zapato atravesado en la puerta del paraíso para poder colarme, o mándame por mail celestial un pase de cortesía. No quiero perderme tu debut y si no se puede, guárdame un boleto VIP en primera fila para verte después cuando vayas de gira hasta el infierno.