jeudi 14 août 2008

Miguel NUÑEZ MERCADO/Poesia


Miguel Nuñez Mercado, Nacido en Limache, en 1956, Chile, Ha obtenido variadas distinciones literarias en certámenes de carácter regional y nacional. En esta su primera publicación individual, aunque parte de su obra. Ha sido difundida en numerosas revistas y periódicos.

E-mail:
miguelnunezm@gmail.com

Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Miguel+Nu%C3%B1ez+Mercado


Un Puñado de Palabras para Carlos HERMOSILLA ALVAREZ
Por Miguel Nuñez Mercado

No sé cómo, cuándo, ni dónde.
Seguramente en Valparaíso, su enloquecido "Pancho",
huérfano desde entonces
de Carlos Hermosilla Alvarez,
el más niño de los grabadores del Reyno de Chile,
desencarnado apenas a los 85 años.

Antes que este cielo de octubre se me venga al suelo
necesito recordarlo con este puñado de palabras
porque la memoria es frágil con el ausente,
más cuando el silencio fue su mejor huella
de su paso por estos puertos.

Leí, con él, a Walt Withman en su propia lengua
que es como besar los labios del viejo loco y lúcido de Manhattan,
la única y legítima Estatua de la Libertad de América.

Con eso bastaba y sobraba –decía- para comprender el mundo.

Carlos Hermosilla pasó por este lado de la trama
sin meter más bulla que el encendido de su pipa.

Para él no habrá monumentos, plazas, ni avenidas,
ni discursos con palabras huecas que no dicen nada
y que tampoco escucharía su corazón de marinero
sordo ya de travesías y temporales.

Quedan sus cuadros que destilan la tinta negra de su ausencia
y que respiran todo el aire de otros tiempos
que aún guarda muy fresca la memoria.


Me confieso Padre
Por Miguel Nuñez Mercado

Yo fui, Padre, quien enterró la espiga de oro de Justiniano, y su canilla, debajo de la nave principal de la Iglesia de Lourdes.

Sólo lo saben las palomas, que aquel día llegaron, como nunca, a pararse encima del campanario.

Sólo ellas me vieron cuando sellaba la abertura, mientras entonaban un cucurrucucú que todavía no puedo sacármelo de la cabeza.

Sólo ellas lo saben, y ahora se lo cuento, Padre, y usted solamente me dice que estoy huevón.

Y, yo le digo, pregúntele a las palomas del campanario, aunque ellas sólo saben decir cucurrucucú, de día y de noche y, yo, Padre, ya no duermo.


Hugo GOLDSACK
Por Miguel Nuñez Mercado

Acompañé al Maestro desde el mismo instante de su llegada a esta ciudad, linterna en mano y a pleno sol por Serrano y Urmeneta, en medio de la risa de los comerciantes y el estupor de los policías.

Mientras duró su visita jamás descuidé mi sombra para no quitarle el sol y estuve siempre atento al fuego de su lámpara.

No fue larga su estadía entre nosotros y una noche lo acompañé hasta la estación de los ferrocarriles.

Allí, me abrazó con fuerzas y apagó su lámpara que puso entre mis manos. Yo le dije: "Maestro, por qué lo hace" y él me miró, sonriendo, y me dijo: "Hijo mío, ya no es necesario".

Entonces, lo vi alejarse, caminando lentamente, por uno de los costados de las vías.


Autobiografia
Por Miguel Nuñez Mercado

Hay quienes piensan que el nacimiento de Mesías se debió a un descuidode Dios al no atender la Ley de Ogino-Naus.

Otros creen que fue una jugada sucia de los ángeles disidentes,cansados del poder omnímodo y de la infalibilidad del Hacedor.

De otro modo no se explica su alumbramiento, bajo el cielo protector de las samaritanas de Santo Tomás de Limache, que dejó con la cara larga a las parteras de la zona y a un trío de extranjeros que seguían el paso del primer "sputnik" por el cielo de la ciudad.

En verdad, nadie se lo explica claramente, aunque los cronistas de la época describen a Mesías "como el más semejante a Dios, entre los nacidos aquel año".

Aún se recuerda, según Saint John en las páginas del "Gospel", "por la abundancia en las cosechas, la suavidad del clima y otros misterios del cielo y la tierra, que han sido imposibles de dilucidar".


A veces, por las noches
Por Miguel Nuñez Mercado

A veces, por las noches, siento el ruido del mar.
Sube las escalas del río y llega hasta mi casa.
Me levanto descalzo y le abro la puerta.

Se sienta en un sillón y descansa.
Me habla de locas travesías y naufragios.
Yo lo escucho como sólo se puede oír al mar:
Mirando la enorme inmensidad de sus ojos.

Me dice que hay miles de muertos en su lecho.
Que no dejan de mirarlo desde el vacío de sus ojos.
Aunque no hablan, sabe que piden que los liberen de su mortaja de aguas.
Piden justicia y quieren volver al lugar de los que aman.
Decirles al oído el nombre de sus asesinos.
El mar dice que, algún día, los lanzará sobre una playa.
Que se levantarán y caminarán hasta sus casas.
Que besaran en la boca a los que aman
Tomarán el té a la hora de siempre y saludarán a sus amigos.
Se sentarán en un sillón a contar pequeñas historias de travesías y naufragios.

Volverán a ser tan felices que olvidarán hasta el nombre de sus asesinos.
Entonces, ya nadie escuchará el ruido del mar, subiendo las escalas del río.
Ni nadie tendrá que levantarse descalzo a abrirle la puerta.


Reflejos
Por Miguel Nuñez Mercado

No eres tú, Zenón de Elea, en los espejos
Ni el rápido Aquiles, pies alados sobres mis sueños,
Sino yo, viejo, triste y cansado, a los 51 años


Graffiti
Por Miguel Nuñez Mercado

Ninguna calle llevará mi nombre
Lo dice en sangre mi boca muerta,
Mis ojos tristes, mi mano inmóvil sobre la mesa.


Padre
Por Miguel Nuñez Mercado

Debo partir ahora mismo,
mi padre me espera.

Alfajores de leche y miel,
dulces de La Ligua, Chilenitos habrá en su mesa
y yo beberé Agua de Culén y Pepsi Cola
hasta saciarme.

Nada faltará en la casa de mi padre,
su morada es como un día domingo
con tortas de chocolates y cornetas de cumple


Rito
Por Miguel Nuñez Mercado

Pongo
A este cielo de zinc
Como testigo

A Gardel
Y a Razzano
En la victrola

A esta sangre
El vaso
La Botella

A este ojo
De luz encima
De la mesa


Verne
Por Miguel Nuñez Mercado

Los ojos
De mi infancia
Se despueblan.

Se salen
De su órbita
Y su agua

Hay un sol
En las palabras
Que deslumbra

Un sol
Que nace y muere
En medio de las páginas

Pagina en blanco
Por Miguel Nuñez Mercado

Ninguna calle
Llevará mi nombre

Lo dice en sangre
Mi boca muerta

Los ojos vanos

Mi mano Inmóvil
Sobre esta mesa


Hotel ALMENDRAL
Por Miguel Nuñez Mercado

El único ojo entreabierto
Es la ventana

Valparaíso Asoma
Su pupila negra gime

Pecho pájaro anida
En los reveses de las sombras

Pequeño rincón del mundo
Guarida de luz y fuego

Donde la lluvia
Es una hembra inconsolable


Para Luis CONCHA RAMIREZ
Por Miguel Nuñez Mercado

Te traigo este puñado de palabras
Hasta la tierra que te ampara
Un poco de aire movido por mi lengua
Que escarbe hasta el fondo del polvo hasta tus huesos
Y te desexilien del territorio
Del silencio que ahora habitas.

Que tus oídos escuchen mis voces
Como antes
Cuando soñábamos con cambiar el mundo
Acodados sobre el hule de las mesas
Ante un sol rojo que nacía de las botellas
Y que se repetía -interminable y pequeño- en los vasos

La esperanza, entonces, nos cabía en el hueco
De una mano
Y tenía el color de las uvas

La noche era testigo
De los latidos de los relojes
Y de nuestras risas que espantaban las luciérnagas
Nuestros corazones eran dos "spútniks" que se elevaban hacia el cielo raso

Hermano, partiste tan temprano
Antes que la noche deshiciera sus magias
Y el fuego del verano madurara las uvas

Estoy aquí para decirte que el silencio
No ha apagado tus voces
Que tu recuerdo es más cierto
Que mi rostro en el fondo de un estanque

Que esta palabras profanen la tierra
Que te guarda
Que te horaden los tímpanos y las guarden tus sesos.

Algún día volveremos a encontrarnos
Y acodados sobre el mantel de una estrella
Nos beberemos el sol


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