dimanche 24 août 2008

NO-RETORNABLE/Entrevista a FOGWILL por Alejandro SOIFER


NO-RETORNABLE
(revista literaria virtual)
www.no-retornable.com.ar
contacto@no-retornable.com.ar

Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=no-retornable


- Quienes somos
Este número de invierno presenta cambios y nuevos interrogantes porque ¿acaso no es eso la literatura, una pregunta que cada tanto tiene una respuesta diferente?
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-Vaca Loca
Análisis de la problemática política actual entre el campo y la ciudad a través de una recopilación de ensayos, charlas-debates y cartas abiertas referidas al tema.


*Ensayos
Textos que reflexionan sobre el campo y la ciudad teniendo en cuenta la actualidad del conflicto político, la historia y el imaginario de ambos en la sociedad.

Introducción - Sol Echevarría
Mirar la pampa: vacío, vidrios, pantallas - Diego Bentivegna
Que el campo no tape el bosque - Eduardo Grüner
Causas, azares y consecuencias sobre el Martín Fierro, la soja y las retenciones - Mariano Juárez
La ciudad crispada - Guillermo Korn
Una disputa por la hegemonía simbólica de "la patria" - María Rosa Lojo
Desconfianzas - María Pia López
Yrigoyen, entre Vera y Baralt: campo y gobierno según David Viñas - Marcelo Méndez
El granero del mundo - Andrés Muglia
Un suelo como un mundo - María Laura Romano
Baqueanos: saberes, territorios e identidades - Pablo Valle
Más allá del horizonte - Claudio Zeiger


*Charlas-debate
Desgrabaciones de encuentros incentivados por la revista, donde varios intelectuales se reunieron a discutir sobre el conflicto y dieron sus puntos de vista.

Charla debate I - Juan Terranova, Diego Grillo Trubba, Alejandro Boverio, Hernán Vanoli.
Charla debate II - Bernardo Ainbinder, Vicente Massot, Alejandro Horowicz y Susana Cella


*Cartas
En estos momentos difíciles que estamos viviendo, un grupo de intelectuales argentinos decidió pronunciarse escribiendo una serie de Cartas Abiertas.

Introducción - Alejandro Boverio
Carta Abierta/1.
¿La vuelta de la política? - Colectivo Situaciones.
Ni "vuelta de la política" ni "impasse" - Darío Capelli y Florencia Gómez.
Carta Abierta a (todos) los firmantes de la Carta Abierta - Vicente Palermo.
Respuesta a Tito Palermo - Horacio González.
Algunas aclaraciones necesarias - Eduardo Grüner.
Carta en la que le decimos no al paro.
Ni con el Gobierno ni con las entidades patronales "del campo".
Carta Abierta/2. Por una nueva redistribución del espacio de las comunicaciones.
Carta Abierta/3. La nueva derecha en la Argentina.
La nueva derecha. Algunas reflexiones sobre la Carta Abierta/3 - Raúl Cerdeiras


*Coma y comente
Para que no te quedes con las ganas, podés hacer tus comentarios en esta sección abierta y continuar con este debate in situ.
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- Dossier Bolaño

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre este escritor chileno pero nunca se atrevió a preguntar, llega ahora a su pantalla en un envase no retornable. Escriben:

Introducción - Marcelo López

Bolaño y la pesadilla latinoamericana
Por Marcelo López

Recuerdo que, a principios del año 2000, cuando llegué a tener entre mis manos la novela Amuleto, de Roberto Bolaño –que en ese momento era uno de los últimos textos que se habían publicado en la Argentina-, tuve una sensación ambigua, entre la incomodidad y la fascinación. La incomodidad, podría decir, me la causaba la protagonista de la trama, Auxilio Lacouture, con su relato fragmentado y su voz epifánica, que dejaba al descubierto, como huella sensible, la violencia ejercida por las fuerzas policiales en el año 1968, en la Facultad de Filosofía y Letras de México DF. La fascinación, era producto de la potencia narrativa que demostraba, ya no la protagonista sino el autor, para lograr componer aquel personaje memorable, que vivía en un tiempo y en un mundo muy distintos al mío, una voz encriptada en el pasado, haciendo del presente su mayor imposibilidad: el presente y el futuro, mejor dicho, estaban anclados en aquel pasado que había dejado una cicatriz en la memoria de la protagonista de la novela, pero sobre todas las cosas, en la memoria de toda una generación.

Empecé leyéndolo mal, es cierto, porque en aquellos días no sabía que ese personaje (Auxilio), ya había esbozado un principio de relato en Los detectives salvajes –allí se encontraba, la versión sin pliegues de su anécdota-. Luego -hago memoria y recuerdo-, leí Estrella distante y quedé también –cómo no- fascinado por la figura malvada de Carlos Wieder. Tiempo después, llegó a mis manos La literatura nazi en Latinoamérica y entendí que Wieder era el mismísimo Ramirez Hoffman. Es decir: seguía leyéndolo mal, de adelante hacia atrás, como a contrapelo. Por suerte, eso no hizo que mi atracción por este autor se viera modificada. Más tarde, llegaría a sus cuentos: algunos de ellos memorables y que podrían ser colocados en la antología de cualquier serie latinoamericana. Los relatos de Bolaño son, en sí mismo, el germen de sus novelas, donde ya se prefigura el aura de novelista que va buscando su propia forma y ese modo tan particular de incrustar tanto diálogos como personajes al mismo plano en el que se desarrolla la narración.

Después, llegaría la serie de libros “póstumos”, pero esa es otra historia de la que me voy a encargar más detalladamente en otro momento.


Un fenómeno particular

Es cierto que, como dice Alejandra Costamagna en su ensayo, en Bolaño se produce una vuelta a la lógica del boom; esto quiere decir que se trata de un autor que se ha colocado -no tanto por él mismo, sino por condiciones concernientes al mercado que exigen, cada tanto, elevar una figura por encima de otras-, como paradigma de toda una generación de escritores. Desde su muerte en el año 2003, su mito se vio potenciado mucho más de lo que se podía haber esperado. Es verdad que el reconocimiento a Bolaño le llegó en vida (un premio Herralde y un Rómulo Gallegos, no es nada despreciable), pero también es verdad que el precio y la venta de sus libros se dispararon una vez que éste había muerto. El mito de autor se vio multiplicado y esto lo confirma el hecho significativo de que se hayan editado, a cinco años de su muerte, al menos cuatro libros. Digo “al menos”, porque es probable que en cualquier momento salga publicado algún otro texto y me desacredite.

“Después de su muerte, en el año 2003, vino el estallido. En Chile Bolaño se volvió, en cierta forma, un nuevo canon. Un canon sobre infinitos cánones. Bolaño como un icono, como el rey de una tribu, el ídolo de un Chile caprichoso. Y ya van cinco años y el entusiasmo está lejos de apagarse”, dice la escritora Alejandra Costamagna. Es que el chileno ha sabido construir una obra francamente monumental, erigiendo un edificio particular, su “Universidad desconocida”, pero que cada día deja ver un poco más su propio recorrido. “La literatura de Bolaño reconoce la tradición pero la integra de tal manera que siempre parece estar partiendo de una esquina propia” (Costamagna). Esa apropiación particular del canon y su modo de posicionarse, a su vez, dentro del mismo, son factores importantes para comprender mejor su obra.
En 2666, por ejemplo, la maquinaria verbal llamada Bolaño llega a su punto (quizás) no más alto, pero sí más complejo, desbordante y desmesurado. Esto se debe, en parte “porque la digresión le da a la obra ese carácter arborescente que multiplica personajes y situaciones en que lo desopilante se mezcla con lo patético o con el horror. Porque Bolaño juega a Sherezade, pero además, la digresión es solidaria con el engranaje de la trama. Una novela da lugar a la otra como en un juego de postas.”, dice Silvia López en su artículo. “Es esa amalgama de humor y muerte, la misma que ha signado la escritura, la que recorre, como un escalofrío, su columna vertebral”. Creo que la literatura de Bolaño sería imposible de ser concebida sin la aparición de ese tono humorístico y las “muecas” irónicas que todo el tiempo tiene hacia sus pares, pero también con esa misma tradición a la que pertenece y de la que pretende, no siempre con éxito, renegar.

Sobre esa misma novela, Alejandro Zambra –un tanto enigmático- dirá que: “2666 es una gran novela porque no se entiende casi nada, aunque durante sus mil y tantas páginas persiste una ilusión de conocimiento, una inminencia”. Parafraseando –el mismo Zambra- a Borges: “La inminencia de una revelación que no se produce”. Esa revelación quizá esté cifrada en el orden –maligno- del mundo, un universo en el que ya no existe un concepto claro de lo heroico, “Archimboldi es un héroe pero no es un poeta: piensa que toda la poesía cabe en una novela, que sólo una novela puede comunicar qué es la poesía. La obra de Bolaño cuenta la historia de un poeta resignado a novelista. Un poeta que desciende a la prosa.” (A. Zambra).

Un poeta que desciende a la prosa. Me gusta detenerme en esa imagen, me gusta pensar que un narrador es, a su modo, un poeta a quien se le derriten las alas al intentar llegar muy cerca del sol, de la verdad, y tiene que descender a un espacio mucho mas terrenal para intentar dar cuenta de él. Sólo que en ese descenso abrupto ha logrado ver -de a ráfagas, como si se tratara de fotogramas unidos sin un fin concreto- un orden vedado a los demás mortales. Me parece que pocos autores han sabido apropiarse tan bien como él de esas “ráfagas” de imágenes. Puede que tenga razón Walter Ianneli cuando señala como una de las máximas virtudes de Bolaño “su estilo indirecto y casual, con esa distancia panorámica y a la vez íntima” que tiene con el mundo que narra y los personajes que lo habitan. “Sus personajes están siempre al borde de algún abismo” (Costamagna).

El propio Bolaño ha dicho alguna vez, en su “Discurso de Caracas”, que “en gran medida todo lo que he escrito es una carta de amor o de despedida a mi propia generación”. Algo parecido, dirá Marco Quezada, en su análisis de Los detectives salvajes, haciendo notar que esta novela “sugiere un itinerario hacia la derrota, la marginalidad y el anonimato literarios”. El chileno Juan Carlos Moraga, analiza la relación filial que existe, según su punto de vista, entre dos figuras extrañas: la del detective y la del poeta. “Bolaño escribe sobre poetas que investigan el reverso de las cosas y transforman la experiencia en obra de arte, así como Piglia ve en el detective la variante popular del intelectual, hombre que busca conexiones y una teoría que explique el entorno, Bolaño plantea al poeta como detective de una realidad descarnada”.

Andrés Neuman ve en la literatura del chileno la conformación de un espacio extraño, un desierto (latinoamericano, pero con escala a nivel mundial, digamos) del que hay que apropiarse pronto para poder seguir narrando. “Si estoy en el desierto, parecía profetizar Bolaño, entonces el desierto es mío”. Además, destaca una necesidad que circula dentro de la obra de Bolaño, la impostergable acción de buscar a todo momento un camino, es decir, “su fecunda desesperación por vivir, por escribir, por contar. Bolaño no narraba las historias, las necesitaba”. Porque, en definitiva “un escritor de sangre se educa escribiendo, vive escribiendo y muere escribiendo. Contra viento y marea. Contra todo y contra todos. También contra sí mismo.”

La pesadilla de la que hablaré a continuación –la pesadilla latinoamericana-, también es mencionada por Gonzalo Garcés en su artículo, trazándose así, un paralelo con la obra de Franz Kafka: “los sueños de Kafka tienen lugar en la eternidad. Los de Bolaño, en la Historia. Mejor dicho, son los sueños (o las pesadillas) de la Historia”. Pesadillas, sueños y vigilias que se descomponen en pequeñas porciones y van conformando otra cosa aún peor: la realidad. Como dice el poeta Guido Arroyo, el caso de Bolaño “no se trata de un chileno o un Mexicano que viaja a buscar trabajo en Europa, sino de un Latinoamericano que se inscribe escrituralmente como un extraterritorial y vive como un desarraigado”. La empresa propuesta por el autor de Los detectives salvajes no es para nada simple, ya que “retrata a una generación casi extinta”.


Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento.
Breves palabras sobre una pesadilla

El caso de Bolaño es muy particular: un escritor chileno (es decir, latinoamericano, con todo lo que eso significa) que muy joven parte hacia México, lugar en el que reside durante mucho tiempo y tiene su aprendizaje vital en una región que se le antoja extraña y que luego vive sus últimos años en España. Bolaño no se siente representado por el espíritu de ninguno de estos países, es un errante continuo que deambula buscando algo que ni siquiera sabe bien qué podría llegar a ser. O no, todo lo contrario: un hombre que se siente “a gusto” en donde sea, porque cada lugar tiene y porta en sí mismo una historia diferente, una tonalidad distinta y una cartografía nueva, disponible para ser “descompuesta” en partes y vuelta a ensamblar en el espacio escritural.

“Vivir es un milagro irrepetible y en cambio escribir es algo bastante jodido”, ha dicho alguna vez el autor chileno. Es cierto: vivir es un hecho misterioso y que no se repite nunca, pero cambiar de lugar (experiencia que todo escritor de ley debería tener respecto a su obra, a la forma con la que trabaja y experimenta), se parece bastante a un “recomenzar” la vida. Y de esto, de cambiar de lugar, de barajar las cartas y volver a jugar una nueva partida, Bolaño sabía bastante. Porque “el verdadero poeta es el que siempre está abandonándose. Nunca demasiado tiempo en un mismo lugar, como los guerrilleros, como los ovnis, como los ojos blancos de los prisioneros a cadena perpetua”, tal como dice Zambra.

Sin embargo, todos los personajes de Bolaño parecen compartir una serie de rasgos que, como mencioné algunas líneas arriba, al pasar, tienen que ver con su condición de latinoamericano. Las dictaduras militares, el silenciamiento organizado, sistemático y violento de parte de los Estados no democráticos (y también de otros que pretenden serlo, pero que no lo son) son factores comunes de muchos de los países que engloba éste, nuestro continente. Porque vivimos una historia, una pesadilla de la cual queremos despertar y no podemos, una verdadera pesadilla latinoamericana incesante que ahoga y de la que a veces sale a flote un manuscrito dentro de una botella y que intenta dar cuenta de esa historia que está implícita en las aguas bravas del océano del mundo, en sus profundidades, donde en muchas ocasiones naufragan las voces de los poetas que han sido tapados por la fuerza centrífuga de ese espacio que es la vida y al que, de vez en cuando, nos dejamos arrastrar.

Creo que Bolaño es un ciudadano del mundo, es decir: un verdadero escritor, un escritor a secas. Y como escritor, pero también como cronista, le ha tocado observar la caída, la desaparición de toda una generación de escritores que han quedado en el olvido. Bolaño ha visto a escritores promisorios convertirse en estatuas de piedra, o peor: en fantasmas. Ese es el drama de muchos de sus contemporáneos, que vieron a la Medusa por largo tiempo y sin saber despertar del hechizo. Bolaño lo ha visto todo, como hubiera dicho Marechal, pudo sentarse en el umbral de su puerta y observar cómo pasaba el cadáver de la última estética. Pero decide no hacerlo, decide no quedarse inmutable viendo la escena, sino narrarlo todo, ser un peregrino de la forma, construir múltiples voces que establecen una totalidad indispensable e indisociable. Ante el silenciamiento de toda una generación, Bolaño se ha propuesto llevar a cabo la realización de una obra fundamental y que, de alguna manera, se propone recuperar todas aquellas voces antes de que la velocidad del tiempo las obture y las entierre para siempre.

***
Un poeta desarraigado que intenta resistir al Amor - Guido Arroyo González
Bolaño retornable - Alejandra Costamagna
La pesadilla de la historia - Gonzalo Garcés
El Otro Gaucho Insufrible - Walter Iannelli
Testamento de un malabarista - Silvia López
Nuestros modelos de efontto - Juan Carlos Moraga
Un desierto propio - Andrés Neuman
A la intemperie latinoamericana - Marco Quezada.
La vanguardia melancólica - Alejandro Zambra


- Mujeres al volante

Seis poetas argentinas contemporáneas:

Aldabecunde - Bárbara Gallotta
Ea - María Julia Magistratti
Taquicardia - Clara Muschietti
Golfo de golosinas - Maria de los Angeles Pousa
Un asunto tristísimo - Cecilia Romana
Desandar el camino de las rocas - Noelia Vera


- Contate algo

Acá te acercamos cinco relatos para que puedas leer online

Vidas orientales - Oliverio Coelho
Tan grande como un moustro - Pamela Colombo
Paisano - Romina Doval
Una buena educación - Inés Garland
Partida al medio - Juan Carlos Tagtachian

- Fogwill: escritor y polemista

En una entrevista exclusiva enfrentamos a uno de los mayores monstruos de la literatura argentina: cuestión gay, política, literatura y otros excesos. Por Alejandro Soifer.
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“Me pasé la vida en pose”
Por Alejandro Soifer*

“Suerte Soiferrrrrr”, se despide el escritor. Es la primera comunicación y para este cronista con un severo caso de timidez, la llamada se ha convertido en prueba superada. Lástima: todavía falta un llamado para terminar de concretar la entrevista. Esa segunda llamada se produce.

“¿Fogwill?”; “¿Hola?” ; “Sí. ¿Fogwill?” Silencio. “¿Quién es?”; “Soifer”; “¿Horacio González?” Más timidez. “No, Soifer, para el asunto de la entrevista, hablamos la semana pasada. ¿Te acordás?”; “Ahh, sí, sí...” Vuelvo a respirar.

Concretamos la nota: en su casa, a las 14.30 hs un día de semana.

“Es luminosa, podemos hacer las fotos acá. Eso sí, está un poco sucia. El escritor roñoso” dice. “Si querés puedo poner de título de la nota eso: Escritor roñoso.” “Si a tu fotógrafa le da por sacar fotos de mi casa, no tengo problema.”

Es un personaje solicitado Fogwill por estos días: acaban de editarse dos libros suyos en la Argentina: En otro orden de cosas (Interzona, 2008) novela que el autor publicó hace ya unos años en España y una recopilación de artículos, ensayos y entrevistas: Los libros de la guerra (Mansalva, 2008).

Llegamos a la cita. Durante casi toda una tarde y con el correr de las preguntas, el escritor desmitificará algunas leyendas que se tejen sobre su sombra y confirmará otras. Por empezar, hay que decirlo: es cierto su indisimulado gusto por las mujeres. Apenas entramos a su casa le sugiere a la chica con la que estoy, Julieta, que vino a hacer de fotógrafa que vea otras fotos que le sacaron. Le muestra la pantalla de la PC donde puede verlas. Está en diagonal adónde él se sentará y como la pantalla está arriba de una especie de cajonera alta, Julieta las ve de parada.

Cada tanto Fogwill desviará su mirada de la conversación y ojeará la espalda y más allá de Julieta.

Suficiente preámbulo.

-¿Qué opinás de la Cuestión Gay?
-Odio la palabra gay. En mi época, los homosexuales masculinos jamás se hubiesen identificado, por ejemplo, con las lesbianas. Aunque había algunas lesbianas que podían llegar a sentarse en alguna mesa de homosexuales.

Los homosexuales de esa época se llamaban “better”. Mejores. Y eran mejores que los de ahora.

-¿Por qué?
-Porque no tenían una cultura tan opresiva. No iban a boliches better, iban a boliches.

-¿Estaban más integrados?
-No sé si estaban integrados o segregados pero no se autosegregaban y nadie usaba la homosexualidad para venderles nada.

-¿Crees que existe un márketing gay entonces?
-Yo me acuerdo cuando se lanzó el tema. Fue muy reciente, en 1978. Fue tapa de la revista Times y decía: Think straight, be gay. Es decir, “Piense recto, correctamente, sea puto”. Pero era adjudicado solamente a los hombres. Ahí me preocupó mucho a mí eso, la idea de que le dieran un nombre inglés. Yo tenía un amigo que era del Frente de Liberación Homosexual que fue un movimiento satélite de las organizaciones revolucionarias de las décadas del ´70. Fue muy famoso después, era el poeta Néstor Perlongher. Él decía: “Es tremendo, ahora cualquier puto se hace gay”. Para él era una cosa ofensiva porque era una palabra imperialista. A tal punto me preocupó el asunto que me ocupé de investigar la etimología de la palabra. Escribí un artículo “¿De dónde vienen tantos gueis?” (NdelR: el ensayo se encuentra incluído en la reciente antología de ensayos y artículos de Fogwill: Los libros de la guerra).

Realmente me molestó la palabra. Y ahora es peor. Suponte que se instituyera el “Premio Gay”, vas a ver que los que van a ir son gays, osos peludos, sadomasoquistas, lesbianas… lesbianas de las siete u ocho tribus de lesbianas que andan por ahí: lesbianas darkie, lesbianas machorras, lesbianas vampiresas. No me gusta para nada todo eso. Porque junto a eso vienen un montón de cosas. Es decir, la reivindicación gay a mí me parece bárbara. Incluso había un grupo del que también conocía al jefe que se llamaban los GAG: Grupo de Acción Gay y que supuestamente era un grupo represivo a los represores. Me parece bien la autodefensa de los diferentes sexuales. Entre paréntesis, si tuvieras un buen sistema de micrófonos podrías comprobar que 9 de cada 10 personas son “diferentes sexuales”.

-Decís todo esto pero, sin embargo, hace poco escribiste una columna en el diario Perfil donde hablás contra el matrimonio gay. Empezás poniéndote a la par del Cardenal Bergoglio y terminás diciendo que estás en contra de la institucionalización del matrimonio gay porque eso llevaría a que se gasten más recursos del Estado y en tus palabras: “más déficit fiscal, más inflación, menos bienestar para nuestros mayores y, como si hubiera pocos, más escenas de celos y reproches de nuestros amigos trolos.”
-Estoy absolutamente en contra del matrimonio gay. Si queremos liberar a los homosexuales o a “los diferentes sexuales” y en esto tenemos que incluir a los masoquistas, a los sádicos, a las lesbianas, a todos.

-Volviendo al tema de los derechos…
-Creo que las personas con identidad sexual diferenciada (no me importa que sean varones o mujeres y no me importa cuál sea su objeto sexual) tienen que tener todos los derechos del mundo. Pero si estamos luchando por la liberación de ellos, no los encanemos en la institución más mierda que produjo la sociedad contemporánea que es el matrimonio. La más represora. Fundada en la ley de Moisés. Que por supuesto no era una ley monógama.

-¿Cómo es eso?
-En el Antiguo Testamento, lees La Ley de Moisés y ves que en ningún momento dice que tenés que tener una sola pareja. Eso se instituyó cuando los judíos se empezaron a mimetizar con los romanos. Es un invento la monogamia. Es más, la Ley de Moisés obliga a ser bígamo cuando se muere tu hermano. Un varón que tiene un hermano que muere tiene que darle su nombre, su casa y hacerle hijos a la mujer de su hermano. Onán no fue castigado por Dios por masturbarse. Fue castigado porque se le murió el hermano, se llevó a la viuda a su casa, la mina lo calentaba pero el odiaba a la familia de la mina. Entonces se la garchaba pero no le eyaculaba adentro. Daba, como dice la Biblia: “las semillas a la tierra.” Es decir, acababa en el piso. ¿Y cómo lo castigó Dios? Lo mató. No lo mandó al infierno. Le mandó un rayo y lo mató.

Entonces, la Ley de Moisés te obligaba a la poligamia. Te obligaba a darle tu nombre a todos los hijos que tuvieran las mucamas y esclavas de tu casa. Eso es poligamia.

-Algo un poco más democrático que el matrimonio actual ¿no?
-La institución actual es una mierda. Matrimonio Gay, ok, ahora decime ¿Aceptan también la trigamia gay? ¿Van a defender la trigamia? ¿Va a ser acaso una conquista ulterior? Los putos careta van a querer seguir teniendo un esclavo domiciliario.

-¿A qué te referís?
-A que van a querer ser un matrimonio como mi papá y mi mamá. Porque el caretismo cunde. Y en general, son más careta los homosexuales que los straight.

-¿Por qué?
-Porque el gay tiene esa puta costumbre de cuidar las formas. Viste que son más limpios, más ordenados…

-¿Eso no tiene que ver con una imagen creada por el márketing gay?
-No, no, eso tiene que ver con una estúpida identificación femenina. Un homosexual racional no tiene por qué identificarse con una mujer. Un homosexual es homosexual porque le gusta el pene. Le gusta que se lo pongan o le gusta chuparlo tocarlo o admirarlo. A la mujer no sé qué le gusta. Qué sé yo, le debe gustar nada más que joder a las otras. Y molestar a los varones.

-Volviendo a la pregunta original, en ese artículo citaste al Cardenal Bergoglio ¿No te parece que es una provocación?
-Yo coincido con el Cardenal Bergoglio, por supuesto. Creo que es una medida progresista no permitir que la gente se autoinmole en una institución siniestra como es el matrimonio.

-¿Te declarás progresista?
-¡No! Me cago en el progresismo. Yo nunca fui progresista.

-¿Cómo te definirías políticamente?
-No sé. No soy nada. No creo ni en el progresista ni en el reaccionario. A veces coincido con los sectores más reaccionarios, otras veces hasta llego a coincidir con los progresistas, aunque estéticamente no me gustan.

-No confiás en nada entonces...
-Confío, por ejemplo, en la tecnología superior de Linux.

-Pero usás Windows…
-Lamentablemente. Porque laburo. Estoy en una red, en una empresa que está coimeada seguramente por Microsoft. O peor, por IBM, AT&T.

-Además estás en contra del divorcio…
-¡Pero por supuesto! ¿Para qué el divorcio? Estoy en contra del matrimonio. Si yo estoy en contra del matrimonio tengo que estar en contra del divorcio que para lo único que sirve es para casarse otra vez. ¿Para qué más sirve?

-Podés divorciarte para quedarte solo…
-Si alguien se divorcia, una pareja, de hombres, mujeres, lo que sea, es porque van a emprender otra pareja. Si no ¿Qué carajo les importa? Divorciarse por ejemplo, es desheredar al otro. ¿Para qué lo voy a desheredar si no me interesa?

-En un artículo de 1984 (“El modelo liberal de opresión sexual”) escribiste: “… la pornografía es una institución comercial, que como las industrias del alcohol, del tabaco, propende a la creación de ámbitos de satisfacción sustitutiva que generan dependencia de su clientela. Cuando el Estado (…) acepta su existencia y promete la tolerancia respecto de esta industria cazabobos, define su proyecto cultural con tanta precisión como cuando amenaza con trencitos de exposiciones y conciertos de música complaciente…”. Teniendo en cuenta esto, ¿Considerás que la liberalización del consumo de drogas del que se estuvo hablando últimamente va por este mismo camino?
-Yo estaba en contra de liberalización de la pornografía cuando se confundió un destape ideológico y político con un auge de la pornografía.

Yo gané el primer premio de un concurso organizado por la primer revista pornográfica con intenciones comerciales serias de la Argentina. Se llamaba Don y el dueño era un fiolo de carrera. La pornografía venía de la mano de la explotación, de la prostitución. Estoy en contra de la pornografía y del juego.

Yo pienso que la presencia de droga debe ser penalizada. No me importa si te drogás o no. Si tenés droga sos parte del sistema de comercialización de la droga que está costando 15 mil vidas humanas.

-¿Lo decís a raíz de tu experiencia como ex adicto a la cocaína?
-Sí, claro. De no tener esa experiencia personal y si fuera progresista diría: “No, ¡Que lo liberen mientras se tome su medio gramito por día de cocaína!”. Pero claro, medio gramo de cocaína por día significa que tenés que ver tres veces por semana al dealer. Estás participando de un acto de comercio ilegal.

-¿No hay diferencia entre marihuana y cocaína?
-Mhhhhh… yo conozco mucha gente que se cagó la vida por la marihuana, mucha que se cagó la vida por la cocaína. Creo que en nuestro medio puede haber diferencias. En las clases populares es tan cruel una como la otra. Cualquier cosa, el pegamento por ejemplo, es una idiotez. Además no produce nada. El pegamento es tan dañino como la marihuana, la cocaína y esas pastillas de mierda que nadie sabe quién sintetizó y se las comen de a baldazos ¿no?

-Los años 80’ de merca, los años 90’ de pizza con champagne, estos años ¿De qué son?
-Ahhh, ¿Qué pizza con champagne? Pizza con champagne fue un Estado que protegió, como este mismo, el tráfico de drogas. Este Fernández (NdelR: se refiere al ministro Aníbal Fernández), que habla de la liberación de las drogas es parte de un Estado que tuvo a la Argentina un año entero sin radares, poniendo en peligro la vida de todos los pasajeros de aerolíneas.

-¿Qué opinás de la narrativa argentina contemporánea que suele defender una postura poco politizada para su literatura?
-Ya existieron esos escritores eran: Guebel, Bizzio, Pauls, Caparrós. Esto en el año ´82. Y de los actuales quizás también hay alguno de los que puedo hablar bien, creo que no. A ver (agarra una suplemento cultural que tiene en tapa a varios de los escritores argentinos contemporáneos) Cucurto. De Cucurto hablo bien. De los demás no. Pero Cucurto es un tipo que me interesa. Está entre varias aguas, viste que es rara la posición de Cucurto.

-¿No rescatás nada de la nueva movida?
-¿Qué es nueva movida? Eso de nueva movida es márketing.

-Las antologías de escritores jóvenes que están de moda…
-¿Esas de Tomas y compañía? Eso no existe (NdelR: Se refiere a La joven guardia antología de cuentos de narradores argentinos contemporáneos hecha por Maximiliano Tomas así como otras similares.)

-Dicen que cuando vos hablás bien de un escritor es porque se está por morir…
-¿Quién dijo? Yo hablé bien de muchos. No creo que se muera Fabián Casas. No creo que se muera Mattoni, Raimondi…

-Hace poco hablaste de Pablo Ramos…
-Me parece un tipo interesantísimo. Creo que es un escritor hipersalvaje y que tendría que darse cuenta que se puede convertir en un escritor de primera línea si acepta ciertas reglas del juego y si aprende a controlar y analizar sus textos. Leí un solo texto de él: La ley de la ferocidad. Me parece una obra maestra ese libro. Lo que pasa es que yo lo puedo leer pero no lo puedo ir regalando porque sé que el lector se va a entusiasmar mucho en un momento y de golpe se le va a derrumbar. Yo sé, esos ciclos de derrumbe y éxtasis que hay tienen que ver con los ciclos del alcohol, con los ciclos de la droga, y con los ciclos del laburo espantoso de escribir. Vos tenés una etapa buena: cazás guita y escribís como loco, estás tranquilo. Empieza a apretar, te empieza sonar el teléfono que quieren cobrar y ya escribís cada vez peor.

-¿Qué pasa con tus libros que no se consiguen en la Argentina?
-Van a salir. ¿Qué apuro hay? ¿Tienen tanto apuro, loco? Ya salió uno de los que no se consiguen.

Interrumpe la conversación para decirle a Julieta que sigue viendo sus fotos que una de las que están en pantalla ahora se la sacaron el día en que fue a pelearse a la DGI. Me da un respiro y preparo la siguiente pregunta

-¿Tenés libros que nunca publicaste?
-Sí, pero no sé si los voy a publicar. Deben ser malos. Son malos.

-¿Escribirías una novela sobre estos años? ¿Cómo sería?
-Los pichiciegos era sobre los ´80 y la escribí en los ´80. Vivir afuera la escribí en los ´90 y era sobre los ´90. En otro orden de cosas la escribí en el ´99. Entre el ´99 y el 2001 y es sobre ahora. Es un libro muy vigente en la actualidad. Está hasta en los nombres de la actualidad, eso ya se va a notar.

-¿Es una novela actual?
-Yo creo que es actual pero no porque parezca la biografía de un montonero que terminó en el poder…

-¿La novela tiene que ver con la moda del peronismo?
-Sí, sí, claro. Vos usaste la palabra marketing. Se transforma en un argumento. El peronismo es muy difícil de pensar. Sería muy fácil para mí si viene alguien con 10 mil dólares y me dice escribí un ensayo sobre el peronismo. ¿Cuántas páginas? 224 páginas. Yo escribo un ensayo que no sería el peor de los que hay sobre el peronismo. Pero te aseguro que no entendería nada. Sigo sin entender. No hay dólares que paguen una comprensión del tema.

Lo llaman por teléfono, atiende. Escucho tramos entrecortados de su conversación. Dice que si le quieren hacer juicio que se lo hagan. Vuelve.

-¿Qué pasó?
-Chiche Gelblung me acusó de antisemita y me quiere hacer juicio.

-¿Por qué? ¿Qué dijiste?
-Quería meterme preso por algo que le dije en la radio. Yo no niego el Holocausto. Niego la palabra Holocausto, obviamente.

-¿Por qué?
-¿Cómo le vas a atribuir un motivo religioso a eso? ¿Vos crees que los mataron por motivos religiosos a los judíos? Eran motivos ideológicos mucho más complejos que la religión. Además lo que fue la Solución Final, ahí si yo niego que hayan sido 6 millones, me consta que no pueden ser 6 millones de judíos, no alcanza Europa para 6 millones de judíos. 6 millones era el número de kilómetros cuadrados que reclamaba la Haganá para el Estado de Israel, eso diez años antes de que fuera el supuesto Holocausto. Habrán sido un millón. Si hubieran sido 300 personas era lo mismo. Si hubieran sido 30 también.

Niego la cifra pero no voy a discutir la cifra porque no voy a ir a Europa de vuelta para demostrar que en Auschwitz no cabía tanta gente.

-No sólo en Auschwitz se mató gente.
-Sí, pero fue el más grande. Si en Auschwitz se pudo haber matado 60 mil aceptemos que el terror nazi pudo haber matado otros 600 mil. Pero además le dejó la mano libre a los rusos, a los lituanos, a los polacos, a los rumanos, a los búlgaros, para quienes todo judío de su Estado era un alemán en potencia, era un enemigo. Porque eran los aliados de Alemania, los judíos, hasta bien avanzado el nazismo.

-Tenés una cuestión de construcción de imagen muy fuerte. Se comentan muchas cosas de vos o siempre tenés una anécdota interesante que contar…
-El 90% son falsas. Se van exagerando. Es muy divertido… tirás una boludez chiquita así y faaaa…

-En un autorretrato que incluís en Los libros de la guerra decís que te acordás de tu primera erección, a los dos años ¿Eso no es construcción de leyenda? Fogwill, el Super Macho de la Literatura Argentina.
-¡No, loco! Yo recuerdo mi primer erección a los 2 años y recuerdo la de mis chicos al año.

-Una cosa es lo biológico y otra cosa es que lo recuerdes.
-Yo tengo recuerdo de un lugar donde dejé de vivir al año y tres meses. Y me pasé la infancia asombrando a los parientes por cosas así. “En esta casa había cocina de querosén” digo por ejemplo. “Pero si vos nunca viniste acá”; “¿Cómo que no? Si ya caminaba.” Desde que camino recuerdo. Tengo una memoria infernal.

-¿Eso te ayuda a escribir?
-No, para nada. Pero me ayuda a impresionar. Me encuentro con un tipo de la primaria y le recito de memoria la lista de compañeros de sexto grado (a continuación recita aceleradísimo una lista que bien pueden ser apellidos o cualquier cosa, se pierde con la velocidad con la que escupe las palabras.) Me acuerdo, de esas boludeces me acuerdo. Después me olvido del teléfono de la portera o cosas así.

-Siguiendo con los rumores… se dice que robaste el slogan “El sabor del encuentro”.
-No, al revés. Esa campaña está registrada por mí para Pallmal en el año ´78 en nombre mío y de Santiago Álvarez Forn. Me la robó un empleado mío, un tipo que había sido gerente de mi agencia de publicidad. La usó para Quilmes pero me indemnizó.

-Entonces no sos tan malo como te pintan…
-Pero yo robo ¿eh? El sabor del encuentro es robado. Mi idea es robada. Se la robé al que se la robó. David Ratto se la robó a Marlboro. La campaña decía: “Venga a dónde está el sabor”. Era la campaña de Marlboro de los años ´60. En el año ´68 lanzó Viceroy en la Argentina con una campaña que decía: “Hay gente que encontró el sabor”. Y a mí se me ocurrió “El sabor del encuentro”.

-Pensé que tu prontuario decía Estafador porque te habías afanado ese slogan…
-No, no tiene nada que ver con eso. Mi estafa tiene que ver con un quilombo político muy complejo. Me clausuraron las cuentas del banco porque decían que usaba la plata de la publicidad de Nobleza para favorecer a ciertos canales a cambio de que ellos pasaran publicidad subliminal del ERP. Estoy hablando de 1979 cuando el ERP no existía más, existía en Portugal, un tipo del ERP quedaba.

-¿Eso en qué año fue?
-1979.

-¿Cuánto tiempo estuviste preso?
-6 meses. Nada. Divertidísimo. En esa época ir preso era como ir a un hotel.

-¿Por qué lo decís?
-Caías en la cárcel y estabas bajo la justicia, estabas limpio de todo peligro. Eso es fundamental.

-Eso si caías dentro del sistema legal… si eras chupado era otra cosa.
-A mí me chuparon 12 días, después me pasaron a Tribunales, después me pasaron a la Policía Federal. Esa etapa fue negativa. Estuve esos 12 días sin fumar, sin comer y meando en un baño una vez al día cuando me sacaban. Pero eso es todo, boludeces comparado con lo que es ahora. Ahora caes a la cárcel y no sabés si vas a salir vivo. Y si salís vivo, no sabés si vas a salir vivo y sin virus porque cuando llegás siempre te sueltan al más sidoso y al más perverso para que te coja.

-¿Cuál es tu relación con Borges?
-Mi relación con él fue leerlo.

-¿Y él te leyó?
-Le leyeron tres veces un cuento mío: “Sobre el arte de la novela”. Se lo leyó dos veces Josefina Delgado y una vez Pezzonni.

-Le omitían las partes pornográficas.
-Exactamente, por eso él después dijo que yo dominaba el arte de la elipsis.

La última pregunta parece caer en saco roto. Fogwill se levanta, camina, cambia la música desde su PC, se lo nota cansado. Le pregunta a Julieta si ya está lista para sacar las fotos. Apago el grabador. Ella dispone sus cosas.

Fogwill juega con una banana y sugiere sacarse unas fotos posando con ella. Lo miro y le digo: “¿Por qué no te sacás la camisa?”. Y lo hace.

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