samedi 23 août 2008

SECH/Cuento de Daniel TORO PONCE: De como el abuelo Pedro fue timado


Luis E. Aguilera
Presidente
Sociedad de Escritores de Chile (SECH),
Filial Región de Gabriela Mistral-Coquimbo
Fonos (56-51) 227275 (56-51) 243198
Celular 90157729
luiseaguilera.57@gmail.com
luiseaguilera02@gmail.com
www.luiseaguilera.blogspot.com
La Serena – Chile


Cuento:
De como el abuelo Pedro fue timado*
Por Daniel TORO PONCE
Miembro de la SECH IV Reg.

En otra oportunidad el abuelo Pedro tenía que resolver algunos asuntos legales en la ciudad de La Serena, pero antes debería programar muy bien ese viaje pues en esa lejana época para los habitantes del interior del valle se convertía en una verdadera aventura el visitar la capital de la provincia, en primer lugar se requería levantarse muy de madrugada para embarcarse en la góndola, (actual Micro Bus) que hacía el recorrido desde La Unión (hoy Pisco Elqui) hasta Rivadavia, demorando en hacer ese viaje unas tres horas ya que la vía que unía los pueblos de esa parte del valle parecía mas una huella tropera que camino, después en Rivadavia lugar terminal del ramal ferroviario en el valle donde se hacía el trasbordo desde la góndola al tren ferroviario, tren que era tirado por una inmensa máquina a vapor, este convoy unía los pueblitos del valle con el puerto de Coquimbo, el viaje entonces desde el interior del valle hasta el puerto a principios del siglo veinte se hacía en unas diez horas de ida y otras tantas de vuelta, en total era un día completo de viaje.

Toda una aventura para recorrer una distancia de poco mas de cien kilómetros.

Bueno, la verdad es que el abuelo obligatoriamente tuvo que hacer ese viaje y para resolver esos famosos asuntos legales en las oficinas públicas en La Serena se demoró dos días. Estando ya de vuelta en su casa en San Guillermo, luego de contarles a sus hijas Sarita y Mercedes las novedades y trajines en los que se vio envuelto para solucionar los problemas de declaraciones de la producción de la parcela, especialmente de las uvas que vendía al Control Pisquero, industria que se dedicaba a la producción de piscos y aguardientes ubicada en el pueblito de La Unión, en las oficinas fiscales de la lejana ciudad de La Serena, les dijo: Además traigo conmigo unas gangas que compré en la estación de ferrocarriles en La Serena, son unas finas telas inglesas con las que pienso mandar hacer dos ternos y que me vendieron unos caballeros que andaban apurados de dinero y según ellos tenían que volver urgentemente a Santiago, por ese motivo las vendían a precio costo. Mientras les conversaba el abuelo Pedro desenvolvía un gran paquete que estaba envuelto en un grueso papel y atado con unas cintas de cáñamo.

Las hijas llenas de curiosidad seguían con ansiedad cada movimiento de su padre, entusiasmadas por ver las finas telas inglesas de pura lana, pero cual sería su asombro cuando el abuelo terminó de abrir el paquete y ver que solo contenía unos bien doblados sacos paperos de esos llamados "gangochos" o de cáñamo. Los ojos del abuelo ya se salían de sus órbitas, tanto por el asombro como por la furia de saberse timado por aquel par de bribones con pinta de caballeros. Poseído de justa ira les explicaba a sus hijas que el par de estafadores le habían mostrado dos telas, una negra y otra café y no se podía explicar en que momento le habían cambiado el paquete, incluso habían tenido la gentileza de ayudarle a embarcarse en el tren. Las tías Mercedes y Sarita casi no aguantaban las ganas de reírse, pues el hombre nunca le soportaba a nadie que se burlara de él en su cara y esta vez además de burlarse los pillos le sacaron una buena cantidad de billetes.

Pero ese desagradable incidente no fue motivo para que el abuelo Pedro dejara de seguir burlándose de sus amigos contando increíbles y fantásticas aventuras que según él en su larga vida le habían ocurrido.


* del libro «Las Andanzas del Abuelo Pedro u Otras Leyendas del Valle de Elqui»