samedi 23 août 2008

WILDE detective


WILDE detective

El recurso de la intertextualidad no es tan novedoso como pudiera parecer, desde que los géneros se han infiltrado en la gran literatura y ésta se ha contaminado con ellos. Esta ficción policial de Gyles Brandreth adopta como personaje no sólo al poeta irlandés, sino también a algunos de sus cercanos, como sus amigos escritores Robert Sherard y Arthur Conan Doyle. De este último parodia amablemente sus procedimientos narrativos, transformando a Oscar Wilde en una réplica de Sherlock Holmes y a su amigo Sherard en un émulo del Dr. Watson, al asumir también éste la voz narradora. Sin embargo, los impulsos imprevisibles del Wilde de ficción vulneran la lógica causal del relato policial clásico.

Siguiendo el hilo de una trama convencional -el asesinato de un joven que se prostituye en un misterioso círculo sexo-esotérico-, Wilde pone en juego sus habilidades deductivas, y con la ayuda -narrativamente algo forzada- del mismísimo Conan Doyle, termina por resolver el misterio. Sin duda, en el centro de la trama y sus implicaciones, Brandreth busca asociar la biografía de Wilde y el escándalo que la oscureció, con el submundo de la prostitución gay, aunque, con oportuna cautela, se apresura a exculpar al escritor de todo nexo con la sordidez delictiva. Y por si a alguien cupiera dudas, no se cansa de destacar las cualidades de su personaje a través de su narrador delegado. Sin embargo, la discreción que atribuye a Wilde resulta inversamente proporcional a la de su propio relato.

La libre traducción del título del libro -en un intento por parafrasear el de la célebre pieza teatral del poeta- ignora la alusión argumental que contiene el original -"The candlelight murders"- y el guiño paródico al estilo del prolífico Conan Doyle.

Brandreth conoce, sin duda, los mecanismos del género y avanza en la trama con levedad y precisando, capítulo a capítulo, la cronología del relato en una combinación de fidelidad documental y ficción psicológica. La acción transcurre entre 1989 y el siguiente año, y el relato hace permanente referencia a hechos y personajes de esa época. El autor también conoce bien a su personaje, y en un excelente ejercicio de collage literario construye gran parte de los diálogos de Wilde con sus célebres aforismos. Tampoco está dispuesto el autor a disimular su propia erudición. Es así como se deleita en citar a Shakespeare, Yeats, Dickens, Lewis Carroll, Wordsworth (bisabuelo de Sherard), Baudelaire y Henry James.

No menos generoso resulta el inventario de calles, plazas, avenidas y restaurantes de ese entrañable Londres victoriano. En una trama llena de desplazamientos y lugares de encuentro desfilan Chelsea, Picadilly, Bloomsbury, Soho Square, Regent's Park, Charing Cross, nombres cuya sonoridad solemos asociar con un mundo estrictamente literario, más allá de sus referentes reales. Cada encuentro y reencuentro de Wilde con sus amigos es, además, condimentado con sibaríticas descripciones que reivindican la frecuentemente desprestigiada cocina británica.

Como suele ocurrir con la buena escritura de algunos cultores del género, ésta se sostiene mejor que la trama misma y nos permite soslayar alguna explicación inverosímil o algún personaje caricaturesco. Brandreth, además, se esfuerza por destilar reflexiones trascendentes, aunque en el tono juguetón que atribuye a Wilde.

Bajo la ligereza de los tópicos del género apenas se disfraza la intención didáctica y una alusión a la impunidad de las acciones del poder. Pero, en definitiva, tal vez sea aplicable a ésta como a otras obras paródicas el apotegma del propio Oscar Wilde citado en este libro: "la caricatura es el tributo que la mediocridad paga al genio".


José Román Óscar Wilde y una muerte sin importancia Gyles Brandreth - Plata Negra, Barcelona, 2008, 350 páginas, $16.300. Novela

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 17/08/2008

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