lundi 13 octobre 2008

Amanda ESPEJO/Sobre el Arte de evolucionar involucionando



Amanda Espejo, Chilena, perteneciente al grupo la Mancha de Quilicura

Sitio :
www.lamanchadesdequilicura.blogspot.com
E-mail: amandaespejo2004@yahoo.es
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Sobre el Arte de evolucionar involucionando
(O, sencillamente, un vistazo a la Wik´uña)
Por Amanda Espejo

INTRODUCCIÓN

Entonces, cuando el veinteavo era más uno, las musas huyeron despavoridas ante el talante del nuevo siglo. Los poetas, entonces, encontráronse desnudos, sin el velo compasivo de la estética para armonizar sus visiones. Los árboles agonizaban en sólo sus últimos inviernos y las aves graznaban su desamparo en sus nidos yermos.
- “No hay alas, no hay alas para batir un nuevo vuelo”- pensó el poeta mientras miraba al hombre “evolucionado”.

Los honorables de antaño ya no presidían los podios de la palabra: ahora, manoseaban a los niños. Estos, acorralados, golpeaban a sus madres por la ausencia del padre. El Amor, el viejo y desdeñado amor ya no era yunta entre cóncavo y convexo...

Los nuevos Adanes tecnológicos penetraban se unos a otros sin compasión ni distingo. Ante el abandono, las nuevas Evas optaron por refugiarse en la humedad de sus propias cuencas.

La violencia de los video-juegos saltó de la pantalla y se abanderó en el espacio real: un Ser-Débil – mujer, niña o niño – era ajusticiado cada día ante la impavidez del resto. De pronto y contra todo pronóstico, los últimos poetas hubieron de declararse “con las manos vacías”.

Y hubo un aullido colectivo en las ciudades del hombre, un chillido atrofiado de semas en donde la belleza del lenguaje no tenía cabida.
- Ya era hora – dijo una de las antiguas. Entonces, tomando su morral se descalzó sin prisa, y dando la espalda al caos, enfiló hacia las montañas que enmarcan el horizonte en busca de la mítica Vertiente de la Palabra.

Una vez más, La Vicuña se aprontaba a “vicuñear”.


La Wik´uña

Radicada desde hace veinticuatro años en la Gran Manzana, Cecilia Vicuña (1948), hija del reconocido abogado y escritor Carlos Vicuña Fuentes, fue la gran precursora de todo lo que hoy en día se conoce como performance.

Amante innata de lo precario y pionera en el rescate de la valía del rito en la manifestación artística, La Vicuña describe así sus primeros acercamientos a esta postura:
“Antes de saber escribir, yo inventaba palabras y como a los nueve años escribí mi primer relato, un cuento inspirado por la luz que le caía a un perro sobre el pelo, hecho que para mí tenía un significado mágico. Desde muy pequeña me ponía plumas en la cabeza y organizaba rebeliones en mi barrio. Como a los diez años escuché por primera vez la palabra socialismo. También fue un descubrimiento tardío, porque yo lo había inventado antes de que me lo explicaran. Sucede que yo creo que uno tiene un conocimiento interno sin saberlo. Este conocimiento es negado por la cultura occidental, en cambio, los indígenas, los chamanes y los sabios reconocen y valoran ese conocimiento”.

Es en la playa de Con cón en donde manifiesta sus primeras expresiones de este bien o mal llamado arte precario: en 1966 siente una necesidad inexplicable de construir una especie ciudad con los restos de huesos y basuras que encuentra en la playa. Allí, también, en base a palitos y conchas hace instalaciones a las que llama efímeras, simples escrituras en la arena. Después – lo recuerda – se dio cuenta de que esa acción correspondía a una forma de pensamiento antigua en la cual estaba implícita la idea de ofrenda. Esto la hace relacionar entre sí los conceptos de precario-rito-ofrenda, los que se expresan, generalmente, acompañados por un canto; todos ellos factores innegables de su vertiente poética, en donde ella nos hace oír esos breves, escuetos y lacónicos poemas que exigen una lectura oral como complemento obligado a nuestra acostumbrada lectura silenciosa. Y oral puede conjugarse como orar, en muchos de sus poemas concebidos como ofrendas.

En 1967, a los 19 años, Cecilia Vicuña funda La Tribu No, un colectivo que reunió hasta 1972 a seis artistas – entre ellos Claudio Bertoni, quien fuera su pareja -, a quienes ella recuerda ahora, riéndose, como “un grupo que nunca hizo nada”, pues todas las acciones que se realizaron en aquél tiempo “...fueron ideadas por mí con la participación de miembros de la tribu. No es que el colectivo se haya propuesto hacer cosas”.

En el año 1971 se le ocurre realizar una muestra en el Museo de Bellas Artes de Santiago - idea que es acogida con entusiasmo por el entonces Director del establecimiento, Nemesio Antúnez, y secundada por Bertoni - consistente en una particular ponencia con hojas secas recogidas en el Parque Forestal expuestas en bolsas de nylon y otras sueltas, en rumbas de hasta un metro de altura, en una sala designada como: Salón de Otoño, obra que ella define como “un acto de contribución al socialismo en Chile”. Un registro diario de estos acontecimientos se encuentra en parte de su libro Sabor a mí, libro prohibido en Chile por el gobierno militar debido a la postura política de la autora y a su erotismo sin trabas.

Cecilia Vicuña fue la pionera en muchas – por no decir todas – de las manifestaciones artísticas tan en boga en nuestros días. Una mujer conectada como ninguna con lo femenino, con su interioridad, con la búsqueda del origen, sabedora de que el poseer tal conocimiento es el único modo de poder fluir con total coherencia y verdad.

Su primer libro, Sabor a Mí, fue hecho a mano en septiembre de 1973, cuando ella vivía en Inglaterra como estudiante de arte. En un principio, estuvo ideado como un Diario de Objetos y algunos poemas, pero tras el golpe de estado, se transformó en una obra revolucionaria y mágica, que fue considerada en aquél entonces, como “el fruto más fresco del gran árbol dadaísta”.

Cecilia Vicuña, cuya poesía se zambulle con vehemencia en el lenguaje para removerlo, desmenuzarlo y jugar a su divino antojo con sus múltiples combinaciones, hoy recuerda: “Algo me llevó desde niña al espacio interior de las palabras. Yo entro en las palabras como si ellas fueran una arquitectura. Lo que está dentro, es una maqueta del ser humano. Las palabras hablan de nosotros, de lo que somos y de lo que muchas veces no deseamos saber porque estamos presionados por tareas que hay que cumplir”, explica.

“¿Qué es lo que se guarda en los desvanes de los ríos?”/ “los desvaríos”, dice en uno de los poemas de su libro PALABRARmás. Y es precisamente en títulos como este, en donde se puede apreciar el cierto predicado de su obra, descubriendo los distintos significados que lo componen:
Palabra/más = hacer más uso de las palabras.
Palabra / armas = reconocer en la palabra la calidad de arma.
Palabra / armas = la acción de armar-desarmar palabras.

De variada significancia resulta también el acto que realiza en el Goethe Institut de Santiago, Chile, en una de sus escasas visitas hace unos años. Nadie sospechó que la mujer extraña que jugaba en un rincón con unas hebras, cantando algo inintendible, era ella. Casi cuando la seguridad del recinto se disponía a expulsarla de la sala, la Vicuña inició una performance que comenzaba con acordonar al público con lana, improvisando en el momento, un acto poético de distintas facetas. ¿De qué se trataba todo aquello? Sencillamente, de la implicancia de la palabra, representada por el hilo que envuelve a los seres humanos como medio creativo de expresión y unión.

“Quisiera que mis palabras abran palabras... que desenreden el verso, que descubran senderos, sugestiones. Que no contaminen con ruido ajeno y urbano el silencio de la Wik´uña, que despejen sus aguas y reflejos, que espejeen sentidos”.

Auténticas, precisas y bellas, son las palabras de esta autora chilena relegada al olvido por la gran mayoría del inconsciente colectivo que, muchas veces, no perdona a quien es capaz de surgir sin su mal llamado “apoyo” o anuencia, acto totalmente caprichoso y a merced de las modas que la época dicte. Una por una las décadas se fueron sucediendo y el no-perdón a la Wik´uña se basó en una y mil razones: que su postura política, que lo excéntrica, que lo hippie, que lo cuica, que lo inmoral, que lo cochina, que lo copiona ¿...?, que lo Vicuña, que lo india y que no cuadra y que lo roja y que lo negra. Todas lo mismo que ninguna. El hecho es que ella fue capaz de hacer vanguardia en un tiempo en que las alabanzas eran para otros, y fue capaz de vivir, percibir y escribir como le dio la real gana sin tener que amurallarse en la grosería ni en la facilidad de lo burdo para ser reconocida ni trascender. Eso sí, fuera de las fronteras de este país.

Actualmente, ésta desarraigada pero, siempre vigente Vicuña, ha publicado más de veinte libros, editados en su mayoría en México, Argentina y Buenos Aires. Sus poemas han sido traducidos a siete idiomas y en el año 2005 su obra aparece en una antología de los veinte mejores poetas norteamericanos. Su obra visual se ha exhibido y está en las colecciones de diversos museos del mundo. Entre ellos, el MOMA y el Whitney de nueva York, el ICA de Londres y el Museo nacional de Bellas Artes de Santiago.

El año 2007, en Chile, la Editorial Universidad Diego Portales reedita su libro Sabor a Mí, hecho que permite leer y comprender mejor el génesis de su creación aún con las variantes de impresión que impiden el admirar la belleza del libro-objeto original, tal como fue ideado en su tiempo por la autora.

Amanda Espejo – Quilicura 17/06/2008