jeudi 16 octobre 2008

Ian WELDEN/Milagro: Nostalgias


IAN WELDEN Valby, Copenhague, Dinamarca. Nació en Santiago de Chile en 1948.

Estudió Comunicación de masas y gráfica en la Universidad Técnica del Estado. También estudio cine en la Escuela de Cine de la Universidad Técnica de Santiago. En 1974 viajó a Barcelona donde, aparte de escribir toneladas de poemas y cuentos que jamás publicó, trabajó como interprete y radiooperador a bordo de un barco que buscaba petróleo a 15 millas de la costa de Barcelona.

En 1975 viajó a Dinamarca donde clavó su bandera chilena para siempre. Aquí trabajó en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja, donde, entre muchas otras tareas, coleccionó poemas y relatos de refugiados de casi todos los rincones del mundo. También inauguró una exposición de gráfica titulada "GUERRA MUNDIAL - TERCERA FASE", acerca de la guerra civil en la otrora Yugoslavia.

Ahora, disfrutando su ocio, escribe poemas y relatos cortos que él llama "milagros".

E-mail:
Ian.welden@mail.dk ;
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Ian Welden sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Ian+WELDEN


Miagro
Nostalgias
Por Ian WELDEN

Hoy desperté con un dolorcito en en alma.
Abrí las cortinas y estaba lloviendo asi como llovía en esas mañanas de junio en Santiago de Chíle cuando mi amada venia a despertarme y haciamos el amor con el plick plick plack plick plack de esa lluvia triste y nostálgica. Pero estoy en Copenague y hace siglos que no veo a esa querida mujer.

Dios mío! Hace cien años que no veo a mi Santiago de CHILE! me dije, como despertando de un sueño longévido y abrumador.
Me levanté, me duché, me vestí y sali a caminar bajo la lluvia.

Había amanecido y el dia levemente gris calzaba a la perfección con mi estado de ánimo. No habia gente, solo un perrito extraviado que se acercó a mi llorando y pidiéndome companía. Yo le di mi mano a olfatear y le gustó mi olor a tabaco, Nescafé y jabón. Me siguió.

Pasó un auto. Palomas volaron desde una antena al tejado de una casa de puro aburridas. Chincoles jugaban en las posas de agua.
"Mi" perrito al quien bautizé Roberto, encontró una caja con media pizza y me ladró pidiéndome permiso. Le hize un vamos y se la trago con fruición en tres maticadas. Lamió la caja con precisión y se acercó a mi movíendo la cola con extrema felicidad

Seguía lloviendo.

El diarero, Stanley, pasó en su mountain bike y me gritó a manera de saludo "Loco! Estás empapado!" No le hice caso pero a Roberto le dió un ataque de ladridos. Miré mi reloj y eran las seis de la mañana. Nos encaminamos hacia la Calle Larga de Valby.

Ahí la falta de seres humanos era total. Los negocios cerrados y el Café Ciré también. Si no hubiera sido por esta profunda saudade por Santiago, este paseó se habría tornado aburrido y no nostálgico.

Pasó bicicleteando "La Chancha". La mujer que vive en el tercer piso frente a mi ventanal. Tiene la piel rosada y avejentada como la de un cerdo a punto de ser sacrificado. Siempre se ha negado a saludarme a pesar de que ya ha vivido en el barrio quince años. Me mira desde su ventana cuando salgo de la ducha y me seco en el living. Me niego rotundamente a cerrar las cortinas porque no es mi problema.

Es extraña esta Calle Larga de Valby sin transeuntes y sin milagros. Me da la precisa dosis de nostalgia que necesito... Seré masoquista? El siempre sonriente Piérre abrió las puertas del Café y se dedicó a sacar sendos barriles cervezeros vacíos: "Bonjour monsieur Ián! Que es que cé? Le Tristeze? Le nostalgí? le saudade? Sa va?", me grita desde el otro lado de la calle.

Roberto le ladró un par de veces a manera de respuesta y espantó a las palomas que ahora comían granitos de arena en la vereda.Pasó trotando un pastor alemán empapado pero "mi" perro, pequeño y lánguido lo mantuvo alejado con una inteligente táctica: simplemente se negó a olerle los genitales.

Me senté en un banco y sonaron las campanadas de una iglesia. Pasó marchando "El Milico" y nos dijimos hej!. Vive en un departamento en mi edificio. Es altísimo y flaco como un hueso. Yo le digo El Milico porque siempre camina como marchando y sube y baja las escalas a saltos gigantezcos a pesar de su setenta anios o más de edad. No tengo idea de qué hace ni a dónde va siempre tan apurado.

La Calle Larga de Valby comenzó lentamente a poblarse.

Pasó el "ciclista", con la cabeza agachada y su bolsón de cuero colgando de un hombro, siempre arrastrando su viejísima bicicleta. Yo le dije hej! y el me miró atónito, desconsertado, sin contestarme. Como de costumbre.

Divisé a la distancia a un grupo de personas corriendo hacia donde estábamos. Eran los vikingos milagreros! Se instalarion en la plaza, cerca de mi y se pusieron a azar jabalíes salvajes y a tomar miøl en gigantezcos jarros cervezeros. Con sus cascos con cuernos de toro y sus túnicas marronas se veían temerosos.

Llegó tambien Per el organillero, produciendo siluetas de colores cada vez que hacia girar su manivela. Los vikingos cantaban con sus voces de bajos y las vikingas cuidaban a los niños y bebés. Y Per gritaba "siluetas para los ninitos! Siluetas de colores para los ninitos!"

Roberto aullaba descontrolado y me querida nostalgia fue transformándose en una alegría desagradable.

Cesó la lluvia. Salió el sol. Maldición! Si yo estaba sintiéndome tan bién con mi saudade santiaguina.
Me encaminé a casa seguido por Roberto y me metí a mi cama nuevamente, buscando alguna dosis de nostalgia como para quedarme dormido y soñar con Santiago llovido en junio.

Roberto se tendió en el suelo rascándose una oreja y se quedó dormido soñando con el país de los perros felices...

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