dimanche 24 février 2008

Destiempos, Revista Cultural nº13


Destiempos
Revista Cultural nº13
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ARTÍCULOS Y RESEÑAS
La barca de Dante de Eugène Delacroix
Por Jesús Ademir Morales

Jesús Ademir Morales Rojas. Nació en la Ciudad de México en 1973. Cursó estudios de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México e Historia del Arte en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Si Heidegger tenía razón cuando mencionaba que la esencia de una obra de arte se relaciona con el “mundo” y la “tierra” que la componen; tal es decir, su contexto histórico-cultural y los materiales para su elaboración, cabe decir que “La Barca de Dante” es un claro manifiesto de cómo los medios pueden sublimarse, y superar al ideal que los impulsa: en esta obra es posible advertir el esfuerzo de su propia concepción, puesto que se forja a sí misma en una dialéctica épica, en donde “mundo” y “tierra”, se vencen y derrotan, uno a otra, alternativamente; puesto que el esfuerzo creativo del artista es reproducido por el contemplador, en la lectura de cada trazo, de cada segmento de la obra; tal y como el mensaje de independencia y autonomía buscado por Delacroix, bien podría manifestarse siempre actual, en cualquier momento histórico que se le presente a diálogo.

Admirablemente, en esta lucha estética tenaz, la barca marcha, indeclinable.

***
Obsérvese cómo, a diferencia de otras representaciones sobre el episodio, y tal vez con respecto hasta del mismo incidente, narrado en la propia Comedia; Dante, es quien comanda la marcha de la travesía con aventurada decisión. Aunque se sostiene en Virgilio, la razón, la herencia clásica, más bien pareciera que el florentino protege a su venerable y sabio acompañante. La historia entera de la civilización puede ser recomprendida, con esta variación practicada por Delacroix al tema: la mirada de este Dante, tan humano y sólo eso, apunta al horizonte siempre, sin titubeos.

***
También cabe resaltar la postura de Caronte y de los condenados sumergidos en las infernales aguas: inspirado sin duda por Miguel Ángel y por Rubens, en cuanto al moldeo detallado y plástico de las musculaturas y siluetas de los personajes, Delacroix pareciera expresar en el movimiento concentrado del demonio conductor un cierto disimulo, un ocultamiento de cierta inquietud: ¿Acaso Caronte esta convencido de que el destino de toda empresa humana, meramente humana, esta condenado a la incertidumbre más atroz? Sería entonces entendible la piadosa fiereza con la que los condenados tratan de impedir, desesperadamente, el avance del emblemático navío.

Nunca el derrotero de lo mortal ha estado determinado por tan incierta condición.

Aún.

***
Es insoslayable percatarnos de que, mientras que Dante y Miguel Ángel siguieron rutas paralelas por el Infierno, para llegar al Cielo- plasticidad extrema transmutada en carne, lascerada y palpitante- Delacroix, los emula, pero más altivo, encarna su heroica epicidad, y mira con, por y desde ella, hacia un horizonte enteramente terrenal y digno.

(¿Y justo?)

***
¿Y si el Dante de Delacroix no fuera sino la ilusión anhelante de Caronte, condenado a un ir y venir infinito, siempre indefinido, siempre límite? ¿Y si no fuese más que la concepción redentora de un alma enclaustrada en su propia esencia, ahogado de sentimiento? Porqué si recordamos detenidamente, si bien en un principio el propio Caronte se opuso a llevar en su embarcación al viviente Dante, hacia regiones reservadas únicamente a los difuntos, a la postre Virgilio lo obliga a transportarlos diciéndole:

"Carón, no te irrites. Así se ha dispuesto allí donde se puede todo lo que se quiere; y no preguntes más."

¿Acaso Caronte recordó al ceder, a otro peregrino llamado Eneas, al que sólo permitió el paso, cuando éste le mostró la rama dorada de un árbol mágico, propiedad de Proserpina, consorte del gran Plutón, rey del mundo de los muertos? Es posible que el tormento particular de Carón, fuese amar a una diosa nocturna, ajena e inalcanzable por completo, ni aún con todo el impulso de su barca ansiosa."Allí donde se puede todo lo que se quiere..." musita aciagamente el barquero infernal, cuando cruza el río llevando interminablemente a las almas transgresoras, pero no arrepentidas.

Y mientras que este resuelto Dante, prosigue hacia Beatriz luminosa, él demonio barquero enamorado se queda sólo ahí.

Y ahí permanece, ida y vuelta musitando...

***
(El firme trabajo del pincel practicado por Delacroix a sus espaldas, bajo cierta perspectiva, bien pareciera el recato de un sollozo perenne)

A leer igualmente
El Dossier : «Dictadura argentina a 32 años del golpe de estado»
& Otros artículos y reseñas:
http://www.destiempos.com/n13/artyresenas_n13.htm



NARRATIVA:
El hombre que burló la muerte
Por Enrique García

Enrique García Diaz (Salamanca 1974). Se licenció en Filología inglesa por la Universidad de Salamanca (2002) y posteriormente se doctoró (2007) especializándose en la novela histórica inglesa y en la obra del escritor escocés Sir Walter Scott. Debido a este interés por la novela histórica surgió su afición a escribir romance histórico y relatos históricos. También ha cultivado el relato gótico. Ha trabajado en el campo de la traducción durante seis años. En la actualidad compagina su labor docente como profesor de inglés, en un centro de formación, con la investigación y la creación literaria.

La historia que voy a relatarles la encontré por casualidad en una vieja librería de la ciudad de Praga, a la que acudí a pasar una semana de vacaciones. Me encontraba recorriendo sus callejuelas empedradas en dirección al mítico y famoso Puente de Carlos, cuando mis ojos se posaron en un letrero de madera, que sobresalía de la cornisa de una casa de planta baja. Bookshop estaba escrito en aquel. De manera que encaminé mis pasos hacia allí con el fin de encontrar algún libro sobre la ciudad. Al entrar noté el aroma que se respira en esas librerías antiguas, donde la sabiduría de cientos de años se almacena en los estantes entre cuatro paredes. Me limité a echar un vistazo por encima como quien no quiere la cosa, cuando de repente un libro pequeño de piel marrón claro y en un estado deplorable captó mi atención. Lo tomé en mis manos por el simple hecho de sentir su rugosidad en mis palmas. Hube de tener mucho cuidado de no caer ninguna página pues algunas estaban sueltas. Yo no hablo ni entiendo el checo, claro está, pero las ilustraciones que contenían llamaron poderosamente mi atención y en especial una. En ella se veía a un hombre postrado en la cama rodeado de sus familiares, según, deduje y alguien que parecía ser un sacerdote. A la cabecera de la cama había una siniestra figura. Era la muerte. Representada por un esqueleto cubierto por una túnica de color negro. Su rostro dibujaba una sonrisa mientras tendía los brazos hacia el hombre de la cama. Tras hojear el libro me acerqué al vendedor, que en este caso era una joven de piel blanca y ojos claros que amablemente atendió mi consulta. Le pregunté como se titulaba el libro.

- El hombre que burló a la muerte –me respondió en inglés, al comprobar que yo no era nativo de Praga. aga. aga.

Le pregunté si lo había leído y podría explicarme de que iba. La joven vendedora me explicó en pocas palabras el relato. Lástima que estuviera en checo, dije. A lo que ella me respondió que si estaba interesado en la obra me la traduciría gustosamente, ya que se trataba de un libro de apenas cinco páginas. Por supuesto accedí a cambio de pagarle por la traducción y la obra. Quedamos convenido que al día siguiente pasaría a recogerlo y así fue. Cuando lo tuve en mis manos no pude resistirme a leerlo y tras abonar a la simpática chica cien coronas checas, encaminé mis pasos hacia el café más cercano. Me senté en una mesa apartada y comencé a leer mientras el calor y el olor a café me inundaban. El hombre que burló a la muerte, decía el título. Y acto seguido comenzaba la historia.

“Una noche fría de comienzos de diciembre un coche de caballos recorría la región de Moravia. Dentro del carruaje viajaban tres personas un matrimonio de mediana edad y un joven de aspecto sombrío. Al llegar al pueblo de...que era la ultima parada del camino, los tres pasajeros se apearon del coche y buscaron alojamiento en la posada, una pequeña casa algo vieja pero en la cuál podrían guarnecerse del frío de aquella época. La dueña, una mujer algo mayor vestida con un capote de color negro y un pañuelo del mismo color a la cabeza y anudado por debajo de la barbilla se dirigió a ellos en tono severo.

- ¿Qué buscáis aquí? ¿No sabéis que la muerte ronda en esta casa?

Los tres forasteros se miraron entre si y después el más joven se volvió hacia la mujer.
- ¿De qué habláis, mujer?
- La muerte se ha adueñado de la casa. Idos u os arrepentiréis.
- ¿Con la noche que hace? Yo me quedó –dijo resuelto el joven.

El matrimonio que había viajado con él en el carruaje preguntaron donde podrían alojarse y la vieja les indicó otra posada que había en el mismo pueblo. Cuando se hubieron marchado el joven se volvió a dirigir a la vieja posadera quien lo miraba expectante con sus ojos saltones y su tic en la boca.
- ¿De qué muerte hablabas?
- ¿No te lo crees, eh? Pues sígueme –le indicó mientras ascendían por unas escaleras decrepitas que crujían con cada paso que daban.

La mujer portaba una vela de sebo en su mano para iluminar el estrecho y lóbrego pasillo que se abría ante ellos. El joven pensó que se metía en la boca del lobo a juzgar por aquello siniestra oscuridad. Se detuvieron delante de una puerta a la cuál la vieja llamó suavemente. Toc, toc. Alguien abrió desde el interior y la anciana y el joven penetraron en la estancia. Había un hombre postrado en la cama y tres más a su alrededor rezando. Uno de ellos llevaba una especie de Biblia en su mano y levantaba de vez en cuando la vista hacia arriba dando gracias a Dios. El joven entendió que el hombre de la cama se estaba muriendo. Tenía muy mal aspecto a juzgar por sus ojeras y sus facciones demacradas. Era seguro que no le quedaban más que un par de días. Otro de los hombres parecía un doctor a juzgar por el gesto que hacia de tomarle el pulso constantemente. Y el último tenía toda la pinta de ser el enterrador. Alto, delgado, vestido de negro de la cabeza a los pies. Pájaro de mal agüero.

- ¿Qué le pasa? –le preguntó el joven a la anciana.
- El bueno del señor.... La muerte viene a buscarlo. ¿No la ves apoyada en el cabecero?

El joven dirigió su mirada hacia el cabecero pero no vio nada.
- Tienes que fijarte más –le repitió la anciana.

El joven volvió a mirar y esta vez para su sorpresa vio la figura de la muerte apoyada en el cabecero de la cama del señor...
- Cuando la muerte se sitúa a la cabeza de la cama quiere decir que viene a buscar al que se encuentra en ella.
- ¿Y no se puede hacer nada? –le preguntó el joven.
- ¿Cómo? Nadie escapa a la muerte –respondió la anciana en un susurro.

El joven no quedó convencido del todo. Pensó que algo se podía hacer. Decidió quedarse en la habitación haciendo compañía a los presentes y ver en que acababa todo aquello. Las horas iban cayendo una tras otra haciendo que la noche pareciera más corta de lo normal. El joven, recordó las palabras de la anciana. Si está al cabecero es porque viene a por el alma del que descansa. Entonces el joven reaccionó. Miró a la muerte y se percató de que estaba dormida. Ese era el momento adecuado para llevar a cabo su plan.

A la mañana siguiente cuando la anciana entró en la habitación no pudo ocultar su sorpresa mediante un chillido. El enfermo había mejorado notablemente. Pero ¿cómo?. La muerte ya no estaba a la cabecera sino a los pies de la cama. El joven había aprovechado el sueño de la muerte para dar la vuelta a la cama. Cuando la muerte despertó y se vio desplazada de la cabecera nada pudo hacer. Se marchó como había venido esperando una nueva oportunidad. Mientras, los hombres que permanecían en la habitación felicitaban al joven por su sagacidad y atrevimiento. Había conseguido burlar a la muerte, pero sólo por esa vez.

Poco tiempo después el enfermo recayó y en aquella ocasión la muerte permaneció despierta toda la noche hasta la mañana en la que llevó el alma del desdichado señor... No había olvidado el día en que un joven había conseguido engañarla.”



A leer igualmente:

-
Un millón de euros Carlos Almira
- El hómbrigo Adam Gai
- Recurrencia José Ángel Muriel González
- Obsesiones Osvaldo Ahumada
- El vendedor de consejos Juan Carlos Hernández
- El marciano José Antonio Durand
- La voz del silencio Daniel Aparici
- Sin caretas Yuli Castro
- La metacognición de La Koiné en el territorio hierofánico pansexualista de la cocina Andrés Torres




POESIA:
Desde el canto de un río
Por Everardo Antonio Torres GONZÁLEZ

Everardo Antonio Torres GONZÁLEZ Nació en la Cd. De Durango, Dgo. México el 29 de septiembre de 1956.Cuenta con dos libros de poemas publicados en Pontevedra, España por la editorial “El Taller del Poeta” En 2007 su obra fue incluida en la Antología de la RED de Escritores de Durango y en el colectivo El Color del Amor del Taller Literario Médicos Poetas. Sus escritos se difunden actualmente en la radiodifusora radio City FM de la Cd. de Corrientes, Argentina. Ha sido traducido a los idiomas inglés y portugués.


Aquí muere la rosa
Por Everardo Antonio TORRES GONZÁLEZ

donde la pequeñez cierra los párpados
las caricias se abandonan a las manos
el éxodo relata la huella del insomnio
y el canto de los pájaros traspasa la saeta.


II
Aquí donde los peces estáticos y yertos
buscan la sombra bajo la mirada
para luego transformarse en piedra.

Aquí la cantera pare alas de gárgola
y desvanece el universo.


III
Aquí donde las sabandijas
horadan versos de cal y telaraña
el agua trasmina la desabrida pie.


IV
La
suavidad de las heridas
penetra las arterias y el otoño.

La voz se apaga
en el agujero de la soledad
y el vuelo del ser
se trunca
a medias alas.


V
Aquí donde se amuralla la espera
y una sombra de garza señala
el derrotero de todas las miradas…

Aquí la rosa palidece en la antevíspera
rojo que ya no es...
amarillo-sentencia
pétalos amortajados
cáliz de hiel
sorbo-flagelo.
Aquí la rosa se calcina en la tierra.


VI
Aquí se hunde la sangre en las arenas
en la siguiente madrugada
en el sollozo
en el temblor de los labios
en el halo de viento
en la mirada errante de las aves tristes
en los postes de acero que dividen los sueños.


VII
Y la tierra se anega
y el silencio se anega
y se anegan las manos
y las hojas
y el vértigo.


VIII
Las banderas ondeantes
los trémulos muertos
con su falta de oficio
con sus pocas palabras
con su espalda mojada
que se implanta en la tierra
en sus tiernas heridas
en el llanto de invierno
junto a las caracolas.


IX
Todo vino de un sueño
desde un canto de río
silencio blanco en los ausentes ojos
en la sábana estéril
-que amortaja los muslos-
en los hilos de sangre que recorren los dedos
en el todo ha acabado
sin dolor
sin resaca
desde el canto de un río
y la risa de un pájaro
desde la cuna ausente.


X
Y se aleja la barca
con su cadáver triste
un disparo en su espejo
su moneda en la boca
los astillados huesos
en su cuerpo de lluvia
en su ropa de ortiga
en la rosa de viento.


XI
Máscaras blancas
en el fondo del río
cierran los ojos.

Y se beben la luna
derramada en la arena.


XII
Amor, no tengo quien me lleve
por el brazo
ni aparte el polvo gris
donde, supongo, debe dormir
la voz de mis temores,
aquél encuentro con tus senos
desvelados, aquellos trinos
de pájaros salobres,
los precipicios
escurriendo por los labios.


XIII
Respiro gotas de negros aguaceros.
La muerte ha muerto,
y nada se asemeja a su mirada;
y extraño la tibieza de sus húmeros,
el lento desandar de su promesa,
la brisa de su boca descarnada,
los lánguidos encuentros taciturnos,
la copa de Passport que compartimos,
y la desolación en el bolsillo.


XIV
La muerte ha muerto,
como un copo de nieve en los zapatos,
en una media noche de alfileres,
en todos los relojes y el armario,
en la capa de niebla que nos ata
como clavos y lazos en el cuello,
como los colibríes de invierno y llanto.


XVAmor de soledad, la muerte ha muerto
y no tengo quien me lleve por el brazo.



A leer igualmente:

-
Tigre Antonio Leal
- Desde las siete asias J. Pablo Ortíz
- Desdejos Francis Ferreira
- Poemas Rowena Bali
- In extremis Elizabeth Brait
- Baudillo Jairo Rojas
- Nieblas Irel Faustina Bermejo

Enrique LAFOURCADE/ Sobre la gran amiga-enemiga: la ley del corazón

Sobre la gran amiga-enemiga: la ley del corazón
Por Enrique Lafourcade

Molinevsky Molina grita en la noche: "Dejadme creer en los susurros de las flores".

Sí, él lo dijo y lo reiteró: "La raza de los profetas se ha extinguido. Europa se cristaliza, se momifica dentro de las ataduras de sus fronteras, sus ejércitos, sus fábricas, sus tribunales, sus universidades".

Fueron las palabras estremecedoras del gran Antonín Artaud, el fundador -ahora- de la "gran ley del corazón", la amiga-enemiga. Artaud la advirtió como una guía para el espíritu perdido en su propio laberinto. Dio la alarma a las ciencias repletas de rayos de la razón pura, esos que se rompen contra las nubes.

Hablamos de las últimas nervaduras del espíritu. Artaud respira dentro de la extinguida raza de los profetas cristalizados, momificados. Y sale al aire puro, a todos los aires, a gritar: "¡La vida apesta, señores. Contemplad por un instante vuestros rostros, vuestros productos. A través de las cribas de vuestros diplomas, pasa una juventud demacrada, perdida. Sois la plaga del mundo, señores...!".

Fue el conde-marqués Molinevsky quien descubrió parte de estas revelaciones y corrió a encontrarlas, a entenderlas. El mismo Molinevsky solía explicar estos asuntos: "Salí de la noche a la mañana atravesando lagos, ríos, océanos, sin abandonar las raíces hondas del pasado. Invitado por metafísicos vieneses. Buscando el pan de cada día. El luminoso pan de la verdad".

"Los poderosos sabios de veinte universidades me escribieron. También los enfermos que se jactaban, orgullosos, de vivir sus lentísimas muertes. Debido a la risa. Exceso de promiscuidades para mantener viva cierta forma de la alegría. Como lo hacían y aún lo hacen. Se trata de desdichados que no son ni éste ni aquél, de ningún modo.

Molinevsky explicaba: "Dejadme creer en los susurros de las flores. ¿Que soy el gran chico Molina, según los primitivos de las penumbras y las fiestas de ciegos y mudos? ¿El rey de las islas apestadas? ¿Yo, el gran Molinevsky, el invisible amigo de mí mismo?

Artaud jugaba a ser un ciego que vivía en el Más Allá. Molinevsky nunca pudo aprender ni lo lejano ni lo que lo envolvía. Esto último era una fuerza rosada que lo repartía, disperso en asuntos, personas, silencios. En cosas del diario vivir tales: "Compro salchichas con mostaza donde un alemán, enfrente del Parque Forestal. Me miro en el espejo y sé que vengo a ser sólo una máscara dentro de la que respira la enorme mirada de Artaud".


A la taberna de risas y llantos

Molinevsky amaba los violentos y oscuros bares. Los de todo el mundo. Con amigos. Desde niño solía alborotar allí adentro dando gritos de señorita, explicando que él no era ni un borracho ni un ladrón. Ni menos un seductor de adolescentes.

Amaba el reunirse con otro poeta de su infancia, Anguita. Al que en el colegio le gritaban "Angas". Molina lo admiraba. Lo había rebautizado. Este último era flaco, tembloroso, de gran ingenio. Sus versos solían ser poderosos.

Anguita era una sorpresa cotidiana. Autor de su maravilloso "Venus en el pudridero", gustaba en proclamar que los versos de éste, su libro, tenían virtudes divinas.

Primero: era un libro tan flaco como su autor, quien, en sus versos, había proclamado el poder del gusano sobre el del cuerpo saludable del hombre. Anguita predicó la eternidad de la belleza, la imposibilidad de poseerla y, también, de destruirla. Declaró la caducidad del amor-cuerpo. En todo Anguita respiraba Rilke. Lo había adoptado para hacer sufrir al chico Molina.

Y era tal cual. En las penumbras. Adoptó la "ley áurea" de Paul Valéry: "En poesía, lo que vale para uno solo, no vale nada".

Soñaban. Juntos. El uno con el otro. El otro contra el uno. El fantasmal chico Molina amaba los violentos y oscuros bares. Con amigos. Desde niño, y dando gritos de señorita, explicaba que él no era un borracho ni un ladrón, ni un seductor de adolescentes. Agitaba sus manos flacas y pálidas. Daba opciones. El poeta Anguita vivía con su "venus en el pudridero" perdida en los enormes bolsillos de un gran abrigo. Allí, en esos fondos, la señora venusina se preguntaba: ¿Escucháis madurar los duraznos a la hora del estío/ a la venida del sol, mientras un príncipe danza/ en vísperas de su coronación? ¡Yo, pienso en el gusano!

¿En qué estaría pensando Molinevsky, alias el chico Molina? ¿En las maneras, en los modos, de huir de esa mezcla mitad maga, mitad señora-mamá, que era y, acaso, continúa siendo, la poesía. La señora poesía, la que "no puede ver a la prosa, ni en pintura".

En un rincón oscuro advierto la presencia fosforecente y, a la vez, pétrea, del chico Molina, esa sombra y mural de mitologías, pasados de esplendores, monólogos secretos suavísimos en sus sucesivas incoherencias.

En ese mundo de cervezas heladas, en esas manchas tecnicolor, llenas de secretas toses. La que viene del fondo de una gran mesa vacía. A la que no conviene mirar dos veces porque habría que responder con una sola y fugaz imagen.

Vamos a esperarlo. Y vamos a seguirlo. El ojo mágico y único que no ve sino alucinaciones, es un suspiro femenino incoherente. Me distraigo. Vuelvo a soñarme observando el rincón donde no hay nadie. ¿Será posible? ¿Deberé recurrir a mis sueños para verlo? ¿Para darme cuenta que su tercera, que su segunda cerveza desapareció con el poeta sin que nadie dijera ni pío?

La noche no llega aún a la mitad de su tiempo de oscuridades.

Me han dicho que Molina tiene incrustada en su mano derecha al sol. Ciertos días. Que vive acariciándolo, sacándole brillo.

Molina se alza de su silla. Se lleva su rincón. Comienza a llorar. Ahogado por sus lágrimas que brotan, sólo, del ojo bueno, del que obtienen un desorbitado brillo.

Molina y el poeta Anguita gritan a dúo algo. Descubrimos que no son palabras normales. Sí, algo como: "Miserables fantasmas a los que les embellecemos la vida".

Huimos con el poeta Anguita que no ha cesado de reir. Es decir, es Molina el que escapa gritando:

"¡Hay un enorme borracho en el café-bar! ¡En todos los bares del mundo! Está armado".

Todos huyen. Sólo una gran botella de cerveza, acaso de vino, permanece.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 24/02/2008

Luis VARGAS SAAVEDRA/ La paz y la guerra en Gabriela MISTRAL


UN TEMA QUEMANTE : El dolor y la esperanza ante los conflictos bélicos
La paz y la guerra en Gabriela Mistral
Por Luis Vargas Saavedra

El tema de la guerra arde en más de veinte poemas inéditos de nuestra Premio Nobel, que aquí comentamos.
.
Contra la feroz Segunda Guerra Mundial se le conocían a Gabriela Mistral los cuatro poemas que le dedicara en Lagar : "Caída de Europa," "Campeón finlandés," "Hospital" y "La huella". Sólo cuatro poemas que siempre me dejaron la sensación de mero asomo, de truncamiento: ¿ésos y nada más que ésos? Ahora le conozco 22 inéditos, en los cuales el tema de la guerra arde. Y otra vez me asombra que no los compartiera o que acaso se le extraviaran en el espacio o la memoria, incluso que los haya desfavorecido. Comentaré siete de ellos, citando algunas estrofas.


Guernica

"Árbol de Guernica", en este poema inédito, la que a sí misma se denominaba "india vasca" es incapaz de quedarse impávida ante el sádico bombardeo del sacro roble de Guernica:

"Volverá a ser en Euskadia
el abra, el árbol y el ruedo
del corro de manos dadas,
y el himno al Dios verdadero,
confesado y silencioso
como la encina sin viento."


El indatado poema acaso haya surgido al enterarse de la muerte de 1.600 ciudadanos, en una villa arrasada en un 70 por ciento. La noticia le hubo de llegar a su consulado en ese Portugal. Mientras Picasso en París también recibía la noticia abominable y comenzaba quince días después a pintar la anti Ilíada del siglo veinte.

Otro poema anti-nazi es "Grito por Inglaterra". La urge a resistirlos y ser el bastión del mundo. Le pide al mar que la oculte en nieblas y desvíe los barcos enemigos para que puedan llegarle los alimentos de Australia y del Caribe. Es que en los días y días del bombardeo alemán, ella seguía por la prensa y radio "la batalla de Inglaterra" como si fuera una zozobra personal, entendiendo muy bien que en esa resistencia inverosímil se jugaba el destino de Europa y el de ambas Américas. Y allá en Petrópolis, amparada en matto y jardines, cada tarde rezaba por Inglaterra.

En la historia de la literatura épica falta engastar su visión a la de los propios ingleses que vivieron y escribieron el blitzcrieg (guerra relámpago).

Inglaterra, para Gabriela Mistral era patria de poesía antes que imperio civil. A un amigo brasilero que iba enviado allá, poco antes de la declaración de guerra, le recuerda: "Usted va a las islas mayores. A las islas de los grandes poetas. Ellos la protegen y van a protegerlo a usted."

Fraguada la paz, seguros ya el aire y el mar, Gabriela Mistral de regreso del Estocolmo de su Nobel, pasó a Londres y ante la BBC leyó un texto que Gastón von dem Bussche facsimiliza en "Proyecto y difusión del legado literario de Gabriela Mistral" (primera edición: febrero de 1993). Copio su final:

"Con la alegría de los sentidos y del entendimiento, y con la memoria hirviendo en mí como una buena levadura, doy las gracias a la ciudad liberadora de la gracia que le debo y que le debe mi pueblo, que siempre amó y admiró a Inglaterra. Chile supo desde su nacimiento como nación que la libertad inglesa lo ayudaría a lo largo de su vida, y nuestros fundadores adivinaron oscuramente la gracia superlativa que un siglo más tarde recibirían de Gran Bretaña todos los cantos del mundo amenazado por la bestialidad vuelta poder en Europa".


Polonia

En cuanto a la Alemania agresora, hay el inédito "Lohengrin" dedicado al caballero del Santo Grial, hijo de Perceval, quien acude guiado por un cisne a rescatar a Elsa de Brabante. Gabriela Mistral lo llama a que regrese y rescate a las mujeres de Alemania "puras, fuertes y engañadas." Han prevaricado, han jurado pertenencia al "Otro". Pero en el fondo del alma siguen dignas de Lohengrin. Es admirable la compenetración de Gabriela Mistral con el mito germano, con su misterioso sentido salvador (Lohengrin calla su nombre; pedírselo es perderle, tal como Orfeo pierde a Eurídice con mirarla: todas las prohibiciones son convites).

"Polonia I, II, III", sus infortunios le arrancan tres poemas que dan tres variaciones del tema doloroso. La ve como una víctima cuyo cuerpo malherido porta en litera un conjunto de seres que pueden ser mujeres de Europa y de Hispanoamérica, todas compasivas y fervorosas. La acarrean a salvo, le administran caricias y hierbas "criollas." Saben que se repondrá (como Guernica).

En estos poemas de empatía comunitaria, en los cuales un grupo de seres obra o se les obra, Gabriela Mistral suele ser la cabeza de un coro. Tal como ante la Cordillera de los Andes y el Sol del trópico de sus poemas en Tala, asimismo representa y vocea una grey, en este caso las dolorosas mujeres polacas, y con ellas a sus hijos, padres y abuelos. Asume ser la portavoz extranjera y en la intensidad de su involucramiento hasta se vuelve una polaca más.

No podía quedarse insensible y callada ante el sufrimiento de los inculpables. En el inédito "Niño siciliano" celebra la alegría incólume de un chico de la posguerra, un artesanito tinturero que habrá de proseguir el oficio ancestral:

"Todavía estruja la lana
pintureada de mi vestido,
dame en tu lengua todas las cosas
para que sean recién nacidas
juegue contigo como jugaba
y se acabará tu muerte y mi muerte."



Fuera de "Niño siciliano" hay "Niña hindú." Ella ha hecho y está izando la flamante bandera de la India recién independizada del Imperio Británico.

Por un verso cruza su respeto por Gandhi y Nehru; y en esta estrofa su postura libertaria:

"Recuerda, cose-banderas,
o, si quieres, quema el Tiempo
porque a tu recién nacida
moro ni "lord" pruebe el cuello."


La capacidad de ser el otro o la otra, el don de salirse del ego y advenir en otra criatura mediante la imaginación, esas fueron eminentes facetas del genio de Gabriela Mistral. Recordar cuánto siente las sienes trizadas del suicida en Desolación. Respecto de la guerra, la voz que se escucha en los poemas inéditos es una o varias, es madre, hijo, soldado; o es esposas, enfermeras, labradoras. Las "nosotras" son las que no pudieron ir a combatir con los hombres, pero que a su modo materno y doméstico pelean por la honra y pelean por la progenie. En "Mujeres griegas", ellas son las musas del combate contra los alemanes, las madrinas de viejos, infantes, animales y plantíos. Por eso, en ese otro poema la bandera hindú es izada no por un niño, tampoco por un hombre, sino por una niña que representa la feminidad emergente, apacible y límpida.

En el inédito "Madre de héroe", ella busca:

"...tanteando en alambradas
y en minas de tierras abiertas,
hallo el infierno, no hallo mi hijo.
Tampoco encuentro mi país
y su país. Todo ha mudado
o yo no soy alma gloriosa,
y soñé el cielo, Dios y su
gloria."



Del patetismo de esa madre que ya no halla al hijo anterior a la animalización guerrera, nos llega una formidable denuncia al degradamiento humano. Al revés, hay otros poemas en que se celebra, se ensalza y se agradece la soldadesca, la que aun combate, y después, la que ya descansa en tumba.


Versos a Sandino

Fuera de poemas a la guerra en Europa hay uno para Centroamérica: el inédito "Hijo Sandino," dedicado al general guerrillero Augusto César Sandino de Nicaragua (1895-1934). Lo había ya exaltado y defendido en tres artículos periodísticos -Se les puede leer en "Gabriela Mistral, escritos políticos, selección, prólogo y notas" de Jaime Quezada, 1994- de defensa política y de exaltación lírica, atreviéndose a refutar al Presidente de los Estados Unidos, Herbert Clark Hoover, por haber declarado a Sandino un extranjero "fuera de la ley".

Emboscado en el norte, Sandino guerreó bravamente contra la intervención armada de los Marinos norteamericanos, so pretexto de asegurar paz y democracia, y a pesar de la contraria superioridad numérica y tecnológica, su pequeño y loco ejército no fue vencido. Los Marinos se retiraron, dejando tras ellos la llamada "Guardia Nacional", comandada por un nicaragüense entrenado en los Estados Unidos: Anastasio Somoza García. Y cuando el Presidente José María Moncada lo convocó a platicar, Sandino fue traicionado. No se sabe dónde esté sepulto. En "La cacería de Sandino", que este diario publicara el 7 de junio de 1931, Gabriela Mistral ya presentía ese asesinato como salvajada inminente. Volviendo a "Hijo Sandino," este poema es un mesurado y dulce réquiem. El héroe recibe el homenaje, el agradecimiento de las mujeres:

"Tú nos lavaste
la serranía y las colinas
y subiremos si se manchan de
hombre de kaki las orillas.
Mira
i puedes
al mujerío de olas vivas.
Somos de Chile,
de los Perúes y las Bolivias.
Benditas sean
tu luz, tu agua bebida,
tu pómulo indio,
tu aire y la ardentía de tus vistas."



En ninguno de los 22 inéditos sobre la guerra se toca, le interesa, la causa del conflicto, el motivo de la "locura bestialísima," como la llamara Leonardo. En cambio, la voz y las voces femeninas rechazan la peor obra de los machos.


Articulo:
http://diario.elmercurio.com 24/02/2008
Ilustracion: Huang Xiang / William Rock

Cecilia DREYMÜLLER/ Imre KERTÉSZ-Vivir a través de la escritura


ENTREVISTA:
VIVIR A TRAVÉS DE LA ESCRITURA - Imre Kertész
"En la dictadura, la literatura te devuelve a tu propia existencia"
Por Cecilia DREYMÜLLER

Desde Berlín, donde reside y siente la libertad, el Nobel húngaro evoca la vida bajo una dictadura y reflexiona sobre lo que significa crear bajo su dominio. El escritor, sobreviviente del Holocausto, que publica un libro de ensayos y recupera una de sus primeras narraciones, repasa la historia de su país en el siglo XX y habla de lo que significa tomarse en serio la escritura.

Kertész recibe en el lujoso café -"es mi oficina"- del hotel Kempinski de Berlín, ciudad donde mantenía un piso de trabajo y a la que acaba de trasladarse. La suavidad de su voz concuerda con la finura de sus modales y la delicadeza de su expresión en un alemán culto y algo quebrado. Aunque atiende con amabilidad, se diría que se ha propuesto atajar definitivamente las servidumbres periodísticas, ya que acaba de publicar en Dossier K. Una investigación (que saldrá en otoño en Acantilado) una irreverente y muy sagaz "autoentrevista", donde un Kertész socarrón interroga a un Kertész remiso sobre su obra y su vida. La vida de un hombre (Budapest, 1929) que a los 15 años fue internado en Auschwitz y después trasladado a Buchenwald. El autor húngaro publica en España el libro de ensayos La lengua exiliada y Un relato policiaco.
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PREGUNTA. Un relato policiaco nace, en 1976, como una especie de relleno, para la publicación de otra novela.
RESPUESTA. Así es. El editor era un gran conocedor de la literatura universal. Tiene que haber un mínimo de diez octavillas, dijo. Para completar el volumen de mi novela El rastreador necesitaba otro texto de una determinada extensión. Yo, entonces, desde hacía mucho tiempo, rumiaba la idea de Un relato policiaco y, de repente, se presentó esta emergencia. Lo tuve que escribir con extrema celeridad, porque en el llamado socialismo un libro tardaba dos años en ser publicado, y si uno se quedaba fuera del plan, había que esperar cuatro años. De modo que me instalé con mi proyecto en una casa de escritores, y en dos semanas lo terminé; así aparecieron los dos textos juntos.
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P. Lo que no se explica es cómo semejante historia pudo pasar la censura.
R. Mire, en Hungría, en aquella época -estamos hablando de 1977- teníamos lo que se llamaba el "comunismo gulash", una versión blanda del comunismo anterior y, de hecho, la censura no era la misma. Cada redactor jefe o director de una editorial era responsable de su propia empresa. Una censura central, tal como la había en Polonia o en la antigua Checoslovaquia, no existía en Hungría. Se trataba de una historia seudo-suramericana. Todo era ficción; no había un Estado suramericano así. De modo que el editor lo podía leer como algo completamente inocuo, incluso dijo: ¡pero si es como aquí! (risas). Y así fue como se publicó. No llamó mucho la atención, como todos mis libros, y después desapareció.
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P. En su ensayo de 1990, Budapest, Viena, Budapest, llama a la literatura "el único sentido de la vida". ¿Opina hoy igual que entonces sobre la importancia de la literatura?
R. Mi actitud no ha cambiado, pero me he dado cuenta de que la literatura ahora no posee, ni por asomo, la importancia que tenía entonces en Hungría. Pero eso me da igual. Aunque la literatura resulte superflua, para mí es esencial. Esto es todo; no quiero y no puedo valorar de forma objetiva si vale lo que escribo. Simplemente escribo porque me apetece.
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P. Me refería a que en una dictadura la literatura constituye un canal para el desarrollo de una actividad mental.
R. Ah, sí, desde luego. En la dictadura la literatura adquiere una relevancia existencial, al menos cuando uno se toma en serio la escritura. La literatura te devuelve a tu propia existencia, ya que ocuparse cada día con uno mismo sirve para aclararse la vida. Es triste, pero imprescindible.
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P. En Ensayo de Hamburgo afirma ser un escritor que saca su inspiración exclusivamente de lo negativo. ¿Cómo logra inspirarse en la actualidad?

R. (Risas) Bueno, hoy escribo más desde lo positivo. Mi último libro, Dossier K., probablemente sea mucho más alegre que mis otras obras. Es algo que he disfrutado mucho. Pero en aquel entonces -hay que trasladarse mentalmente a los años setenta, ochenta- no había ninguna esperanza de que se produjera un cambio. No era previsible que esta superpotencia, ese mamut, ese elefante, se derrumbase algún día. Fue un milagro.
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P. ¿Cree que "el intelectual superfluo" del que habla en su ensayo del mismo título ha desaparecido?
R. No, creo que sigue estando allí. En Hungría, por descontado. Y, desgraciadamente, desempeña un papel importante en la sociedad y en la política. Hungría está pasando por una crisis y en esta crisis se dan muchos problemas artificiales de rasgos superfluos que simplemente no pertenecen a la época actual: nacionalismo, antisemitismo, derecha e izquierda, no son conceptos que ayudan a un país a vivir. Pintan problemas de hace cien años, se lo aseguro, ya que el pasado histórico no asumido de Hungría empieza con la Primera Guerra Mundial. Al final de aquella guerra, Hungría pierde dos tercios de su territorio y el resentimiento que surge entonces sigue vigente hoy. Después, la época de entreguerras, el papel de Hungría en la Segunda Guerra Mundial, la alineación del comunismo después de 1956, nada de esto será asumido. Son cuestiones muy difíciles que representan una pesada carga para una sociedad; además, fueron hábilmente eludidos. No sé cómo ha sido en España; al principio, después de la dictadura de Franco, parecía más difícil, pero hoy no se percibe ninguna dificultad.
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P. ¿En qué dirección se mueven las nuevas generaciones de intelectuales húngaros?
R. No lo sé muy bien, no tengo demasiado contacto con mi país para pronunciarme con certeza, pero hay mucha extrema derecha. Un joven, que me encontré casualmente en el avión, me contó que estudia en la Universidad de Budapest y le llamaba la atención, al conocer otras universidades en Occidente, que en todas los jóvenes son de izquierdas, mientras que en Budapest la mayoría tiende a la derecha. Y esto es fruto del resentimiento, la incapacidad de superar el pasado. Es como una enfermedad que brota una y otra vez, igual que en Yugoslavia y Polonia. Es una señal muy significativa de que Europa todavía está lejos de estar unida; existen, como mínimo, dos Europas.
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P. En su obra reelabora siempre experiencias vividas. ¿Por qué se opone al término "ficción autobiográfica"?
R. Porque todo es ficción, el ser humano es una ficción. Si contemplo mi vida, veo que me hago escritor cuando nada indicaba que lo fuera. No contaba con nada, no conocía nada, no tenía un proyecto, y los que emprendía eran completamente irreales, imposible vivir de ellos o verlos publicados en una sociedad como la de la Hungría comunista. Pero me atenía a esta ficción que me había inventado y llevaba una doble vida: una vida secreta, grandiosa y una vida muy estrecha en la superficie. Me decía entonces que vivía como un escritor inglés: me levanto, reflexiono, escribo algo; lo único que no hago es jugar al golf y al tenis y no conduzco un coche. Me atenía firmemente a esta ficción y así me convertí en una ficción. Lo que me permite escribir de mí mismo como de un extraño, como en Dossier K.: es un diálogo, aparentemente es un diálogo entre yo y mí mismo, pero poco a poco aparece una tercera persona que observa discutiendo a estos dos, controlando que, como en una partida de pimpón, intercambiamos correctamente la pelota. Un juego curioso.
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P. La ficción está estrechamente relacionada con un tema muy recurrente en su obra: el concepto de la realidad, la realidad construida interiormente y la realidad en un sistema totalitario.
R. Yo creo que siempre vivía en la irrealidad, siempre fui una invención, hasta que me empezaron a doler las muelas. El dolor de muelas me hizo comprender que existía (risas) e iba al dentista. Pero, aparte de esto, me tomo las cosas alejándome de la realidad; no siempre puedo diferenciar los distintos niveles y menos cuando escribo. Me sorprendo a mí mismo con algunas frases. Cuando estuve trabajando en Yo, el otro, una frase fue muy importante para mí: "La libertad no se puede experimentar en el mismo lugar donde uno ha sido esclavo". Esto, simplemente, lo había escrito así, como una frase clara con un ritmo, y diez años más tarde se había convertido en una profecía. Fue mi verdad existencial: tenía que marcharme de allí.
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P. ¿Es ésa la razón por la que vive ahora en Berlín?
R. Sí, así es. Durante cuarenta años yo no he tenido pasaporte. Ni siquiera podía viajar a un país vecino. Yo soy un hombre de la gran ciudad, me siento a gusto en un entorno extraño, me encanta estar rodeado de una lengua extranjera. Y vivía atado a mi tierra como un hombre de la Edad Media. Ésta es una de las razones por las que vivo aquí, aunque también me siento a gusto en Berlín. Es una ciudad interesante, liberal, abierta, donde vivo con más libertad y, sobre todo, no tan cargado de problemas que no me importan. No tengo que repetir como un loro mi fidelidad a Hungría o que soy escritor; ya no me tengo que ocupar de los problemas de mi país.
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P. En su discurso del Premio Nobel señala que tal vez el lenguaje ya no sirva para "representar los procesos reales, los conceptos que en otros tiempos eran inequívocos". ¿Qué puede ofrecer el lenguaje al escritor del siglo XXI?
R. Ésa es la cuestión en la que hay que ahondar. En todos mis libros el lenguaje es diferente. Eso se manifiesta de forma muy marcada en Sin destino. La cuestión era ¿se puede crear un "lenguaje atonal"? Empleo este término musical para caracterizar un lenguaje que no posee tónica, no tiene tonalidad de do mayor o de si bemol menor, lo cual significa que no existe un consenso entre los seres humanos, que no hay una cultura válida; en otras palabras, los términos han cambiado por completo. Crear un lenguaje atonal suponía para mí desentenderme del todo de los significados originales de las palabras; todas las palabras han adquirido un contenido nuevo en la situación en la que tiene lugar mi historia. Este "lenguaje atonal" implicaba en Sin destino que la novela no debe narrar, una técnica en la que siempre hay un presente, pero nunca una narración. La manera en que se vive el presente, mediante momentos discontinuos, muestra el desgarramiento, lo inconcebible, el falso orden del mundo. Es una técnica que hay que variar en cada libro.
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P. Su "lenguaje atonal" recuerda mucho el lenguaje de Kafka.
R. Kafka se publicó muy tarde en Hungría. El primer libro de relatos de Kafka lo pude leer alrededor de 1964. Tenía un diario de Kafka que pude comprar en Budapest en alemán, pero mi alemán entonces no era lo suficientemente bueno para leerlo sin dificultades. En realidad, Kafka no ha tenido tanta influencia en mí, lo cual fue una suerte para mí. No sé si hubiera podido escribir mi obra bajo la influencia de una cabeza tan excepcional y, sobre todo, un talento literario tan extraordinario. Su forma de representar pequeñas cosas, cómo describe a un hombre, es fantástico. En cambio, un libro que sí quería urgentemente leer, cuando trabajaba en Sin destino, del que me enteré por los periódicos húngaros que hablaban del proceso de Eichmann en Israel, porque trataba del mismo tema que me ocupaba a mí, la banalidad del mal, fue Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt. Tampoco lo conseguí.
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P. ¿Quiénes fueron sus maestros literarios cuando decidió ser escritor?
R. Sobre todo, Thomas Mann y Camus, dos puntos estelares completamente distintos; ellos fueron mis pilares. A Thomas Mann, gracias a Dios, lo leí relativamente pronto; en 1954 se publicó un libro de relatos con La muerte en Venecia, etcétera, y me hizo un gran efecto. Esa monotonía literaria del estalinismo, esas novelas soviéticas con su mala literatura: encontrarme, de repente, con un texto existencial fue grandioso. Después de 1956 leí El extranjero, de Camus. Eso lo he descrito en Dossier K.: ambos escritores acabaron conmigo, pero cuando resucité me sentía feliz de haberlos conocido.

Mas sobre Imre Kertész:
http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Imre/Kertesz/4366/
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La lengua exiliada
Taurus Ediciones, Madrid, 2007, 168 páginas, $10.360
Crónicas
Dossier K.

El Acantilado
Barcelona, 2007, 207 páginas, $20.650
Autobiografía

Un relato policíaco
El Acantilado, Barcelona, 2007, 108 páginas, $16.170
Novela policial

"Todo es ficción, el ser humano es una ficción. Si contemplo mi vida, veo que me hago escritor cuando nada indicaba que lo fuera".
Imre Kertész


Articulo:
http://diario.elmercurio.com 24/02/2008

Andres BIANQUE/ Discriminación, Tribus urbanas y Mutantes.


E-mail:
andresbianque@hotmail.com
Sobre Azul@rte:http://revistazularte.blogia.com/temas/suecia.php
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Andres+BIANQUE


Discriminación, Tribus urbanas y Mutantes
Por Andrés Bianque

“La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?”
(Proverbio Chino)

Una de las cosas que mejor funcionan en Chile es la discriminación.
Las personas actúan como aduanas sociales individuales que revisan, chequean, examinan, inspeccionan a los que pasan por sus dominios o atraviesan sus distritos familiares, laborales, personales.
Principalmente el cateo social es ocular. Existen niveles que van desde el primario hasta el master en discriminación social con mención en racismo, xenofobia y nazismo para principiantes. El sexismo viene inserto en el equipaje social, en el adn personal de cada habitante. (Mayoritariamente varones)
Es así como existe un cierto rechazo en el paladar elegante, de ciertas personas que nada tienen de elegancia interna, a la hora de evaluar a seres humanos debido a su origen, religión o género, posición política, credo etcétera.
Es decir, discriminación social, sexual, racial y religiosa. ¿Ejemplos?
Quizás es de Perogrullo, pero yo agregaría a los puntos expuestos, la discriminación Territorial, geográfica ¿Quién vale más? ¿El que vive en la Capital o el que vive en un pueblo? ¿El que vive en Cochabamba o el que vive en Londres? (quizás este punto también va inserto en lo social pero son lujos que un neófito puede darse)

Es un país incuestionablemente traumado por ciertos factores que aceitan el engranaje histórico de la nación a lo largo de casi toda su historia republicana.
Encontramos el modelo militar por un lado y por otro, el modelo aristocrático (obviamente de corte mesurado, insípido y snob) patrones que están cubiertos de la peluda y dura piel de oso machista para plantarse y plantearse olímpicamente como axiomas o verdades absolutas ante la sociedad y dictar cátedra de cómo vestirse o actuar.
La Iglesia indiscutiblemente ha aportado de gran manera en frenar el desarrollo de la humanidad, toda vez que ha inyectado sus dogmas y mitos sobre la población.
En Chile las etiquetas valen más que el contenido, es decir, se juzga el libro por la portada.

La vestimenta debe ser sobria y eso es sinónimo de oscuridad. Ropas oscuras y que no sean llamativas. El pelo corto al estilo marcial, absolutamente ningún adorno en el rostro, zapatos negros y lustrosos, uñas cortas para empuñar mejor las armas y firmar decretos con fuerza de ley bruta. Las mujeres lo menos llamativas posible, ojalá con un velo.
Los verdaderos Patriotas se visten en forma Prudente.
Las mujeres decentes se visten pensando en la virgen María.
Los verdaderos creyentes se visten evitando invocar cualquier pensamiento pecaminoso.

Con la llegada de los españoles la división de clases se hizo sacramento. Trajeron los espejos y con ellos, los complejos. Entonces, la elegante vestimenta de corte europeo fue distinción que delimitó bordes entre clases. La levita fue sublime comparada a un pantalón lleno de remiendos. Aún cuando la fina prenda en cuestión fuese el resultado de la explotación del andrajoso discriminado. Así, se dio paso a la burguesía que heredó la misma manera de delimitar las clases sociales.
Al parecer, la moda o las distintas clases de vestimentas obedecen a un problema económico.

Es muy cierto que los principales culpables, entre otros, son los explotadores y capitalistas, que a falta de cualidades personales (las cuales se contradecirían con sus fechorías económicas y sociales) buscan equiparar o ayudar la carestía de ciertos dones internos, enmascarándose en lujosas y exclusivas pertenencias y ropajes buscando de esta manera mostrar o marcar su supuesta superioridad sobre los demás. En este caso, los pobres.

También es justo mencionar que, tanto laicos, progresistas e izquierdosos, caen en este juego de máscaras y tienden a catalogar a los demás de acuerdo a la indumentaria. Dicho sea de paso, también el ala progresista de la humanidad tiende a disfrazarse en aburridos prototipos que se pasean con el pañuelo palestino al cuello y etcéteras.

En Chile existe una tendencia obsesiva, morbosa, neurótica por copiar y clonar todo, y curiosamente la tendencia es hacia la estupidez, la vulgaridad y la superficialidad. La lectura no es moda. La mejora del vocabulario o la dicción tampoco. (Aún cuando tengamos a los maestros peruanos y bolivianos al alcance de la mano)Grandes grupos de personas son presas fáciles de expresiones repetidas una y otra vez por algún guasón que tenga tribuna en algún medio de comunicación.
Desnutridos neuronales repiten una y otra vez la manera de hablar o de bromear o de opinar implantada a fuerza de repetición por parte de alguna identidad.
El repetir un chiste, un comercial televisivo, una canción, una moda es el escalón más alto que algunos chilenos pueden aspirar.
Ejércitos de clones caminan por las calles priscos y frescos como el mejor de los mejores.
Lo que es bueno para uno, es bueno para todos. Chasquillas, patillas, pantalones, expresiones, alocuciones y canciones son repetidas por regimientos de loros y papagoyas que se pasean como dueños del mundo.
El que tenga una idea original a la hora del vestir, por ejemplo, que lo disfrute mientras pueda. Si el asunto prende en la gente, la misma gente y grandes y pequeñas compañías tomarán el modelo y lo implantarán sobre si mismos y sobre ávidos ciudadanos que esperan ansiosos algo novedoso, fuera de la rutina.

Es así que algunos jóvenes, amparados en la moda o cierta moda o determinada forma de vestir o de pensar o de socializar, buscan concretizar un cierto concepto de identidad. Por lo general toman una actitud confrontacional hacia la sociedad regulada por los adultos y los tratos discriminatorios que de ella emanan. Soledad social, desamparo familiar, colectivo. Ausencia de nortes y brújulas del porvenir que apunten a algún lugar menos incierto o deshabitado.

Portan máscaras sociales símiles que pueden ser reconocidas por otros miembros del conglomerado, lo cual, aparte de brindarles protección y amparo social, los diferencia de aquellos que adecuan sus rostros y ropas a las situaciones que el sistema planteé en un determinado momento. Es decir, subculturas, dentro de las grandes culturas que blanden en forma más honesta su sentir.

Recientemente han aparecido grupos sociales que se hacen llamar Pokemones, Pelolais y Emos entre otros, en el Chile actual.

Los Pokemones son jóvenes que se visten de una manera estrambótica y bastante llamativa. Situación que No tendría, Ni tiene porque ser un problema o un defecto. Pero siendo Chile un país que se desenvuelve bajo prismas medievales, romper las normas es sacrilegio.

Lo cuestionable del asunto comienza en las raíces de dicha tendencia. A falta de una cultura propia, (o mejor dicho desconocimiento de la propia cultura) a falta de paradigmas nacionales o cercanos, confluyen miles de jóvenes en honrar la figura de un dibujo animado japonés, mitad folclore nipón, mitad fantasía (que tampoco tiene o tendría que ser algo negativo), pero el dibujo en cuestión raya en la superficialidad y la estupidez. Resultando muy acorde al propio accionar de la vida cotidiana de esos jóvenes y del anhelado deseo de explotadores, chupópteros y otras sabandijas.
Cabe mencionar que tendencias, modas e inclinaciones sociales que sean huecas, baladíes, y vacuas son del muy grato gusto de las clases dominantes.

En forma un poco más directa, los jóvenes llamados pokemones son parásitos y polizontes de una cultura y creación externa a falta de talento propio para crear una propia.
Subrayan y acentúan sin un dejo de vergüenza y dignidad, la mediocre y desagradable cultura del clon. La originalidad es una palabra que no existe como vocablo en el Chile de ciertos chilenos.

A la par, la base de operaciones para cientos de ellos son los llamados fotologs, (pronunciado fotoló por sus administradores) En estas bitácoras personales se puede apreciar el egocentrismo de todos aquellos que participan en dichas páginas. Las heridas narcisistas se tratan de curar a fuerza repetitiva de colocar una y otra vez fotos del dueño de la página como así sus intereses más cercanos e inmediatos con la clara meta de ser, ó el más conocido ó el más popular o el más votado o el más comentado.
Ignoran que el conocimiento y acceso que ellos tienen a Internet, podrían usarlo o dividirlo en forma más humana y social. Mitad vacilón y mitad temblor neuronal con epicentro en el cerebro de algunos. Denunciar por ejemplo, las injusticias a que ellos mismos son sometidos, en la falta de oportunidades a la hora de estudiar, la poca atención por padres explotados en sus trabajos. El boicot a compañías de usureros que guardan deudas sangrantes de todo un país y mil etcéteras más.
Grandes masas de jóvenes pobres queriendo sentirse especiales, protegidos, unidos y representados en algún grado o medida al ser parte o partícipe de esta familia social que no tiene críticas y los recibe a todos con buenos ojos.

Los grados de discriminación son tan brutales en Chile, que eso afecta incluso hasta el nombre de las personas. Llamarse Manuel es sinónimo de simpleza o timidez. Hacerse llamar T-Dyron suena mucho mejor y más “cool”, Carlos, suena mejor si lo llamamos Krilin. Entre la penetración cultural a través del dibujo japonés (Manga) más la larga bota impuesta por el lenguaje inglés sobre el mundo, tenemos la combinación perfecta.
Y el registro civil ya contempla y comenta la nueva oleada de nombres “especiales” que se han ido registrando en el último tiempo.

Todo el festival de superhéroes, gente especial e incomprendida se corona al ritmo de la música Reaggaton. Estilo musical deformado, al igual que el hip-hop, los cuales, en sus inicios fueron expresiones de denuncia social, hasta ser comercializadas por las grandes compañías, transformándolas en un mero arpegio repetitivo de culos en la pantalla y expresiones desesperadas de corte sexual. Súmese a esto el terrible y espantoso trabajo realizado por MTV, (empty tv) y sus seguidores, en machacar una y otra vez el sexismo más descarado y repugnante sumado a la superficialidad y consumismo como modelo de vida.

El “destape” pos dictadura generó muchas expectativas y en lo cultural, se fueron rompiendo mitos, tabúes y prohibiciones inquisitoriales bajo las cuales el país vivió castigado por casi 20 años.
Y no es que se rebajaran los impuestos a los libros, ni que se impulsaran iniciativas serias para
Erradicar el analfabetismo cultural, ético y humano de los chilenos o que la educación fuese declarada gratuita en todas sus instancias o que la ópera o el ballet fuera declarado actividad gratuita en todo el país.

Pan y circo, esa fue la política cultural impuesta. Vinieron los garabatos permitidos en televisión, las tetas al aire, los culos en primerísimo plano. La cultura de la basura tomó las cabezas por asalto. El exitismo barato en cazar talentos que obviamente no supieran más que bailar o cantar, donde elementalmente ni las canciones, ni los bailes podían tener algún llamado oculto a usar el cerebro, empero las caderas, la garganta y la pelvis inundó las casas y cerebros.
Permitir que ciertos grupos musicales, ciertas personalidades censurados bajo Dictadura (previa compra de principios) tuviesen tribuna en los medios de comunicación, sexo explícito en los programas nocturnos, lenguaje coloquial y callejero en reemplazo del modelo acartonado y cursi impuesto por la dictadura, relajación en cuanto a las cadenas impuestas sobre la vestimenta, el cabello, y el surgimiento y aceptación incipiente de las minorías sexuales, fue el destape cultural a grosso modo.
No hubo más, incluso, los nuevos rostros televisivos, más los bautizados y ungidos bajo la era Pinochet, compiten codo a codo, mejilla a mejilla en la actualidad por hacernos escuchar el evangelio de la vacuidad y la estupidez. Situación que es más funesta en los otros medios de comunicación donde la dictadura sigue incólume atiborrándonos con elevadas propuestas del medioevo.

Entonces, los pokemones, vendrían siendo el resultado híbrido acerbo, del acervo cultural pasado y reinante. Superficiales, cabezas huecas egoístas que sólo piensan en ellos mismos y adoradores del hedonismo. Aprendices sexuales que azotan los prejuicios y juicios con cierto sádico y mordaz comportamiento contra aquellos que los observan o critican. De esa manera se puede entender que las mujeres, protejan su sacrosanta virginidad realizando sexo anal y oral (muy de acorde a los métodos y preceptos velados y escondidos de la iglesia) para mantener el himen intacto y vestirse de blanco alguna vez frente al altar y venerar una vez más las tradiciones machistas-cavernarias.
Que realicen preludios amorosos a nivel público, que se den cita en ciertos lugares como el Cerro Santa Cristóbal o frente a la cloaca pública llamada río Mapocho, para realizar el “Sobajeo” expresión usada para realizar una orgía de mímica sexual en la cual sólo existe el toqueteo pre-coital y no la penetración son actividades comunes para ellos.

La costura despótica impuesta por el sistema se rompe en ciertas esquinas un tanto previsibles, (la juventud) y la falta de una orientación sexual honesta, científica y progresista, un cambio del abanico de mitos arcaicos que se propagan tan fácilmente por entre las calles de la opinión pública, la prohibición del aborto, el escándalo de villorrio medieval en el país producto de la pastilla del día después. El doble rasero de aquellos pervertidos y degenerados que dictan cátedras por el día, pero por las noches dan rienda suelta a todas sus escondidas perversiones y desviaciones. Sumado a la constante y flagrante opresión patriarcal sobre las mujeres ha cocinado, previa receta patronal y empresarial este exquisito brebaje que amarga y espanta a cientos de mojigatos que se llevan las manos a la cara y al cielo, pero jamás al bolsillo para mejorar las condiciones deplorables que la juventud sufre.

Y así, entre imbéciles, rebeldes sin causa, desorientados, pervertidos, inadaptados, es que el sistema contempla, se asquea, pero no tanto tampoco. Sabe que la moda será transitoria y se ha formado un buen ejército de ineptos que no levantarán jamás una revolución estudiantil o social o pensarán mucho en quién o por quién votar a la hora de las elecciones. O sea, gajes del oficio social de explotar, jaquecas colaterales del trabajo sucio de alienar, embrutecer y enajenar a las personas y su avanzada social, la juventud. Misión cumplida, no sólo derrotados, sino que funcionales al sistema.

Además, la idiosincrasia chilena utiliza a la perfección el llamado “chaqueteo” el cual estipula, cual regla sagrada, el denigrar, burlar, apocar, rebajar, escarnecer cualquier intento de originalidad o autenticidad o mejora en los alrededores de la sociedad, siendo esta manera el broche de oro que amarra amarras sobre cualquiera que pretenda salirse del marco impuesto.

Si el grupo social denominado Pokemones es estigmatizado desde las alturas del parnaso de algunos, como gente vulgar, pobres vestidos como payasos, atorrantes dándoselas de modernos, el grupo denominado Pelolais, vendría siendo algo así como la contrapartida por parte de las clases pudientes contra la gentuza que toma demasiado protagonismo en el país.
(Grupo al cual se suman todos los arribistas que no siendo parte del universo de ricos, lindos y famosos, igual cargan con el estandarte social impuesto por la burguesía aunque no les pertenezca).

El prototipo aquí reinante también es un festival de estupidez y superficialidad.
Los cánones a seguir son simples, (como simples las cabezas que lo ejecutan) El pelo, ó cabello para que suene más elegante, debe ser liso, rubio en lo posible, tez blanca, nada de adornos, aros, tatuajes, collares, ni nada que empañe la figura en cuestión. Esta pelolais vendría siendo como la exteriorización de alguna virgen antigua y aria, pero ahora impuesta y presta en el siglo 21.
Sus ropas deben ser mesuradas y sobrias, pero nunca humildes, su desenvolvimiento debe ser prudente pero nunca apocado. Proyección de vírgenes que pasean con celular pegado al pecho (o a los pechos) Segura, encantadora, linda, sonrisa perfecta, uñas jamás presentadas a una lavaza o taza. Lo más encantador de este prototipo inyectado, rentado y martillado por los medios de comunicación es la elegancia y garbo que posee al comprar en parques, mall, tiendas, expendedurías y multi-tiendas. El cenit de su actividad cultural es el “shopping”.

Lo más trágico de este paradigma-estigma que se cierne una y otra vez sobre Chile es que, mientras tanto, en otras regiones del planeta, invertir en una peluquería es uno de los mejores negocios que existen dentro del mercado de la belleza. Las tinturas para oscurecerse el pelo, no dan abasto, tanto mujeres como hombres se pasean orgullosos de sus cabelleras negras, aunque sean teñidas. Hay que luchar para conseguir alguna hora o cita en los solarium, y pintarse una piel bronceada, aunque sea artificial. Tener la piel blanca significa ser débil, parecer enfermo, no tener gracia, ni sangre caliente que recorra las venas. Cualquier día de sol es aprovechado al máximo por ciertas lagartijas albinas que buscan desesperadamente teñirse de canela la piel marmórea que poseen.
Mientras tanto, el levantarse los pómulos con un cirujano significa varios millones, igual como oneroso resulta agrandarse los labios.
Pero la clase alta insiste una y otra vez en meter de contrabando, cada vez que pueda, señales racistas o discriminatorias o de prototipos que son su propio tipo, como la panacea o la respuesta última a la pregunta qué es la belleza. (No les da para más en todo caso)
Para que hablar de los Nazis y sus eternas tardes al sol bronceándose también.

Aquí el tema es para entrar de plano en la llamada Dismorfofobia, enfermedad artificial producida y solventada por las grandes compañías que significa, casi literalmente. “Miedo a la fealdad” (tema que trataré extensamente en un artículo que no pienso escribir)

Cuando las emociones son rentables acciones en la bolsa.

Hace muchos años ya que en Estados Unidos, matriz cultural para el planeta tierra, es fácil encontrarse con grupos de adolescentes que tienen la costumbre de publicar fotos de corte sanguinolento en Internet, pasearse mustios, idos y lejanos, llorando por no alcanzar el horizonte.
El principal motivo a exponer es el suicidio. Sangre, cuchillos, chicuelas de pechos firmes, nalgas saludables, pero con las muñecas sangrantes proliferan por doquier.
Y estos, mutados, mezclados, combinados en distintas sub-tribus se desenvuelven como Góticos, medievales, vampiros y el mandinga como apoderado, depresivos compulsivos, emotionals kids y otras rarezas para los cuales falta un diccionario de neologismos.
No es difícil encontrarse con infinidad de jóvenes que presentan hileras interminables de cortes en sus brazos y muñecas como moda castigo-penitencia en boga.

Y países industrializados, “modernos y desarrollados” observan como se matan sus hijos, niños y adolescente en masa. Como cualquier mañana su pequeñín se va a la escuela y mata a sus compañeros o profesores.
El club del suicidio, Morir es la meta, concretizado en que después de la muerte se pueden obtener ciertos poderes más allá de la tumba y todo aquello que ostente un nulo respeto a la vida es la consigna. Situación que se repite una y otra vez en países que, curiosamente, son los mismos que producen y propagan ciertas modas que llegan a estas lejanas aldeas.
Las tasas de suicidio en Japón y Estados Unidos no pueden ser menos que alarmantes. Al parecer existe un vacío gigante que genera un desierto de separación entre hijos y padres. Niños que lo tienen todo, menos afecto, donde los ascendientes no son más que máquinas que producen dinero y éste es su único objetivo y preocupación en la vida.

De todos los grupos, este podría ser el más cuestionado debido a su paradójico planteamiento. Llorando al ritmo del hard-rock, parece un tanto difícil de creer o de entender. Pero cada loco con su tema, sin embargo, se devanean entre sufridas, llorones, poseros, poetastros, quejumbrosos, incomprendidas y victimoides, los cuales se pasean sufriendo única y exclusivamente por ellos mismos y nadie más, pero sin olvidar, y aquí va el detalle simpático, la compra y venta de atuendos que hagan juego con sus profundas emociones.

Toda la “emotividad” que profesan, la invierten en su pertenencia más preciada. Ellos mismos. ¿Los demás?

Sin duda, la manera de vestir, No tiene porque ser el elemento único y primordial a la hora de juzgar a una persona. Realizar una acción de este tipo debería ser considerada una de las conductas más criticadas y a la vez erradicadas del género humano.

Lo tragicómico es que hace rato ya que tuvieron su minuto de fama estos y otros grupos en los países desarrollados, donde el vestigio agonizante de ellos, llega al tercer mundo, adaptado por tercermundistas falto de ideas propias.
Los cortes de pelo tipo erizo invertido, ya están pasados de moda en los países ejes de la cultura.
Pokemones, Emos, Screamos, Visual, Oshares (Nótese el aporte a nuestro limitado idioma) se diferencian por un aro de más o de menos o un clavo agujereado en la pera, lengua, una pulsera, ojos pintados, o no pintados. Pero a la hora de exteriorizar sus preocupaciones y fijaciones resultan todos iguales, simples clones de la moda, otro bruto producto, esclavos adictos al consumismo desenfrenado.

¿Quizás estas situaciones son el resultado de la desintegración familiar por el factor económico? Nadie tiene tiempo para nadie, todos están ocupados en hacer y buscar dinero. Y cuando llega la hora de asueto, sólo se sumergen en ese mar muerto llamado televisión.

Tal vez la falta de oportunidades, el puente cortado en el camino hacia un futuro mejor, y una gran mayoría mirando frustrados hacia la otra orilla del sendero.
No hay referentes. Una izquierda sin ningún brillo, no hay a quien querer parecerse, no hay modelos, no hay héroes en un universo de gobiernos de la corrupción que ha asolado chile por casi 40 años.
Sin duda, al mencionar a la izquierda como responsable de esta situación, se puede caer en una actitud paternalista o patriarcal que nadie ha pedido o cedido, pero no le vamos a pedir peras al olmo, la derecha adora la cultura, la pintura, las artes, pero es la partera de la ignorancia, brutalidad y chabacanería.
Las culturas originarias han sido denigradas, tergiversadas y ahora demonizadas, por lo cual, aún falta mucho para que ciertos sectores de la juventud busquen un punto de apoyo y referencia hacia ellos.
¿Qué hacemos? ¿Cómo aportamos a la creación de nuevas corrientes culturales? ¿No será que quizás tenemos el ideario correcto, pero la táctica y estrategia errónea y sólo aburrimos?

Sin duda, el Parkour llegará con un par de años de retraso a estas aldeas, lo más probable, y para ese entonces otras disciplinas, otras modas estarán en boga por allá donde todo es lindo y blanco. A falta de expresiones propias y culturales, a falta de recursos y políticas sociales que inviertan en el arte, la creación y la cultura.

Vastos sectores de seres humanos que no logran satisfacer las necesidades más básicas, generan estados emocionales que se manifiestan de las más diversas maneras.
El vacío cultural existente en esta tierra, es a la sociedad lo que el hoyo en la capa de ozono es en el cielo.

La nacionalización de la pobreza es la primera primerísima prioridad del capitalismo.
Modas y tendencias, son meros detalles pasajeros… sudorosos que viajan en el mismo vehículo social que nos tocó tomar, hasta la siguiente parada.

Ernesto SCHOO/ Tennessee WILLIAMS: La sombra de la soledad


Aniversario Tennessee Williams
La sombra de la soledad
Por Ernesto Schoo

El lunes se cumplen veinticinco años de la muerte del escritor norteamericano. Fue uno de los dramaturgos más importantes de su país en el siglo XX y autor de cuentos notables. Ni siquiera el éxito lo liberó del temor a la locura y la culpa que, a pesar de sus declaraciones, le producía la homosexualidad

Cuando, el 25 de febrero de 1983, intentó destapar con los dientes el tubo de indispensables pastillas (para dormir, para estar despierto, para aliviar la angustia, para sobrevivir apenas) y el tapón, atorado en la garganta, lo sofocó hasta matarlo, hacía ya largos años que las marquesinas de Broadway se habían apagado para Tennessee Williams. Saludado a fines de los años cuarenta como uno de los grandes dramaturgos estadounidenses posteriores a O Neill -en compañía de Arthur Miller, William Inge y Edward Albee-, Tennessee (su verdadero nombre era Thomas Lanier Williams, nacido en Columbus, Mississippi, el 26 de marzo de 1911) disfrutó de fama y fortuna durante un lapso relativamente breve, a partir de su triunfo inicial, El zoo de cristal (estrenado en Chicago en 1944), seguido por Un tranvía llamado Deseo (1947) y La gata en el tejado de zinc caliente (1955), ganadoras estas dos últimas de sendos premios Pulitzer. Ha coincidido casi este aniversario de su muerte con el éxito alcanzado en la reciente temporada teatral de 2007 por la versión, según Oscar Barney Finn, de La gata , merecedora de críticas entusiastas y de premios.

Pero acaso con excepción de La rosa tatuada , escrita para su gran amiga Anna Magnani, la mayoría de las obras siguientes, Orfeo desciende , La noche de la iguana , De repente, el último verano y Dulce pájaro de juventud, recibieron críticas cada vez más sangrientas, lo mismo que Kingdom of Earth , Slapstick Tragedy , In the Bar of a Tokyo Hotel , y sigue la lista. Le achacaban incoherencia, exceso de perversiones, violencia gratuita y el afán de llamar la atención a toda costa. Tennessee se resignó aparentemente a retocar sus triunfos del pasado ("Necesito convencer al mundo de que en verdad sigo existiendo"), pero la angustia, que lo carcomía desde la infancia, fue minando su mente y su cuerpo. Siempre tuvo terror de enloquecer (su adorada hermana Rose había sido internada desde muy joven en instituciones psiquiátricas y sometida a una lobotomía que solo empeoró su estado) y, desde el verano de 1955 -lo confiesa en sus desordenadas y fascinantes Memorias (1972-1975)-, necesitó estimulantes para escribir. Eso sí, ni aun después de las más locas noches de alcohol y sexo (que describe sin tapujos) dejó de sentarse cada mañana a la máquina: "Levantarme temprano, tomar un café fuerte y ponerme a trabajar".

Si se le preguntaba a Williams por las influencias recibidas, solía sorprender al entrevistador mencionando al novelista inglés David Herbert Lawrence, el autor de El amante de Lady Chatterley y Mujeres enamoradas . Pero el maestro absoluto, al que admiraba sin límites, era su colega ruso, Antón Chejov, en quien reconocía la capacidad singular de sacar partido dramático de las situaciones en apariencia más simples y cotidianas, revelando las oscuras corrientes que discurren por debajo de ellas. "Aquel verano, el de 1944, mientras en mi habitación de la Universidad de Harvard escribía El zoo de cristal , me enamoré de los textos de Antón Chejov. Al menos, de muchos de sus cuentos breves. Me iniciaron en una sensibilidad literaria con la que yo tenía en esa época muy estrecha afinidad. Ahora descubro que se guarda muchas cosas. Todavía estoy enamorado de la delicada poesía de su literatura y pienso que La gaviota sigue siendo la más grande obra teatral moderna, con la posible excepción de Madre Coraje , de Brecht." Uno de los últimos trabajos de Tennessee fue, precisamente, una versión personal de La gaviota , titulada El cuaderno de Trigorin , "a fin de traerlo más cerca, hacerlo más audible para ustedes de lo que he visto que se lo representaba en cualquier producción estadounidense. Nuestro teatro tiene que gritar para que por lo menos lo oigan".

La tradición impuesta por Stanislavsky puso sordina a parlamentos que el autor insistía en adjudicar a la comedia. Acaso por esto, Williams, aunque respetuoso del esquema original, con mínimas alteraciones, lleva a algunos personajes al borde del paroxismo, ubicándolos casi en el melodrama (género por el que tenía marcada afición). A la vez, muestra una Arkadina (la veterana actriz protagonista, que perpetúa sus manierismos cuando la época ya reclama otra cosa) más humanizada que la de Chejov. Frente a esta y otras versiones por el estilo, cabe preguntarse cuál es la ganancia del espectador. La intención es noble; el resultado, incierto.

Otro poderoso ingrediente del talento de Williams es su pertenencia a una familia ilustre del sur de los Estados Unidos. Si bien su abuelo paterno, Thomas Lanier Williams II, se había arruinado en insensatas campañas políticas, su madre ( miss Edwina, según el tratamiento tradicional de las damas sureñas, aunque fueran casadas) pertenecía a una casta señorial arruinada por la supresión de la esclavitud, base de su economía, luego de la Guerra de Secesión. Las gentes del sur nunca se repusieron de la derrota y aún perdura allí la nostalgia del pasado esplendor, de las mansiones con pórtico neoclásico de columnas y frontón, las vastas plantaciones de algodón y maíz, las canciones tristonas de Stephen Foster. Hasta el característico musgo español que cuelga de los árboles evoca crespones de luto. Los escritores nacidos y criados en la región expresan siempre, unánimes, la melancolía (y el espanto) de esa decadencia: William Faulkner, Carson McCullers, Truman Capote, Williams mismo.

Los dos personajes más vigorosos de su dramaturgia, convertidos ya en arquetipos, Blanche DuBois en Un tranvía y Big Daddy, de La gata (Papá, en la reciente versión porteña), son representantes natos de esa situación histórica y sus consecuencias políticas, económicas y sociales. Blanche, aristócrata venida a menos, solo encuentra amparo en la locura: su historia tiene mucho que ver con la de Rose, la hermana de Tennessee. Y también Rose es el modelo de la patológicamente tímida y paranoica Laura, de El zoo de cristal . Big Daddy, en cambio, es el nuevo rico, el patán en ascenso, inescrupuloso y rudo, que mediante el dinero intenta rodearse de los oropeles prestigiosos del antiguo sur, pero dueño a la vez de una singular grandeza trágica. A un paso de ser una criatura de Shakespeare. Williams lo sabía: "Fui más allá de mí mismo en el segundo acto. Puse en Big Daddy una intensidad expresiva que no he dado a ningún otro de mis personajes". La gata era también su obra favorita, "por su estructura clásica, respetuosa de las tres unidades de Aristóteles: de tiempo, lugar y acción". A O Neill le llevó una vasta trilogía, El luto le sienta a Electra, cuya representación completa abarca muchas horas, el intento de recrear la tragedia clásica (la Orestíada de Esquilo) en la dramaturgia norteamericana moderna. Williams alcanza ese objetivo en apenas los tres actos de La gata (Si a Stanley Kowalski, el bello animal salvaje, casi inarticulado, de Un tranvía, le dieran la oportunidad, en pocos años se convertiría en un Big Daddy.)

Como siempre resulta fascinante conocer la génesis de las grandes obras de arte, conviene saber que Blanche ya estaba en la imaginación de Tennessee desde tiempo atrás. "Inmediatamente después de comenzados los ensayos de El zoo de cristal, empecé una obra cuyo primer título fue ´Blanche s Chair in the Moon . Escribí esa sola escena en el invierno de 1944 a 1945, en Chicago. Una mujer frágil, muy blanca, tomando algo de fresco en una galería, en una calurosa noche de luna." Hacia 1946 estaba escribiendo Verano y humo, pero como se le resistía, volvió al tema de Blanche; la obra empezó a tomar cuerpo; se llamaba "Una noche de póker".

No cabe duda de que la madre en El zoo de cristal, la atolondrada Amanda Winfield, es el fiel reflejo de miss Edwina, la madre del autor. "No me gustan -anota Williams en sus memorias- las mujeres excesivamente pudorosas, con excepción de mi madre y mi hermana. Ambas fueron víctimas del pudor excesivo."

Ni Blanche ni Alejandra del Lago -la diva en decadencia de Dulce pájaro de juventud - ni Maggie, de La gata , serían pasibles de pudor excesivo. En general, los personajes femeninos de Williams, aunque en algunos casos se muestren débiles (Alma Winemiller, la muy chejoviana protagonista de Verano y humo , y en apariencia la misma Blanche) o divagadoras, terminan por demostrar una fortaleza y una determinación superiores a las de sus contrapartes masculinas, con la sola excepción, quizá, de Stanley Kowalski. Aunque al demoler a su irritante cuñada Blanche, cuyo pasado disoluto ha descubierto y a la que viola, Kowalski muestra el temor del macho al sometimiento carnal y, sobre todo, el miedo de perder a Stella, su mujer, si esta se entera del adulterio.

Podría aventurarse una semejanza (tal vez solo formal, pero no carente de razones) con las heroínas de Giacomo Puccini: Mimí, Butterfly, Liú, Manón. Las sensibilidades del músico italiano y del dramaturgo norteamericano muestran afinidades evidentes. Difieren en intención y en tratamiento del personaje; lo común es el sentimiento de una fragilidad enfrentada a la rudeza del mundo ("encontrar un hueco en la roca del mundo", dice Blanche). Mimí y Manón sucumben casi sin luchar, pero Cho-Cho-San, Liú y también Tosca (luchadora enérgica) asumen grandeza trágica en sus últimos momentos. De Alma Winemiller, la de Verano y humo , dice su creador: "Bien podría ser el mejor retrato femenino que he pintado en una obra. Parecía existir en alguna parte dentro de mí y no me costó llevarla al papel". Puccini nunca fue tan explícito, pero sus biógrafos detectan una veta femenina en su naturaleza (por otra parte, era un donjuán temible), que existe en todo varón, aunque ferozmente reprimida a menudo. Tennessee, homosexual asumido desde joven (aunque su iniciación fue hetero, y muy satisfactoria, según dice), la liberó sin esfuerzo. Pero no sin culpa. De sus muchos amores -en su mayoría, fugaces "levantes" callejeros, sobre los cuales Williams se expide con total franqueza-, al menos dos fueron perdurables. Ambos de origen italiano. Santo, propenso a accesos de cólera brutal, en los que destrozaba todo lo que se le oponía (las más de las veces, en su imaginación), y Frank Merlo, el más entrañable, quizás el único amor verdadero, que acompañó a Tennessee durante catorce años en los que tuvo que soportar a quien dijo de sí mismo: "Conocerme es no quererme. A lo sumo, soy tolerado". No era fácil: la bebida, desde siempre, y luego los barbitúricos, los somníferos, las anfetaminas; y una conciencia exacerbada de ser diferente y superior. Más la necesidad (pese a reiteradas protestas de humildad esencial) de llamar la atención, el afán de hacerse ver, de decir y hacer cosas extravagantes, aun a riesgo de herir a los seres más queridos.

Estas compañías indeseables de la notoriedad pública suelen disfrazar angustias y temores simétricos que de otro modo se volverían, quizás, insoportables. Si algo revelan las memorias y, sobre todo, las obras de Williams, es su sentimiento trágico de la vida. El miedo a enloquecer, el primero, y junto a él, la culpa. "El tema mayor de mis obras, el dolor de la soledad, que me sigue como mi sombra, una sombra formidable, demasiado pesada para arrastrarla tras de mí, todos mis días y mis noches." Un hombre esencialmente perseguido por la fatalidad, acosado por la certeza de una catástrofe inminente y el fantasma de la locura: "El confinamiento ha sido siempre el gran temor de mi vida Mi vida, con su incesante lucha contra la locura". La culpa nace de la homosexualidad, por muy asumida que esté. De su abuelo paterno dice: "Era muy mujeriego. Me pregunto si me hubiera tolerado".

No carecía, sin embargo, de un penetrante sentido del humor. Su descripción del primer encuentro con Marlon Brando, fuera del escenario, es digno de una comedia. Tennessee había visto Todos eran mis hijos , de Arthur Miller, dirigida por Elia Kazan, en la primavera de 1947, y le pidió que dirigiera Un tranvía (título impuesto por Kazan), cuya productora era Irene Mayer Selznick, la hija del zar del cine, Louis B. Mayer, y mujer de otro productor, David O. Selznick. Williams se marchó a dar los toques finales a la obra en una casita junto al mar, en Cape Cod, con su amante de turno, el colérico Santo, y una amiga y consejera de toda la vida, Margo Jones. Allí recibió un mensaje de Kazan: "Te envío a un actor joven que me parece ideal para Kowalski". El joven actor llegó y era Marlon Brando.

"Era el hombre más hermoso que vi en mi vida -asegura Tennessee-, pero tengo como norma inflexible no enredarme nunca con actores que intervienen en mis obras." El recién llegado se enteró de que desde hacía días la cabaña carecía de electricidad y de agua corriente, nadie sabía por qué, y no había ningún especialista en los alrededores. Brando, en pocas horas, remedió la situación. Casi ni hablaba, y solo lo hacía en esa especie de murmullo que era su especialidad, como si masticara las palabras y se las comiera. "No había cama para Marlon, de modo que se enroscó en una manta, sobre el suelo. A la mañana siguiente me pidió que fuésemos a caminar por la orilla del mar. Me imaginé que hablaríamos de la obra. Caminamos en silencio. Y volvimos en silencio."

La primera candidata para Blanche fue Margaret Sullavan, en aquella época una conocida actriz de cine. A Williams no le gustó: "No dejaba de imaginarla con una raqueta de tenis en la mano, y yo dudaba de que Blanche hubiera jugado al tenis alguna vez". Le hablaron entonces de otra actriz que él no conocía, una tal Jessica Tandy, que casualmente estaba haciendo una de sus obras cortas, Retrato de una madonna. "De inmediato supe que era Blanche."

Un ilustre colega de Tennessee, Thornton Wilder (autor de Nuestro pueblo, en teatro, y, entre otros títulos, El puente de San Luis Rey y Los idus de marzo, en novela), criticó Un tranvía porque, sostuvo, "Stella, la hermana de Blanche, una muchacha fina y educada de lo mejor, no puede estar enamorada de un bruto como Kowalski". Comentario de Williams: "Me parece que a este señor le hacen falta unas buenas revolcadas". Otra: durante los ensayos para el estreno en Broadway (fines de diciembre de 1947), Jessica Tandy no encontraba el tiempo ni el tono para toparse, al abrir la puerta, con la vieja mexicana que pasa por la calle pregonando "¡Flores para los muertos! ¡Coronas para los muertos!". Kazan le pidió a Tennessee que hiciera el personaje, sin avisarle a la protagonista. El autor afinó la voz y pregonó, entre cajas, mientras llegaba a la puerta. Desde la platea, el director le hizo señas a Tandy de que corriera a abrir; ella no estaba segura pero obedeció y se topó con Williams. Gritó: "¡Todavía no, todavía no!" (es su letra), y Kazan le dijo: "Así es como debes hacerlo".

La película dirigida por Kazan sobre Un tranvía, con admirables interpretaciones de Vivien Leigh y Marlon Brando, terminó de afianzar la fama de todos los que habían intervenido en ella. Tennessee y Brando alcanzaron la cima de sus respectivas carreras. Para el actor culminaría, muchos años después y tras varios tropiezos cinematográficos, con la caracterización de Don Corleone en El padrino. El dramaturgo, en cambio, después del Pulitzer por La gata y pese al éxito del film, dirigido por Richard Brooks, con Elizabeth Taylor, Paul Newman y el colosal Burl Ives como Big Daddy, perdería poco a poco el reconocimiento crítico. ¿Por qué?

Se le reprochó a Williams su afición por el melodrama y los excesos consiguientes. La castración del protagonista de Dulce pájaro de juventud o la muerte de Sebastián Venable en De repente, el último verano -literalmente devorado por una pandilla de gitanos caníbales, en una playa española- se consideraron groseras e inverosímiles. No lo son tanto, en el contexto proporcionado por las obras mismas. Algo operístico hay, sin duda, en Tennessee, incluido en su pasión por Italia y los italianos. También lo hay en Luchino Visconti pero no se lo reprochan, quizá por ser italiano de nacimiento. Visconti dirigió en Italia El zoo de cristal y Un tranvía ..., y llamó a Tennessee para colaborar en el guión de su film Senso (1954; en la Argentina, Livia ), sobre la novela de Camillo Boito, junto a Suso Cecchi D Amico y Paul Bowles. Williams no trabajó con entusiasmo: los protagonistas originales iban a ser Ingrid Bergman y Marlon Brando, pero dificultades de contratación hicieron confiar esos papeles a Alida Valli y Farley Granger. "Valli me pareció bien, pero Granger no me gustó para nada, no era el personaje", anotó en sus Memorias. Los críticos creyeron advertir rasgos de la condesa Serpieri y su amante, el oficial austríaco, en la señora Stone (de su novela La primavera romana de la señora Stone) y su joven amante italiano.

Tampoco quedó satisfecho con el tratamiento que dio Elia Kazan a su guión para Baby Doll (1956, con Carroll Baker y Karl Malden), sobre su obra de teatro 27 Wagons Full of Cotton . Pese a que Kazan le dio sus mayores éxitos en el escenario y en las tablas, con Un tranvía , Tennessee siempre mantuvo con él una relación difícil, de amor-odio, con una mutuamente agresiva separación final. Las personas poco seguras de sí mismas (y Tennessee se excedía en este rasgo) suelen cultivar amistades complicadas y más bien frágiles. En este sentido, él se sentía más cómodo con las mujeres, sobre todo las de carácter fuerte: su amiga de toda la vida, Marion Vaccaro, Tallulah Bankhead, Anna Magnani.

Anna fue, para él, el lazo más fuerte con Italia, país que sentía como su verdadera patria espiritual. Su mayor aspiración habría sido "terminar mis días en una chacra en Sicilia, criando chanchos y gansos". La exaltación pasional, habitualmente atribuida a los italianos en general, se unía en su temperamento al componente "gótico" de su formación y su literatura, esa exacerbación romántica que desde fines del siglo XVIII privilegió las ruinas, los calabozos, los pasadizos secretos, las pasiones enfermizas, los claustros profanados. La contraparte moderna sería el denominado "gótico sureño", el producto de la situación del Sur norteamericano que hemos pintado más arriba: ese mismo exceso que se encuentra en Faulkner (Santuario, Intruso en el polvo, Luz de agosto ), en Capote, en McCullers y en otros escritores de esa zona.

Poesía (mediocre, él mismo lo reconocía) y novela ( La primavera romana de la señora Stone , llevada al cine por José Quintero, con Vivien Leigh y Warren Beatty, y Moisés y el mundo de la razón , una franca confesión de homosexualidad, por si hiciera falta) también conocieron su inquietud. Al leer las Memorias se intuye su abierta preferencia por los cuentos, de los que publicó varias colecciones: Hard Candy, a Book of Stories (1959), Three Players of a Summer Game (1960), One Arm and Other Stories (1967). De Eight Mortal Ladies Possessed (1974) hay dos ediciones en español, una de 1977 (Ocho mujeres poseídas) y otra de 2005 (Ocho mortales poseídas, Ediciones Alba).

"Quizá el mayor tema de mi obra sea el dolor de la soledad." Este hombre tan promiscuo, tan sociable, tan desenfrenado de a ratos y tan ascético en otros ("mi vida más intensa está en mi trabajo"), era un gran solitario. Como muchos otros talentos (y genios) afines, no se sentía del todo cómodo en el mundo ("creo que la única vida posible para un artista es la de la fantasía"), ni cuando fingía divertirse con ferocidad. "No tengo ninguna certeza de ser un artista cabal. Pero aborrezco la autocompasión. Creo que escribir es la incesante persecución de una presa muy esquiva, a la que nunca se llega a atrapar del todo."


Articulo :
http://adncultura.lanacion.com.ar 24/02/2008