samedi 21 mars 2009

Danilo SÁNCHEZ LIHÓN/La Poesía, esa llama milenaria


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DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA:
La Poesía, esa llama milenaria
Por Danilo Sánchez Lihón

«¡Oh noche que juntaste
amado con amada!»
San Juan de la Cruz



1. La primera rosa extasiada

Desde la explosión del mundo, hace cinco mil millones de años, en que una gigantesca bola de cristal hecha de materia ígnea estalla y se expande en miles de fragmentos ardientes, pasaron otras decenas de millares de años hasta que esos elementos fueron formando estrellas y planetas lejanos.

Esa materia fue ordenándose luego en galaxias, a partir de lo cual, en la pequeña molécula sideral que es la Tierra, transcurrieron milenios para que se fueran separando poco a poco las aguas de las rocas y nacieran los mares estupefactos.

Volvieron a pasar nuevamente miles de centurias para que en alguna playa embrujada brotase un corpúsculo tembloroso: ¡la vida incipiente!, a partir de la cual se conformaron los vegetales y emergió algún día la primera rosa extasiada.


2. Sucumbieron Los dinosaurios

Tiempo después diversas criaturas deambulaban en esa calma ensimismada, no exenta de calamidades.

Allí ocurrió que luego de la primera conflagración que se desatara, debido a una glaciación polar que asoló esa esfera planetaria, sucumbieron los dinosaurios.

Pero hay el registro en una ladera de Laeyoli, en Tanzania, en la lava de un volcán petrificada y sellada luego por el deslizamiento de otras capas terráqueas, del paso de una caravana asombrosa que huía de las candelas y cenizas de esa cólera desatada por la naturaleza.

En esa caravana iban adelante los leopardos, detrás leones y panteras, luego los osos y elefantes, y después los búfalos y bisontes.


3. Otro peso en el cuerpo y en el alma

Y finalmente, en este documento milenario sobre el suelo del planeta, hay unas pisadas leves, casi aladas de la primera pareja humana, con las plantas de sus pies nítidamente impresas pero como elevándose del suelo.
Estas son las primeras huellas humanas que se registran en esta tierra estremecida. Eran las de un hombre.

Y al lado suyo las de una mujer. Cabe suponerlo ¡llena de encanto y embelesada!

Las pisadas de los pies más pequeños son más hondas. ¿Por qué? ¿Son más intensos los pasos de la mujer quizá porque siguen a los pasos del varón?

¿Porque lleva a un hijo en las entrañas es la conclusión de los analistas del documento de Laeyoli. Pero yo creo que la mujer al tocar la tierra tiene otro peso en el cuerpo y en el alma que se suma al de su cuerpo y al de su alma subyugada.


4. Nuestra naturaleza sublime y sagrada

No éramos los primeros, sino los últimos de esa peregrinación sorprendente.

Delante iban los poderosos seres terráqueos:
Las fieras animales, soberbias e irrecusables, que frente a su hambre el pobre hombre podía haber sido apenas un aperitivo despreciable.

Delante iban los reyes del universo de aquel tiempo. El hombre iba detrás, rezagado, intimidado, conmovido.
Cabe imaginar que después de él ya no había nadie.

Hubieran estado las aves y los peces. Pero éstos últimos tenían su propio elemento y espacio dichoso.

Y aquellas primeras eran más dotadas que el hombre puesto que volaban.

Aquella pareja yo creo que iba detrás no solo porque era más débil y menos aventajada que los demás animales.

El motivo es nuestra naturaleza sublime y sagrada.


5. La pregunta esencial y el misterio de la poesía

Esa pareja iba detrás no sólo porque el leopardo que encabezaba ese desfile la hubiera devorado al instante, sino que había otra razón inexorable:
Demoraban su paso porque a ambos les fascinaba mirarse a los ojos y eso entorpecía su paso.

Pero, sobre todo, porque encontraron, hombre y mujer, a la rosa extasiada del camino y enmudecieron ambos al contemplarla.

Porque en ella sorprendieron lo que sentían el uno hacia el otro y ante ella se hicieron juntos la pregunta que hasta ahora los descendientes de esa pareja antediluviana nos hacemos sin respuesta que nos satisfaga, cual es:
¿Qué significa la rosa? ¿A qué corresponde tremendo misterio? ¿Qué somos ahora los dos reunidos y caminando juntos?
Y esa es la pregunta esencial y el misterio de la poesía.


6. Parábola y arco de emoción

En esa mirada y en esa pregunta, en ese instante de la huida y del descanso arrebolado a la vera del camino, ante el asombro de algo aparentemente inútil pero lleno de claves secretas, nace la poesía.

Ante el enigma de la rosa impoluta, que es la otra orilla de la explosión y el incendio, a despecho de la caravana de seres poderosos que presidían la marcha buscando refugio, allí precisamente se configura y estalla la poesía.

Nace la poesía que es una pregunta sin respuesta, riesgo supremo sin explicación posible, que es probablemente sólo estupefacción y orfandad consumadas.

Es quizá un flechazo de lo sagrado solo para esa pareja rezagada, no sé si asustadiza o valerosa pero eso sí sintiendo que una emoción profunda, que puede definirse como el amor, se alzaba. Y aquella es la parábola y el arco de emoción luminosa que sustenta toda auténtica y temblorosa poesía.


7. Piadosos y reverentes, trémulos y esperanzados

Y nace con el amor el vuelo del espíritu.

Ahí el Hombre deja su materia física y sensible.

Ahí dejamos nuestra condición terrena para ser lo que somos: vuelo, ave y milagro.

Alcanzamos a ser idea y trascendencia hacia otros universos y confines, quizá el mayor: aquel hueco interior de nuestro pasmo y silencio que hasta ahora no cesamos de llenar.

Ante esa mirada, ante esa pregunta –teniendo detrás el volcán en llamas y en el interior del alma enhiesta otra rosa atónitas es la forma cómo nos acercamos piadosos y reverentes, trémulos y esperanzados al misterio de lo que es la poesía.


8. Lumbre que protege y nos abriga

En el transcurso de millones de años es admirable cómo cada día siguen abriéndose rosas y continúa el hombre buscando el sentido, lleno de una actitud nueva, a esa flor tan íntima, personal e inagotable. Mínima e inconmensurable.

Con lo que quiero decir que es una victoria cómo brota la poesía, que ahora es un torrente inagotable. ¡Cómo aflora, fluye y mana esa savia que deja ostensible e inerme nuestra naturaleza divina!

¡Cómo surge, crece y estalla esta llama, candela o fuego que es condenación y salvaguarda frente al vacío. ¡Que no se cansa!, que nunca se apaga, que siempre está viva.

Y que sobresale, a veces por un resquicio que apenas se abre. Para luego irse haciendo cauterio y resplandor que ilumina. ¡O lumbre que protege y nos abriga! Y, con frecuencia, apenado olvido.

Texto que se autoriza su reproducción citando autor y fuente.