dimanche 15 mars 2009

Fernando de VALENZUELA/KUNDERA: La ventana de los espías


Milan Kundera: la ventana de los espías
Por Fernando de Valenzuela

Los promotores del proceso abierto en la revista Respekt contra Milan Kundera pretenden justificar la infamia perpetrada contra uno de los mejores escritores europeos, una infamia que tanto recuerda al argumento de aquel otro proceso que describió su compatriota Franz Kafka, escudándose en la conveniencia de “abrir una ventana” que permita aclarar el pasado. Kafka vivió en Praga en muchas casas, casi todas angustiosamente estrechas, oscuras e incómodas. Incómodas sobre todo para él, que no era ese tímido judío pequeñito que casi todo el mundo se imagina, sino un tímido judío de metro ochenta y cuatro.

Se puede ser tan tímido como alto, cualidades ambas compartidas por Franz K. y Milan K. Una de aquellas casas tenía una misteriosa ventana, pequeña, cuadrada, que no daba ni a la calle ni a un patio interior, como es habitual, sino a una de las capillas laterales de la iglesia de Santa María en Tyn, la mayor y más hermosa de la plaza de la Ciudad Vieja, con sus torres como de castillo de cuento de hadas. Hace ya bastantes años –ya hace bastantes años de casi todo– no fui capaz de soportar la curiosidad y, después de mucho calcular y dar vueltas, logré identificar el edificio en el que Kafka había vivido, al que no se hacía mención en ninguna guía turística. Convencí al portero y logré que me acompañara hasta la puerta del piso de Kafka. Pero solo llegué hasta la puerta. Mi propósito de mirar la iglesia desde la ventana, de ver las cosas desde el otro lado, se quedó en eso, en un mero propósito irrealizable. El portero, ya en la calle y al oído, me explicó las razones de tanto misterio: la policía política había montado allí uno de sus despachos secretos.

La ventana kafquiana estaba también bajo control policial, no sé si de los servicios de inteligencia o de los de contrainteligencia. Nunca he logrado entender por qué al espionaje se le llama inteligencia o al contraespionaje contrainteligencia, una palabra que en sentido estricto viene a significar lo mismo que estupidez o tontería. Y no es precisamente la tontería el defecto que caracteriza a las policías políticas, más o menos secretas, aunque no carezcan, ni las de ahora ni las de antes, ni las del Este ni las del Oeste, de rasgos comunes francamente deplorables, algunos de los cuales probablemente provienen de vivir rodeados de soplones, de recurrir a la ambición o a la bajeza de otros como principal herramienta de trabajo, de hacer del engaño la mayor de las virtudes, de su destreza para despertar los miedos ajenos la mejor de las costumbres.

No hay nada nuevo en todo esto o, mejor dicho, no lo había. Ahora resulta que en varios países del antiguo bloque del Este algunos de los más fanáticos partidarios del pensamiento único han resuelto dar por buena cualquier información que lleve el sello de la antigua Seguridad del Estado. No solo por buena, sino además por sagrada, indiscutible y libre de toda sospecha. ¡Qué buena es la policía política! ¡Cuánta verdad encierran sus informes! Quienes se dedicaron durante cuarenta largos años a falsificar las pruebas que llevaron al patíbulo a Rudolf Slansky, secretario general del Partido Comunista Checoslovaco; quienes hicieron confesar lo que no había hecho al viceministro de Exteriores, Arthur London, dulcísimo amigo y magnífico escritor; quienes elaboraron los documentos falsos que llevaron a la muerte a Milada Horakova, líder destacadísima de la socialdemocracia; los responsables de los procesos trucados que acabaron con la vida de tantos otros, lo mismo daba que fueran de izquierdas o de derechas, poseen al parecer ahora angélicas virtudes que el Instituto para el estudio de los regímenes totalitarios, cual nuevo Santo Oficio, se encarga de garantizar.

No es aconsejable meterse en debates sobre la veracidad de informes policiales, intentar que sus contradicciones queden en evidencia ni desvelar las oscuras intenciones de más que sospecho. Institutos como éste, en cuya denominación figura un aterrador plural (regímenes) que bien puede implicar la intención de no limitar su actuación al territorio checo. ¿Será el régimen franquista su próximo objetivo o más bien la República Española? ¿Será el régimen de Vichy o la resistencia francesa?

No es aconsejable meterse en tales debates porque corre uno el riesgo de dar por buena la lógica sobre cuya base funcionan los servicios de espionaje, sus portavoces y legitimadores. Hay principios elementales que por sí solos se bastan para demostrar la infamia del proceso contra Kundera: los de la justicia, los del periodismo digno o los de la razón, por mencionar solo algunos. Pero la trascendencia de este caso es tanta, su peligrosidad es tan evidente para el mantenimiento de las libertades y la decencia, que vale la pena afrontar los riesgos que sean. Hay veces en que es imprescindible actuar tal como aconsejaba el inmortal Martín Fierro, el héroe popular que José Hernández les regaló a los argentinos: “No pregunto cuántos son, sino que vayan saliendo”.

Kundera se lo merece más que de sobra, y los que vivimos simplemente de contar lo que pasa, los periodistas, también. Kundera, a pesar de la indignación, no se dejó arrastrar a esta falsa polémica y su actitud es elogiable. Sería una gran pena para todos nosotros que malgastase el tiempo del que dispone para escribir y para pensar. Pero quienes tenemos el honor de considerarnos amigos suyos, no podemos permitir que la más grosera mentira triunfe sobre la verdad. Plenamente convencido de que no me queda otra opción, intentaré exponer aquí algunas de las pruebas irrefutables y más que suficientes para demostrar la evidente mendacidad de la conspiración organizada contra Kundera por la revista Respekt y quién sabe por quién más.

1. Un espía a sueldo de una potencia extranjera, Miroslav Dvoracek, ex alumno de la academia de aviación militar (a quien el ínclito Instituto pretende convertir en paradigma del héroe nacional), cruza por segunda vez la frontera de su país (en su primer intento no ha tenido éxito) con la misión de contactar con un alto funcionario del monopolio estatal de industrias químicas, Chemapol. El supuesto héroe nacional no pretende crear un movimiento clandestino de oposición ni un nuevo movimiento guerrillero; no va a salvar a nadie, no, su tarea se limita al espionaje industrial.
Lleva en una maleta pasaportes falsos y el equipo necesario para pasar desapercibido la frontera en medio de la nieve: ropa blanca de abrigo, gafas de sol, cremas. El mismo día en que llega a Praga tiene concertada una cita con el mencionado alto funcionario, que según la nota policial se llama Solmanek y según Respekt se llama Vaclavik, en el barrio de Vysehrad. Solmanek o Vaclavik no se presenta y Dvoracek intenta luego localizarlo junto a la sede de Chemapol.

Por qué la nota policial menciona un nombre y Respekt otro, no merece al parecer ninguna explicación de la revista. Y lo que luego le haya ocurrido, tampoco. Si hay en el informe policial algo de cierto, se llamase como se llamase tiene que haber recibido un pena más que elevada, con lo cual se hubiese convertido también en una heroica víctima de la violencia comunista.

2. Lo que en todo caso es evidente es que Dvoracek no podía acudir a ninguno de los dos sitios con la maleta en cuestión. Sin embargo, y eso no se lo traga ni el peor de los guionistas de las películas de James Bond, no dispone al parecer ni de un sitio donde dejar la maleta ni de una habitación donde pasar la noche antes de regresar a Alemania.

Cualquiera que haya conocido el funcionamiento de los regímenes del bloque del Este sabe que buscar alojamiento en un hotel, una pensión o cualquier otro establecimiento similar era para un espía sencillamente ponerse en manos de la policía. Todo estaba nacionalizado y estrictamente controlado. Pero, milagrosamente, nada más llegar a Praga, ve desde la ventana del tranvía a la supuesta novia de su compañero de escapada a Occidente, una tal Iva Militka, que en su entrevista con la revista Respekt confiesa haber sido entonces una apasionada partidaria de la extensión del comunismo a todo el planeta y de la integración de Checoslovaquia a la Unión Soviética. La apasionada filocomunista Militka, a la cual le consta plenamente que Dvoracek es espía, le ofrece sin embargo el sitio ideal para esconderse: su propia habitación en una residencia estudiantil del barrio de Letna, en el que tantos años he vivido.

Un joven espía que ha recibido un cuidadoso entrenamiento militar emprende una misión en territorio enemigo sin tener dónde dormir ni dónde esconder sus pertenencias. Una joven filocomunista, que por cierto ha escogido como nuevo novio a un destacado militante del PC, Miroslav Dlask, con el que poco después se casa, le ofrece protección y cobijo aunque no puede ignorar que trabaja para los servicios secretos occidentales. Como para creérselo, ¿verdad?

3. La policía política había interceptado algunos meses antes las cartas en las que Milan Kundera y uno de sus amigos se burlaban de muchas cosas, sin excluir a algunos de los jefes del régimen. De acuerdo con algunas fuentes, también del principal ideólogo, Jiri Hendrych, algo que Kundera nunca ha querido ni confirmar ni desmentir. De quién se burlaba, eso forma parte de su vida privada y él no está dispuesto a renunciar a su pleno derecho a la intimidad. Kundera publica sus libros, pero no tiene la menor intención de hacer público lo que le pertenece exclusivamente a él, su vida privada. No habla de cuestiones personales casi nunca, ni siquiera con sus mejores amigos. Si acaso, bromeando, se le escapa algún detalle, por ejemplo que de verdad tuvo que dedicarse a fregar escaparates antes de irse a Francia, o que los motivos que esgrimieron los dirigentes cuando lo expulsaron por primera vez del Partido Comunista de Checoslovaquia, en 1950, eran tan absurdos que hoy le parecerían a cualquiera, incluso a él mismo, completamente increíbles. ¿Es así como premian los regímenes totalitarios a quienes están dispuestos a delatar a quien haga falta? ¿Conoce alguien a algún delator que haya ejercido tan abyecto oficio solo una vez? El delator se vende, y está vendido para siempre.

El delator está en manos de la policía secreta, tiene que cumplir sus órdenes, mantener la boca cerrada para siempre. Los datos acerca de que se ha vendido nunca se extravían, los documentos que lo atestiguan están siempre a disposición para un nuevo chantaje y jamás caen en el olvido. La policía secreta checa, como ya advirtió Jaroslav Hasek en su genial Los destinos del buen soldado Svejk durante la guerra mundial, es heredera directa de los perfectos burócratas policiales del Imperio Austrohúngaro.

4. El autor principal del reportaje kundericida publicado por la revista Respekt, el supuesto historiador Adam Hradilek cuyo único título académico es hasta ahora por cierto el de bachiller, intenta disfrazar de denuncia presentada a la policía por Kundera lo que en todo caso no puede ser más que un mero informe policial carente de cualquier validez como instrumento probatorio en un juicio. El reportaje que publica Respekt va ilustrado con un breve recorte del presunto informe. Si el lector domina el checo a la perfección y dispone de una lupa bien potente, lo único que puede leer es la referencia a Kundera como la persona que se desplazó a la comisaría de Praga 6 para advertir de que un joven que según Dlask, otro de los estudiantes allí alojados, respondía al nombre de Miroslav Dvoracek, había dejado en la habitación de Iva Militka una maleta con la intención de pasar a buscarla más tarde.
El impacto internacional del escándalo provocado por Respekt obligó a la revista y al benemérito Instituto a poner a disposición de los medios de comunicación y más tarde, pero solo durante unos pocos días, a añadir también a su versión inglesa del reportaje lo que parece ser la foto íntegra del presunto informe (digo “parece ser” porque la foto presuntamente íntegra carece de los amplios márgenes habituales en tal tipo de escritos, en los que suelen apuntar a mano los comentarios pertinentes y anotar las referencias a números de registro de los documentos probatorios en los que tales resúmenes de los resultados de la actuación policial pretenden basarse).

Sabiendo checo y queriendo ver, no era difícil descubrir al cabo de unas cuantas horas al menos parte de todo el engaño: el famoso papel amarillento no era una denuncia de Kundera sino una nota informativa escrita por el policia Rosicky, bien conocido por su fidelidad a todos los regímenes que en Bohemia han sido y por su afiliación a los correspondientes partidos gobernantes cuando los había: un discreto servidor de Edvard Benes y su partido hasta el 39, un no menos hábil funcionario policial del Protectorado nazi hasta el 45, un devoto comunista a partir de entonces. Y si los informes no requieren más que la firma del funcionario que los redacta, las denuncias, las declaraciones o las confesiones en las que se basan, sí que requieren la firma de sus autores, sobre todo cuando se trata de un proceso en el que la pena solicitada por el fiscal para el acusado es la de muerte. Hasta una simple declaración en la que el interrogado negaba los hechos que se le imputaban y se negaba aún más a implicar a terceros debía llevar la firma de su autor. Quienes fuimos sometidos a prolongados y nada amables interrogatorios por la policía política checa podemos dar fe de ello, sin necesidad de que ningún Instituto lo corrobore.

5. Los autores de la calumnia estaban seguros de que había llegado la hora oportuna para poner en marcha la campaña contra Kundera, cuando por fin todas las personas a las que se hacía referencia en ella o las que hubieran podido y querido decir algo en contra de ella estaban muertas o incapacitadas para ofrecer su testimonio. Pero hasta en esto fracasaron. El primero en pronunciarse fue el conocido historiador Zdenek Pesat, que ya ha cumplido los ochenta y está incurablemente enfermo. Desde su lecho en el hospital declaró públicamente que Miroslav Dlask se había dirigido entonces a él, como miembro de la organización del Partido Comunista en la Facultad de Filosofía, para comunicarle que había advertido a la fuerza pública de la presencia de Miroslav Dvoracek, con nombre y apellido, en la residencia de Letna. Especialmente interesantes son las declaraciones del criminalista Alois Pasek, que participó personalmente en la detención de Dvoracek. De acuerdo con ellas, la policía estaba en contacto permanente con los estudiantes de la residencia de Letna por motivos muy distintos. En el barrio había aumentado notablemente en los últimos tiempos el número de robos y atracos e incluso había sido brutalmente asesinado un conocido director de teatro. La policía tenía fundadas sospechas, que posteriormente se confirmaron, de que los responsables eran dos jóvenes que habían huido de la prisión y que estaban relacionados con un tercer delincuente, que solía actuar las más de las veces en solitario.

Tenía, según la información de la que disponían los criminalistas, un conocido y hasta puede que un pariente en la residencia de Letna, en cuya habitación a veces dormía y ocultaba los objetos robados. De modo que los criminalistas se reunieron con los responsables de la residencia y les advirtieron del peligro que podían implicar las visitas de jóvenes que tuvieran la intención de quedarse a dormir allí o, especialmente, de ocultar allí su equipaje. Les dieron sobre todo instrucciones tajantes de que debían comunicar de inmediato cualquier acontecimiento sospechoso. Afirma Pasek que las comunicaciones eran muy frecuentes y solían establecerse por teléfono. Si estaba presente su superior directo, eran los criminalistas los que se desplazaban hasta la residencia para comprobar, junto con los estudiantes allí presentes, el verdadero estado de las cosas. Si el jefe de los criminalistas no estaba, los estudiantes, por lo general un nutrido grupo de ellos, se desplazaban hasta la comisaría de Praga 6, donde tenía su despacho Rosicky.
“La nota presuntamente elaborada con fecha de 14.3.50 a las 16 horas contiene información según la cual en la residencia de estudiantes de Letna se ha detectado la presencia de un joven sospechoso, que ha aprovechado sus relaciones personales con una persona allí alojada para depositar una maleta y probablemente para pasar la noche, de modo que responde así a los rasgos principales del peligroso sujeto (...) [en este caso los datos de los que se prescinde son irrelevantes y quien continua hablando tras los paréntesis es el mismo criminalista Pasek] Pero al ser pronunciado el nombre de Dvoracek se produjo una sorpresa inesperada. El comisario Rosicky puso fin a la reunión tras comprobar que sus datos coincidían con los de una persona con orden de busca y captura emitida por el departamento de lo criminal de Pilsen”.

El criminalista Pasek descarta tajantemente que el informe, que lleva la firma de Rosicky, fuera elaborado a la hora que en él se cita (las cuatro de la tarde); considera mucho más probable que se redactara al día siguiente y concluye su testimonio como sigue: “Me permito llamar la atención acerca de los ya mencionados indicios que indican que en la denominada ‘denuncia’ que se produjo en el despacho policial participaron varias personas, tal como era costumbre en aquella época y de acuerdo con mis propias experiencias relacionadas con la residencia de Letna, de modo que es probable que entre los presentes estuviera Miroslav Dlask y, por el contrario, tal como ya he afirmado, no tuviera por qué estar Milan Kundera. En el informe no figura ni una prueba ni una sola palabra que indique que durante la ‘denuncia’ hubiera la menor percepción subjetiva de la identidad real de Dvoracek sino que, por el contrario, todo estaba orientado a desenmascarar al criminal delincuente que, por error, había sido confundido con Dvoracek”.

6. Hradilek, el famoso historiador que aún no ha terminado la carrera, no hizo mención alguna en su largo y detallado panfleto contra Kundera a que los hasta ahora considerados probables delatores del espía Dvoracek – Militka y Dlask– eran sus tíos abuelos. De modo que el reportaje tenía entre otros propósitos el de limpiar el nombre de sus parientes y, sobre todo, el suyo propio: un anticomunista fanático que proviene de una familia bolchevique. La pregunta es, como en cualquier investigación seria, la misma que se plantea el derecho romano clásico: Cuiu bonus? ¿Quién saca provecho? Sin haber obtenido ni siquiera la licenciatura, Hradilek obtiene un puesto de jefe de sección en un Instituto oficial. Su nombre, hasta entonces del todo desconocido, llega a los cuatro rincones del mundo y, por si fuera poco, alguien, no se sabe si la propia revista Respekt, si la CIA o si los que se encargaron de que el reportaje fuera publicado un par de días antes de las elecciones locales y regionales checas, alguien, repito, le consiguió en tiempo récord una beca en Estados Unidos, nada menos que una beca Fullbright para estudiar en la Universidad de Columbia, que lo pone fuera del alcance de los incómodos periodistas. ¿A quién beneficia? Cuiu bonus?

7. En la historia reciente del pueblo checo, Kundera no es cualquiera. Aparte de su magnífica obra literaria, que seguramente, como a Borges, nunca le valdrá el Nobel, Kundera tuvo en el 67 el coraje cívico de pronunciar el discurso de apertura, que marcó el tono del congreso de la Unión de Escritores Checos y con ello dio inicio a esa rebelión de la inteligencia contra el poder que fue la Primavera de Praga. Lo marcó con frases como esta: “Este mayor conocimiento debería convertirse en la superación liberadora de las fronteras actuales, en la superación de lo que sabemos hasta ahora sobre el hombre y su sino, dándole así a la cultura checa su sentido, su madurez y su grandeza. Pero debo preguntarme una vez más: ¿Es consciente nuestra comunidad nacional de las oportunidades que se nos ofrecen? ¿Sabe que estas oportunidades son las suyas? ¿Sabe que las oportunidades históricas son irrepetibles?”. Y para terminar, añade: “Las preguntas más sustantivas que le han sido formuladas a la base misma de la existencia de esta nación en la época moderna siguen esperando una respuesta definitiva. Por eso, cualquiera que por su atraso, por su vandalismo, por su falta de cultura, por su carencia de librepensamiento, le ponga una zancadilla al desarrollo cultural que se ha puesto en marcha, le estaría poniendo una zancadilla a la propia existencia de esta nación”.

El coraje inicial de Kundera dio lugar a que los mejores pensadores checos se pronunciaran con igual valentía. La nutrida delegación del Comité Central del Partido Comunista optó al día siguiente por retirarse de la reunión en medio de duras amenazas. “Lo habéis perdido todo”, proclamó el gran ideólogo bolchevique Jiri Heyndrich, presidente de la delegación del Partido. ¿Supone alguien que Heyndrich no disponía de toda la documentación que hubiera deseado esgrimir en contra del famoso escritor que iba a inaugurar el congreso? ¿Que en caso de necesidad no la hubiera esgrimido? ¿Supone alguien que un famoso escritor, el más famoso ya entonces de todos los escritores checos, se hubiera lanzado como primero al ataque contra los dueños del poder si hubiera sabido que les bastaba con esgrimir pruebas válidas de que había sido confidente policial para acabar con todo su prestigio y poner fin a la rebelión de los representantes de la cultura, que en menos de medio año iban a dejar definitivamente fuera de juego a Heyndrich, al presidente Antonin Novotny y a casi todos sus cómplices?

8. Si alguien afirmase que el informe policial posee al menos un mínimo de fiabilidad (y que por lo tanto ese mínimo de fiabilidad también afecta a su parte inicial según la cual fue Kundera quien advirtió a la policía de la presencia de una persona desconocida en la residencia) habría que reconocer la misma fiabilidad a que fue Iva Militka quien denunció la condición de espía de Dvoracek: fue ella, según afirma dicho informe, quien informó de que había cruzado clandestinamente la frontera del país y al cabo de un año había regresado (cosa que sólo un espía, única y exclusivamente, podía hacer). Y aquella que, sabiéndolo, le da cobijo, no es procesada ni condenada ni recibe castigo alguno. ¿Se lo creen ustedes?

9. El intento de Respekt de cambiar la historia es más que evidente: los excomunistas democráticos, los demócratas clásicos, socialdemócratas o liberales, la gente, el pueblo checo en general, los que pusieron en marcha la Primavera de Praga, la Carta 77, los estudiantes que salieron a la calle masivamente el 17 de noviembre del 89, los que entre todos consiguieron por fin organizar el Foro Ciudadano que puso fin a 40 años de dictadura, no tuvieron mayor mérito en la recuperación de la libertad. Fueron los círculos más duros de las Fuerzas Armadas norteamericanas y sus servicios de espionaje, los sectores más conservadores de la jerarquía vaticana, los que derrotaron al régimen.
Puede haber muchos más motivos para la publicación de este reportaje difamatorio, pero hay uno que resulta indudable. Las pasadas elecciones al Congreso, la institución encargada de elegir al Presidente del Gobierno, terminaron en el 2006 con un empate entre la izquierda y la derecha que finalmente se resolvió cuando los Verdes, que se negaban a participar en ningún gobierno del que formaran parte los comunistas, aceptaron integrarse en una coalición conservadora. Pero las recientes elecciones regionales y locales, en las que también se elegía a un tercio de los senadores, fueron un gran fiasco para el conservador Partido Ciudadano Democrático y una verdadera debacle para los verdes y los populares.

Los socialdemócratas y los comunistas ganaron por goleada y las próximas elecciones al Congreso pueden celebrarse antes de los dos años previstos Y en casi todos los números de Respekt se publica al menos un artículo en que se reclama la ilegalización del Partido Comunista, por el que personalmente tengo muy escasa simpatía, y la tipificación del comunismo como delito. Una campaña electoral es una campaña electoral, y todo parece indicar que esta ya ha empezado. Kundera desde luego no es comunista, pero lo fue hace casi sesenta años. Para una campaña indecente, más que bastante.

10. Es perfectamente posible que ni Militka, ni Dlask, tuvieran nada que ver con la detención y la condena de Dvoracek. Que el contraespionaje checo lo tuviera detectado desde el comienzo y que todo lo demás fuera una patraña destinada a encubrir sus verdaderas fuentes de información. Es perfectamente posible que Dlask les haya contado a los policías lo que ya sabían desde hacía tiempo.

11. Todo es dudoso y probablemente ya muy difícil de demostrar con plena validez. Cuando no impera la presunción de inocencia y se da por hecha la veracidad de cualquier acusación, solo cabe exclamar, como suelen hacer todos aquellos que hacen del idioma un instrumento para buscar la verdad: ¡No hay derecho! Lo único indudable, lo único que no admite ni la más ínfima de las dudas es la mala fe de Respekt, su intención de engañar a la opinión pública, algo más que imposible cuando la revista era propiedad del príncipe Schwarzenberg, hombre de honor donde los haya.

El trozo de texto del informe policial publicado inicialmente por la revista, ilegible sin una buena lupa y mucho esfuerzo solo se refiere a la supuesta comparecencia de Kundera ante la policía. Pero la transcripción perfectamente legible que el reportaje de Respekt incluye más adelante, con solo dos comillas, unas de apertura y otras de cierre, añade tras dicho párrafo, separada por puntos suspensivos entre paréntesis, (lo que solo puede significar, de acuerdo con las reglas básicas de la ortotipografía y con los usos de la prensa, que se trata de afirmaciones formuladas por la misma persona), la frase en la que no Kundera sino Militka denuncia que Dvoracek ha cruzado ilegalmente la frontera y ha regresado: es decir, que es un espía.

Tal frase parece, para cualquier lector normal, una cita textual del perverso Kundera. Y por si fuera poco, los argumentos de sus novelas, llenas de denuncias y maldades, lo certifican. Tal como certifican las novelas de Cervantes que su autor no vivía en la calle de Francos, que hoy lleva su nombre, sino en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme Toda esta manipulación manifiesta se lleva a cabo a sabiendas del autor del reportaje. A sabiendas de los responsables de su publicación en Respekt. Estamos pues ante una de las peores canalladas que pueden perpetrarse en la prensa escrita. Ante un ejemplo inmejorable de hasta dónde puede llegar la prensa basura.

¿Pero hemos de tolerar todos que el mal quede impune, que prevalezca la mentira y que el personal se quede con la impresión de que “algo habrá”, incluso en la más insostenible de las insidias? Creo firmemente y considero que es mi obligación, tras haber sido galardonado con el Premio Nacional checo a la difusión de esa cultura en el mundo, hacer todo lo que esté a mi corto alcance para que eso no ocurra. De no ser así, todos, hasta el último ciudadano de la Unión Europea, quedaríamos a merced de la más infame de las calumnias. La infamia se convertiría en el mínimo común denominador y el chantaje no tardaría en llegar a la categoría de máximo común múltiplo. Y volviendo a los referentes argentinos: “y en un mismo lodo, todos pisoteados”.

Fernando de Valenzuela es doctor en filosofía por la Universidad de Praga, y traductor de más de treinta obras del checo al castellano.

Articulo :
http://www.elboomeran.com 01/2009