jeudi 5 mars 2009

Fernando LOPEZ/Eric LAX: Retrato del artista elusivo


Testimonio
Retrato del artista elusivo
Por Fernando López

En Conversaciones con Woody Allen, Eric Lax propone un minucioso diálogo con el cineasta neoyorquino en el que se repasa, de manera informativa y entretenida, su carrera y sus películas, aunque sin aportar matices nuevos al perfil de su figura

"No he alcanzado ninguna meta importante en lo artístico... Pienso que no he aportado nada verdaderamente significativo al cine en comparación con otros cineastas actuales como Scorsese, Coppola o Spielberg... No he ejercido ningún tipo de influencia. Por eso me ha parecido siempre raro que se me prestara tanta atención durante todos estos años. Nunca he tenido un público masivo, nunca he hecho un cine muy rentable, nunca he tocado temas controvertidos ni he seguido las modas del momento. Mis películas no han fomentado un debate nacional sobre cuestiones sociales políticas o intelectuales. Son films modestos realizados con presupuestos modestos, que generan un rendimiento muchísimo más modesto y que no tienen ninguna repercusión real en el mundo del espectáculo... Nunca he tenido la suficiente técnica ni he dado a mis ideas la suficiente profundidad para crear escuela. Soy un humorista de Brooklyn y Broadway que ha tenido mucha suerte."

Puede haber una fina ironía, un exceso de autocrítica o cierto vestigio de coqueta humildad en las palabras, pero esto es lo que dice Woody Allen cuando se le pide una valoración de su trayectoria. Este persistente y generoso narrador del estado de las cosas no deja de alimentar su fama de tipo elusivo, aunque se lo note relajado y en confianza en sus largas conversaciones con Eric Lax, el periodista que ya le había dedicado un libro en 1975 y que en la época de la ruptura con Mia Farrow -y quizá también la de su caída en desgracia frente a parte de la opinión pública- publicó una de sus biografías más completas. Lax es un interlocutor privilegiado: desde 1971 ha mantenido contactos regulares con el realizador de Vicky Cristina Barcelona , ha tenido acceso a sus rodajes y a sus salas de edición y ha pasado incontables horas tomando nota de las opiniones y recuerdos del cineasta, de los propósitos que lo llevaron a encarar tal o cual film, de sus vaivenes entre la comedia y el drama, de su doble condición de comediante y director, de cada aspecto de la realización y de los mil y un temas -relativos al cine o no- que fueron surgiendo durante las extensas charlas. Acopió abundantísimo material, que prefirió ordenar en capítulos por su temática (idea, guión, actores, montaje, música, etc.), y aceptó (quizá porque así lo exigía la amabilidad del diálogo) que las preguntas no fueran más allá de los límites que Allen imponía con sus respuestas llanas, su renuencia a considerarse un artista y su escasa voluntad de teorizar sobre el origen de su necesidad expresiva.

La primera elección parece atinada, aunque propicie repeticiones y alguna contradicción: en Allen no hay, como en otros directores, comienzos duros ni larga lucha para abrirse paso en el cine, y por otra parte, el diálogo extendido a lo largo del tiempo muestra que no ha habido muchos cambios en sus principios y posturas. La segunda conduce a que no se descubran demasiados matices nuevos en el retrato del protagonista. ...l podrá definirse apenas como un comediante de los años sesenta con mucha suerte, una cámara en la mano y algunos chistes que contar, pero ahí están Maridos y esposas , Crímenes y pecados , Manhattan , La rosa púrpura de El Cairo o Hannah y sus hermanas , por ejemplo, para contradecirlo y habilitar un diálogo que debió ser más comprometido.

Claro que, así como está, el recorrido -por donde se lo quiera emprender- es tan informativo como entretenido, y no porque Woody saque a relucir el ingenio que mucho lector podrá estar esperando (eso hay que buscarlo en otros escritos), sino por las detalladas descripciones acerca de cómo ha hecho cada uno de sus films. Por lo menos de los que tiene presentes, ya que una vez estrenados nunca vuelve a verlos ("Es como picotear las sobras de una pizza. Fue la noche anterior cuando te la comiste y la disfrutaste", dice).

...l, que tanto hincapié hace en el trabajo ("No hay que ser un genio para hacer una película sino simplemente ser disciplinado y trabajar") y cuya constante actividad lo pinta como infatigable, admite al mismo tiempo que es su pereza la que determina muchas veces decisiones formales en sus films (lo que le importa es "filmar rápido y volver a casa a ver un partido de los Knicks", exagera). Y también la que explica que no haya hecho, según él, grandes obras: "Durante 35 años he dispuesto del dinero y la libertad para hacer lo que he querido. No he tenido ningún motivo para no hacer grandes películas. Me gustaría hacer una, siempre y cuando eso no interfiera en mis planes para cenar".

Admirador de Ingmar Bergman y de Bob Hope (sus mayores influencias), sigue inventando tramas y anotando en papelitos chistes o situaciones cuando se le ocurren; continúa preguntándose por qué el público se fijó tanto en Manhattan o en Annie Hall y tan poco en La mirada de los otros o cómo ha durado en un negocio tan corrupto, sobre todo teniendo en cuenta sus defectos, limitaciones, fobias y manías. Nunca lee lo que los críticos escriben sobre él ("Ese tipo de análisis y debates no son mas que racionalizaciones concebidas para justificar una respuesta emocional", la que él privilegia); dice que ama la comedia y la disfruta al escribirla y al interpretarla, pero personalmente valora más el drama; lamenta la ausencia de sus héroes, que le daban un estímulo para trabajar y buscar su aprobación: Fellini, Truffaut, Buñuel, Bergman, Kurosawa, De Sica, y a veces se distrae del insomnio haciendo listas de sus diez films preferidos (entre los cuales cabe sólo uno norteamericano, El ciudadano ). En cuanto a los suyos, prefiere Maridos y esposas , La rosa púrpura de El Cairo y Match Point (y Zelig , Recuerdos y Disparos sobre Broadway , en una segunda selección). Pero no le preocupa el tema del legado, del que tanto le hablan ahora que ha pasado los 70. "En lugar de vivir en el corazón de mis congéneres -asegura-, preferiría vivir en mi departamento."

Tienta seguir citándolo, reproducir sus juicios sobre los financistas de Hollywood; su relación con los actores, los fotógrafos y el equipo en general; la presencia en sus films de la magia, la voz en off o los ambientes urbanos; sobre el inconveniente de tener que concebir de vez en cuando un papel para sí mismo, sabiendo que, dadas sus limitaciones como actor, eso le impedirá escribir Gritos y susurros o Ladrón de bicicletas.

En fin, casi todo lo que usted siempre quiso saber sobre Woody. O por lo menos, lo que Eric Lax se atrevió a preguntarle.

Conversaciones con Woody Allen
Por Eric Lax - Lumen/Trad.: Ángeles Leiva/488 páginas/$ 120


Articulo:
http://adncultura.lanacion.com.ar 15/02/2009