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Miguel Ángel Piñeiro González - J´ Seguridad Informática - Ciencias Médicas - Ciego de Ávila, Cuba
Ayúdame
Por Miguel Ángel Piñeiro González
Ayúdame a escalar
Esta pendiente pedregosa
Que es la vida,
Ayúdame en los momentos flacos,
Cuando el sol
No deja ver donde pisar,
Que tu voz sea mi única guía.
Si mis manos, sangraran por el esfuerzo,
O mi garganta se volviera áspera,
Quizá el roce de las tuyas
O un beso que se desvía,
Calmen el dolor en el acto,
Pues, si necesito algo,
Sé que tu me lo darías.
Y si al llegar a la cima,
Puedo enarbolar tu blasón,
El esfuerzo no habrá sido en vano,
Habré tenido mi recompensa,
Y el olvido del esfuerzo
Por lo empinado de la cuesta,
Tendrá su premio en un cielo
Que me regalará tu estrella.
Abre tus alas
Por Miguel Ángel Piñeiro González
Abre tus alas,
Que el aire fresco de la mañana
Quiere inundar tu pecho
Para que remontes vuelo,
Ave de la esperanza.
Abre tu corazón,
Pues cuando hayas abierto tus alas,
Intentaré llegar a ti
Para que me lleves en tu viaje
Aunque dure una sola jornada.
Abre tu mente,
Pues, volando y con el corazón sonriente,
Intentaré mostrarte
Los más bellos paisajes,
Para que juntos,
Podamos elegir donde amarnos.
Abre tu vida,
No es que quiera ocuparla,
Sólo pretendo llegar un día
Regalarte una sonrisa
Y que te alegre el alma.
Abre cada poro de tu piel,
Pues espero entrar en cada uno de ellos
Quizá te dibuje con mis besos
Y al hacerte el amor,
Me lleves para siempre en tu vuelo.
El primer hola, con sabor a adiós
Por Miguel Ángel Piñeiro González
El primer hola, con sabor a adiós
Que recibí en mi vida,
Y me pregunté ¿para qué?
¿Es lógico buscar el Olimpo
Conociendo que nunca nadie ha llegado?
¿Cómo relatar lo que fue cada beso?
¿O describir la forma
Que tus suspiros daban vida
Al cortinado, que bailaba y volaba?
Cada paso en el terreno antes yermo,
Veía brotar flores desde las rocas,
Y transformarse el desierto
En verde prado.
Con el ritmo loco
De la cadencia estrellada,
Se hizo un silencio quejumbroso,
Que de tal, no pareció tener nada.
Y mil veces llegaste a las puertas del infierno,
Mil veces pasaste por ellas,
Y volviste hasta decir basta,
Pero algo te llamaba a intentarlo de nuevo
Perdí la cuenta de tus arribos,
Mientras avanzaba la madrugada.
Ahora, que recorro tu locura,
Que quedaré en ti, quizá para siempre
Surge de las tiniebla la sombra del adiós
Cuando apenas pude decir hola,
Pues el miedo,
Acompañaba al vestíbulo
A la pasión,
Que daba sus pasos,
Dejándote un beso en la frente
Y un "te quiero" en la mirada.
