jeudi 5 mars 2009

Leonardo TARIFEÑO/Hunter THOMPSON: Crónicas de lúcido delirio


Contracultura Hunter Thompson
Crónicas de lúcido delirio
Por Leonardo Tarifeño

Varios libros y una película exaltan la obra y la figura del controvertido y notable periodista estadounidense

A cuatro años del triste día en que Hunter S. Thompson decidió pegarse un tiro para acabar con su vida (se cumplirán el próximo viernes), la obra y el espíritu del autor de Miedo y asco en Las Vegas están más vivos que nunca. Dos libros recientes firmados por algunos de sus colaboradores más cercanos, otro escrito por la mujer con la que compartió sus mejores años y un documental que lo exalta forman parte del paisaje actualizado del periodismo "gonzo". Thompson es una leyenda de su época, un patrimonio contracultural de los años sesenta y setenta que, hasta ahora, ya había sido tema de dos completísimas biografías - Hunter: the Strange and Savage Life of Hunter S. Thompson (1993), de E. Jean Carroll, y Outlaw Journalist (2008) de William McKeen- y de un par de películas nada buenas: Where the Buffalo Roam (1980, de Art Linson, con Bill Murray) y Miedo y asco en Las Vegas (1998, de Terry Gilliam, con Johnny Depp). Hoy, el impacto de sus libros y el recuerdo de su figura reaparecen en un tiempo muy distinto del que lo consagró, pero podría ser que aún tengan no pocas lecciones que ofrecer. Nunca se sabe con el alucinado reportero que alguna vez dijo: "Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin esto, yo no sería nada".

El incendiario cóctel que constituye el mito Thompson empieza en la singularísima vida del escritor, sigue en su manera de hacer periodismo y finalmente llega a sus libros, en general menospreciados por la crítica literaria más sofisticada e idolatrados por los lectores a la caza de historias atrapantes y un estilo novedoso y accesible a la vez. En Los ángeles del infierno (1966), el joven reportero se sumerge en el mundo de los motociclistas Hell´s Angels, convive con ellos, va de un lado a otro con la patota y termina apaleado por varios gigantes con campera de cuero. Años después, con la crónica "El derbi de Kentucky es decadente y depravado" (1970), escrita para Scanlan´s Monthly , sin querer inventaría una tendencia periodística que en realidad nació como una nota fracasada y se transformó en un equívoco. Sin tiempo ni energías para terminar el texto encargado, hundido en los sueños de marihuana que lo habían obnubilado en pleno hipódromo, Thompson envió a la redacción todos sus apuntes, una serie desaforada de anotaciones desfachatadas pero lúcidas, capaces de dejarlo sin empleo o lanzarlo directamente a la gloria. Con Thompson nunca hubo términos medios, y tal vez por eso encarna tan bien el alma de su tiempo. Corrían los años de los Black Panthers, de los libros de Carlos Castaneda, de las revueltas urbanas que Norman Mailer documentaría. Dentro de ese escenario cultural, los fragmentos y remaches que conforman "El derbi de Kentucky..." no sólo no acabaron con su trabajo sino que lo convirtieron en el talento más promisorio de un periodismo estadounidense en el que ya despuntaban Tom Wolfe, Jimmy Breslin, Joan Didion, Gay Talese y George Plimpton, entre otros. Un amigo de Thompson definiría ese estilo como "gonzo", y a partir de entonces todos los trabajos periodísticos en los que la subjetividad es protagonista llevarían las huellas de esa marca. Por esos mismos días, un Thompson en ascenso promovió su candidatura a sheriff del condado de Pitkin, en Colorado, como miembro del partido político Freak Power. Sus propuestas incluían destruir las calles y crear espacios verdes, despenalizar las drogas y prohibir los edificios altos. Hunter perdió la elección, pero escribió la crónica de esa andanza. El relato "Freak Power in the Rockies" fue el primero que publicó en Rolling Stone , donde su firma brilló hasta el día de su muerte.

Para Thompson, la vida fue una aventura acelerada y violenta desde su juventud. A los 19 años ya había sido arrestado por robo, y poco después, tras chocar el camión de la empresa para la que trabajaba, se alistó en la Fuerza Aérea. Su padre había muerto tiempo atrás; la madre era alcohólica y él prefería vivir en la calle a lidiar con sus dos hermanos, James y Davison. En la Fuerza Aérea se enamoró del periodismo y de la transgresión al mismo tiempo: por un lado, comenzó a escribir en la sección deportiva de The Command Courier , el diario de la Fuerza; y por el otro, colaboraba regularmente con más diarios locales, algo estrictamente prohibido por las leyes militares. Expulsado más pronto que tarde, se mudó a Nueva York, donde encontró trabajo como copista en Time. Allí llevó adelante la que tal vez sea la teoría de escritura literaria más extravagante jamás soñada: copió El gran Gatsby , de Francis Scott Fitzgerald, y Adiós a las armas , de Ernest Hemingway, de pe a pa, según él para sentir el ritmo de la escritura en las yemas de sus dedos y en los pulsos sobre la máquina. Es difícil saber si aprendió algo de esas tardes de imitación mecánica; lo cierto es que en la filosa escritura de Thompson hay ecos del mejor Hemingway, pero esa influencia no ahoga la aparición de una voz inclasificable, única y poderosa. Con Thompson, como poco más tarde quedaría claro tras la explosiva irrupción de Tom Wolfe y su máquina narrativa de ruidos, frases entrecortadas e ideas en ebullición, el periodismo encontraría sus fuerzas motoras en la inmersión (a la manera de Los ángeles del infierno ), la voz (el mayor logro de Miedo y asco en Las Vegas ), la exactitud (la minuciosa y maniática descripción que vibra en "Freak Power in the Rockies") y el simbolismo (las reflexiones que surcan "El derbi de Kentucky es decadente y depravado"). El mapa del nuevo periodismo no sería nada sin tales coordenadas, y Thompson surcaría ese cielo con el hermoso e inolvidable brillo de una estrella fugaz.

Ahora, esa estrella vuelve a brillar gracias a los nuevos monumentos levantados en su honor. Y cada uno presenta distintas razones para resultar atractivo aun a quienes no sean grandes seguidores de esa obra rabiosa y furibunda, siempre divertida. Dirigida por Alex Gibney (ganador del Oscar al mejor documental por Enron: the Smartest Guys in the Room ), Gonzo: the Life and Work of Dr. Hunter S. Thompson , cuenta la vida de su protagonista en las líneas clásicas que pueden esperarse de un documental ortodoxo: entrevistas con personajes que conocieron al hombre en cuestión (en este caso, la lista va de Jimmy Carter y Pat Buchanan al Hell Angel Sonny Barger) y un tono elegíaco que evita la crítica o la reflexión más densa. Una mirada superficial supone que la vida de Thompson fue una catarata de aventuras; Gonzo no desmiente el prejuicio y, así, es tan divertida como el día a día de Thompson pudo haberlo sido en algún momento o en la imaginación del lector. Aquí, lo que se extraña es el foco puesto en los últimos años de Hunter, rodeado por las armas, la egomanía y una brutal tendencia a la autodestrucción que finalmente impondría su ley. La película se detiene especialmente en los primeros años y, en realidad, se complementa con los últimos libros aparecidos sobre el "gonzo" que no cesa: The Joke´s Over , del ilustrador Ralph Steadman; The Gonzo Way , de Anita Thompson (la madre del único hijo de Hunter), y Gonzo: the Life of Hunter S. Thompson , de Corey Seymour y Jann S. Wenner, fundador y director de Rolling Stone . De los tres, quizás el más curioso sea el de Seymour y Wenner, pensado como una biografía oral (a la manera de la extraordinaria Edie , de Jean Stein y George Plimpton), donde los testimonios se cruzan bajo una organización mínima, como una rayuela de voces y memorias. The Gonzo Way exhibe el retrato íntimo y candoroso que ensaya quien fue la mujer de Hunter, una cómplice fiel que lo recrea con ternura y escaso valor histórico o periodístico. Y The Joke´s Over no ha recibido buenas críticas en Estados Unidos -excepción hecha de Booklist -, ya que el empeño memorialístico de Steadman parece seleccionar muy bien los recuerdos que favorecen al mito y dejaría atrás a aquéllos listos para mostrar al hombre detrás de la leyenda. Tal vez cuatro años de distancia con su muerte no sean suficientes para comenzar a ver quién era de verdad Hunter S. Thompson. Por ahora, sólo queda una certeza: fue el creador de un estilo periodístico que inventó sin querer, al que ni siquiera copiando palabra por palabra de sus libros se podría imitar.

Articulo:
http://adncultura.lanacion.com.ar 15/02/2009