
Entrevista Poeta y narradora cubana
Wendy contra el olvido
Por María Teresa Cárdenas
Después del éxito de Todos se van, su primera novela y con la que ganó el Premio Bruguera 2006, esta "nieta de la Revolución" ha vuelto a extraer material de sus diarios y ahora publica Nunca fui Primera Dama, un homenaje a su madre, a la mítica Celia Sánchez y a todas las mujeres cubanas, "primeras damas confundidas con la muchedumbre".
"Palabras contra el olvido" se llamaba el programa radial que Albis Torres, poeta y artista, mantenía al aire en los años 80, rescatando los sones de su tierra, las voces de esa vieja música cubana que hoy el mundo conoce a través de Buena Vista Social Club. Albis nunca publicó un libro, pero guardó rigurosamente los de sus amigos que partían, forrándolos con papeles inocuos, escondiéndolos en una singular biblioteca de doble fondo. Albis Torres no quería olvidar, pero el mal de Alzheimer dijo otra cosa. Veinte años después, es su hija quien recupera esa memoria, valiéndose de sus propios diarios, de los textos de Albis y también de la ficción.
Alentada por su madre a escribir diarios, no fue sino hasta después de su muerte, en 2004, que Wendy Guerra (La Habana, 1970) se encontró con los que había escrito desde los ocho años y que Albis había guardado y, cómo no, olvidado. Así surgió su primera novela, Todos se van. Poeta y diplomada en dirección de cine, radio y televisión, la figura menuda de Wendy no pasa inadvertida en la isla: durante años estuvo en las pantallas familiares, conduciendo un programa para niños. Con su novela salió al mundo, a ocupar un lugar entre sus pares latinoamericanos. Jorge Volpi, Guadalupe Nettel y Alejandro Zambra son los que ella destaca.
Pero Wendy siempre vuelve. "Como Cuba queda en Cuba y no pueden llevársela a otro lado, aquí regreso yo", escribe en Nunca fui Primera Dama (Bruguera), en cierto modo una continuación de su primera novela, aunque en ésta explora nuevos y más riesgosos terrenos.
"Desde el punto de vista gráfico, visual e histórico, sí, vienen como de una misma matriz -reconoce-, pero son fábulas disímiles con patrones semejantes. Una mujer narra lo que le fue silenciado. Viene siendo un texto de suspenso "made in revolución".
"Madre Cuba"
Después de encontrar a su madre, que padece Alzheimer y vive en Moscú, la protagonista de Nunca fui... logra llevarla de vuelta a Cuba. Su único equipaje es una misteriosa caja negra y los siete libros forrados que trae en la cartera. La búsqueda de una novela perdida sobre Celia Sánchez -figura emblemática de la Revolución- y la necesidad de reconstruir la historia de su madre y la propia, empujan a la protagonista, Nadia, a revisar cada uno de los papeles que contiene la caja y a escuchar una grabación dirigida a ella. Pasajes conmovedores en los que Wendy Guerra no deja de lado el humor ni la ironía. Aunque no pretenda distanciarse del dolor. "Si algo me mantiene viva, es mi humor -afirma-. Con él, no conozco límites".
Autora, además, de tres libros de poesía y de Posar desnuda en La Habana. Diario apócrifo de Anais Nin (2000), reconoce cuánto ha encarnado a esta escritora francesa de padres cubanos. "¿Te cuento un secreto?: terminé una relación que me importaba mucho tras la siguiente sentencia: 'O Anais Nin o yo'. Lo intentamos. Pero Henry Miller es irresistible".
-¿Cómo has sobrellevado el mito, de tu país y de tu madre?
-"Madre Cuba" se llama la traducción al francés de esta novela que lanza la prestigiosa editorial Stock en París. Con eso respondo absolutamente a la "fusión de almas" entre patria y madre. Lo que hay de utopía en mí, se encuentra en el respeto a los ideales iniciales de mi madre, un poco antes de su desencanto y olvido. Si tengo una deuda es con su espíritu creativo, delirante y talentoso. A ella le debo todo lo que soy. Sospecho que estamos juntas siempre.
-¿Por qué le atribuyes la misma frase, "Nunca fui primera dama", a Celia Sánchez y a la madre?
-Esta novela las encuentra, hoy y ahora, deseaba verlas juntas y humanizadas, comiendo con el plato en la mano, descalzas, fumando, discutiendo. Ponerme a prueba ante ellas, porque nosotros pensamos que todo es y ha sido solemne, eso es una gran mentira. Quise hacerlo verosímil. Mi generación piensa en los héroes como estatuas de mármol. Para mí los verdaderos héroes son los padres que sostuvieron todo lo que hoy se nos ha vuelto mármol.
-¿Ese es el "problema con la imagen del héroe" que tiene la protagonista?
-Siento que, en mi generación, hablar de héroes es también hablar de nietos e hijos de guerrilleros involucrados literalmente con la historia real de estos años. Es parte de la sangre de muchos compañeros de escuela. No estoy usando una metáfora. Apellidos muy conocidos, soledades muy compartidas crecieron a nuestro lado. El libro se ha escrito en primera persona porque no deseo hablar en nombre de un país, pero por lógica, por la fecha de nacimiento, pertenecemos a una época donde aún están sin responder muchas preguntas de esos "hijos de la patria".
-¿Quisiste reconocer también con esta novela a todas las cubanas, "primeras damas confundidas con la muchedumbre"?
-El capítulo "Qué es una cubana" lo escribí en Santiago, luego de ver a Daisy Granados interpretando a Elena, en "Memorias del subdesarrollo". Esa noche apagué la luz y vi a miles y miles de cubanas con muchos rostros. Pensé en todas esas mujeres que en este país se dedican a cocinar con lo que no hay, vestirse con lo reciclado, querer desde donde ya no están sus amores, parir, llorar, luchar, seguir, callar o explotar entre cuatro paredes. ¿Primera dama? Me dije en medio del insomnio: ¿Por qué nunca fuimos primeras damas? ¿Por qué nos tocó seguir a los hombres en el liderazgo esencial? Se me hizo todo un tema y bajé a mi estudio para anotar, mientras afuera nevaba, porque era aquel octubre de 2007 cuando la calle se hizo blanca y mi cabeza atolondrada esquiaba en la computadora, también blanca, hasta redondear la idea.
-¿Qué significado tiene para ti el rescate de la memoria de tu madre?
-Un artista visual dijo delante de mí a los 16 años: "Si perdiera la memoria, qué pureza". Mi madre entró en un estado de pureza indefensa. Me pregunto, luego de vivir con ella años y años en blanco, por qué debemos aceptar este vacío. Por qué los hombres no cuelgan sus armas para reconducir ese dinero en investigaciones, qué pasa que el olvido ha sustituido el recuerdo. El repaso de la memoria histórica se inicia con el recuerdo diario de tus gestos personales. El estar al lado de mi madre me hizo heredar sus "rencores pasados", sus maravillosos poemas, la historia del país que me perdí por nacer en los 70. Heredé lo que le dio tiempo a revelarme. El personaje es otra mujer que no vivió en La Habana, como mi madre, pero sí, claro que este homenaje se aproxima demasiado a su doloroso olvido.
-¿Escribes también para que otros no olviden?
-Escribo para alimentar la memoria.
-¿Por qué pintas en estas dos novelas a un padre tan diferente: el primero, castigador y ausente; el segundo, presente y noble?
-Acepto mi problema con la categoría "Padre". El padre perdido-el padre recuperado-el padre colectivo que se nos pierde en la muchedumbre-a quien me parezco-el rumor sobre quién es o no fue mi padre, la verdad sobre el padre es un gran tópico y me expongo en él hasta el incesto. Voy a terapia. Por cierto, mis mejores amigos chilenos son tres terapistas maravillosos. Gracias a ellos, pude escribir toda esta primera parte en Santiago de Chile. Mi padre y sus rostros aparecen reinventados en las novelas, en la poesía, en mi epistolario. La mejor terapia es que el drama quede en la imprenta. Eso me despoja del dolor.
-Así como en "Todos se van" registrabas la partida, en este libro parece que muchos vuelven. ¿Ves una apertura real en tu país?
-Es una apertura no oficial. Es un regreso personal a lo perdido o a lo que nos esperanza. Volver en sueños, volver anticipadamente. Hace poco escribí: "Si no vienen, salgo a buscarlos". Ahora espero que no sea demasiado tarde, el viaje resulta interminable.
-"La biblioteca forrada" es un capítulo conmovedor en defensa del libro, los autores y la libertad de expresión. ¿Sigue censurada tu primera novela?, ¿podrá circular ésta?
-Mi poesía está editada en Cuba desde la adolescencia. Las novelas, no. Siempre digo que no tengo noticias sobre la suerte que van a correr estas dos obras en Cuba. Nadie puede saberlo, nadie te dice directamente lo que les pasa a mis novelas. ¿Quién es el censor realmente? Pues, no lo sé. Si lo descubro, le daré la lista de lo que hay que editar antes de mí. Algunos se han vuelto clásicos de la literatura cubana.
-¿Cómo enfrentas esa situación?
-Regalando libros, escribiendo otros, viviendo aquí aunque a veces mis notas digan: Me dueles, Cuba.
-¿Has sentido incomprensión de parte de escritores y artistas cubanos que viven afuera?
-Casi todos mis grandes amigos y amores viven afuera. Eso tiene que quedar muy claro. Como en los buenos boleros, en esta isla dilatada al exilio existen incomprensiones. Aquí mismo, entre nosotros, también existen muchísimas diatribas, que no salen en los periódicos, o que, cuando salen nos dejan asombrados. En esa "controversia guajira" vivimos hoy. Pero como dice Silvio: "La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga".
-Chile fue el país invitado a la Feria del Libro de La Habana, en febrero, ¿qué te parece que algunos autores no hayan querido ir precisamente por la prohibición y la censura de los libros?
-Creo que todo el mundo tiene derecho a determinar sus acciones. De eso se tratan también mis libros: la libertad de elegir.
-¿Has leído "Persona non grata", de Jorge Edwards, y "Nuestros años verde olivo", de Roberto Ampuero? ¿Qué opinas de esas aproximaciones a Cuba y a Fidel Castro?
-Son historias derivadas de nuestra propia historia. Derivadas de lo real, del mito y la propia experiencia que nos expuso al mundo, somos un tópico recurrente. Carne de autores y alimento de lectores.
-¿Qué ha significado para ti vivir en un país tan expuesto?
-Tengo un poema donde digo que soy una actriz que vive en un país que posa para el mundo. Quisiera dejar de posar en blanco y negro para empezar a vivir en colores.
-En la novela registras el momento de la renuncia de Fidel Castro y tu intuición de que "aquí no va a pasar nada por el momento". ¿Cómo ves ahora a tu país, en el que, según escribes, "todos los caminos conducen a Fidel"?
-Bueno, resulta curioso cuando las personas muy mayores hablan en tiempo pasado y rectifican rápidamente el tiempo presente sobre la figura de Fidel. Nos estremeció, algunos para mal, a otros para bien, la vulnerabilidad del mismo presidente por cincuenta años. Seguramente, éste seguirá siendo un referente histórico inevitable. ¿O es que cincuenta años no es nada?
-¿Sientes que con esta novela has logrado dejar en paz el fantasma de tu madre, y encontrar tu propio papel?
-Creo que he encontrado el rol del tiempo que me toca vivir en Cuba. Aunque me cierren muchas puertas, aunque no me publiquen las novelas, aunque fabriquen fantasmas para deshacer los puentes con todas mis Cubas, hoy conozco a mis lectores y ése es un modo de explicarnos juntos la vida de esos fantasmas que han muerto tan jóvenes.
Todos se van - Bruguera, Barcelona, 2006, 288 páginas, $9.900.
Nunca fui primera dama - Bruguera, Barcelona, 2008, 290 páginas.
Poema inédito: Aquí no hay escondite posible - Vanidad y espejo - Estructura nítida traslúcida A pequeña escala límpida y desierta
UNA CASA EN EL CUERPO
De un racionalismo incómodo
Equilibrio japonés de rota seda
Balance injusto y gélido
Sin altares ni flores sin fotos sin familia
Sitio de paso e insomnio
Patrimonio de artificio
UNA CASA EN EL CUERPO
Nadie ha vivido aquí
Ni hijos
Ni hombres
Ni ideas
Te ruego me rescates de este espacio
donde ya yo no vivo.
Articulo: http://diario.elmercurio.com 22/03/2009
Wendy contra el olvido
Por María Teresa Cárdenas
Después del éxito de Todos se van, su primera novela y con la que ganó el Premio Bruguera 2006, esta "nieta de la Revolución" ha vuelto a extraer material de sus diarios y ahora publica Nunca fui Primera Dama, un homenaje a su madre, a la mítica Celia Sánchez y a todas las mujeres cubanas, "primeras damas confundidas con la muchedumbre".
"Palabras contra el olvido" se llamaba el programa radial que Albis Torres, poeta y artista, mantenía al aire en los años 80, rescatando los sones de su tierra, las voces de esa vieja música cubana que hoy el mundo conoce a través de Buena Vista Social Club. Albis nunca publicó un libro, pero guardó rigurosamente los de sus amigos que partían, forrándolos con papeles inocuos, escondiéndolos en una singular biblioteca de doble fondo. Albis Torres no quería olvidar, pero el mal de Alzheimer dijo otra cosa. Veinte años después, es su hija quien recupera esa memoria, valiéndose de sus propios diarios, de los textos de Albis y también de la ficción.
Alentada por su madre a escribir diarios, no fue sino hasta después de su muerte, en 2004, que Wendy Guerra (La Habana, 1970) se encontró con los que había escrito desde los ocho años y que Albis había guardado y, cómo no, olvidado. Así surgió su primera novela, Todos se van. Poeta y diplomada en dirección de cine, radio y televisión, la figura menuda de Wendy no pasa inadvertida en la isla: durante años estuvo en las pantallas familiares, conduciendo un programa para niños. Con su novela salió al mundo, a ocupar un lugar entre sus pares latinoamericanos. Jorge Volpi, Guadalupe Nettel y Alejandro Zambra son los que ella destaca.
Pero Wendy siempre vuelve. "Como Cuba queda en Cuba y no pueden llevársela a otro lado, aquí regreso yo", escribe en Nunca fui Primera Dama (Bruguera), en cierto modo una continuación de su primera novela, aunque en ésta explora nuevos y más riesgosos terrenos.
"Desde el punto de vista gráfico, visual e histórico, sí, vienen como de una misma matriz -reconoce-, pero son fábulas disímiles con patrones semejantes. Una mujer narra lo que le fue silenciado. Viene siendo un texto de suspenso "made in revolución".
"Madre Cuba"
Después de encontrar a su madre, que padece Alzheimer y vive en Moscú, la protagonista de Nunca fui... logra llevarla de vuelta a Cuba. Su único equipaje es una misteriosa caja negra y los siete libros forrados que trae en la cartera. La búsqueda de una novela perdida sobre Celia Sánchez -figura emblemática de la Revolución- y la necesidad de reconstruir la historia de su madre y la propia, empujan a la protagonista, Nadia, a revisar cada uno de los papeles que contiene la caja y a escuchar una grabación dirigida a ella. Pasajes conmovedores en los que Wendy Guerra no deja de lado el humor ni la ironía. Aunque no pretenda distanciarse del dolor. "Si algo me mantiene viva, es mi humor -afirma-. Con él, no conozco límites".
Autora, además, de tres libros de poesía y de Posar desnuda en La Habana. Diario apócrifo de Anais Nin (2000), reconoce cuánto ha encarnado a esta escritora francesa de padres cubanos. "¿Te cuento un secreto?: terminé una relación que me importaba mucho tras la siguiente sentencia: 'O Anais Nin o yo'. Lo intentamos. Pero Henry Miller es irresistible".
-¿Cómo has sobrellevado el mito, de tu país y de tu madre?
-"Madre Cuba" se llama la traducción al francés de esta novela que lanza la prestigiosa editorial Stock en París. Con eso respondo absolutamente a la "fusión de almas" entre patria y madre. Lo que hay de utopía en mí, se encuentra en el respeto a los ideales iniciales de mi madre, un poco antes de su desencanto y olvido. Si tengo una deuda es con su espíritu creativo, delirante y talentoso. A ella le debo todo lo que soy. Sospecho que estamos juntas siempre.
-¿Por qué le atribuyes la misma frase, "Nunca fui primera dama", a Celia Sánchez y a la madre?
-Esta novela las encuentra, hoy y ahora, deseaba verlas juntas y humanizadas, comiendo con el plato en la mano, descalzas, fumando, discutiendo. Ponerme a prueba ante ellas, porque nosotros pensamos que todo es y ha sido solemne, eso es una gran mentira. Quise hacerlo verosímil. Mi generación piensa en los héroes como estatuas de mármol. Para mí los verdaderos héroes son los padres que sostuvieron todo lo que hoy se nos ha vuelto mármol.
-¿Ese es el "problema con la imagen del héroe" que tiene la protagonista?
-Siento que, en mi generación, hablar de héroes es también hablar de nietos e hijos de guerrilleros involucrados literalmente con la historia real de estos años. Es parte de la sangre de muchos compañeros de escuela. No estoy usando una metáfora. Apellidos muy conocidos, soledades muy compartidas crecieron a nuestro lado. El libro se ha escrito en primera persona porque no deseo hablar en nombre de un país, pero por lógica, por la fecha de nacimiento, pertenecemos a una época donde aún están sin responder muchas preguntas de esos "hijos de la patria".
-¿Quisiste reconocer también con esta novela a todas las cubanas, "primeras damas confundidas con la muchedumbre"?
-El capítulo "Qué es una cubana" lo escribí en Santiago, luego de ver a Daisy Granados interpretando a Elena, en "Memorias del subdesarrollo". Esa noche apagué la luz y vi a miles y miles de cubanas con muchos rostros. Pensé en todas esas mujeres que en este país se dedican a cocinar con lo que no hay, vestirse con lo reciclado, querer desde donde ya no están sus amores, parir, llorar, luchar, seguir, callar o explotar entre cuatro paredes. ¿Primera dama? Me dije en medio del insomnio: ¿Por qué nunca fuimos primeras damas? ¿Por qué nos tocó seguir a los hombres en el liderazgo esencial? Se me hizo todo un tema y bajé a mi estudio para anotar, mientras afuera nevaba, porque era aquel octubre de 2007 cuando la calle se hizo blanca y mi cabeza atolondrada esquiaba en la computadora, también blanca, hasta redondear la idea.
-¿Qué significado tiene para ti el rescate de la memoria de tu madre?
-Un artista visual dijo delante de mí a los 16 años: "Si perdiera la memoria, qué pureza". Mi madre entró en un estado de pureza indefensa. Me pregunto, luego de vivir con ella años y años en blanco, por qué debemos aceptar este vacío. Por qué los hombres no cuelgan sus armas para reconducir ese dinero en investigaciones, qué pasa que el olvido ha sustituido el recuerdo. El repaso de la memoria histórica se inicia con el recuerdo diario de tus gestos personales. El estar al lado de mi madre me hizo heredar sus "rencores pasados", sus maravillosos poemas, la historia del país que me perdí por nacer en los 70. Heredé lo que le dio tiempo a revelarme. El personaje es otra mujer que no vivió en La Habana, como mi madre, pero sí, claro que este homenaje se aproxima demasiado a su doloroso olvido.
-¿Escribes también para que otros no olviden?
-Escribo para alimentar la memoria.
-¿Por qué pintas en estas dos novelas a un padre tan diferente: el primero, castigador y ausente; el segundo, presente y noble?
-Acepto mi problema con la categoría "Padre". El padre perdido-el padre recuperado-el padre colectivo que se nos pierde en la muchedumbre-a quien me parezco-el rumor sobre quién es o no fue mi padre, la verdad sobre el padre es un gran tópico y me expongo en él hasta el incesto. Voy a terapia. Por cierto, mis mejores amigos chilenos son tres terapistas maravillosos. Gracias a ellos, pude escribir toda esta primera parte en Santiago de Chile. Mi padre y sus rostros aparecen reinventados en las novelas, en la poesía, en mi epistolario. La mejor terapia es que el drama quede en la imprenta. Eso me despoja del dolor.
-Así como en "Todos se van" registrabas la partida, en este libro parece que muchos vuelven. ¿Ves una apertura real en tu país?
-Es una apertura no oficial. Es un regreso personal a lo perdido o a lo que nos esperanza. Volver en sueños, volver anticipadamente. Hace poco escribí: "Si no vienen, salgo a buscarlos". Ahora espero que no sea demasiado tarde, el viaje resulta interminable.
-"La biblioteca forrada" es un capítulo conmovedor en defensa del libro, los autores y la libertad de expresión. ¿Sigue censurada tu primera novela?, ¿podrá circular ésta?
-Mi poesía está editada en Cuba desde la adolescencia. Las novelas, no. Siempre digo que no tengo noticias sobre la suerte que van a correr estas dos obras en Cuba. Nadie puede saberlo, nadie te dice directamente lo que les pasa a mis novelas. ¿Quién es el censor realmente? Pues, no lo sé. Si lo descubro, le daré la lista de lo que hay que editar antes de mí. Algunos se han vuelto clásicos de la literatura cubana.
-¿Cómo enfrentas esa situación?
-Regalando libros, escribiendo otros, viviendo aquí aunque a veces mis notas digan: Me dueles, Cuba.
-¿Has sentido incomprensión de parte de escritores y artistas cubanos que viven afuera?
-Casi todos mis grandes amigos y amores viven afuera. Eso tiene que quedar muy claro. Como en los buenos boleros, en esta isla dilatada al exilio existen incomprensiones. Aquí mismo, entre nosotros, también existen muchísimas diatribas, que no salen en los periódicos, o que, cuando salen nos dejan asombrados. En esa "controversia guajira" vivimos hoy. Pero como dice Silvio: "La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga".
-Chile fue el país invitado a la Feria del Libro de La Habana, en febrero, ¿qué te parece que algunos autores no hayan querido ir precisamente por la prohibición y la censura de los libros?
-Creo que todo el mundo tiene derecho a determinar sus acciones. De eso se tratan también mis libros: la libertad de elegir.
-¿Has leído "Persona non grata", de Jorge Edwards, y "Nuestros años verde olivo", de Roberto Ampuero? ¿Qué opinas de esas aproximaciones a Cuba y a Fidel Castro?
-Son historias derivadas de nuestra propia historia. Derivadas de lo real, del mito y la propia experiencia que nos expuso al mundo, somos un tópico recurrente. Carne de autores y alimento de lectores.
-¿Qué ha significado para ti vivir en un país tan expuesto?
-Tengo un poema donde digo que soy una actriz que vive en un país que posa para el mundo. Quisiera dejar de posar en blanco y negro para empezar a vivir en colores.
-En la novela registras el momento de la renuncia de Fidel Castro y tu intuición de que "aquí no va a pasar nada por el momento". ¿Cómo ves ahora a tu país, en el que, según escribes, "todos los caminos conducen a Fidel"?
-Bueno, resulta curioso cuando las personas muy mayores hablan en tiempo pasado y rectifican rápidamente el tiempo presente sobre la figura de Fidel. Nos estremeció, algunos para mal, a otros para bien, la vulnerabilidad del mismo presidente por cincuenta años. Seguramente, éste seguirá siendo un referente histórico inevitable. ¿O es que cincuenta años no es nada?
-¿Sientes que con esta novela has logrado dejar en paz el fantasma de tu madre, y encontrar tu propio papel?
-Creo que he encontrado el rol del tiempo que me toca vivir en Cuba. Aunque me cierren muchas puertas, aunque no me publiquen las novelas, aunque fabriquen fantasmas para deshacer los puentes con todas mis Cubas, hoy conozco a mis lectores y ése es un modo de explicarnos juntos la vida de esos fantasmas que han muerto tan jóvenes.
Todos se van - Bruguera, Barcelona, 2006, 288 páginas, $9.900.
Nunca fui primera dama - Bruguera, Barcelona, 2008, 290 páginas.
Poema inédito: Aquí no hay escondite posible - Vanidad y espejo - Estructura nítida traslúcida A pequeña escala límpida y desierta
UNA CASA EN EL CUERPO
De un racionalismo incómodo
Equilibrio japonés de rota seda
Balance injusto y gélido
Sin altares ni flores sin fotos sin familia
Sitio de paso e insomnio
Patrimonio de artificio
UNA CASA EN EL CUERPO
Nadie ha vivido aquí
Ni hijos
Ni hombres
Ni ideas
Te ruego me rescates de este espacio
donde ya yo no vivo.
Articulo: http://diario.elmercurio.com 22/03/2009
