
Arte
Atrapados por la red
Por Melina Dorfman
Como consecuencia de las crecientes dificultades para conseguir publicidad, las revistas culturales se multiplican en Internet. A bajo costo, la Web permite a jóvenes artistas y críticos hacerse escuchar en todo el mundo
Para un editor novel, lanzar una revista cultural al amplio mercado editorial es una meta difícil de alcanzar. Además de idear y redactar notas, tiene que lidiar con sponsors, seducir mecenas, ganar subvenciones y buscar el mejor presupuesto de impresión. Y por más que haga el máximo esfuerzo, nada garantiza que su publicación prosperará: puede sucumbir en el primer número o sacar el próximo seis meses después.
Ante esta postal típica del periodismo independiente, un puñado de editores se las ha ingeniado para plasmar sus proyectos sí o sí, amparándose en el formato digital. Las revistas virtuales Colada , Planta y Molde son una muestra de que se puede hablar de arte con la ayuda de un combo irresistible: colaboradores inteligentes + mínima inversión monetaria para expresar lo que piensan.
Colada (www.revistacolada.com.ar) es una publicación digital de arte erótico trimestral que va por su tercera entrega. Su editora, la fotógrafa y cantante Lulú Jankilevich, había ayudado antes en la curaduría de la fotogalería virtual Fatal, experiencia que le permitió conocer a muchos artistas y le dio todo el know-how para embarcarse en un proyecto personal. La revista -cuyo nombre está inspirado en el tema "Piña colada", de Daniel Melero- contiene varias secciones organizadas en forma horizontal, con el foco puesto en lo sensual: fotografía, video, artes plásticas, literatura, música y hasta gastronomía. "El objetivo es generar una cosquillita en quien la mire", afirma Jankilevich. "Apunto a cualquiera que quiera dejarse llevar a través del arte erótico: abrirse, entregarse a las sensaciones visuales y gozar."
En los números disponibles hasta ahora, participaron los fotógrafos Yamandú Rodríguez, Alina Schwarcz y Arturo Aguiar, los artistas Ruy Krygier y Von Víctor, la escritora Gabriela Bejerman y el DJ Mascarpone, entre otros. A la hora de volcarse hacia lo virtual, la editora vio más puntos a favor que en contra: "Internet te da la ventaja de poder llegar a lugares inimaginables casi sin saberlo, a las casas de los lectores sin moverlos de su silla. Hoy casi todo se investiga a través de la Web. Eso no quita las enormes ganas de hacer los números en papel. Amo las revistas impresas; palparlas, guardarlas como objeto en la estantería de colecciones. Tener algo físicamente da la sensación de que no se pierde. En la Red todo está como flotando".
Viva la crítica
Comandada por los críticos Damián Selci, Claudio Iglesias y Carlos Gradin, la revista virtual Planta (www.plantarevista.com.ar) lleva seis números on-line y sale cada tres meses aproximadamente. De diseño austero, con notas agrupadas en forma de mosaico y sin imágenes, se define como "una plataforma de proyectos críticos con base en las artes visuales, la literatura, la teoría cultural y la economía política". Selci aclara: "Nosotros no presentamos simplemente textos sobre tal o cual tema, sino que nos interesa estimular a los colaboradores para que desarrollen proyectos críticos consecutivos en el tiempo. O sea, queremos que trabajen una problemática a lo largo de varios artículos. Creemos dogmáticamente en la crítica y también en la perseverancia". No es casual, entonces, que la publicación se llame Planta , una palabra polisémica que refiere tanto al cimiento de una estructura como a un ser orgánico destinado a crecer bajo la luz del sol.
Se destacan los ensayos puntillosos sobre obras literarias, pero llaman mucho más la atención los textos críticos sobre muestras o tendencias artísticas. Basta echar un vistazo a todos los números para encontrar una charla con el ganador del Premio arteBA-Petrobras 2008 Mauro Guzmán, un texto sobre el colectivo Rosa Chancho escrito para la exposición Retrospectiva realizada en la galería Appetite, una nota sobre la existencia de grupos de arte político o un relevamiento de Information , exposición de 1970 en el MoMA de la que hoy se sabe poco y nada pero que en su momento congregó a Sol Lewitt, Joseph Beuys, Alejandro Puente y Cildo Meireles, entre otros.
Ante la pregunta de por qué hacer crítica de arte, Iglesias contesta: "Es tomar posición frente a un campo en el que hay una silla vacía, y eso se nota tanto en el periodismo sobre arte que circula como en la curaduría que se practica en el país. En su función más básica de reseñar trabajos, creo que la crítica constituye un mecanismo de feed-back que no puede estar ausente, en el sentido de que es una instancia que les devuelve a los artistas una mirada sobre lo que hacen. Al no haber infraestructura de exhibición ni instituciones educativas relevantes ni crítica, el único eco que reciben los artistas termina siendo el de un puñado de agentes privados y coleccionistas. Y eso genera cierto efecto de monólogo coral muy negativo".
Los ideólogos de Planta querían hacer una revista que no se pareciera a ninguna otra, destinada a lectores jóvenes, activos y hartos. Virtualmente, lo han logrado. Selci argumenta: "Los servidores de Internet son baratos, diseñar es más o menos sencillo, no hay necesidad de preocuparse por ir a la imprenta, ni por la distribución ni por la publicidad, y el público no tiene que gastar un peso... Nosotros no reflexionamos ni un segundo acerca de por qué publicar Planta en la Web. Se nos impuso, como la naturaleza".
El periodista Juan Ignacio Moralejo, además de editar la revista impresa Sede , apostó a un proyecto on-line en paralelo: Molde (www.m-o-l-d-e.com). Se trata de un compendio de reseñas y entrevistas simples, en el marco de una estética a puro blanco y negro. En sus palabras: "El criterio editorial es lo más directo posible, casi tangible, sencillo y profundo al mismo tiempo. Constructivo, sin notas negativas y cínicas. Responsable, consciente del rol social al comunicar mensajes. La idea es aprender algo tanto al escribir una nota como al leerla".
La publicación, cuyo nombre transmite cierta idea de orden y estructura, ahora está momentáneamente en stand by . Es que pronto dará el gran salto: saldrá cada tres meses en versión papel. Mientras, aún puede verse en la página el copioso material de sus nueve números y hallar varias perlas, como las entrevistas al fotógrafo Gustavo Di Mario y a la periodista Felisa Pinto, un resumen de la vida y obra del artista marginal Henry Darger, un diario fotográfico de Bastien Lattanzio, una invitación a ver los informes climáticos que hace el cineasta David Lynch en su sitio oficial, un repaso por la obra de la cineasta-escritora- performer Miranda July y mucho más.
Para Moralejo -un seguidor de revistas internacionales como Apartamento , Fantastic Man y Purple Journal -, Molde es un emprendimiento sin ambición de llegar a un público masivo: "No pienso en el lector, sólo en lo que a mí me gusta aplicado al criterio de edición de la revista, que va teniendo sus leyes propias. No creo en el marketing : ser consciente del público es el principio del fin de los proyectos editoriales". Tamaña suposición, sin duda, ayuda a cambiar fácilmente de rumbo.
Y con respecto a su decisión de publicar inicialmente en formato digital, se muestra incisivo: "Cualquiera puede tener su página. Pero hay demasiada polución e incontinencia visual. Si no fuese tan fácil tener un blog y no existieran las cámaras digitales, seguramente habría un 80% menos de gente interesada realmente en compartir su producción. Yo empecé el proyecto porque me daba fiaca buscar auspiciantes para hacer algo impreso? Alguien me dijo el otro día que si Andy Warhol viviera, sólo haría cosas por Internet. Sus posibilidades y potencial todavía no se han alcanzado".
Articulo: http://adncultura.lanacion.com.ar 15/02/2009
Atrapados por la red
Por Melina Dorfman
Como consecuencia de las crecientes dificultades para conseguir publicidad, las revistas culturales se multiplican en Internet. A bajo costo, la Web permite a jóvenes artistas y críticos hacerse escuchar en todo el mundo
Para un editor novel, lanzar una revista cultural al amplio mercado editorial es una meta difícil de alcanzar. Además de idear y redactar notas, tiene que lidiar con sponsors, seducir mecenas, ganar subvenciones y buscar el mejor presupuesto de impresión. Y por más que haga el máximo esfuerzo, nada garantiza que su publicación prosperará: puede sucumbir en el primer número o sacar el próximo seis meses después.
Ante esta postal típica del periodismo independiente, un puñado de editores se las ha ingeniado para plasmar sus proyectos sí o sí, amparándose en el formato digital. Las revistas virtuales Colada , Planta y Molde son una muestra de que se puede hablar de arte con la ayuda de un combo irresistible: colaboradores inteligentes + mínima inversión monetaria para expresar lo que piensan.
Colada (www.revistacolada.com.ar) es una publicación digital de arte erótico trimestral que va por su tercera entrega. Su editora, la fotógrafa y cantante Lulú Jankilevich, había ayudado antes en la curaduría de la fotogalería virtual Fatal, experiencia que le permitió conocer a muchos artistas y le dio todo el know-how para embarcarse en un proyecto personal. La revista -cuyo nombre está inspirado en el tema "Piña colada", de Daniel Melero- contiene varias secciones organizadas en forma horizontal, con el foco puesto en lo sensual: fotografía, video, artes plásticas, literatura, música y hasta gastronomía. "El objetivo es generar una cosquillita en quien la mire", afirma Jankilevich. "Apunto a cualquiera que quiera dejarse llevar a través del arte erótico: abrirse, entregarse a las sensaciones visuales y gozar."
En los números disponibles hasta ahora, participaron los fotógrafos Yamandú Rodríguez, Alina Schwarcz y Arturo Aguiar, los artistas Ruy Krygier y Von Víctor, la escritora Gabriela Bejerman y el DJ Mascarpone, entre otros. A la hora de volcarse hacia lo virtual, la editora vio más puntos a favor que en contra: "Internet te da la ventaja de poder llegar a lugares inimaginables casi sin saberlo, a las casas de los lectores sin moverlos de su silla. Hoy casi todo se investiga a través de la Web. Eso no quita las enormes ganas de hacer los números en papel. Amo las revistas impresas; palparlas, guardarlas como objeto en la estantería de colecciones. Tener algo físicamente da la sensación de que no se pierde. En la Red todo está como flotando".
Viva la crítica
Comandada por los críticos Damián Selci, Claudio Iglesias y Carlos Gradin, la revista virtual Planta (www.plantarevista.com.ar) lleva seis números on-line y sale cada tres meses aproximadamente. De diseño austero, con notas agrupadas en forma de mosaico y sin imágenes, se define como "una plataforma de proyectos críticos con base en las artes visuales, la literatura, la teoría cultural y la economía política". Selci aclara: "Nosotros no presentamos simplemente textos sobre tal o cual tema, sino que nos interesa estimular a los colaboradores para que desarrollen proyectos críticos consecutivos en el tiempo. O sea, queremos que trabajen una problemática a lo largo de varios artículos. Creemos dogmáticamente en la crítica y también en la perseverancia". No es casual, entonces, que la publicación se llame Planta , una palabra polisémica que refiere tanto al cimiento de una estructura como a un ser orgánico destinado a crecer bajo la luz del sol.
Se destacan los ensayos puntillosos sobre obras literarias, pero llaman mucho más la atención los textos críticos sobre muestras o tendencias artísticas. Basta echar un vistazo a todos los números para encontrar una charla con el ganador del Premio arteBA-Petrobras 2008 Mauro Guzmán, un texto sobre el colectivo Rosa Chancho escrito para la exposición Retrospectiva realizada en la galería Appetite, una nota sobre la existencia de grupos de arte político o un relevamiento de Information , exposición de 1970 en el MoMA de la que hoy se sabe poco y nada pero que en su momento congregó a Sol Lewitt, Joseph Beuys, Alejandro Puente y Cildo Meireles, entre otros.
Ante la pregunta de por qué hacer crítica de arte, Iglesias contesta: "Es tomar posición frente a un campo en el que hay una silla vacía, y eso se nota tanto en el periodismo sobre arte que circula como en la curaduría que se practica en el país. En su función más básica de reseñar trabajos, creo que la crítica constituye un mecanismo de feed-back que no puede estar ausente, en el sentido de que es una instancia que les devuelve a los artistas una mirada sobre lo que hacen. Al no haber infraestructura de exhibición ni instituciones educativas relevantes ni crítica, el único eco que reciben los artistas termina siendo el de un puñado de agentes privados y coleccionistas. Y eso genera cierto efecto de monólogo coral muy negativo".
Los ideólogos de Planta querían hacer una revista que no se pareciera a ninguna otra, destinada a lectores jóvenes, activos y hartos. Virtualmente, lo han logrado. Selci argumenta: "Los servidores de Internet son baratos, diseñar es más o menos sencillo, no hay necesidad de preocuparse por ir a la imprenta, ni por la distribución ni por la publicidad, y el público no tiene que gastar un peso... Nosotros no reflexionamos ni un segundo acerca de por qué publicar Planta en la Web. Se nos impuso, como la naturaleza".
El periodista Juan Ignacio Moralejo, además de editar la revista impresa Sede , apostó a un proyecto on-line en paralelo: Molde (www.m-o-l-d-e.com). Se trata de un compendio de reseñas y entrevistas simples, en el marco de una estética a puro blanco y negro. En sus palabras: "El criterio editorial es lo más directo posible, casi tangible, sencillo y profundo al mismo tiempo. Constructivo, sin notas negativas y cínicas. Responsable, consciente del rol social al comunicar mensajes. La idea es aprender algo tanto al escribir una nota como al leerla".
La publicación, cuyo nombre transmite cierta idea de orden y estructura, ahora está momentáneamente en stand by . Es que pronto dará el gran salto: saldrá cada tres meses en versión papel. Mientras, aún puede verse en la página el copioso material de sus nueve números y hallar varias perlas, como las entrevistas al fotógrafo Gustavo Di Mario y a la periodista Felisa Pinto, un resumen de la vida y obra del artista marginal Henry Darger, un diario fotográfico de Bastien Lattanzio, una invitación a ver los informes climáticos que hace el cineasta David Lynch en su sitio oficial, un repaso por la obra de la cineasta-escritora- performer Miranda July y mucho más.
Para Moralejo -un seguidor de revistas internacionales como Apartamento , Fantastic Man y Purple Journal -, Molde es un emprendimiento sin ambición de llegar a un público masivo: "No pienso en el lector, sólo en lo que a mí me gusta aplicado al criterio de edición de la revista, que va teniendo sus leyes propias. No creo en el marketing : ser consciente del público es el principio del fin de los proyectos editoriales". Tamaña suposición, sin duda, ayuda a cambiar fácilmente de rumbo.
Y con respecto a su decisión de publicar inicialmente en formato digital, se muestra incisivo: "Cualquiera puede tener su página. Pero hay demasiada polución e incontinencia visual. Si no fuese tan fácil tener un blog y no existieran las cámaras digitales, seguramente habría un 80% menos de gente interesada realmente en compartir su producción. Yo empecé el proyecto porque me daba fiaca buscar auspiciantes para hacer algo impreso? Alguien me dijo el otro día que si Andy Warhol viviera, sólo haría cosas por Internet. Sus posibilidades y potencial todavía no se han alcanzado".
Articulo: http://adncultura.lanacion.com.ar 15/02/2009
