samedi 7 mars 2009

Nuria AZANCOT/Entrevista a Mercedes ABAD


Entrevista a Mercedes Abad
"El escándalo del plagio siempre ayuda a vender libros"
Por Nuria Azancot

A vueltas con el plagio y la originalidad imposible, Mercedes Abad (Barcelona, 1961) acaba de publicar Media docena de robos y un par de mentiras (Alfaguara), un libro de relatos supuestamente copiados en los que nada es lo que parece. Y que nace de una certeza: "¿No es siempre de otro la paternidad de una idea? Nuestra presunta originalidad ¿es algo más que un espejismo provocado por una supina ignorancia?", y, mejor todavía, "¿No deberíamos saludar esta clase de robo como una forma nueva de arte?"

Cuenta la leyenda que Mercedes Abad (Barcelona, 1961) se presentó en su día a una audición para el concurso de televisión Un, dos, tres durante la cual se rompió el menisco, y que, mientras se recuperaba, escribió su primera novela. Después vendría la segunda, Ligeros libertinajes sabáticos, que ganó el premio La Sonrisa Vertical (Tusquets)en 1986. Y Felicidades conyugales (Tusquets, 1989); Sólo dime donde lo hacemos (Temas de Hoy, 1991); Soplando al viento (Tusquets, 1995); Sangre (Tusquets, 2000); Amigos y fantasmas (Tusquets, 2004)... Su último libro, Media docena de robos y un par de mentiras (Alfaguara), resultado de una supuesta rapiña a autores conocidos y anónimos, es una desopilante reivindicación del plagio literario...

-¿Es en realidad el plagio una de las bellas artes literarias?
-Desde luego, aunque creo que debemos distinguir lo que es el plagio de una obra a la que tienes acceso de manera circunstancial y que copias sin cambiar una coma (pero cuya autoría puede llevarte a los tribunales), y aquel texto infumable en origen, sin calidad alguna, que no le gusta a nadie, pero que esconde una historia estupenda que busca un buen autor... que puedes ser tú.

-¿Cómo se convierten el editor (“cochino”) y el lector (“marranísimo”) en cómplices de un plagio?
-Disfrutándolo. Ninguno de los dos tiene por qué ser conscientes de la apropiación de ideas del plagiador...

-¿Ni siquiera en su libro, que tiene mucho de broma?
-Por supuesto... Porque el morbo de descubrir el origen de los relatos que figuran en el libro acentúa su interés...


Robo de ideas literarias

-¿Son estos tiempos especialmente propicios para esos plagios? ¿Quizá internet, por ejemplo, favorece esa impunidad de la que se aprovechan muchos plagiadores?
-Sí, aunque en realidad el robo de ideas literarias ajenas es una constante en la historia de la cultura universal. Piense en Shakespeare, que saqueó muchos relatos italianos mediocres hasta construir piezas únicas... Todos hemos robado (y nos han robado) ideas. Y quien esté libre de pecado... que tire el primer libro... Y espere la demanda...

-Sí, pero ¿le parece que vivimos una época especialmente propicia para este tipo de imposturas?
-Desde luego, porque la circulación de ideas nunca ha sido tan libre e inmediata como ahora, y en la red se puede conocer casi al minuto lo que hace gente, tal vez muy poco conocida a nivel mundial, pero de inmenso talento.

-¿El plagio puede convertirse incluso en parte de una campaña de promoción?
-Sin duda, porque el lector pone de su parte para el éxito de ese tipo de libros. Recuerde, por ejemplo, lo de aquella novela de Ana Rosa Quintana: la retiraron oficialmente, pero en muchos grandes almacenes seguían vendiéndola bajo cuerda hasta convertirla en un bestseller. El escándalo siempre ayuda.

- Sea sincera, ¿jamás ha sentido la tentación de hacer suyo algo que le hubiera gustado haber escrito?
-¿Jamás? Cada día... Cada vez que leo a un verdadero maestro deseo copiarle. Si se piensa bien, no hemos hecho otra cosa en siglos que plagiar, porque no hay argumentoS originales, ni verdaderas historias... Sólo podemos aportar nuestro punto de vista, nuestro estilo.

- De verdad, de los últimos casos ¿ninguno le ha molestado, o le ha hecho sonreir (Etxebarría, Luis Alberto de Cuenca, Racionero...)?
-La verdad es que no... Si le soy sincera todos esos casos supuestamente escándalosos apenas me llaman la atención, aunque a veces me hayan hecho descubrir a un autor plagiado desconocido de verdadero talento.

-Se retrata como “lectora impía” y de conciencia moral literaria “laxa”, pero,¿realmente le gustaría reconocerse en un relato ajeno?
-Claro, me encantaría ser plagiada, a pesar del ataque incial de rabia que pudiera sufrir al descubrirlo... Sí, ojalá me plagiaran... ¿Por qué no lo harán?

-En su libro sólo tres de los supuestos autores plagiados tienen nombre y apellido: Giménez Bartlett, Cristina Fernández Cubas y Flavia Company. ¿Por qué razón?
-Porque son estupendas: es una suerte de homenaje a tres escritoras fantásticas que también son amigas y que, si hubiesen nacido en otro lugar del mundo, hoy serían veneradas internacionalmente.

-Parece sincera, pero ¿cómo es tan mentirosa que no dice la verdad ni en el título del libro?
-Porque es parte del juego literario que propongo al lector. Lo que intento demostrar es que nuestra supuesta originalidad es apenas un espejismo de nuestra ignorancia, y que el autor es hoy, más que nunca un usurpador.

-Bromas aparte, ¿no cree que el humor tiene demasiada mala prensa en España?
-Me temo que sí, aunque en el resto del mundo los autores con sentido del humor, como Wilde o David Lodge, acaben siendo los más respetados. Quizá es que creemos que lo solemne oculta nuestras carencias.

Articulo :
http://www.elcultural.es 06/03/2009