jeudi 5 mars 2009

Patricio JARA/Más allá de lo exótico

Hari Kunzru
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Literatura Nuevos caminos de los autores de raíces indias:
Más allá de lo exótico
Por Patricio Jara

Al cumplirse ayer 20 años de que el ayatolá Jomeini condenara a muerte al escritor Salman Rushdie por la publicación de su novela "Los versos satánicos", los nuevos autores de ascendencia india, respaldados por importantes premios, comienzan a superar los temas y paisajes que los pusieron en el mapa internacional.

En un país con 1.147 millones de habitantes, las proporciones se pierden y toda cuantificación es estéril. Más aún cuando se trata de literatura. Con tal cantidad de gente, que el gobierno indio invierta más de medio millón de dólares en traducir 50 títulos de autores locales al inglés, francés, alemán y español; que lleve una delegación de 60 escritores y casi 200 editores a la Feria del Libro de Frankfurt; que el festival literario de la ciudad de Jaipur sea uno de los más grandes jamás realizados, siempre será poco ante tal cantidad de población. De modo que no hay otra manera de aproximarse a la literatura india que distinguiendo individualidades, partes que probablemente nunca hablen por el todo, pero al menos dan ciertas luces.

Si a fines de los 90 las editoriales inglesas y norteamericanas comenzaron a fijar su atención en jóvenes autores de raíces indias quienes, desde la novela, traían en sus historias a un mundo desconocido, exótico y marcadamente enfocado en los clanes familiares, hoy muchos de ellos parecen haber mudado la piel y se consolidan con una literatura desmarcada de los apellidos y anclándose, lejos de la ensoñación inicial, en la realidad; un universo lejano, pero sin condimentos; una India occidentalizada que muchas veces funciona como espejo de Sudamérica.

Uno de los primeros referentes de la figuración global de la literatura angloindia se produce a inicios de los 80 con la novela Hijos de la medianoche, de Salman Rushdie (Bombay, 1947), la cual no sólo por alcance político se transformó en una suerte de paradigma para los años siguientes (un niño con misteriosos dotes paranormales nace en la víspera de la independencia de la nación), también porque su autor había sido criado y formado académicamente en Inglaterra.

Pese a que esta obra es una de las cien mejores novelas del siglo 20 según la revista Time, sería por otro hecho que el autor logró notoriedad: la condena a muerte del ayatolá Jomeini por ofensas al Islam con su novela Los versos satánicos. Para entonces Rushdie ya había cimentado un prestigio literario del que goza hasta hoy, cuando se han cumplido 20 años de la fatwa decretada por el líder iraní y a la que el novelista, harto de ser visto como un símbolo de persecución, ya dejó de temer.

"El éxito de los Hijos de la medianoche propició la difusión internacional de la literatura angloindia, de la que llegó a afirmarse, quizá exageradamente, que era el fenómeno literario más interesante desde el 'boom' latinoamericano", explica Jorge Herralde, editor de Anagrama, quien publicó en español el segundo gran hito de los últimos años: El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy. La novela, que cuenta la historia de tres generaciones familiares, recibió el premio Booker de Inglaterra y se tradujo a más de 30 idiomas. En España fue el libro de ficción más vendido de 1998 y en Chile estuvo varias semanas encabezando el ranking. El patrón parecía ser el mismo de la generación de García Márquez: contar maravillosas historias fundacionales. Ahora sólo había que juntarlos y, aunque se oponen, entenderlos como generación.

Dejando a un lado a V. S. Naipaul, Nobel de Literatura 2001, de origen indio, pero nacido en Trinidad y Tobago, además de criado en Inglaterra, el interés de la industria por multiplicar el fenómeno Roy fue instantáneo y los agentes se lanzaron en busca de nuevos autores, varios de los cuales no estaban en India, sino en Inglaterra o Estados Unidos y ya habían publicado en revistas como Granta, The New Yorker y en diversas antologías. Nacidos en la propia India y emigrados a temprana edad, muchos de ellos se especializaron en literatura creativa, como Kiran Desai, quien a los 35 años se transformó en la mujer más joven en ganar el Booker con El legado de la pérdida (Salamandra). Además, el impulso de la industria hizo posible descubrir narradoras londinenses con orígenes en la limítrofe Bangladesh, como Jhumpa Lahiri (1967), ganadora del Pulitzer 2000 con la colección de relatos Intérprete de ilusiones (Planeta). Criada en Estados Unidos, su novela El buen nombre (Emecé) confirmó, según el periódico mexicano La Jornada, "el talento de la autora para establecer, a través de la visión cultural y emocional, una comparación constante con la cultura estadounidense, tan distinta y ajena a la bengalí pero a la que van adaptándose lenta e inevitablemente".

Monica Ali (1967), de padre inglés y madre india, es autora de Siete mares, trece ríos (Emecé) y Azul Alentejo (Alfaguara), novelas que destacan por su cariz más intimista para abordar las relaciones familiares, aunque en contextos similares a los de sus colegas. "Creo que todo el mundo puede leer mi novela, desde una persona mayor hasta un niño", dijo la autora en un encuentro con sus lectores en España. "Porque trata de temas interculturales. En este sentido, no creo que tenga un público en especial sino que el propio texto tiene cierta vocación universal, no va dirigido a nadie en concreto".

Otras teclas

Por más que muchas de estas novelas "étnicas" de autores debutantes fueran contratadas por sobre los 150 mil dólares (una cifra más que respetable en los 90), pocos de ellos estuvieron dispuestos a repetir, en una segunda entrega, el exotismo de tramas o escenarios que tanto interés habían despertado en Europa.

En el caso de Arundhati Roy (Kerala, 1961), en sus siguientes libros cambió de tecla y se empeñó en la escritura de ensayos políticos y reportajes de denuncia frontal, como El fin de la imaginación, que aborda la obsesión de su país por el armamento nuclear y El álgebra de la justicia divina, sobre las implicancias del atentado al World Trade Center en su país y el resto del vecindario. "Hoy en día, y mientras algunos de nosotros lo contemplamos con auténtico horror, el Gobierno de la India anda meneando furiosa e insinuantemente sus caderas y rogando a los Estados Unidos que instalen allí sus bases, en lugar de hacerlo en Pakistán".

Allí está, también, el caso de Vikram Seth (Calcuta, 1952), quien luego de retratar, en 1.350 páginas, la conformación de las parejas y los matrimonios indios en su novela Un buen partido ("es posible que nos hallemos ante una de las mayores obras narrativas de la segunda parte del siglo XX", según el diario español El Mundo), dio un giro radical con Una música constante, que cuenta la historia de amor una pareja de músicos europeos situada en Londres, Venecia y Viena. "Esta es mi primera novela europea. Me siento indio y soy escritor; por tanto, soy un escritor indio, pero no por ello necesariamente tengo que escribir siempre sobre India".

El editor Jorge Herralde destaca el éxito que han tenido estos autores, para quien Seth y Arundhati Roy, además de Rushdie, podrían formar "el podio de honor". Además, entre otros escritores angloindios, en 2007 publicó la primera novela de Vikas Swarup (1963), ¿Quiere ser millonario? (Anagrama). Situada en Bombay, cuenta la historia de un chico marginal que participa en un concurso televisivo y fue llevada al cine por Danny Boyle con el título Slumdog Millionaire. Hoy, la novela este diplomático nacido en Allahabad se perfila como favorita para la próxima versión de los premios Oscar, con 10 nominaciones. Tras el éxito de ¿Quiere ser millonario?, Swarup publicó a mediados del año pasado Six Suspects, novela aún no disponible en español.

Los actuales escritores indios se mueven sin complejos entre los escenarios locales y europeos; han obtenido premios y notoriedad en Francia, Alemania y Escandinavia. Aunque naturalmente son reacios a hablar de generación, muchos coinciden en que a la hora de hablar de su país más lo hacen situados en la realidad urbana que desde el exotismo desatado. Así lo cree Anita Nair, de quien recientemente Alfaguara publicó su cuarto libro, El sátiro del metro, una colección de cuentos urbanos. La autora, como varios de sus colegas, proviene del mundo de las comunicaciones y conoce el curso de las aguas.

"El periodismo ha sido una gran influencia", dice la autora a Revista de Libros. "La investigación de los temas es probablemente un influjo de periodismo. También me inclino a editar como escribo, que es un resultado de mi experiencia en publicidad. Sin embargo, la más profunda influencia ha sido en el entendimiento de la condición humana y de querer ir más allá de la superficie".

El apoyo de la industria y de la prensa no han sido los únicos dentro del auge de la literatura india de la última década. A fines de 2005 el editor de un semanario de Nueva Delhi, sin mostrarse especialmente extrañado por esta expansión, aseveró que ésta es "un reflejo del creciente poder económico de India; la cultura va de la mano con este florecimiento". Pese a lo controversial de la frase, el tiempo terminó dándole la razón: al año siguiente India era el país invitado a Frankfurt y el estado apoyó, como se ha dicho, con traducciones y viajes masivos.

Por sobre el apadrinamiento, sin embargo, el gran empeño de la literatura india de hoy es poner en Occidente una polaroid de aquel mundo lejos del imaginario turístico del Taj Mahal. No extraña, entonces, que Aravind Adiga (Madrás, 1974), reciente ganador del Booker por su novela Tigre Blanco, tampoco dude en ir al frente en temas espinudos cada vez que tenga la opción. "Aunque gran parte de la India siempre ha sido pobre, antes había muy poca delincuencia. Pero hoy la tentación de una persona pobre es mayor: ves los centros comerciales, la publicidad por todas partes; ves que tus vecinos la pasan mejor que tú. Eso te conduce a la frustración y la frustración a la ira".

Hace tiempo que los indios perdieron el miedo; y que el resto del mundo se dé por enterado.

Tigre Blanco - Aravind Adiga
Traducción de Santiago del Rey, Editorial Roca Barcelona. 297 páginas. $14.000.
NOVELA

El final - de la imaginación - Arundhati Roy
Traducción de Francesc Roca, Editorial Anagrama. Barcelona - 64 páginas - $6.000
ENSAYO


Londres de 68

Calificado como uno de los novelistas más originales de la actual camada, Hari Kunzru (Londres, 1969) logró notoriedad por sus novelas El transformista y Leila.exe, cuyos protagonistas eran de origen indio. Pero con Mis revoluciones (Alfaguara), su nueva entrega, da la prueba más palpable del ímpetu por universalizar tanto las temáticas como los escenarios de sus ficciones.

"Quería escribir un libro sobre alguien que está insatisfecho con el mundo, que protesta, que opone algún tipo de resistencia y que recorre el camino hacia la confrontación total con el Estado", ha dicho el autor, quien por estos días se encuentra recorriendo India en gira promocional.

Esta vez Hari Kunzru se mete en la piel de Michel Frame (alguna vez llamado Chris Carver) un antiguo activista de izquierda inglés quien, al cumplir cincuenta años, repasa la revuelta de Grosvenor Square en 1968; alguien que cree que "la legalidad no es más que el nombre de todo aquello que no resulta peligroso para el orden establecido" y trata de sobrellevar su derrota.

Kunzru, dejando atrás el color local de sus trabajos anteriores, ha escrito una novela sobre la formación de un revolucionario, del difícil camino de ser consecuente y, sobre todo, de los avatares de la clase media universal.

Mis revoluciones - Hari Kunzru
Traducción de María Fernández Soto,
Editorial Alfaguara, Madrid, 2008, 349 páginas, $14.900
Mis revoluciones


Articulo:
http://diario.elmercurio.com 15/02/2009