dimanche 15 mars 2009

Patricio TAPIA/ Los libros no escritos de George STEINER


Ensayo / La última publicación del autor de "Después de Babel":
Los libros no escritos de George Steiner
Por Patricio Tapia

A punto de cumplir los ochenta años, el célebre e influyente crítico cultural entrega un libro que reúne algunos de los libros que no ha querido o podido escribir.

Leemos en el libro de Marcel Bénabou "Por qué no escribí ninguno de mis libros" (1986), el que en parte era una respuesta casi cincuenta años posterior al "Cómo escribí algunos de mis libros" de su admirado Raymond Roussel: "Escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir". El polimático y polígrafo George Steiner, sin mencionar a ninguno de los dos autores anteriores (cosa rara en él, que suele citar sin continencia), actualiza la afirmación de Bénabou en su último libro: "Los libros que nunca he escrito".

Si bien el nombre de Steiner estuvo en un primer momento vinculado a sus ensayos y libros sobre literatura comparada y estudios sobre traducción (disciplina que según algunos, sobre todo él mismo, contribuyó a crear), poco a poco se ha ido ampliando a las más variadas áreas del conocimiento, desafiando toda especialización, volviéndose una suerte de "maestro del pensamiento", con movimientos reconocibles (exhibición ostentosa de saberes, dejar caer guías telefónicas de nombres al menor pretexto, ocasionales descuidos). Entre sus paradojas -es un defensor del silencio que no para de dar conferencias y escribir- no es menor la de su estilo, pues, aunque se ha burlado de las oscuridades del postestructuralismo y la deconstrucción, su propia manera de escribir no siempre es mucho más clara. De esta suerte, las opiniones están divididas: así como hay quienes lo consideran el último de los grandes sabios, hay otros que lo tienen por un farsante de lenguaje pomposo. Es probable que ambos bandos tengan en parte razón.

En la representación, que lleva haciendo por años, del hombre más culto del mundo, "Los libros que nunca he escrito" corresponde a la reunión de las escenas descartadas, aquellas que no quiso o no pudo desarrollar. Delinea siete libros sobre los más variados temas que no son sino escritos fantasmas. Un libro no escrito, dice Steiner, es algo más que un vacío. "Acompaña a la obra que uno ha hecho como una sombra irónica y triste". Algunos de los asuntos siempre presentes en sus libros escritos (el lenguaje, la traducción, el ser judío, los efectos del Holocausto) lo están también en estos no escritos.

Cada capítulo corresponde a uno de esos libros. Comienza con uno excelente y preciso sobre el bioquímico y sinólogo Joseph Needham, el editor del monumental proyecto en 30 volúmenes, "Ciencia y civilización en China", iniciado en 1937 y que quedó inconcluso con su muerte, en 1995: su propósito era explorar las razones de por qué China fue superada por Occidente en la ciencia y la tecnología a pesar de su anticipado y superior desarrollo inicial. Steiner se detiene en la figura de Needham y su utopismo, tanto político como científico, que finalmente, según Steiner, transformó tal proyecto en una suerte de obra de ficción: "Es una variedad barroca, un híbrido de erudición detallada, sabiduría arcana, citas eruditas y fantasía casi anárquica".

Luego escribe sobre Cecco d'Ascoli, un matemático, filósofo y astrólogo del siglo XIV, que envidió la supremacía artística de Dante y que fue finalmente quemado en la hoguera por herejía (entre otras cosas hizo un horóscopo de Cristo), en 1327. Pero basado en este personaje Steiner se embarca en una exploración de la envidia y su poder destructivo, así como de las rivalidades profesionales en su propia vida, incluida la relación con los alumnos. Steiner ha estado cerca de grandes hombres ("Dos veces he oído que llamaban por teléfono desde Estocolmo en el despacho de al lado"), aunque se reconoce sólo como un profesor, un intérprete, sin genio creativo.

En el tercer capítulo explora las relaciones entre eros y lenguaje. Alardea: "He tenido el privilegio de expresar y hacer el amor en cuatro idiomas". Y refiere sus experiencias personales, señalando a sus amantes con iniciales. Ahí está S., quien al desnudarse tarareaba canciones infantiles; A.-M. era una virtuosa en insinuaciones y abreviaturas florales, una francesa le enseñó las "ceremonias de la sintaxis" y Ch., al aproximarse al clímax, gritaba en sordina "Sankt Nepomuceno el Menor" (probablemnete sólo una amante de Steiner haría semejante manifestación de placer) .

Posteriormente retoma su defensa del "diasporismo" judío en respuesta al nacionalismo de Israel y, en otro capítulo, su preocupación por la educación: se muestra particularmente irascible al abordar las prácticas educativas en el mundo actual y propone un programa fundamental de estudios en matemáticas, música, arquitectura y ciencias de la vida. Posteriormente hay un capítulo sobre amor entre humanos y animales, donde llega a la relación de él y su familia con sus sucesivos cuatro perros, el último de los cuales se llama Ben y que parece ser tan elitista como su amo: gruñe con "El Bolero" de Ravel, pero se tranquiliza con Haydn.

El capítulo final es sobre sus (o más bien falta de) convicciones políticas, hasta alcanzar cuestiones de teología y teodicea. En algún momento declara: "Mis ideas políticas son las de la privacidad y la obsesión intelectual" y manifiesta una repugnancia vehemente hacia las restricciones a la privacidad en la vida moderna: "ya se trate de las calculadas indiscreciones del psicoanálisis, de las impertinentes indagaciones de la burocracia, de la exhibición de intimidades corporales en los medios de comunicación de masas, de las revelaciones íntimas en la literatura o en las relaciones sociales". Claro que cuesta conciliar su odio a la exposición íntima, considerando sus anteriores confesiones sexuales.

El relato de sus derrotas -interrumpido con chispazos de autocelebración o sólo celebración (cita a Umberto Eco, concediendo que Steiner puede ser el único estudioso que da conferencias, enseña y publica en cuatro lenguas)- no es exactamente humilde: sus confesiones de fracaso se parecen bastante a la vanagloria. Al referir la envidia en la relación entre profesor y discípulo, señala: "En mis cincuenta años de enseñanza he tenido cuatro discípulos, tres hombres y una mujer, más capaces, más originales, más abiertos a la crisis y a la modernidad que yo". Y en algún momento declara que con su libro de erotismo y lenguaje podría haber hecho una contribución, incluso pionera, al tema de la lingüística sexual.


Vida y obra

Nacido en París, en abril de 1929, hijo de padres judíos vieneses, George Steiner estudió en las universidades de Chicago, Harvard y Oxford. Trabajó en The Economist y fue parte del Institute for Advanced Study en Princeton. Uno de los miembros fundadores del Churchill College, en la Universidad de Cambridge, del cual fue elegido Fellow extraordinario en 1969. En 1974 aceptó el puesto de profesor en la Universidad de Ginebra, que mantuvo hasta 1994. Luego ha sido profesor en Oxford y Harvard. Entre sus últimas publicaciones: "Lecciones de los maestros", "Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento" y "Los logócratas", todos ellos publicados por FCE/Siruela.

George Steiner - Los libros que nunca he escrito
Traducción de María Condor, Editorial FCE /Siruela, México, 2008, 238 páginas.


Articulo:
http://diario.elmercurio.com 08/03/2009