samedi 28 mars 2009

Pedro PABLO GUERRERO/Anthony BURGESS: La extraña muerte de Christopher Marlowe


Novela "Un hombre muerto en Deptford"
La extraña muerte de Christopher Marlowe
Por Pedro PABLO GUERRERO

Anthony Burgess publicó una novela sobre el dramaturgo inglés asesinado en 1593, en sospechosas circunstancias. Autor de la primera versión moderna del "Fausto", Marlowe estudió teología en Cambridge y se hizo espía de la Corona.

Un hombre muerto en Deptford fue la última novela que publicó en vida el autor de La naranja mecánica. El libro apareció en 1993, cuando se conmemoraban cuatro siglos del asesinato de su protagonista, el dramaturgo inglés Christopher Marlowe, apuñalado antes de cumplir los 30 años en el muelle de Deptford, junto al Támesis.

El origen de la novela se remonta a 1940, meses antes de la Batalla de Inglaterra. Burgess intentaba terminar su tesis mientras la aviación alemana bombardeaba Manchester. "Allí estaba yo sentado, al final de la noche, mecanografiando mi tesis universitaria sobre Christopher Marlowe, tras haber obtenido una prórroga en el plazo de incorporación al Ejército Británico. Las visiones del infierno de Dr. Faustus no parecían entonces excesivamente desplazadas", anotaría el autor. "Decidí que un día escribiría una novela sobre Marlowe".

Antes de hacerlo, Burgess sirvió veinte años en el Ejército, desde 1940 a 1960. Por su formación académica fue destinado a tareas educativas de las tropas, pero su facilidad para los idiomas -dominaba más de cinco- también lo hizo apto en labores de inteligencia, redactando informes sobre ciudadanos franceses y holandeses refugiados en Gibraltar.

Mientras permanecía destinado en esa posesión británica, su esposa, embarazada, fue víctima de un ataque en Londres. Cuatro militares norteamericanos le ocasionaron un aborto y le quebraron un dedo. El episodio aparece transfigurado en uno de los episodios más brutales de La naranja mecánica.

Finalizada la guerra, Burgess ingresó al Servicio Colonial Británico, enseñando en escuelas e institutos de Malasia y Brunéi, antes de ser dado de baja por un diagnóstico médico que lo desahuciaba en el plazo de un año. La experiencia como funcionario colonial quedó recogida en su "Trilogía malaya", extraordinaria serie de novelas que sobresale dentro de su extensa producción literaria, compuesta por más de 50 libros, entre obras de ficción, crónicas y ensayos.

Se podría decir que Un hombre muerto en Deptford le debe mucho a la pericia de Burgess como biógrafo. Su libro dedicado a la vida de Hemingway es un modelo del género y el que escribió sobre Shakespeare fue calificado por el exigente crítico inglés Terry Eagleton como "una biografía brillante, aguda y muy divertida". Aquí también el trabajo de fuentes para recrear la borrosa figura de Marlowe es exhaustivo, sin resultar nunca abrumador.

Las interpretaciones que Burgess hace de la documentación disponible son convincentes y apegadas, en la medida de lo posible, a datos históricos verificables, evitando especulaciones tan audaces como la llamada "Teoría Marlowe" que le atribuye haber escrito la mayor parte de las obras de Shakespeare, quien aparece en esta novela sólo como un personaje secundario.

En un ejercicio clásico de distanciamiento, el novelista inglés cuenta la vida de Marlowe por boca de un actor de comedias que trabajó con él. Kit (así lo llama este narrador, jugando con el diminutivo de Christopher y sus connotaciones gatunas) es hijo de un zapatero y estudia teología en el Corpus Christi College, de la Universidad de Cambridge. La esperanza de sus padres es verlo convertido en clérigo de la Iglesia de Inglaterra, pero él -decidido a ser escritor- no está de acuerdo con esta vía para escapar de la miseria. Un desconocido le ofrece otra mucho más rápida: hacerse espía de la Corona. Es sabido que Isabel I tiene enemigos dentro y fuera del país y necesita descubrir los planes que buscan destronarla. Cuando resulta imposible encontrar las pruebas de estas intrigas... bueno, ya se sabe, no queda otra que fabricarlas.

Reclutado en maquiavélicas conspiraciones, Marlowe compartirá, no sin remordimientos, la responsabilidad de enviar a hombres y mujeres, incluso a María Estuardo, reina de Escocia, a las cámaras de tortura y al patíbulo, en ejecuciones públicas descritas por Burgess con la minuciosidad -y el estómago- de un anatomista. No queda más remedio. La reina virgen, protectora de la fe, debe mantener Inglaterra a salvo de la barbarie española y de la intolerancia religiosa de Roma.

Cuando no está de servicio -actividad que detesta- el descreído Marlowe frecuenta el círculo de eruditos y alquimistas, cuasi librepensadores, que rodea a sir Walter Raleigh, rival del conde de Essex, fundador de Virginia e introductor del tabaco en Inglaterra, vicio al que el autor de Doctor Faustus y Tamerlán el grande se hace tan adicto como a los mancebos. Aunque a estos últimos Kit los suele conocer en la farándula londinense: actores, dramaturgos, mecenas y empresarios que regentan con igual soltura teatros y burdeles.

Un mundo de pícaros y rufianes en el que campean el ingenio, los juegos de palabras y el doble sentido. Admirable resulta en este aspecto la habilidad de Ramón García para traducir al español los complejos retruécanos de la Inglaterra isabelina. Un mundo violento, conspirativo, en el que conviven atavismos groseros junto a los más novedosos refinamientos. Una sociedad en permanente ebullición, con un sistema político aún no del todo estable, resguardado por una alianza de hierro entre la Iglesia Anglicana y la Corona, donde la razón de Estado todavía se antepone al estado de la razón, y en la que artistas como Marlowe resultan incómodos una vez que llegan a saber demasiado.

En el relato de su sacrificio, Burgess evoca la Pasión de Cristo, lo que no le resulta difícil a un escritor que fue uno de los guionistas de la miniserie "Jesús de Nazaret", de Franco Zeffirelli.

Se podría reprochar que Marlowe, en la novela, tiene una visión de mundo anacrónica: la de un moderno. ¿Pero quién dice que no fue uno de los primeros modernos? El propio Burgess escribió: "La virtud de una novela histórica es también su vicio: la rotunda afirmación de la posibilidad como hecho".

Un hombre muerto en Deptford - Anthony Burgess - Alfaguara, Madrid, 2008, 361 páginas, $28.000. NOVELA

Articulo :
http://diario.elmercurio.com 15/03/2009