
El continente de las palabras
Por Camilo Marks
Una poética activa, subtitulada "Poesía estadounidense del siglo XX", de Kevin Power, libro publicado en 1970, sigue siendo un texto de referencia esencial sobre una de las tradiciones líricas más contundentes y significativas de la época contemporánea.
Por Camilo Marks
Una poética activa, subtitulada "Poesía estadounidense del siglo XX", de Kevin Power, libro publicado en 1970, sigue siendo un texto de referencia esencial sobre una de las tradiciones líricas más contundentes y significativas de la época contemporánea.
Power entiende por "poética activa" la que es útil, "una presencia nueva en el remolino de la vida", una energía que respeta la integridad de las cosas, una aventura por la voluntad de cambiar o la "actitud de lástima por una cultura burguesa cuya muerte es ahora inevitable". Los 15 ensayos que presentan, analizan, celebran sin restricciones y ejemplifican con versos a igual número de autores muestran a artistas para quienes "el poema, como el hombre, es un llegar a ser; es el suceso de su presencia en el mundo". La tercera edición, recién traducida por un equipo de especialistas en Chile -lo que podría haber sido un inconveniente en cuanto a la coherencia, pero logra, al contrario, una extraña unidad-, contiene tres capítulos adicionales: "Language poetry", que representa el último movimiento, el cual es continuación de la vertiente anterior, así como estudios dedicados a W. S. Merwin y John Ashbery.
Tenemos, pues, un volumen de consulta indispensable para los interesados en el género literario más antiguo y más actual del mundo, sin que esto se exprese en disquisiciones para iniciados: Power escribe muy bien, es claro y huye del vocabulario o la terminología abstrusos, tan de moda hoy en día. En dicho aspecto, hace honor a la elegancia, la prosa culta, la pasión por comunicar el real sentido de lo que se lee, que es patrimonio de la mejor crítica en lengua inglesa.
Ezra Pound y William Carlos Williams son las figuras tutelares de Una poética activa (Ediciones UDP, $15.000). Power no rehúye la polémica en torno a Pound, recluido en un establecimiento psiquiátrico tras la Segunda Guerra por haber apoyado con fervor el fascismo, tomando a la ligera ese hecho cuando nos informa que fue el único que recibió el premio Bollingen estando oficialmente "loco". Hoy por hoy el estatus de Pound divide más que hace cinco décadas: mientras cierto sector lo considera un energúmeno charlatán, otros ven en su corpus, sobre todo en los Cantos, la cima de la versificación moderna. Power se detiene en su gigantesco trabajo como divulgador, en verdad empresario de la literatura vanguardista, que cambió nuestras percepciones acerca de ella y es incondicional, cómo no, de los fanáticos por los títulos de Pound. En cuanto a Williams, ignorado en los Estados Unidos hasta por lo menos la segunda mitad de los 60, Power es enfático: gracias a Robert Duncan y Robert Creeley, Williams emerge como un gran innovador en los componentes silábicos y el creciente interés por la música y la sintaxis.
Fuera de Pound y Williams Una poética... incluye algunos nombres muy populares -Allen Ginsberg es el caso paradigmático- y otros menos conocidos, aunque en el presente consagrados en su patria y en el exterior: Frank O'Hara, Gary Snyder, Charles Olson. Llama poderosamente la atención que, aparte de alusiones pasajeras, Power omita a escritores que hace mucho tiempo y con mayor razón en estos momentos se sitúan en el pináculo de la poesía norteamericana de la centuria pasada: Wallace Stevens, Elizabeth Bishop, Sylvia Plath, Hart Crane, Lawrence Ferlinghetti y varios más. La explicación debemos encontrarla en la cercanía, acompañada del seguimiento personal, constante, apasionado de quienes incorpora a Una poética...
Power pertenece a la generación que creyó en la posibilidad de cambios sustanciales en la sociedad, la que tomó parte en las revueltas estudiantiles, la que abogó por las revoluciones en el Tercer Mundo, en fin, ese conjunto de personas de izquierda marxista o liberal que estaban seguras de que un orden de justicia y equidad se iba a imponer en la Tierra. La evolución de la historia los arrinconó con ferocidad y la actual crisis los ha despojado, en parte, del velo de escarnio y estigmatización que los cubría. De este modo, las apreciaciones políticas deslizadas en conjunto con opiniones acerca del poder verbal, ya no parecen tan ingenuas.
Una poética... constituye uno de los escasos lujos que nos podemos permitir: el conocimiento de una de las literaturas más ricas, provenientes del país más rico del orbe. Así, la nación que ha producido desastres sin precedentes, también ha logrado ser algo que trascenderá aquello: el continente de las palabras.
Articulo:
http://diario.elmercurio.com 12/04/2009
Tenemos, pues, un volumen de consulta indispensable para los interesados en el género literario más antiguo y más actual del mundo, sin que esto se exprese en disquisiciones para iniciados: Power escribe muy bien, es claro y huye del vocabulario o la terminología abstrusos, tan de moda hoy en día. En dicho aspecto, hace honor a la elegancia, la prosa culta, la pasión por comunicar el real sentido de lo que se lee, que es patrimonio de la mejor crítica en lengua inglesa.
Ezra Pound y William Carlos Williams son las figuras tutelares de Una poética activa (Ediciones UDP, $15.000). Power no rehúye la polémica en torno a Pound, recluido en un establecimiento psiquiátrico tras la Segunda Guerra por haber apoyado con fervor el fascismo, tomando a la ligera ese hecho cuando nos informa que fue el único que recibió el premio Bollingen estando oficialmente "loco". Hoy por hoy el estatus de Pound divide más que hace cinco décadas: mientras cierto sector lo considera un energúmeno charlatán, otros ven en su corpus, sobre todo en los Cantos, la cima de la versificación moderna. Power se detiene en su gigantesco trabajo como divulgador, en verdad empresario de la literatura vanguardista, que cambió nuestras percepciones acerca de ella y es incondicional, cómo no, de los fanáticos por los títulos de Pound. En cuanto a Williams, ignorado en los Estados Unidos hasta por lo menos la segunda mitad de los 60, Power es enfático: gracias a Robert Duncan y Robert Creeley, Williams emerge como un gran innovador en los componentes silábicos y el creciente interés por la música y la sintaxis.
Fuera de Pound y Williams Una poética... incluye algunos nombres muy populares -Allen Ginsberg es el caso paradigmático- y otros menos conocidos, aunque en el presente consagrados en su patria y en el exterior: Frank O'Hara, Gary Snyder, Charles Olson. Llama poderosamente la atención que, aparte de alusiones pasajeras, Power omita a escritores que hace mucho tiempo y con mayor razón en estos momentos se sitúan en el pináculo de la poesía norteamericana de la centuria pasada: Wallace Stevens, Elizabeth Bishop, Sylvia Plath, Hart Crane, Lawrence Ferlinghetti y varios más. La explicación debemos encontrarla en la cercanía, acompañada del seguimiento personal, constante, apasionado de quienes incorpora a Una poética...
Power pertenece a la generación que creyó en la posibilidad de cambios sustanciales en la sociedad, la que tomó parte en las revueltas estudiantiles, la que abogó por las revoluciones en el Tercer Mundo, en fin, ese conjunto de personas de izquierda marxista o liberal que estaban seguras de que un orden de justicia y equidad se iba a imponer en la Tierra. La evolución de la historia los arrinconó con ferocidad y la actual crisis los ha despojado, en parte, del velo de escarnio y estigmatización que los cubría. De este modo, las apreciaciones políticas deslizadas en conjunto con opiniones acerca del poder verbal, ya no parecen tan ingenuas.
Una poética... constituye uno de los escasos lujos que nos podemos permitir: el conocimiento de una de las literaturas más ricas, provenientes del país más rico del orbe. Así, la nación que ha producido desastres sin precedentes, también ha logrado ser algo que trascenderá aquello: el continente de las palabras.
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