
Con-fabulación nº83
Périodico virtual
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Una estupidez muy popular
Por Iván Beltrán Castillo
Como si se tratara de una nueva, ardorosa comprobación de que “Vivir es perjudicial para la salud”, las cosas constructivas y las actividades ejemplares son precisamente lo que nos está matando, y en la actualidad, todo lo nutrido de arrogancia objetiva, soporta la carga viral de la violencia. Una sobredosis de “muscularidad” irracional y minuciosamente retrógrada, en el sentido de que, a más de paralizarnos nos devuelve a épocas regidas por leyes brutales y mandamientos omniscientes, empieza a revelársenos con fiero cinismo; como si se tratara de una prueba de que toda certeza engendra su contrario, y de que siempre estamos en la tierra indómita de la paradoja, las actividades más gozosas, inocentes, de signo positivo, fútiles, dignas de piadosos grupos familiares y de espíritus blancos, en una palabra las purificadoras del clan, son ni más ni menos los emblemas portadores de la muerte, la parálisis, la ruina y los inconscientes apetitos homicidas que todos llevamos muy adentro, convenientemente encadenados. El optimismo queda nuevamente en entredicho…
El fútbol, tan animosamente promovido por una sociedad que encuentra esplendor en todo lo que enceguezca la memoria, envilezca el alma, encienda furores insensatos y despierte el ánima tribal, se ha convertido en uno de los principales jinetes del apocalipsis post-moderno. Fatuo torneo imbuido de heroísmo caricaturesco, su legendaria función purificadora se desvirtúa cada domingo, y sus noticias han saltado de las páginas deportivas a las judiciales, al igual que las de los antiguos protagonistas de las páginas sociales. Sus enconados defensores –entre los que hay engendros del periodismo convencional, industriales, “traquetos” y novelistas- insisten en defenderlo, negando que, posiblemente, hay en su discurso, o en la utilización mercantil que de él han hecho, el germen de una competitividad rahez, una viscosa ansia de gloria, una ampulosa y mediocre ensoñación, y que todos estos elementos conjuntados no son sino espejos sumisos de lo que ocurre en la realidad-real, esa que respira lejos de la cancha y el estadio: entonces, pensar que la savia contenida en el ritual del balompié no tiene absolutamente nada que ver con los escándalos de sus seguidores, sería tan necio como postular que la delincuencia y los grupos sociales estrafalarios a los que conocemos como lumpen, nada tienen que ver con la sociedad de la que provienen.
Antídoto contra la verdadera rebeldía, este mezquino deporte parece confeccionado para ser el gran exorcista de nuestros temores y llagas y frustraciones y dolencias. Su lenguaje es universal en el peor de los sentidos, es decir con la misma universalidad de la brutalidad policiva, el terror sexual post-sida, la rapiña comercial y la voracidad bancaria, idénticos en Londres y la Habana, Tokio y Caracas, París y Bogotá, como ejemplo de que la globalización es ya un hecho dolorosamente comprobado.
Como todo lo que vilmente necesita y fomenta un ganador, el fútbol se ha convertido en el detonante de nuestra mediocridad, y sus coléricos fanáticos, como los ilustres desahuciados del teatro de Beckett, desgastan la vida, obliterados ante una espera inútil, la risible quimera de una compensación triunfal que siempre queda más allá, en un futuro inasible y perpetuamente postergado, como el de los liberales; en otro tiempo donde, según la delirante hipótesis, se nos compensará el haber dilapidado sin rubor nuestro derecho a la esperanza.
Aunque condenables, los miembros de las barras bravas, los exuberantes Hooligans, los pequeños bribones que manchan de sangre las tribunas, los rufianes que lloran y se emborrachan y matan por su escuadra, los pichones de sicópata vestidos de rojo, azul, o verde, deben ser comprendidos en su exacta y triste dimensión, y su hoja de vida hay que entenderla como lo que verdaderamente es: una historia clínica y un retrato antropológico. Estos desadaptados, curiosamente nacidos de un deporte fabricado para adaptar el alma, son las otras víctimas de una alienación vestida de salubridad y de honor patrio. Las tardes de la espera se han hecho amargas, la promesa de que nuestro club o nuestra selección, es decir nuestra barriada o nuestra nación vencerá algún día, empieza a desesperar de la esperanza. ¿No serán estos argumentos los gemelos tenaces de la la promesa incumplida de la misma existencia? ¿No representa el sueño de una victoria justiciera en el deporte lo mismo que el profundo anhelo de un advenimiento del pan sobre las mesas, de una equidad en el trabajo, de una oportunidad que brilla por su ausencia? ¿La promesa del fútbol no es del mismo linaje que la promesa del porvenir? ¿El dolor que produce el “engaño” histórico de la selección Colombia no es el reflejo del dolor producido por la engañifa perpetua de sus gobernantes?
Alguna vez le preguntaron a Borges por qué odiaba el fútbol siendo un deporte tan popular, a lo que el venerable ciego repuso: “El fútbol es muy popular porque la estupidez es muy popular”… y la estupidez se está mostrando ante nosotros en toda su lamentable y rampante proporción.
P.D: Todos los hechos del fútbol se me antojan reprobables y grotescos, pero hay uno que me parece más terrible : el hecho de que bellas mujeres desgasten su hermosura en la fiebre infernal de los estadios.
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“Hacia un periodismo de autor”
Dirigido por Iván Beltrán Castillo
Director de Con-Fabulación. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (1995). Menciones: 1985, 1993 y 1994. Cronista de las revistas Diners, Credencial. Autor de la Antología de la Poesía Colombiana (El Perro y la Rana, Venezuela) y de Cuentistas Bogotanos.
Objetivo: Suministrar las herramientas prácticas para la creación de buenas piezas periodísticas. Los mejores trabajos serán publicados en el semanario Con-Fabulación. Intensidad: (cuatro sesiones de tres horas). Sábados de marzo de 2009. Cupo limitado. Inversión: $ 350.000
MÓDULO 1. (Sábado 11 de abril). ¿Qué es periodismo? Introducción a los géneros y sus características esenciales. Las fronteras que los dividen. Periodismo de autor. Relaciones entre la literatura y la escritura periodística. Entrega de material de estudio.
MÓDULO 2. (Sábado 18 de abril). Una mirada inédita sobre la realidad. Verdad y mentira de la noticia. Imaginación periodística. Del acontecimiento, el personaje o la situación a la escritura. Aproximación a un tema y a un personaje. Percepción, estilo y técnicas de escritura.
MÓDULO 3. (Sábado 25 de abril). Periodismo y rebeldía. El periodista en los tiempos violentos. Conversatorio con periodistas expertos en el tema. Periodismo testimonial.
MÓDULO 4. (Sábado 2 de mayo). Periodismo cultural. Conversatorio con expertos. La prensa no oficial, periódicos virtuales y democracia. Prensa y libertad. Escogencia de las mejores crónicas y columnas elaboradas dentro del taller.
Con la participación de grandes cronistas y columnistas nacionales.
Informes: 255 0478, 346 5677. Celular: 316 7045539 – 3105548558
Bogotá, Colombia
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Homenaje a Edgar Allan Poe
Por Luis Fernando Cuartas
Poe era el Poeta. Una rara y compulsiva relación con la literatura lo unía a la realidad. Él mismo creyó que en los Estados Unidos del siglo XIX, era posible creer en la literatura como una señal de vida, como una profesión de fe y como una garantía de existencia en medio de un industrialismo en ascenso. Más en el caso de Poe, podríamos aplicar esta bella frase de Rilke: “lo bello no es más que el comienzo de lo terrible…”; este hombre huérfano buscó esa condición estética por excelencia, la aspiración a la poesía, la formulación de un código racional de entender el descenso a los infiernos, las claves del “nunca más” de un cuervo.
A ese hombre que confió en su arte, su medio nunca le permitió poder desarrollarlo en condiciones óptimas. Fue un desventurado como sentenció Baudelaire. Poe desheredado de su padrastro, a penas pasó una breve temporada en la Universidad, dedicado a escribir para pequeños periódicos, a deambular por garitos y descubrir las soledades en los licores del alma más que en las botellas. Buscó indagar en la oscuridad mientras bebía sorbos de luz en una extraña relación entre la ciencia y el misticismo, entre la matemática y los ciclos melancólicos.
En un texto donde manifiesta ese profundo respeto por la ciencia, en EUREKA, habla de Kepler y las conjeturas de las leyes y sus movimientos, entonces él se abroga el derecho de hacer postulados para su propia creación, como si fuera un demiurgo inventando su magia personal. “La convicción que surge de esas inducciones o deducciones cuyos procesos son tan oscuros que escapan a nuestra ciencia, eluden nuestra razón o desafían nuestra capacidad de expresión”, no es más que un preludio hechizante de otra realidad, un surrealismo en ciernes o de una búsqueda de imantada condición de lo deslumbrante en medio del fatigoso material de lo cotidiano, para hacer aparecer otros mundos, que siempre estarán en este, como lo diría Pauwels en sus búsquedas con el retorno de los brujos. Esto no es más que un llamado a la imaginación a la exaltada capacidad creativa que busca hacer del pozo oscuro, del gato negro y de la casa desvencijada, un laboratorio de sensaciones, una conversación con la alteridad del mundo.
La realidad que transita Poe no es la ciencia en el sentido exacto, es una fuerza intuitiva, una mirada penetrante sobre el submundo del mundo. Poe es esencialmente un Poeta…Una capacidad de viajar en las pesadillas, como lo haría el pintor Henry Fuseli (1757-1827) donde yeguas, gnomos o pequeños diablos se posan sobre una bella mujer que languidece sobre la atmósfera enrarecida del sopor del sueño.
Poe, restablece en la narrativa un encuentro con el mundo de los excesos, algo no buscado originalmente, la relación de los deseos de lo truculento, de la avidez por lo prohibido, una pulsión que atrae y repulsa entre el sexo y la muerte, entre los licores perfumados de la noche y la búsqueda de racionalizar lo desconocido. El encuentro con la narrativa, su mejor peso literario, se da por una urgente necesidad de establecerse como escritor, por ganar unos dólares, por encontrar un lugar donde escribir sus enormes dimensiones imaginarias.
Con Poe el mundo cotidiano, la prosaica y brutal existencia de oficios diarios, la higienizada materia de nuestras tareas, entra en una corrupción revolucionaria de los sentidos, se altera el orden, se mueve el piso. Es una manera de crear, de proponer nuevas formas de comprender nuestro entorno: una estética de una rara belleza, una sensación pendular, la oscilación de lo que va y lo que viene, la huida y el regreso, pero un péndulo que en la narrativa de Poe, siempre esta pendiendo de un hilo que se desgasta y se tensa, haciendo que todo parezca tan frágil y a la vez tan eternamente débil.
Poe se hermana y se hace cercano a esa literatura que establece un diálogo entre fuerzas contrarias, ciencia y magia, la religiosidad con los ojos abiertos y la duda con la angustia oscura. Desde William Blake, casi antecesor de su noche vigilante, pasando por el Frankenstein de Mary Shelley (1818), y las novelas de Matthew Lewis (El monje), William Beckford y Ann Radcliffe. Los novelistas góticos modernos, como Angela Carter, Patrick McGrath y Toni Morrison son muy apreciados, y el gótico continúa influenciando el cine y la televisión -desde obras clásicas como Nosferatu (1922) hasta Buffy Cazavampiros (1997-2002)- y a artistas visuales como Glenn Brown y los hermanos Chapman.
En literatura su huella también está en su gran mentor y traductor Baudelaire, quién lo dio a conocer en Francia y que lo propuso como un código estético de donde bebieron de sus alcoholes posteriormente muchos grandes escritores. Mallarmé escribe un poema sobre la Tumba de Poe, Valéry hace su Señor Teste, como una geometría donde todos los elementos son postulados de una serie de axiomas resultados de una imaginación ordenadora y fascinante, un señor cerebro que obtura todas las operaciones del espíritu. Pues bien Poe, en su ensayo sobre cómo escribió el poema del Cuervo, habla de esa estructura que une lo espiritual con una matemática de la composición, una idea que integra el yo creador en el componente de su propia creación, algo que llevado al extremo, es la punta de un nihilismo aterrador. Pues bien, Valery hace suya esa estética que Poe insinuaba y trataba de balbucear.
Más que decir de la herencia otorgada desde Los crímenes de la calle Morgue, con la trasformación de la novela negra y la novela policial. Nuestro detective Sherlock Holmes y su elemental Watson, de Arthur Conan Doyle, el padre Brown de Chesterton, para luego pasar al folletín de Ágata Christie y las novelas de Graham Greene, todos ellos heredaros de Dupin, de la noches de lluvia y de las conjeturas sobre el más mínimo detalle.
Julio Verne toca la única novela de Poe, una demencial historia de canibalismos, de sueños y de trampas, donde un aventurero sale a la mar en un buque donde pululan ratas, historias de náufragos, pesadillas y silencios. Estamos hablando de la novela Las aventuras de Gordon Pym y de la continuación que hace Verne con La esfinge de los Hielos, ambos escritores de un autodidactismo científico bastante sorprendente. Más esta rara novela se convierte en tema para los surrealistas, para los viajeros de lo onírico, para los capacitados para fantasear, recordando raros relatos como los de Jeremías N. Reynolds en el Pacífico y en el Polo Sur, o el tema de Coleridge, El canto del viejo marinero. Robert Louis Stevenson retoma estos enigmáticos viajes, H.P. Lovecraft admira este extraño relato que es como un disparo en el ritmo sanguíneo del relato, un torrente que no para, que deja sin aliento y que no deja al lector abandonar fácilmente el texto.
Julio Cortázar hace de Poe una traducción muy bella, y lo pone ante nuestros ojos con su indiscutible talento. Poe deja sus uñas de gato en la piel y en la memoria, Borges tiene bellas páginas sobre este autor, Rubén Darío no deja de llamarlo a su casa mental y lo realza como el láudano perfumado de la literatura, más crítica la forma cruenta como fue vejado y apabullado por la crítica de su propio país, por periodistas envidiosos y por la mala saña que se tira cuando se trata de vilipendiar a un genio.
Honrar su memoria es hacer un encuentro con sus libros, no sólo sobre su literatura y sus obras, es a la vez hacer una invitación para reconocer en otros autores sus influencias y sus marcas. En buena hora saludar a este gato del libro, a este péndulo del tiempo de lo imaginario y tomar del dulce alcohol de sus hechizantes letras. Poe no deja de ser de nuestra estirpe sedienta, un ser que estuvo bajo las señales de la dificultad, un perdedor en vida, un hálito de mala suerte condenando su sombra entre la taberna y las envidias feraces que crecen como semillas sobre sus huesos, después de ser arrojado a la cuneta del olvido.
Más él suele despertar de esas empalizadas, sale de los muros, se muestra entre el polvoriento paso de una calle oscura a una habitación de palpitantes lámparas. Saca su mano, su intensa mano de escribiente, la mano de un ser que creyó profundamente en su tarea, que no se dejó domesticar por nadie, la que se abstuvo de intervenir en politiquerías y en camorras literarias, la que le costó la muerte en una contienda electoral donde a él nunca le importo intervenir y de la cual sus opositores quisieron ridiculizarlo haciéndolo aparecer como un borrachito vulgar.
Poe no dejará de maullar en nuestro oído, de saltarnos las quimeras, de azuzar las pesadillas, de hacernos sentir el peso humanamente humano de su palabra contra el tedio viciado de las rutinas diarias.
*Poeta, ensayista y catedrático colombiano
