samedi 18 avril 2009

Haciendo Almas/Poemas de Frank O CANCIO HERNÁNDEZ




Haciendo Almas sobre Azul@rte:
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Amor en la adolescencia,
en la madurez
y la vejez



En nuestra adolescencia
Por Frank O Cancio Hernández

Te amé con fuego, con ternura y con pasión:
Perdí la conciencia;
pero jamás perdí la ilusión.
Te entregué, el alma, mis besos y caricias,
las rosas de mi huerto y un dulce corazón.

Nuestros cuerpos calientes,
ansiados de ternura.
Sufrían, lloraban, gozaban ardientes,
viviendo esa locura.

¡Cuántas promesas! ¡Cuántas lágrimas!
y ¡Cuántas alegrías!

El día, solo nuestro
Que con gusto compartías.
Y las noches tan inmensas
Como una profecía.

¡Qué amor tan inmenso
y lleno de poesía!

Allá en el firmamento.
Donde la mar es tranquila,
cubramos nuestros cuerpos,
para seguirte diciendo
que por siempre serás mía.


Amor en la madurez
Por Frank O Cancio Hernández

Te quiero mía para siempre.
Con tus virtudes y defectos.

Celo tus labios jugosos;
y tus caricias inmensas.
Celo tus cabellos azabache,
como una noche de tormenta.
Celo tu cuerpo lleno de ternura.
Celo tu alma, tu llanto y tu sonrisa.

Te amo intensamente:
Como el invierno al verano.
Como la noche al día.
Como el mar a sus olas.
Como la rosa al rocío.

Te amo porque supiste brindarme tus primaveras felices.
Te amo porque antes de mujer eres madre;
por tus noches de insomnio y de frío.
En mi lecho de enfermo y de hastío.
Por tus pesares tus nostalgias y tus carencias.
Por tu fe y tu confianza.
Porque siempre fuiste mía.
Por eso y tantas razones:
¡Te sigo queriendo mía!.


En la vejez
Por Frank O Cancio Hernández

Ha pasado el tiempo, y
nuestras almas envejecidas;
nuestros corazones ardientes.
Están aferrándose a la vida.

Todo es nuestro.
Nuestro amor se ha fortalecido;
no existen secretos ni rencores.

El árbol que plantamos;
el libro que hemos leído;
los hijos ya han crecido.
El café a la cama;
y el calor de tu cuerpo con el mío,
en las noches del crudo frío.

Mi visión se apaga.
Nuestros pasos son lentos,
y la memoria me falla.
Nuestro amor eterno ha vencido al tiempo;
a la nostalgia y a la muerte.

Ha pasado el tiempo,
y nuestros corazones,
nuestras almas,
y nuestras vidas:
Se han fundido para siempre
en esta idolatría.
Que dicha amor de tenerte todavía.