dimanche 5 avril 2009

Inventiva Social/A conocer...

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Solo para canosos
Por Elsa
elsahuf@yahoo.com.ar

Te acordas los jironcitos de algodón?
Marchaban con el viento norte.
Son babas del diablo,
decía la abuela.
Colgaban en los altos pinos
inventando cabelleras.
Se escapaban
de toscas manos cosechadoras.
Dejaban sus blancas y mullidas cunas
y partían
a formar bandera con el celeste del cielo norteño.
Perseguían las estelas de vapor
de los trenes
y se topaban, de golpe, en las ciudades
con edificios que intentaban espiar dentro de las
nubes.
Nuestras fantasías infantiles se colgaban
de sus colas
intentando saber donde
posaban.
En cual nido entibiaban
pichones.
En la gruta de qué ogro se
reunían
con las brujas
voladoras.
¿No se habrán quedado a vivir enredados en nuestros
cabellos?


EL CUENTO DE EL LANDSBANKI, EL GLITNIR Y EL KAUPTING...
Islandia en el horno
Por Juan Forn

Una frase famosa de Umberto Eco dice que la estadística es la ciencia según la cual, cuando un hombre come dos pollos y otro no come ninguno, dos hombres comieron un pollo cada uno. Islandia rompe el promedio de la misma manera: hasta octubre del 2008 era, según las Naciones Unidas, el mejor país del mundo para vivir. Hoy, dos de cada tres islandeses quieren emigrar, adonde sea, cuanto antes. Hasta a Gesell llegaron dos islandeses el otro día, a ver cómo se daba acá el tema de la pesca: su idea era ir bajando hasta Comodoro y de ahí cruzar a Chile, a ver cómo se hacen las cosas del lado del Pacífico, pero el espíritu bestia gesellino les calzó como anillo al dedo y se quedaron el tiempo suficiente para contarnos lo que está pasando en su increíble país (además de chuparse hasta el agua de los floreros). Los 300 mil habitantes de Islandia deben hoy cerca de 250 mil millones de euros (es decir, casi un millón de euros por habitante). El Reino Unido, Alemania y Suecia le reclaman un resarcimiento superior al que los Aliados impusieron a Alemania después de la Primera Guerra. La moneda islandesa (el kronur) no vale nada, la gente retiró los ahorros que pudo de los bancos antes de que quebraran, pasó esa plata a yens o euros y la puso bajo el colchón, razón por la cual ahora se anuncia que el índice de delitos, casi negativo en Rejkiavik hasta el año pasado, irá subiendo día a día, a la par de la paranoia colectiva y la inflación. Todo en Islandia echa humo hoy, y no es precisamente a causa de sus fabulosos géiseres sino de la pesca, de los bancos y de los machos, en ese orden, según nos contaron Halldor y Siggor.
Me explico: el gran cambio de Islandia comenzó en los años '70, cuando el gobierno decidió abrirse del modelo escandinavo y tomar la drástica decisión de privatizar su único producto exportable: la pesca. La idea fue asignar a cada pescador una cuota fija anual, basada en su performance histórica y en un cálculo sensato de cuánto bacalao y atún se podía sacar cada temporada sin hipotecar el futuro. El que no quería pescar alquilaba o vendía su cuota. El resultado fue casi instantáneo: de la noche a la mañana, Islandia tuvo sus primeros millonarios -todos pescadores, por supuesto-. Uno tiende a pensar en los islandeses como escandinavos, pero parece que no es muy así: según Halldor y Siggor, los islandeses se caracterizan por su intensidad.
Ejemplo: los pescadores de Islandia creen que sus pares suecos, rusos o japoneses son unos maricas que no se animan a salir al mar a la menor tormentita. El problema es que la temporada de pesca en Islandia está férreamente reglamentada: dura sólo tres meses al año. Y la educación no sólo es gratuita (incluso la universitaria) sino obligatoria. De manera que la juventud islandesa pescaba tres meses y estudiaba nueve. Y no sólo ganaba muy buena plata pescando: cuando se cubrieron los cupos universitarios locales, el Estado empezó a pagar a los jóvenes que iban a estudiar al exterior. O sea que, estudiaran o pescaran, los islandeses ganaban plata todo el año. Y, cuando se pusieron a estudiar, lo hicieron con la misma intensidad con que pescaban (la razón por la que Halldor y Siggor vinieron para acá es porque estudiaron español en el secundario y lo hablan con rotunda, aunque bastante graciosa, naturalidad).

Así llegamos a principios de los años '90 y el auge de la timba financiera global. La muchachada islandesa no fue ajena a la fiebre de los commodities y los bancos de inversión. De a poco, la currícula universitaria de todas las carreras (desde biología hasta ingeniería) empezó a llenarse de seminarios de economía y finanzas, muchos de los jóvenes graduados en el exterior se postulaban para puestos gubernamentales y, en poco tiempo, Islandia era un casino, como dicen los tanos cuando se arma la joda. El islandés promedio tomaba un crédito en yens al 3 por ciento anual, compraba kronurs y las colocaba en un banco islandés al 16 por ciento. Cuando se cansaron de comprar Range-Rovers y contratar a Elton John para sus cumpleaños, los islandeses salieron a comprar acciones de los propios bancos que les prestaban dinero. La banca europea no se la quiso perder y también empezó a invertir en los tres megabancos islandeses (el Landsbanki, el Glitnir y el Kaupting). Incluso se inventó una teoría económica para el caso Islandia: la Economía del Abejorro (nadie podía explicar cómo se mantenía en el aire, pero se mantenía, robusta y movediza) y la Universidad de Rejkiavik anunció que iba a convertirse en un centro mundial de estudios financieros con alumnos de todo el planeta.

Les ahorro el final de la película porque, como argentinos, lo conocemos de sobra. En octubre del año pasado, la burbuja explotó. El Landsbanki, el Glitnir y el Kaupting quebraron sucesivamente. La mitad de Islandia se quedó sin trabajo y la otra mitad sin ahorros. El gobierno garantizó que todos los damnificados cobrarían tres meses de indemnización. A los tres meses cayó el gobierno. Y acá viene la parte más interesante del relato de Halldor y Siggor: en medio del bardo, se dio a conocer en Islandia el trabajo de un equipo de analistas del MIT norteamericano: en un relevamiento de 35 mil particulares que invertían sus ahorros en el mercado financiero, se descubrió que los hombres solteros eran los que tomaban más riesgos y tenían más pérdidas, y que el desempeño más racional, precavido y exitoso era el de las mujeres separadas con hijos.

Los islandeses descubrieron de pronto que sólo había habido una mujer en un puesto de importancia de las altas esferas bancarias (su nombre es Kristin Petursdottir y renunció al Kaupting en el 2005 para crear su propia empresa integrada sólo por mujeres -tanto Halldor como Siggor colocaron los pocos ahorros que les quedaron en manos de ella antes de partir en su viaje de exploración por Sudamérica-) y que toda la cúpula del Partido de la Independencia, que conformaba el gobierno, era exclusivamente masculina (la primera ministra actual, la socialdemócrata Johanna Sigurardottir, que asumió hace dos meses, cuando cayó el gobierno neoliberal, no sólo es mujer y lesbiana sino que también es madre adoptiva de dos hijos). Según Halldor y Siggor, en la nueva Islandia no sólo el futuro es mujer; también el pasado: un grupo de historiadores ha revelado recientemente que los antiguos vikingos islandeses, cuando volvían de sus expediciones de conquista, aceptaban con toda naturalidad como propios los hijos que habían tenido sus esposas con esclavos durante su ausencia (a diferencia de sus pares escandinavos, que pasaban por las armas a toda mujer infiel). Tanto Halldor como Siggor son dos ursos considerables, y la noche en que estuvimos conversando se chuparon varios hectolitros de alcohol, así que ninguno de nosotros se atrevió a preguntarles si habían dejado esposa o novia en Islandia y si ya se estaban mentalizando para adoptar los críos que se encuentren a su regreso. Pero lo sabremos pronto, porque los dos prometieron escribirnos y mantener el contacto.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-122157-2009-03-27.html


El NO de las Ñoñas
por Rolando Revagliatti
revadans@yahoo.com.ar

Desvinculado tanto
de las niñas como de las ñoñas
me recuerdo exaltándome
con el SÍ de las niñas
y absolutamente fascinándome
con el NO de las ñoñas

Del SÍ de las niñas
con brillo dramatizó para su época
y las Academias
mi consagrado compinche Moratín
ya fallecido

Del NO de las ñoñas en la Argentina
de mi remota juventud
me ocupé yo
sin que me deparara más que mi recóndita
y ultrasatisfactoria
consagración

¡Esos NO embarazados
de portentosos "lo quiero ya mismo"
indecibles en primera instancia
y confusionantes!

Proseguiré consagrándome
hasta mi más completa decrepitud
a añorar a las ñoñas.

http://www.revagliatti.net - http://www.youtube.com/rolandorevagliatti

Rolando REVAGLIATTI sobre
Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Rolando+REVAGLIATTI


El regreso del diario de Yrigoyen
Por Héctor D´Amico
LA NACION

Poco importa a estas alturas si la historia existió o es la versión enriquecida de un rumor que, en su momento, echó a rodar la oposición. Al igual que el mito o el arquetipo -Macbeth, Ulises y hasta el rey Lear-, el diario de Yrigoyen encierra verdades que perduran en el tiempo y ayudan a comprender ciertas actitudes humanas. En este caso, vicios que la política insiste en repetir.

El diario nos recuerda lo difícil que resulta para un gobierno en apuros la estrategia de manipular la realidad para mantener el favor de la opinión pública.

La forma en que el kirchnerismo intervino primero y transformó después, en tiempo récord, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en un agujero negro es el resultado de haber cedido a esa tentación. En cuestión de meses, lo que había sido un organismo respetado del Estado, regido por la aplicación objetiva de las estadísticas como una rama de las matemáticas, terminó en una suerte de laboratorio de economía vudú. La comparación de dos escenarios diferentes, separados apenas por 15 meses, muestra la gravedad y el vértigo de lo que ha ocurrido. El primero corresponde a la intervención del organismo, ordenada por Néstor Kirchner en enero de 2007 y llevada a la práctica por gente de la más absoluta confianza del secretario de Comercio, Guillermo Moreno: en ese momento, el índice de inflación del Indec coincidía con el de los principales estudios económicos del país. La segunda imagen, que fue difundida la semana pasada, muestra que la tasa acumulada del Indec entre octubre de 2006 y diciembre de 2008 fue treinta puntos inferior al promedio de las consultoras privadas, aceptado este último como la inflación real de la Argentina.En pocos meses, el Indec de Guillermo Moreno llevó del asombro al escepticismo, y luego a la irritación, a consumidores, comerciantes, productores, inquilinos, tenedores de bonos, empresarios y cientos de miles de familias que a diario comprueban en las góndolas el divorcio cotidiano entre las cifras oficiales y el precio que pagan por los productos. Nunca antes tan pocos funcionarios habían dañado tanto las estadísticas económicas.

Cada caso de manipulación que se hace público siembra más desconcierto. Por ejemplo, la relación entre el costo de vida oficial y el costo de vida real, que durante meses fue de casi tres a uno. O los retoques al índice de precios al consumidor (IPC), que no sólo hacen desaparecer a voluntad a millones de pobres e indigentes de los registros oficiales, sino que, además, desvalorizan el ajuste de los bonos atados al índice del CER, a la vez que valorizan los cupones ligados a la evolución del producto bruto interno (PBI). Debido a la sobrestimación del crecimiento de la economía, la República Argentina pagó el año pasado unos cien millones de dólares más a los cupones atados al producto bruto interno.

Para no abrazarse a los índices tóxicos, la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) dejó de responder a cinco variables fundamentales utilizadas para revelar las expectativas de mercado. Lo hizo al comprobar que esas variables estaban siendo distorsionadas por el efecto Indec.

Esas variables son el índice de precios al consumidor, el estimador mensual de la industria, el estimador mensual de la actividad económica, el PBI y sus componentes, y la tasa de desempleo.

Una de las ironías de dañar el termómetro es que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, al no ofrecer cifras confiables de la economía, termina acercando cada vez más clientes a las consultoras del sector privado. En este panorama de confusión administrada, es entendible que alguien como Víctor Becker, ex director nacional de estadísticas económicas del propio Indec, haya bautizado al actual índice de precios al consumidor como "índice de precios dibujados". Tan entendible como el hecho de que nadie del Gobierno le haya salido al cruce.

La metodología de Moreno, que es la de Néstor Kirchner, no tiene en este momento más apoyo que el empecinamiento y el caudal de poder que todavía conserva el ex presidente. Hasta el oficialismo mira para otro lado cuando sale a la luz el tema, o hace algo incluso más extraño: toma distancia de Moreno y critica en público su actuación como comisario general de precios. Daniel Scioli afirmó ante los micrófonos que los datos del Indec son "hilarantes". Agustín Rossi habló de "la necesidad imperiosa de inyectarles una dosis de credibilidad". Un senador oficialista que mantiene contacto frecuente con la Presidenta habla en voz baja de "mamarracho". La defensa contra viento y marea de la intervención del organismo que hizo en su momento Alberto Fernández, a la luz de lo ocurrido, suena más como un compromiso de lealtad, un cheque en blanco, que como un argumento. "Nos dimos cuenta -explicó en enero de 2007 el jefe de gabinete- de que el Indec no medía la realidad de los consumidores, porque se estaban incluyendo los precios de las rosas ecuatorianas, los viajes de turistas a Miami y a Cancún y el servicio doméstico."

Como ningún gobierno lava la ropa sucia en plena campaña electoral, es difícil pronosticar un cambio de rumbo antes del 28 de junio, día de las elecciones legislativas. Es demasiado tarde y a la vez demasiado temprano para que Moreno -un funcionario que, según Martín Lousteau, "desprecia los últimos doscientos años de la historia de Occidente"- haga otra cosa que la que le ordenaron y en la que, además, cree.

Tres ex funcionarios del Indec y otros dos todavía en actividad, aunque relevados de sus funciones, confirmaron a LA NACION el clima de intolerancia, espionaje y persecución que impera en el organismo. También enumeraron las represalias contra técnicos y funcionarios de carrera por no aceptar los cambios de procedimientos en la medición de la inflación. Ese fue Fue el caso de Graciela Bevacqua, directora del IPC, cuyo alejamiento desató una de las tantas crisis internas que llegaron a los diarios.

También recordaron la verdadera dimensión del problema al precisar que, sin un índice de precios al consumidor confiable, no hay posibilidad de calcular, entre otros índices, la indigencia, la pobreza, las jubilaciones o el PBI. Tampoco, la actualización de los alquileres y las encuestas sobre ventas en shoppings y supermercados.

El relato de uno de los funcionarios apartados acerca de lo que en la jerga interna del Indec llaman "proceso de sustitución" merece un párrafo aparte. El mecanismo es simple. Consiste en alternar en una misma lista productos cuyos precios fueron relevados en los comercios con otros que aporta la gente del secretario Moreno y que tienen precios previamente acordados con determinadas empresas.
"Todo esto no hace más que agregar confusión -protesta-; imagine un avión de pasajeros en emergencia en el que las azafatas empiezan a dar instrucciones en chino."

A diferencia del diario de Hipólito Yrigoyen, imaginado como la confabulación de unos pocos para un lector único y que cobraba vida sólo en la privacidad del despacho presidencial, el Indec que ha construido Moreno terminó ejerciendo una política de Estado impuesta a toda una sociedad para beneficio del poder de turno.

De hecho, es la fuente de información a la que recurre la Presidenta cada vez que convalida en público los logros de su gestión.

*Fuente: LA NACIÓN
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1113673


El duende perdido
De Azul
azulaki@hotmail.com

Chicos, saben una cosa, hay un duende aburrido, en mi patio.
Inventa travesuras cuando el cielo se enoja y se vuelve de un gris encapotado.
Este duendecillo es torpe, improvisa con sus zapatos alargados un concierto al pisar las hojas secas cuando se desliza por las baldosas de granito.
Pobrecito no está acostumbrado a la civilización.
Es salvaje: tira el balde colmado de agua jabonosa, empuja a las hojas de la madreselva, le roba los palitos y los hilos a las palomas para hacer sus nidos.
Quiere volar con las golondrinas, pero ellas no lo llevan puesto, que en las noches sin luna, cuando están descansando, las asusta con su nariz regordeta y su bigote puntiagudo.
El huye de la luz, se siente muy feo. Por eso, parece antipático y fastidioso.
Ha venido a mi casa por equivocación, su hogar está en un jardín de enredaderas plateadas de City Bell. Allí el viento peina sus hojas como si fueran cabelleras de peluquería, según la orientación que tome.
Creo que extraña ese paraíso de verdes y de espacios perfumados de jazmines del cabo, de rosas y de margaritas.
Vino a mi domicilio en un transporte inusual: una canasta de mimbre llena de maní con chocolates, nueces, almendras y golosinas porque lo habían asustado los ladridos de unos perros guardianes muy prepotentes y las explosiones de los fuegos artificiales de fin de año.
¡Casi muere del susto!
Ahora que sé cual es su lugar preferido, le voy a dejar un mensaje escrito con letras manuscritas de su mejor amiga, una niña que se llama Pau.
Le diremos que nuestro deseo es reintegrarlo a su morada lo más prontito posible.


PD.: También le vamos a pedir al Duende que puede contarnos lo que le pasa, lo que quiere y lo que necesita.



Ilustracion: Siegfried WODHEK - http://woldhek.nl/